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LA PERLA DEL OTUN

Vientos de progreso y rostros dibujados de entusiasmo y optimismo, serán las primeras percepciones del viajero que llegue a la "Perla del Otún", uno de los calificativos para Pereira, lugar que se consolida como un eje fundamental de progreso en la zona cafetera. Aquí se reúnen elementos de la vida moderna con el verde, la naturaleza y tradición del campo. Posee centros comerciales y culturales, zoológico, turismo rural a sus alrededores, entretenimiento, un sistema de transporte masivo moderno, gente cordial y emprendedora, que detrás de tanta maravilla impulsan el desarrollo de la Trasnochadora, querendona y morena

LUGARES PARA VISITAR

Turismo rural. Sólida alternativa turística convertida en uno de los motores esenciales para el desarrollo económico de la región. La ciudad cuenta con muchas fincas a sus alrededores que brindan la oportunidad al visitante de pasar su descanso entre el dinamismo de la ciudad y la vida apacible del campo. Villa Martha, Hacienda San José, Hacienda Malabar y Agrovilla El Prado, son algunas de las alternativas para el viajero.

Plaza de Bolívar. Alrededor de este tradicional punto de la ciudad se levantan modernos edificios, almacenes, un centro comercial y la catedral; y en el centro, la tradicional figura del Bolívar Desnudo, el símbolo por excelencia de Pereira y uno de los íconos de Colombia a nivel de promoción turística internacional. El maestro Rodrigo Arenas Betancourt, creador de la emblemática figura, dejó este legado a la región en el año de 1963.

Viaducto César Gaviria Trujillo. En el 2007 esta importante estructura de más de 700 metros de longitud cumple 10 años de inaugurada, y desde entonces ha sido un paso obligado para cientos de vehículos que a diario recorren el Eje Cafetero y un lugar de frecuente visita para quienes llegan a la ciudad. La necesidad de comunicar rápidamente a Pereira con el municipio de Dosquebradas dio paso a este extenso puente que cruza sobre el río Otún, del que llaman mucho la atención las tirantas que lo sostienen y su iluminación nocturna.

Catedral Nuestra Señora de la Pobreza. Patrimonio arquitectónico y religioso, de hermosa cúpula y armazón de madera. Allí es posible obtener información y material ilustrativo referente a su historia, que data de 1875. Debido al sismo de 1999, el recinto, construido en un costado de la Plaza de Bolívar, ha sido sometido a varias refacciones.

Parque Zoológico Matecaña.  Cerca de 807 animales exhibidos representados en 146 especies de todo el planeta, y en especial de la fauna colombiana, se concentran en este lugar que recalca mucho en la labor pedagógica hacia los visitantes. El zoológico cuenta con un centro de educación y de personal capacitado que se encarga de organizar visitas guiadas de acuerdo con la edad y el nivel educativo de los visitantes.

Cuenta además con tren recreativo, juegos infantiles y programación permanente de actividades como vacaciones creativas, temporada de animales silvestres, recorridos nocturnos y curiosos, y además didácticos eventos: bautizo de felinos, celebración de cumpleaños de elefantes y hasta matrimonio de leones.

Parque Uribe Uribe.  También conocido como parque El Lago, es un pulmón dentro de la ciudad con senderos peatonales, fuente, iglesia y establecimientos de comercio. En una de las esquinas del parque suele estacionarse "El camperito del café", una barra andante acondicionada en un jeep Willys que ofrece distintas clases de la tradicional bebida.

Centro Victoria. Complejo construido en una zona recuperada de la ciudad y que hoy brinda un espacio urbano organizado con diversos servicios para los pereiranos y los visitantes de la "Perla del Otún". El Centro Cultural Lucy Tejada, un almacén Exito, el centro comercial Victoria, un puente peatonal que conecta con la avenida Circunvalar y una amplia plazoleta para recorridos peatonales, hacen parte de los atractivos de este lugar.

Centro Cultural Lucy Tejada. En un costado de la plazoleta Victoria se erigió este amplio y moderno espacio que concentra auditorio, escuela de música, banda musical, biblioteca pública y zona comercial afín con la cultura, entre otros servicios. El Centro Lucy Tejada, donde también funciona el Instituto de Cultura de Pereira, es escenario permanente de conciertos, exposiciones, conferencias y seminarios.

