Meliton Rodriguez

Medellin, Antioquia

Fotografos, Pintores

Figura Humana

 
Méliton Rodriguez

Meliton Rodríguez

fotógrafo

 

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1871-1942

LA OBRA DE MELITON RODRIGUEZ 

Lo primero que sorprende en Melitón Rodríguez (1871-1942) es su óptica, la manera de abordar el problema de la imagen, su interés no sólo en un orden visual, sino también en la objetividad cifrada en el testimonio, el documento y la historicidad. Su registro es total y abarca una exhaustiva multidisciplinariedad temática; no obstante, por razones metodológicas y para efectos de la muestra que se presenta, hemos seleccionado seis temas primordiales: los retratos (la gente y los notables), las costumbres (modas y usos sociales), la ciudad (arquitectura y desarrollo urbano), el paisaje (rural y citadino) y sus transformaciones, el transporte (cambios y evolución) e ingeniería.
Pero no debe olvidarse además, su trabajo como publicista en la década del 10, a través de los Cromos repartidos en las cajetillas de Cigarrillos Hidalgos, consistentes en series coleccionables de fotografías de expresidentes, clérigos, personajes destacados, damas de la época, artesanos, etc. 

También debe destacarse su aporte a la medicina en el ámbito local, con fotografías de-ejemplos sintomáticos de enfermedades, así como su interés en la arquitectura, la ingeniería y el diseño, codificando y recopilando información y datos técnicos. Dejó también constancia en innumerables fotografías de obras de artistas de su época; igualmente fotografió para la posteridad un extenso conjunto de documentos. 

ETAPAS CREATIVAS 

Como lo señala Alberto Aguirre, su trabajo más importante lo realizó en la última década del siglo pasado y en las dos primeras del presente. Tres períodos son diseccionables en su trayectoria: el Melitón TESTIMONIAL (1892-1900), desde la fundación de la fotografía (en compañía de su hermano Horacio) hasta cuando se sucede la Guerra de los Mil Días y su trabajo como retratista se ve momentáneamente paralizado. 

Este acontecimiento será un hito que dará paso al Melitón HISTORICO (1900-1920), agudo observador de los cambios históricos sociales. Finalmente, con la etapa del Melitón DOCUMENTAL (1920-1938), se cierra su ciclo creativo, dueño ya de una madurez y una conciencia de su trabajo que no desdice del ánimo investigativo de sus primeras fotografías. 

EL MELITON TESTIMONIAL 

Es muy posible que la educación visual de Melitón Rodríguez estuviera ligada tanto a su sensibilidad como al grupo de sus congéneres habituales. En una de las primeras pinturas de Francisco Antonio Cano (1865-1935), cuyo valor es sólo documental y extra artístico, aparece Melitón adolescente (primero a la izquierda del artista) recibiendo clases en el taller del futuro maestro, en compañía del pintor Gabriel Montoya. Como puede colegirse por algunas pinturas firmadas por Melitón en la década del 20 y 30, su interés por la plástica nunca decayó. Y quizás esta comprensión del oficio del pintor lo condujo a un efectivo deslinde entre la pintura y la fotografía. 

Según Baldomero Sanín Cano, "Medellín estaba aislada del mundo en 1883. Eran de poco número y prominentes por eso, las personas de quienes se decía que habían estado en París". Una de ellas era su tío Ricardo Rodríguez Roldán, quien lo provee de algunos libros importados con los que tiene su primer acercamiento a la técnica fotográfica. 

Medellín era pues una aldea que en nada se diferenciaba de otros poblados antioqueños, a no ser por la carencia de monumentos públicos y uno que otro edificio como el Teatro Bolívar, construido en 1834. Una foto de este edificio da cuenta de esta temprana arquitectura hoy destruida. En otras, como "El Parque Bolívar desde la Catedral" de 1893,puede detectarse su pragmática visión de lo urbano por oposición a lo rural o su equivalente en un espacio no acotado, en una naturaleza indómita. Contradictoriamente, esa naturaleza dominada es encerrada -como lo deja ver Rodríguez- en parques de rigurosa simetría. 

