Natalia Paris

Medellin, Antioquia

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Natalia Paris

Modelo


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         En Nuestra Colombia 

         En Super Latin Model

 

   
Medellin,l 12 de Agosto de 1973.
Estatura: 1.63

Desde los 13 años es modelo.

Estudio en el colegio de la Enseñanza hasta el 9 grado y finalizo sus estudios en el colegio San Jose de la Vega, se graduó de publicista en el Instituto de Artes, .

Natalia no esta de acuerdo con con las modelos que se convierten en actrices ya que cada uno en lo suyo. Su comienzos en los comerciales lo hizo en Kolynos. .Aunque no es alta mide 1.63 m de alto no le a afectado en su carrera..

Ha trabajado en el programa de las Tangas de la Mega, y actualmente esta en un comercial de cristal oro.

En materia de sensualidad, parece indestronable. (2001)

Es una de las mejores modelos colombianas y ha participado en numerosas campañas publicitarias, afiches, calendarios, vallas y pauta publicitaria.

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DESEO Y TRISTEZA

Por Jorge Franco

Cuando niño, soñaba mucho en las emisoras populares una canción que hablaba de una antioqueñita de pelo rizado, ojos negros y labios rojos. Yo me avergonzaba cada vez que la oía. La de aquella canción no era la antioqueñita que uno soñaba en vísperas de la adolescencia. Ni la de los poetas bucólicos que hacían comparaciones cursis entre las montañas de mi tierra y los senos y las curvas de las mujeres antioqueñas.

Las curvas de las mujeres paisas tienen que ver más con la historia que con la geografía, sobre todo con nuestra historia reciente de curvas cerradas y mortales. Es posible que las lomas de Medellín hayan contribuido a moldear las piernas y las nalgas de las que a diario suben y bajan, pero es la historia de esas lomas la que ha dejado en esos cuerpos señales de sacrificios y excesos.

Luego vimos que cada calle parecía una pasarela, y una vez entaconadas, ese fue el lugar común de las mujeres hermosas que surgieron por montones, como si en Medellín no Iloviera agua sino belleza. Y en una de esas pasarelas apareció Natalia París, muy distinta de la del bambuco, mucho más bella, menos ingenua, con la historia de nuestra ciudad a cuestas. A unos nos pesaba más que a otros, pero todos sin excepción cargamos con lo que habíamos hecho de Medellín y nadie era digno de tirar la primera piedra.

Por esos días uno podía morir de una forma absurda, podía caer seducido por el falso esplendor y por el frenesí que nos hizo creer que los muertos justificaban la fiesta. Pero no sólo eran las balas enloquecidas las que mataban, sino que también nos fulminaban los ojos de las mujeres paisas.

Así apareció Natalia, disparando con la mirada. Por un ojo disparaba deseo, y por el otro, tristeza. Algo siempre entristece a las mujeres bellas, un aire melancólico las rodea; debe de ser el precio de la hermosura. O el precio de saber que ella no era la dueña de su brillo sino cada uno de los seres que la soñaba, la deseaba, la idolatraba o la reprobaba, porque la belleza despierta sentimientos opuestos, también despierta prejuicios, despierta envidia y rabia, ese es el precio que se paga. Los ojos que la contemplan se creen sus dueños y por eso alguien puede llegar a decir, con veneno en la lengua: nadie es perfecto. Eso es cierto. Nadie es perfecto y Natalia tampoco lo es, pero hay que ver cuánto se acerca.

Tomado de la Revista Diners No.440, noviembre de 2006

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UNA MUJER CON DRAMA 

por Germán Santamaría

Afirma con fuerza, gesticu¡ando, como agigantándose desde sus 1,63 de estatura, que su vida y su obra no son sólo la leyenda urbana según la cual ella encarna la historia de la súper modelo bella y bruta que se enamoró de un mafioso.