Megabús de Pereira. Sistema de transporte integrado que beneficia al área metropolitana compuesta por Pereira, Dosquebradas y La Virginia, con una movilización diaria aproximada de 147 mil pasajeros, que representan el 47% de la demanda de transporte público colectivo. El proyecto contempla también la inclusión de rutas alimentadoras, adecuación de andenes, alamedas y organización general del espacio público.

Jardín Botánico UTP. Adecuado en inmediaciones del campus universitario de la Universidad Tecnológica de Pereira, es un área aproximada de 12.7 hectáreas que conserva tres ecosistemas: bosque de guadua, bosque andino y un humedal. Entre la variedad de aves que revolotean en las especies vegetales se destaca el barranquero, caracterizado por su plumaje verde, azul y negro y porque forma sus nidos en las barrancas de los bosques.

La zona boscosa ha sido aprovechada por un grupo de profesores de la universidad para habilitar un espacio destinado a la práctica de deportes extremos como el cánopy y los juegos de cuerdas altas.

Parque Recreacional Comfamiliar. Por la vía a Cerritos, en el sector conocido como Galicia se ubica este complejo vacacional con muchas alternativas para la diversión y el descanso. Con piscinas, toboganes, casa de huéspedes, cabañas y la Granja de Noé, Comfamiliar se ha convertido en uno de los balnearios más importantes de Risaralda.

Parque Metropolitano del Café. Lugar ideal para la práctica de diferentes deportes. Dispone de siete piscinas, canchas deportivas, restaurante y juegos infantiles, entre otras atracciones.

Museo Quimbaya del Oro y la Cerámica. ,  Una amplia muestra representativa de la obra de la cultura quimbaya, entre las más importantes del país, está reunida en el lugar. Piezas precolombinas de gran factura que representan muchos aspectos cotidianos y rituales de los aborígenes.

Monumento Los Fundadores.  Otro legado que el maestro Rodrigo Arenas Betancourt le dejó a la ciudad. Escultura que refleja la valentía del guerrero antiguo en la forma del hombre de fuego.

Tomado del libro Guía de Rutas por Colombia, Puntos Suspensivos Editores, 2007


 
 


La capital de Risaralda es la primera estación para iniciar un recorrido por todos los atractivos del departamento. Antes de tomar la ruta por los campos risaraldenses, aproveche su estadía en la "Perla del Otún" para recorrer sus calles y encontrar en cada una de ellas aquellos lugares que conforman su inventario de atractivos. Una vez lo haya hecho, prepárese para percibir los favores de la naturaleza en la tierra cafetera que custodia la ciudad, ya que muy cerca los caminos señalan escenarios llenos de encanto, sorpresas y atracciones para el visitante.

"La Perla del Otún" es la estación inicial de un itinerario a través del suelo cafetero donde las opciones de turismo son múltiples. Antes de internarse en los campos y pueblos risaraldenses, dedique un buen tiempo a recorrer las calles de esta creciente ciudad, iniciando por su simbólica Plaza de Bolívar y las calles que la enmarcan. Continúe luego por los parques, monumentos y centros comerciales, y si quiere contagiarse aún más del entusiasmo y la alegría de sus habitantes, visite sus bares y discotecas, que con seguridad encontrará gente cálida que destila optimismo y alegría por cada poro.

Pasear en la Plaza de Bolívar. Lo primero en esta ciudad es ubicarse en la Plaza de Bolívar y a partir de allí empezar a disfrutar de toda la ornamentación urbana. El Bolívar Desnudo y la catedral Nuestra Señora de la Pobreza son los atractivos más representativos del céntrico parque, que además cuenta en su alrededor con hoteles, centros comerciales y restaurantes para todos los gustos. La célebre escultura del Libertador es una obra creada en 1963 por el maestro antioqueño Rodrigo Arenas Betancourt, en memoria a las guerras de la Independencia.

Visitar la catedral Nuestra Señora de la Pobreza. Aunque el sagrado recinto viene siendo sometido a refacciones, no pase por alto su visita para que conozca el valor histórico, religioso y cultural que allí se encierra. Parte de los inicios de Pereira se concentran en la iglesia, elevada a la categoría de catedral en 1952. Bajo las tres naves que la conforman se destacan el techo en madera, los vitrales y las paredes laterales, entre otros detalles.