Es durante este período que Melitón se inicia en la captación de la ciudad desde todos los ángulos, interesándose en el entorno y su relación con la arquitectura, especialmente con sus fotos de la Catedral de Villanueva (que datan desde 1893 hasta 1925) por la magnitud de la construcción y su importancia como lugar neurálgico de la vida ciudadana. 

En 1895, tres años después de la fundación del gabinete, la Foto Rodríguez obtiene en Nueva York un segundo premio con la foto "Los Zapateros". El intenso realismo y el carácter costumbrista de esta singular fotografía señala el interés inicial de los Rodríguez en lo testimonial. De la misma manera que las mutaciones de la ciudad en todos sus aspectos, puede observarse en las fotografías de este período su exacerbado humanismo en el catálogo de retratos (desde notables hasta personajes de la crónica social y la picaresca local); su empecinamiento en convertir su lente en un instrumento de exploración visual en fotos como "Paseo del Club Brelán a Niquía" de 1894; su apacible y desprevenida visión de los espectáculos masivos ("El Circo", 1900) en momentos de lenta recuperación económica y consecutivas guerras intestinas. 

EL MELITON HISTORICO 

En los primeros años del siglo, Melitón Rodríguez, se adentra en la investigación a partir de experimentos empíricos, pero renunciando cada vez más a la convicción de sus colegas muy arraigada en los fotógrafos del siglo XIX, de que la cámara debía producir resultados homologables a la pintura. 

Empieza por cuestionar los parámetros de la "tradición" de fotógrafos de la ciudad, desde la fotografía de Vicente y Pastor Restrepo (de mediados del siglo pasado) hasta la de Emiliano Mejía, fundada como la de Melitón a finales del siglo, mucho después de las de Antonio de la Cuadra, Gonzalo Gaviria, Enrique Latorre, Gonzalo Escobar y Gutierritos. 

Su trabajo gana así en calidad técnica. Ya no retoca los vidrios -como la primeta etapa- para lograr efectos, sirviéndose ahora de la luz para la gama de gradaciones y contrapuntos entre el blanco y el negro. 

A estas nuevas cualidades se suma su penetración en el contexto temporal de la fotografía (como rasgo intrínseco del medio) a través de la instantaneidad, suprimiendo no sólo los rígidos moldes de las "poses" clásicas (retratos estáticos y pétreos) y aportando con la dinámica una especial calidad conceptual a sus fotografías. 

Más allá de fijar inconsecuentemente los acontecimientos, su deseo es capturar la accidentalidad del momento, poner su cámara al ser vicio de una documentación fiel de escenas y de hechos.
Durante este período Melitón, asume el registro de las nuevas circunstancias económicas por las que atravesaba el país, producto de su recuperación finalizadas las guerras civiles. Fotos como "Construcción del Ferrocarril de Amagó" de 1920 y "El Parque Berrío" de 1918, muestran la nueva fisonomía de la ciudad: El intempestivo auge de las comunicaciones y del comercia. 

EL MELITON DOCUMENTAL 

Entre los años 20 y hasta 1938-cuando deja de trabajar, cuatro años antes de su muerte- su disciplina visual se acentúa. En sus retratos ya no actúa como cronista sino como escrutador de rostros, en los retratos de "María Cano" de 1923 y "Ricardo Rendón 1930. Efectúa incansables viajes a otras poblaciones del departamento fotografiando disímiles lugares y acercándose a las más osadas obras de ingeniería parar compendiarlas. Quiere ilustrar desde un punto de vista analítico y no sintético; definir pero no sugerir. Su esfuerzo se centra en el contexto visual de la fotografía y la relación entre los elementos fotografiados. Es ya un fotógrafo maduro y con pleno dominio de sus realizaciones. 

Como lo han confirmado las muestras "Historia de la fotografía en Colombia" recientemente organizada por el Museo de Arte Moderno de Bogotá y la de Kunsthaus de Zurich,que recorre actualmente Nueva York, Washington y Chicago, la obra de Melitón Rodríguez es uno de los valores más relevantes de la historia de la fotografía en Latinoamérica. 