Pero dice que fue tonta, muy tonta, que esto sí es cierto. Recuerda que sintió que era bonita desde los siete años, cuando la miraban todos los muchachos de su barrio en Medellín. Quedó huérfana a los ocho meses cuando su padre, piloto de aviación, se estrelló con su avioneta en los cerros cercanos a Medellín. De bebé apareció en televisión en comerciales de pañales. Antes de los diez había desfilado muchas veces en Medellín. A los catorce empezó su proyección nacional. A los dieciséis fue famosa en todo el país y despertaba el deseo de los conductores al verla en las enormes vallas de las carreteras, y provocaba a los respetables señores cuando los invitaba a beber cerveza con su voz de gatita en celo. Y a millones de niños en Colombia y Latinoamérica los miró como un imaginario de futuro desde la tapa de sus cuadernos escolares.

A los 25 años fue madre soltera. Conoció en un gimnasio de Medellín a Julio César Correa y se enamoró locamente. Se fue a vivir con él en Miami y allí, pese a su estatura, ganó un casting para hacer en los Estados Unidos y de costa a costa un comercial sobre la cerveza Budweiser. Su mamá y sus amigas le dijeron que en Medellín se comentaba que a su novio lo llamaban en realidad Julio Fierro y que había trabajado con el cartel del narcotráfico de Medellín. Ella reconoce que se to dijeron varias veces y que no hizo caso y que no le dio importancia porque estaba enamorada. Afirma que él jamás le contó que estaba negociando con las autoridades norteamericanas y que por ejemplo cuando lo acompañó a Panamá fue porque él le dijo que iba a comprar unas canecas para inseminación artificial en la hacienda de su padre en Urabá. Y que se enteró de todo cuando él desapareció y que aun durante dos meses creyó que estaba secuestrado. Sostiene que jamás recibió de él dinero ni propiedad alguna, como lo pudo establecer

la Fiscalía. Que ella siempre ha ganado su dinero y que incluso llegó a prestarle plata a él. Revela que le quitaron la visa a los Estados Unidos no por haber sido la compañera de Julio César Correa o Julio Fierro sino que tramitó su visa de trabajo de manera que le permitiera Ilevarse su nana para los Estados Unidos y entonces creyeron que se pensaba quedar allá toda la vida.

Al filo de los treinta años es hermosa, perfecta, una mujer posible, del tamaño de los sueños de cualquier hombre, y no una de esas súper modelos gigantescas y anoréxicas que en realidad no parecen existir como seres humanos. Dice que les tiene miedo a la vejez y a la muerte. Precisa que el tiempo de su fama ya pasó, pero que ella todavía es famosa. Tiene su empresa de productos de belleza y genera empleo y exporta. Habla muy largamente y se lamenta una y otra vez de que los periodistas editan sus respuestas para presentarla siempre bruta. Aclara que fue citada fuera de contexto cuando dijo que ella era el colombiano más famoso después del Presidente, y que no fue ella sino una humorista de radio que la imita, la que afirmó que " la marihuana da celulitis".

En estos días sale el libro de Jorges Lesmes y Édgar Téllez titulado Pacto en la sombra, donde se revive la historia de Julio César Correa o Julio Fierro y otra vez empieza para ella el calvario de ser retratada como la súper modelo hermosa que se enamoró de un mafioso.

Después de hablar con Natalia París durante tres horas allí en su apartamento minimalista en el norte de Bogotá, toda ella pequeña y perfecta entre un camisón vaporoso oscuro y con los encajes de su brasier negro que dejan ver la redondez de frutos tan exquisitos como peligrosos, después de aquella perturbadora y hechizante visión, queda la sensación de que es una mujer muy inteligente, hábil, que se ganó las cosas a pulso, pero que, como toda mujer demasiado bonita, y sobre todo antioqueña y enamorada, es un poco tonta y soñadora, ambiciosa, bien educada en la moral católica pero sin el horizonte calvinista que permite definir desde muy joven la línea de sombra entre el bien y el mal. Ahora ya no es la niñita tonta ni una muñequita plástica, sino una mujer con drama, con el polo a tierra de la mujer madura. Nacida para luchar.