Conocer los monumentos. Además de la obra que emerge en la Plaza de Bolívar, el maestro Arenas Betancourt creó también el monumento Los Fundadores que adorna la avenida Circunvalar. Así mismo, transite por los espacios urbanos de Pereira para que admire el trabajo de artistas, incluso extranjeros, que con su talento han contribuido al embellecimiento de la ciudad. La escultura El Viajero, por ejemplo, es una obra del maestro argentino Antonio Segui, que fue donada a la ciudad por el ex presidente César Gaviria Trujillo. Se destacan además En busca de la luz de Jaime Mejía Jaramillo; Andrógenos reales, de la artista Ángela Calle; Chapolera,... de Alicia Tafur; Niña con Ánfora, en el parque Olaya Herrera, donde se ubica también Bailarina de Santiago Cárdenas.

Ir al Zoológico Matecaña. Admire más de 800 animales que se cuidan y se exhiben en este parque zoológico, donde hay un permanente trabajo pedagógico en procura del respeto y el amor por la fauna y la flora. La programación del lugar contempla eventos especiales en época de vacaciones, recorridos en la noche, a incluso celebraciones y homenajes para los animales: matrimonio y bautizo de felinos y cumpleaños de elefantes, son algunos de los particulares acontecimientos. .

Ir a la Villa Olímpica y Expofuturo. Complejo deportivo construido hacia 1974 cuando Pereira fue sede de los Juegos Nacionales. Conforman este proyecto el estadio Hernán Ramírez Villegas, el velódromo Alfonso Hurtado Sarria, las piscinas olímpicas y Expofuturo, un avanzado centro de exposiciones y congresos. Para observar una completa panorámica de la Villa Olímpica, suba al obelisco que se destaca en medio de los escenarios deportivos.

Salir de compras. Variados y muy completos son los centros comerciales que se han ido edificando en la ciudad. Allí, además de almacenes de las principales marcas, hallará deliciosos restaurantes, bares, cómo das salas de cine, casinos y lógicamente, acogedores espacios para probar un exclusivo café de la región. Entre toda la gama de complejos comerciales sobresalen Ciudad Victoria, Carrefour, Bolívar Plaza, Éxito, Pereira Plaza, Orbicentro y Circunvalar Plaza.

Un plan de fiesta. Si elige el mes de agosto para visitar la ciudad, no se puede perder las Fiestas de la Cosecha, un auténtico encuentro con la cultura de los pereiranos, que se lleva a cabo durante el aniversario de la ciudad. Muestras culturales y folclóricas, concursos de baile y verbenas populares, hacen parte de los actos realizados.

Hacer el circuito turístico y gastronómico de Tribunas. Es un acercamiento al paisaje de la zona cafetera a través de la vía que une a la capital de Risaralda con el departamento del Quindío. A lo largo de la carretera encontrará una completa oferta gastronómica con restaurantes de comida típica a internacional, que se complementa con otros atractivos como las minas de sal y cobre del Salado de Consota, en el mismo lugar en el que fueron encontradas las primeras evidencias de la cultura quimbaya.

Conocer Arabia y Altagracia. Son corregimientos cercanos a Pereira en los que predominan paisajes glaucos que hacen parte de las reservas ambientales del departamento, como la cuenca del río Barbas, con una abundante biodiversidad que es posible conocer mediante actividades que periódicamente se programan en la zona: caminatas ecológicas, turismo ecuestre y deportes de aventura como el rappel. Contemple y disfrute las cascadas y los nacimientos de agua del lugar.

Alrededores de Pereira

Parque Regional Ucumarí.

Antes de ir es necesario averiguar sobre las actuales posibilidades de acceso. Por la vía a La Florida y una vez cruce la vereda La Suiza, donde está la sede administrativa del Santuario Otún Quimbaya, se continúa en carro de doble tracción o en "chiva" hasta la estación piscícola El Cedral. En este punto termina la carretera y se debe seguir a pie por un camino de herradura y en pendiente (6 km) al centro de visitantes La Pastora del Parque Regional Ucumarí, con capacidad de alojamiento para 22 personas. El lugar dispone de restaurante, chimenea y sala de reuniones. Se identifican dos pisos térmicos, uno medio que varía entre los 18 grados  y otro frío de 17 grados en promedio.