ELKIN ALBERTO MESA
Medellín, Octubre de 1982 

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MELITON RODRIGUEZ 

Las fotos de Melitón Rodríguez nos aproximan a nuestra identidad como nación.  Porque, nacidos de una conquista brutal, hemos sido pueblos a la deriva y no hemos logrado afianzar una tradición. En América Latina, cada día es como el primer día de la creación: una situación que puede ser excitante -por asombrosa- pero que implica el riesgo del extravío. Por eso tenemos que buscar raíces: las imágenes que elaboró Melitón Rodríguez nos permiten un arraigo: son el inicio de una tradición: propician la búsqueda de una identidad. Para nosotros no son anécdota, sino hallazgos de alma. 

Rodríguez trabajó en Medellín de 1892 a 1938 (cuatro años antes de su muerte). Lo fundamental de su trabajo se realiza en la última década del siglo pasado y en las dos primeras del presente: nos hace, pues, más de 85 años. Parecería, al ojo europeo, un tiempo breve. Para nosotros, casi una eternidad: basta pensar que nuestra vida de nación independiente tiene sólo 160 años, después de dos siglos de una existencia recortada como colonias españolas, y de siglos esfumados de una existencia aborigen, que abolió la conquista. Los latino americanos dilatamos los años, y 85 son una enorme distancia. Ese mismo retraso en entrar a la historia nos puso a vivir aceleradamente. Esto, para repetir que un trabajo de hace 60/80 años es para nosotros historia remota: por eso puede ser raíz. 

Y la "Foto Rodríguez" -que aún existe en manos de sus descendientes fue fundada por Melitón en 1892, cuando sólo tenía 17 años. Desde un comienzo, y siempre, fue un fotógrafo comercial: era éste su trabajo cotidiano, su manera de ganarse la vida. Y no tenía engreimiento de artista: su afán era realizar un trabajo correcto, que diera satisfacción a sus clientes. Y en ese ejercicio, por su misma sencillez, más su amor y su destreza, realizó obra testimonial y perdurable. Parejamente retrataba su ciudad de Medellín, para fijar el marco urbano de los personajes que se hacían retratar en su galería. Así, en esos dos términos, el retrato de estudio y la foto de calle, un mismo propósito. Como si dijéramos, un mismo retrato. 

Ese Medellín de fines de siglo era una pequeña ciudad situada al noroeste de Colombia, capital del departamento de Antioquia. Más que una pequeña ciudad, Medellín era una aldea que pujaba por ser ciudad: se hallaba en ese proceso de cambio. Casualmente, esa tensión que se produce en el seno de un organismo social cuando se realiza, en su interior, una mutación histórica. Era Medellín el centro de una región montañosa, de pobres suelos, dedicada principalmente a la minería. Los capitales acumulados en tal actividad se dedicaron entonces al comercio, y la ciudad gozaba de un tráfico intenso. Y ya despuntaban los primeros intentos de una industrialización (ligera). O sea, se estaba formando una burguesía, ansiosa, no ya sólo de dineros, sino de status: darse gustos, rodearse de símbolos materiales de poder, pavonearse, lucirse. En este contexto se sitúa el trabajo fotográfico de Rodríguez: da testimonio de él. 

Pero se trataba de una burguesía aldeana, aún insegura en su nuevo traje y todavía visible la raíz campesina. Esta palpitación, esta tensión, la captó Rodríguez. Además, Medellín estaba aislada: metida entre altas montañas, no tenía ni carretera ni ferrocarril para comunicarse con el mundo exterior: sólo caminos de herradura, por donde transitaban recuas de mulas: por este primitivo medio de transporte llegaban los pianos de cola y los géneros de París. (Entre ellos, las placas fotográficas sobre vidrio que utilizaba el novel fotógrafo: "Lumiere", "Guilleminot"). Un viaje ala capital del país (Bogotá) tomaba de ocho a diez días, y al puerto marítimo más cercano (Barranquilla), accediendo finalmente por el río Magdalena, de quince a veinte días. 