Tomado de la Revista Diners No.440, Noviembre de 2006

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Hace exactamente diez años, en agosto de 1997, Tiempo me envió a Medellín a comprobar una serie lde rumores que por ese entonces arrullaba al país: "Natalia París es la hembra más hembra que ha parido esta tierrita". "Natalia París es una tonta hermosa". "Natalia París es la perfecta mamasota". Después de un fin de semana de entrevistas en el apartamento de su mamá, allá en El Poblado, donde vivía, terminé convencido de que aquella muchachita de 21 años poseía el mismo carácter engañoso y despistador que 40 años atrás había sabido utilizar Marilyn Monroe para conquistar el corazón de los gringos. 
 
Entonces, para aquella entrevista que se tituló Arde París, comencé con un: "Es como Marilyn Monroe y no. Mientras Monroe se tiñó su rojo pelo campesino de color platino y así se hizo famosa, París se puso silicona en su blanco busto paisa y así llamó la atención, que casi es lo mismo y no. Mientras Monroe cantó con su voz lenta, chillona y sensual el Happy Birthday Mr. President, París arrulló con su voz lenta, chillona y sensual a los soldados de Urabá, que casi es lo mismo y no.
 
Pero en donde existe una mayor coincidencia y por la cual a Natalia París la elevan al bendito grado de Monroe colombiana, es que ambas confunden y de ellas nunca, tal vez, jamás, se sabrá si son tontas hermosas o exuberantes hembras astutas". Hoy, agosto de 2007, después de asistir a la sesión de fotos en la que DONJUAN convirtió a París en Monroe (y no to planeamos porque si no, no sale), y tras una entrevista en su apartamento en Bogotá, puedo decir con tranquilidad que en efecto es una exuberante hembra astuta. De tonta no tiene un pelo y, para más exasperación, está más hembra que siempre. Tontos todos nosotros.

Tomado de la Revista Don Juan No.13, 2007

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La modelo y empresaria habla con esa voz pausada y suavecita que ha suscitado tantas coletillas y cautiva con esa blonda fascinación,  que durante casi veinte años la ha tenido en  la cima como la MÁS, como el referente de miles de adolescentes curvilíneas que anhelan poseer su estrella. Como el ave fénix, tras  sortear un año de separación de su anterior pareja, de circular en el ojo público por culpa de un las acusaciones de una madame, que tuvo que retractarse, y de verse falsamente retratada en la pantalla chica, gracias a El Cartel, ella renace ya de las cenizas y decide hablar, por última vezde él: de su gran amor, de Julio César Correa, ¿O alias Julio Fierro.

Y Natalia París lo hace porque Mariana ya  tiene siete años y cada vez plantea más preguntas... Sin embargo, su dulce y virtuosa mamá  le habla de ese hombre amoroso, tierno y buen  papá del que se enamoró a los 22 años. Natalia quiere cerrar ese sombrío capítulo que la persigue a sol y sombra y sincerarse... ¿Prepago? "Nunca". Pero sí, una niña ingenua que lo tenía todo: fama, dinero, reconocimiento y que sencillamente se enamoró. ¿Del que no debía? "Sí, de la persona equivocada...", pero que le regaló a esa pequeñita de ojos . dientes grandes, de pelo liso, mirada insondable y piel de seda: a su amada Mariana.

Natalia tiene callo, ya no se encierra a llorar cuando escucha comentarios  malintencionados... Ahora vive una vida más metafísica. Pero no puede hacerse la loca y negarse que él, el gran amor de su vida, también era narcotraficante. La bellísima modelo decidió aclarar  que el hombre que retratan en El Cartel no es más que un monigote, que nunca existió.


Tomado de la Revista ALO No. 516, 17 de octubre de 2008

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  Tomado de www.efrenisaza.com