Senderos del Parque Regional Ucumarí.

Una vez se haya instalado en el centro de visitantes, inicie el recorrido por la reserva natural a través de dos senderos claramente definidos, siendo el de Los Chorros el más común. Tiene una extensión de 1.5 km que llega hasta la cascada que lleva su mismo nombre.

Orquídeas, anturios y vivero.

En Ucumarí aprecie las diferentes especies de orquídeas que son conservadas en el orquideario, así como los anturios, cuyas clases han sido recogidas de las mismas instalaciones del parque, cuya área es de 4.200 hectáreas aproximadamente. Conozca también el vivero en el que se viene trabajando el cultivo para la conservación de árboles, como sietecueros, borrachero y la palma de cera. Se destaca así mismo el bosque de leña familiar en el que se siembra eucalipto, utilizado para abastecer las necesidades de leña del centro de visitantes.

Los bosques de Ucumarí.

Son varias las clases que se encuentran. Uno es el natural, área poco intervenida con árboles cuya altura alcanza los 30 metros. También están los bosques secundarios y los plantados, en estos últimos se preservan alisos, pinos, acacias, urapanes y el roble.

Las quebradas.

Los nacimientos de agua del Parque Regional Ucumarí alimentan los dos ríos que se hallan en el área, el Otún y el Barbo. Es posible llegar hasta las quebradas Sepulcro, Cusumbera, La Cascada y Callejones, entre otras.

Fauna. De acuerdo con recientes inventarios de la zona, se estima que allí revolotean cerca de 92 especies de mariposas y 191 de aves, sobresaliendo el trepatroncos y la pava cariazul. No hay que olvidar que Ucumarí es hábitat del oso de anteojos.

Subir a la laguna del Otún.

Para alcanzar los 3.900 metros de altura de este lugar es necesario emprender una caminata que tarda entre seis y siete horas desde el centro de visitantes La Pastora. La laguna es la estación final de una expedición entre la espesa vegetación risaraldense o el punto para iniciar la travesía hacia el Parque Los Nevados.

Tomado del libro Guía de Rutas por Colombia, Puntos Suspensivos Editores, 2007


 
 


Pereira:al reencuentro de su historia

por Álvaro Acevedo Tarazona
 

Pereira en los años 1930sEl reencuentro con la historia de Pereira significa entrar hoy a la ciudad sin puertas y aún dejarse atrapar por el halo del ayer de la aldea y el presente de la urbe. Una ciudad y un entorno regado casi religiosamente todos los días por el agua, donde el intenso verde de la vegetación y el café todavía engalanan pendientes y ondulaciones de las montañas. La lluvia providente, el manto fértil de ceniza volcánica de la tierra, la altura sobre el nivel del mar (1411 metros), el clima templado (21º C. promedio) y los bosques de niebla desgajados de las faldas de la cordillera Central, se conjugan para hacer de Pereira una confluencia de tránsito de personas, empresas y comercio que se resiste a perder la bulliciosa vida en las inmediaciones del parque Bolívar, corazón de la ciudad, y a desplazar su centralidad parroquial bajo el galope alado del Bolívar desnudo, representante del cosmopolitismo y del espíritu libre y comercial de sus gentes. El amarrillo y el rojo identifican la bandera, y el himno es una oda a la gesta de la colonización, a la libertad y a la belleza de sus mujeres.