Lo curioso y lo notable es que en esa circunstancia social tan pobre y estrecha se hubiera dado la fotografía de Rodríguez. Ya existían, es cierto, dos o tres fotógrafos, pero sin estabilidad. Melitón había nacido en agosto de 1875, en un hogar donde hubo 8 hijos: 2 hombres y 6 mujeres. El padre -de su mismo nombre- fue un artesano: tallador de mármoles, en particular lápidas funerarias. Una foto de este viejo, tomada por su hijo, presenta la sobria y rica estampa de un hombre sabio y sencillo, la luenga barba del patriarca, entrecana, la cabeza rotunda, los ojos claros, el buril en la mano. Una presencia soberana. 

Y estas fueron igualmente las virtudes de Melitón. Al parecer, fueron breves sus estudios: no pasaron de la escuela primaria. En un diario que empezó a llevar en 1907 y que es un documento precioso para entrever su vida y su ejercicio profesional) revela su pureza, su ternura, su humildad, a la vez que demuestra una aguda conciencia de sus limitaciones: escribía el jueves 31 de enero de 1907: "Es preciso estudiar un poco de gramática; hoy escribí una carta y estoy seguro que tenía muchos disparates. i Es cosa bien triste!". 

En fin, no tuvo formación académica en ningún terreno. Pero resultaba evidente su temperamento artístico y su habilidad manual. En Melitón culminó aquel tránsito de artesano a artista (sin dejar de ser artesano), que había iniciado su padre, y que correspondía cabalmenté al tránsito que realizaba Medellín de aldea a ciudad (sin dejar de ser aldea). El hecho es que Rodríguez, a los 17 años, en 1892, ya tenía instalado un estudio fotográfico: la "Foto Rodríguez", empresa que había iniciado con su hermano Horacio. Este la dejó, desengañado por el rechazo que hizo un cliente de su propio retrato, y se hizo arquitecto. 

Del mismo modo, Melitón se había hecho fotógrafo. De Medellín no había salido y aquí no había quien le enseñara. ¿Cómo es que un joven ignorante, metido en un rincón de los Andes suramericanos, decide de pronto hacerse fotógrafo? Aprendió solo, en libros que, claro, fueron traídos de Francia. Obsérvese, adicionalmente, que en Medellín no había energía eléctrica en ese año de 1892, y no la hubo hasta 20 años más tarde. Las impresiones -copias de contacto- se hacían al sol (como los retratos mismos). Y algunos años después ya hacía ampliaciones: él mismo fabricó una ampliadora que funcionaba con luz solar: como foco o fuente de luz, una ventana, contra 1a cual se colocaba el fuelle de la ampliadora, cerrando todo intersticio.
Esa extrema aplicación artesanal es la base de su clarividencia como fotógrafo, de la lucidez de sus retratos. Tenía el afán de aprender y de superarse. Se calificaba sus propios trabajos de 1 a 5, y era en extremo riguroso consigo mismo. Véanse estas anotaciones de su diario: "Hice 3 retratos, mal desarrollo: intensos y débiles. ¡Hay que afinar!": —Madrugué bastante y retoqué mucho. Trabajo galería: 6 retratos 2 malos, 2 regulares y 2 buenos. Los dos malos los repetí y quedaron igualmente malos. Eso lo llevaba a estudiar: "Estudié un poco: Meto¡-Quino(, lo mejor para luz sur. ¡Veremos!": "Se ensayó el Diamidofenol, resultado espléndido. Otra ocasión no había sido bueno, por el sulfito malo". 

Enfrentaba, como es fácil entenderlo, enormes dificultades, surgidas de su propia formación deficiente, y también del medio. En 1907, ya con quince años de ejercicio fotográfico, casado y padre de seis hijos (de lo cual se enorgullece en su diario), se quejaba constantemente de la pobreza, de las deudas, del arriendo de tres meses que aún se debía. Pero lo hacía sin amarguras, ni vencimientos. Decía: La cosa no está muy buena, el trabajo ha disminuido un poco en estos últimos días. Ahora no hay más remedio que trabajar más: contra pobreza actividad y no se diga que sin trabajo no se puede trabajar, porque eso es mentira: el trabajo existe siempre y el que no tiene pereza trabaja. Manos a la obra". Es la tenacidad del artesano. Y la moral.
Este diario de Melitón Rodríguez es un tesoro: retrato del personaje y retrato de la época. Además, clave para entender esa pureza y penetración de sus retratos. Esa aguda conciencia de sí mismo, ese afán de perfección: "Indudablemente es más lo que prometo que lo que hago": "Contento a pesar de estar un poco pobre". Y esta bella sentencia, que es síntesis de su humildad y de su propósito: "Me hace falta luz (saber) y me caigo en las sombras (estupidez) por falta de luz". 