Pereira es la capital del departamento de Risaralda y el municipio de mayor producción cafetera del mismo. También el Centro de Centros del denominado Triángulo de Oro de Colombia, conformado por las ciudades de Bogotá, Medellín y Cali. Eje del Eje Cafetero de lo que fuera el Gran Caldas (1905), y hoy de los departamentos de Caldas, Quindío (1966) y Risaralda (1967). “Aquí no hay forasteros, todos somos pereiranos”, aforismo pronunciado en 1947 por el maestro Luciano García Gómez, que de alguna manera identifica el imaginario de una vida parroquial y bucólica en las primeras décadas del siglo pasado que se resistía a renunciar a los valores de la aldea y al sabio consejo de abuelos y abuelas. Un remanso de paz en los años cincuenta que se alteró con los refugiados de la violencia (unos 50 mil) y de los “pájaros” conservadores, en un país en permanente crisis política y con abismales desigualdades sociales (se estiman unos 12 mil desplazados en Pereira). Una ciudad-región hoy, que se asfixia en lo atascos de los automóviles en las horas pico, en el zigzag del Megabús y en una recortada pista de un aeropuerto internacional donde a diario se cuentan las historias anónimas de quienes se lanzaron a buscar nuevos horizontes por todos los rincones del mundo, y a añorar por siempre la ciudad de la memoria. Según el censo del año 2005, Pereira se acercaba a la cifra de 450 mil habitantes y el departamento de Risaralda unos 897.509.

Pareciera que Pereira es una ciudad en permanente construcción y en donde todavía “lo único que se lee son las letras de cambio”, con sarcasmo señalarían algunos. La “ciudad Victoria” que renovó el centro de la ciudad y le dio una nueva cara y dinámica comercial al centro, dirían otros, y de contera desplazó a las gentes de la calle hacia un lugar menos visible y molesto. Esta es la paradoja de Pereira: la ciudad metropolitana conformada por Dosquebradas y La Virginia, que fragmenta su identidad entre numerosos imaginarios y el permanente fluir de propios y extraños; la nueva urbe que crece y se difumina hacia el occidente por las salidas a La Virginia, Cartago y Cali, con modernas casas y centros comerciales sobre las avenidas Sur y Treinta de Agosto; la ciudad con uno de los entornos turísticos más bellos de Colombia: aguas termales en Santa Rosa, parques naturales de una biodiversidad sin igual, capacidad hotelera e infraestructura de servicios públicos, fincas para el turismo y la recreación, aguas cristalinas, llanuras y suaves ondulaciones en las fértiles tierras del Valle del Cauca.

Reencontrarse con Pereira hoy, es trazar una línea del tiempo más allá de 1863 desde que la ciudad fue fundada como la Antigua Cartago o Cartago Viejo en el mismo sitio donde también se fundó la ciudad de Cartago de 1540 y se refundó la de 1541. La historia de Pereira se remonta a 10 mil años antes del presente, y tal vez más atrás cuando los antiguos pobladores del continente dejaron su huella en ondulaciones, planicies, pequeños valles y los principales afluentes de los ríos Otún y Consota que la encajonan de oriente a occidente.

Tanto el patrimonio natural como el cultural en Pereira adquieren hoy relevancia por todo lo que significa, de una parte, la riqueza en agua y biodiversidad, de otro, el legado de la orfebrería quimbaya, el Paisaje Cultural Cafetero y, en el último decenio, las exhumaciones de restos óseos humanos completos, de ladrillo y de cerámica indígena y colonial del piso de la Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza, los cuales mediante estudios comparativos y análisis de carbono 14 reafirmaron la fundación de Cartago en el mismo sitio donde poco más de tres siglos después se levantaría la pujante villa de Pereira o villa de Robledo, como también se le conoce en homenaje a Jorge Robledo. El hallazgo de estos vestigios arqueológicos después del terremoto de 1999, junto a la intervención arquitectónica de toda la Catedral, permitieron desvestir las paredes del templo para reencontrarse con el magistral techo en madera de comino y de arquitectura “temblorera”. A tan significativo hallazgo, se sumaría otro no menos importante: El Salado en la cuenca media del río Consota con su horno de ladrillo, que ha mostrado materiales cerámicos asociados a carbón de 3350 años de antigüedad, materiales líticos de 5850 años y material cerámico de producción de sal de 2500 y 1850 años de antigüedad.

El devenir de Pereira es un acumulado de representaciones históricas en permanente construcción. Relata Heliodoro Peña Piñero (1892) en su Geografía e Historia de la Provincia del Quindío (Departamento del Cauca) que e l presbítero Remigio Antonio Cañarte, proveniente de Cartago con otras personas de la misma ciudad y a la cabeza de un grupo de colonos antioqueños, logró edificar una capilla sobre las ruinas de la antigua ciudad de Cartago y volver a oficiar misa un 24 de agosto de 1863. Un acto que se reafirmó el 30 del mismo mes y año, y que hoy es la fecha oficial de la celebración fundacional de la ciudad.

En los orígenes, Pereira era una mixtura de las colonizaciones caucana y antioqueña del siglo XIX. No obstante, si su historia ha de remontarse a 1540 cuando se fundó la ciudad de Cartago en las inmediaciones del actual centro de la ciudad, el reencuentro con su devenir traza una línea de rupturas y continuidades hasta la conquista y extinción de los quimbayas y carrapas del territorio. Hasta la refundación de la ciudad en 1541 y la posterior muerte de Jorge Robledo a manos de Sebastián de Belalcázar. Hasta las juntas de los indígenas (1542 y 1557) contra los encomenderos para escapar del pago de los tributos y los malos tratos. Hasta la explotación de sal del río Consota y la profanación de tumbas indígenas por parte de los españoles con el fin de extraer el oro y fundirlo. Una historia de resistencias que aún está por contarse y que se enlaza con la posterior guerra de exterminio contra los pijaos y otras etnias, que remontó la cordillera Central y se extendió a los llanos de Cartago y Buga en los primeros decenios del siglo XVII.

Este reencuentro histórico también significa remontarse hasta el traslado de la ciudad de Cartago, en el año de 1691, al sitio actual sobre el río La Vieja en el norte del Valle del Cauca, para lo cual se adujo el hostigamiento de indios pijaos cuando ya no había uno solo. En realidad, la solemne y melancólica procesión de las gentes, mudando en andas puertas, ventanas, ornamentos, imágenes, vasos sagrados y vestidos de culto del templo, se debía a la necesidad de acercarse al camino real que vinculaba en forma más directa a la nueva ciudad trasladada, con las ciudades de Cali, Popayán, Quito y Lima, y a las actividades agrícolas y ganaderas en las sabanas del río La Vieja y del río Cauca. Hasta finales del siglo XVII los pobladores de la ciudad designarían como su patrono titular a San Jorge y la imagen venerada era la de Nuestra Señora del Rosario. Alrededor del año de 1683 la advocación de la virgen cambiaría definitivamente a la de Nuestra Señora de la Pobreza. Reza la tradición que en los primeros años del siglo XVII a la lavadora de ropas María Ramos, en las márgenes del río Otún, se le había aparecido la virgen en el lienzo de un viejo cuadro perteneciente a la comunidad de los franciscanos.

Trasladar el arco del tiempo más atrás de la fundación de Pereira, implica también estudiar las expediciones de conquista y pacificación que salieron de Cartago hacia el Chocó (1631, 1638), y explicar la trata negrera que tejió una historia de esclavitud y comercio entre Cartago y las minas de oro de Nóvita en la primera mitad del siglo XVIII. Remontarse al levantamiento de negros en el Palenque de Cerritos (1785) y a las referencias del caserío de Sopinga o de Nigricia en la segunda mitad del siglo XIX, situado entre las confluencias de los río Cauca y Risaralda (hoy La Virginia) y una historia casi desconocida de la colonización de mulatos caucanos, negros de Marmato y zambos de Antioquia en las fértiles tierras del valle del Risaralda. Así mismo, ir más atrás del acto fundacional de Pereira en 1863, es dejarse conducir por los relatos de los viajeros del siglo XIX y las representaciones de exuberancia natural, paraísos e imágenes infernales en la ruta del Quindío por donde transitaban cerdos, animales de carga y toda clase de mercaderías, hasta llegar a las colonizaciones caucana y antioqueña y detenerse en la fundación de Santa Rosa (1544), y algunos decenios después en la de Pereira, donde se encontrarían dos formas distintas de colonización fermentadas por los deseos de tierra, los odios partidistas y las guerras inconclusas del siglo XIX.