Era una extrema sensibilidad, anclada en la humildad, en el goce estético y en la tenacidad.
Con esas virtudes, Rodríguez nos dejó un retrato de una época: aquellos datos fríos, de número y estadística, sobre el orden de la aldea que pujaba por ser ciudad, adquieren de pronto, con estas imágenes, una dimensión global, viva y perceptible. Ahora, no solo se sabe esa época, sino que se siente y se palpa. Porque la visión de estas fotos no es un ejercicio de nostalgia, sino la resurrección de una memoria, que se torna en sustancia del presente. No son fotos meramente evocativas, sino nuevas y excitantes. 

Está el aire de esa ciudad en ciernes: ya es amplio el espacio: la callejuela que se ensancha. Y los contrastes, que, dentro de aquella tensión de cambio, resultan armónicos: los bueyes contra la catedral, las mulas parejas con los rieles, la lavandera en su oficio frente al fachendoso Palacio Arzobispal, las mantillas de las viejas mujeres del campo que se cruzan con el bastón y el bombín del fino caballero burgués. Conviven dos mundos. También se muestran los aspavientos de la aldea pujante y de su nueva burguesía: les llegó la luz y el tranvía eléctrico sustituyó al de mulas. Y el automóvil aparece como en un trono, rodeado de cintas y guirnaldas. 

Es el mismo aire pomposo que resalta en las damas encopetadas de la nueva sociedad: la prepotencia naciente, el modelo de París. Con qué gesto delicado y preciso la fija Melitón: no les deja escapatoria. Y la nobleza de aquella vieja estirpe campesina en estos retratos de los grandes señores: limpidez, dureza en la mirada, serenidad en el porte. 

Es que Melitón tenía "el ojo fotográfico". Más el amor por su oficio, más la destreza técnica, más la humildad, más la curiosidad. Lograba en sus fotos, de modo. natural, una equilibrada composición, sin manierismos. Fue un fotógrafo documental, realista. Y tenía la clara percepción de los ambientes: esos retratos de unos zapateros, de unos estudiantes de medicina en la mesa de disección, descubren tanto el oficio como el ambiente del oficio: los rodea una aura.
Es rica la vida de Melitón Rodríguez: artesano, fotógrafo y artista todo parejamente. Percibió la esencia de los seres de su tiempo y del ambiente que los albergaba. Y esa percepción, para fortuna de nuestra identidad histórica, estuvo servirla por el instrumento adecuado al tiempo que vivió: la fotografía. Así pudo revelar un mundo. Sus fotos son nuestro tesoro. 

Alberto Aguirre
Tomado de El Mundo Semanal, periódico EL MUNDO, Medellín, Septiembre 5 de 1981. Nro. 121 - Revista Fotografía Contemporánea.
ColArte lo tomó del folleto Meliton Rodriguez del Centro Colombo Americano

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Premio para "Los zapateros"

Un año después de que el barranquillero Francisco Valiente obtuvo una mención de honor en el Concurso Internacional de Bruselas,en 1894, Melitón Rodríguez ganó una medalla de plata -el primer puesto fue para el retrato que presentaron los hermanos Valleto, de México- en un concurso de fotografía de la revista Luz y sombra, de Nueva York, por su obra Los zapateros (abajo). En 1892, cuando tenía 17 años, Rodríguez había fundado junto a su hermano Horacio el establecimiento que llevaba su apellido y donde trabajó hasta 1938. Sus herederos continuaron su labor en Fotografía Rodríguez durante décadas, después de la muerte del fotógrafo en 1942, y hoy su archivo pertenece a la Biblioteca Pública de Medellín, que lo adquirió en 1995.

Tomado de Revista Semana Edición 1367, 14 de julio de 2008, por Eduado Serrano