Un poco después de la misa del padre Cañarte, el naciente poblado tomaría el nombre de Pereira en honor de José Francisco Pereira Martínez, natural de Cartago y dueño del supuesto globo de tierra en donde se hallaba situada la población; parte del cual, posteriormente, el hijo Guillermo Pereira Gamba donó a sus pobladores. Hoy se despierta una polémica al cuestionarse el “generoso” acto de la donación de las tierras de Guillermo Pereira Gamba a los pobladores de la ciudad. Este “desprendimiento” deja ver una historia de anhelos, intereses comerciales, pleitos de títulos de propiedad y linderos imprecisos. Lo cierto es que la ciudad de Pereira construyó un símbolo fundacional a partir del anhelo, “filantrópico” o comercial, de Francisco Pereira Martínez por crear una ciudad en el mismo sitio de la Antigua Cartago, y de la “donación” del globo de tierra para tal fin. Tras la familia Pereira se encuentra el imaginario de un desprendimiento, la generosidad y la fuerza de la colonización, el civismo y la capacidad de asociación de quienes forjaron el espíritu de libertad y las realizaciones materiales de la ciudad.

Pereira es un lugar privilegiado para encontrar este y otro tipo de modelos asociativos, entre los que también se cuentan las logias masónicas, anticatólicas y anticlericales (en Pereira se cuentan más de diez), los clubes liberales como el Rotary International (1934) y las diferentes expresiones del protestantismo. Estas minorías o formas modernas de sociabilidad de estructuras corporativas jerárquicas, conformada por actores sociales colectivos, permitió construir una visión muy particular del civismo en la ciudad de la que aún se enorgullecen los pereiranos raizales. De estos proyectos de “civismo” se han levantado grandes obras que van desde la Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza de Pereira, el Hospital San Jorge, pasando por el Aeropuerto Matecaña, la Universidad Tecnológica de Pereira hasta llegar a la Villa Olímpica, entre otras.

Los primeros cincuenta años del siglo XX y en particular los años veinte de esta centuria se reconocen como la “década prodigiosa” en Pereira por la urbanización y el comercio que hicieron dar el primer salto de aldea a ciudad. Los ojos del asombro se tomaron la ciudad y con ellos las iniciativas de las personalidades públicas, de los empresarios y de algunos inmigrantes sirios y libaneses que se sumaron a los proyectos comerciales. En las décadas posteriores llegó la industria y el dinero, las bonanzas cafeteras y las aún recordadas ferias ganaderas. Este impulso marcó el sello de Pereira hasta hoy: “una mixtura de gentes donde dejan y se puede hacer”. De este bullicioso despertar viene la frase, "Pereira, la querendona, trasnochadora y morena", extraída de un poema de Luis Carlos González Mejía. Una frase que identificó a la ciudad para connotar que los pereiranos eran muy afectuosos y muy abiertos a la fiesta. Y tal vez fue cierto en aquellos decenios. Hoy la ciudad conserva el afecto de sus gentes, pero ella y sus habitantes han cambiado. Son tan variadas las representaciones de la ciudad que se necesitarían varias cuartillas para enumerarlas. En la segunda mitad del siglo XX llegaron las crisis cafeteras y la desindustrialización de la ciudad. Por supuesto, también llegaron otras iniciativas públicas y privadas, los centros comerciales, la urbanización acelerada. Como todas las ciudades grandes o intermedias de Colombia, Pereira no ha sido ajena al lavado de dinero, al narcotráfico, a las pandillas, a la violencia urbana y a las siliconas.

En medio de la crisis cafetera y de los grandes recursos naturales y culturales de la ciudad y del entorno, hoy se apuesta por una visión de Ecorregión sostenible y productiva para el 2019, sobre la base de cinco potencialidades: agricultura ecológica, agroindustria, paisaje cultural y turismo, biodiversidad (aprovechamiento de la biomasa, biocomercio y mercados verdes), prestación de servicios en educación y salud y, por último, protección y conservación del patrimonio ambiental natural.

Si Armenia y el verde del Quindío se reconocen hoy por el turismo, Manizales por la educación, la arquitectura patrimonial y las tradiciones, Pereira se ha convertido en el centro de centros comerciales y de las grandes cadenas de supermercados. La Semana Santa, cada año, adquiere más resonancia nacional por la organización y el fervor religioso. El comercio de Pereira recibe a una población de más de dos millones de compradores no solo de los tres departamentos del Eje Cafetero, sino del norte del Valle del Cauca y del noroccidente del Tolima. Así, la ciudad afirma esta vocación histórica de centro de centros.

Tomado de la Revista Credencial Historia, Edición 236, agosto de 2009