Amazonia Area Natural

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Reinas de Amazonas 

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Puerto Nariño

Al sur del río Guaviare, las planicies orientales del país se cubren de densas selvas surcadas por ríos que corren hacia el suroriente y desembocan en el Amazonas, como el Vaupés, el Caquetá y el Putumayo.

Esta región es la que se conoce como la Amazonia Colombiana

 


Amazonas

Si lo que desea es un recorrido netamente ecológico, Leticia constituye el punto de partida para visitar el Parque Nacional Arnacayacu, que cuenta con una extensión de 293.000 hectáreas. El parque está ubicado en el extremo sur del departamento del Amazonas, en los municipios de Leticia y Puerto Nariño. Bosques interminables, bosques de tierra firme, pantanos y ciénagas hacen parte de su exuberante paisaje.  Podrá apreciar alrededor de 150 especies de mamíferos y 500 de aves, guacamayas, tortugas de agua dulce, caimán negro, el delfín rosado, carnaleones, dantas, venados, anacondas, boas y el tití leoncito, el más pequeño del mundo en su especie.

El acceso a Arnacayacu se efectúa desde el puerto de Leticia, se sigue corriente arriba por el río Amazonas hasta que se llega al primer límite del parque, la quebrada Matamata. Una vez se han recorrido los 60 kilómetros -para tal efecto se necesita de dos horas en bote liviano- que distancian al parque del puerto, se llega al centro de visitantes donde puede hospedarse en hamacas o literas, disfrutar de cafetería, conferencias y centro de documentación. Desde allí pueden realizarse caminatas por el sendero interpretativo, puede atravesarse el parque de sur a norte con guía o visitar las ochenta familias de las comunidades indígenas San Martín, Palmeras y Mocagua las cuales le ofrecerán artesanías para la compra.

Se recomienda vacunarse contra la fiebre amarilla y tétanos si se desea visitar el pulmón del mundo, el Amazonas.

Tomado de la Revista Diners No.361, abril de 2000



 
 

Amazonas 

En el extremo sur del país, en los límites con Brasil y Perú y con una altura de 100 m.s.n.m., se encuentra el Amazonas, Ilamado el pulmón del mundo por su infinita arboleda y por la gran variedad de fauna y flora que vive en su territorio. La mayoría de su población es indígena, destacándose las comunidades: nukaks, yaguas, huitotos, ticunas, tucanos, camsás a ingas. El departamento es el más grande de Colombia y su principal atractivo es el majestuoso río Amazonas, el más caudaloso del mundo.

Parque Nacional Natural Amacayacu. A unas 2 horas de Leticia, posee senderos, plataformas de observación y confortables instalaciones administradas por Aviatur.

San Martín de Amacayacu. A esta aldea se puede llegar desde Puerto Nariño, o desde el Parque Amacayacu por senderos bien demarcados en los que el visitante puede tener un encuentro con primates, ardillas, armadillos y gavilanes. Está habitada por nativos ticunas y el turista puede participar en talleres de artesanía para aprender sobre tejidos y tallas en madera. Las caminatas se programan en las instalaciones del parque o en Puerto Nariño.

Puerto Nariño. Por el río Amazonas a 75 km de Leticia. Es el segundo municipio más importante del departamento. Habitado en su mayoría por comunidades yaguas y ticunas. Cerca están los lagos de Tarapoto.

La Isla de Los Micos. Famosa por la gran cantidad de micos que la habitan, la isla está ubicada frente al corregimiento de Santa Sofía, a una hora y media, por río, de Leticia. Hay pirañas y caimanes expuestos a la admiración de los turistas.

Raudal del Jirijirimo. Se ubica en el río Apaporis, en los límites de los departamentos de Vaupés y Amazonas. Enclavadas en el paisaje de la selva amazónica se des cubren las hermosas cascadas a impresionantes rápidos del raudal del Jirijirimo, que a lo largo de su recorrido se divide en dos partes labrando una isla en forma de corazón y unos escurridizos de agua con uno y dos metros de altura, que al unirse forman una gran cascada con figura de escalera y un desnivel de 60 metros. "La Cama de la Anaconda", lo que significa Jirijirimo, recibe ese nombre por la presencia de boas acuáticas en el río.

Comunidad Huitoto. Se encuentra a 7 km de Leticia por el río Amazonas hacia Tarapacá. Allí la comunidad huitoma, perteneciente a la cultura huitoto, convive entre el ecosistema que la rodea y que veneran con rituales que simbolizan el respeto y la admiración a la naturaleza. Los visitantes conocen su forma de vida,  que se fundamenta en la agricultura y en la pesca, y que se rige por las creencias que aún conservan, sin importar los miles de años que hayan pasado.

Lagos de Tarapoto. Son varios lagos de aguas oscuras ubicados a unos 15 minutos en lancha de Puerto Nariño. Son habitat de los delfines rosados que se pueden. observar con paciencia, dando un espectáculo inolvidable

Parque Nacional Cahuinari. Localizado en el municipio de Puerto Santander, cerca de las poblaciones de La Pedrera y Araracuara, desde donde se llega por vía fluvial al centro administrativo del parque. Es una reserva de 575 mil hectáreas con una espesa arboleda y habitado por cientos de especies vegetales y animales, entre los que se destacan los caimanes negros, las tortugas Charapas y 124 especies de peces. Habitado por cerca de 1.500 indígenas que se dedican a la caza y a la recolección de frutos del bosque para su supervivencia. El parque está cerrado al turismo.

La Chorrera. Ubicada en el corazón de la selva amazónica y con un acceso un poco difícil, este paraíso natural está adornado por los rápidos del río Igaraparaná que forman una espectacular laguna antes de continuar su recorrido hacia el sur. El poblado es principalmente huitoto, pero conviven con varias etnias más, que a pesar del violento contacto con el hombre blanco, aún conservan sus costumbres y mandatos. Aquí se puede apreciar la famosa Casa Arana, escenario de la crueldad de los años de la explotación del caucho y narrada por el escritor José Eustasio Rivera en su impactante obra La Vorágine.

La Pedrera. Situada a orillas del río Caquetá es otro paradisíaco lugar de la selva amazónica. Entre sus atractivos están el Cerro Yupaté y el Salto de Córdoba. Cuenta también con lindos raudales que forma el río sobre enormes piedras.

Reserva Tanimboca. Se localiza a 8 km de Leticia vía Tarapacá. Hay escalada en árboles mediante cuerdas, canopy, kayak y un delicioso restaurante.

Tabatinga. Estando en Leticia basta caminar un poco y se encontrará en el país de la samba. Es buen lugar para ir de compras y degustar la comida brasileña. Allí se destaca el movimiento comercial entre los países gracias a su cercanía con Leticia. Puede alquilar una moto  para conocerla.

Benjamin Constant. A 36 km de Leticia, es otro poblado del Brasil y se recomienda ir de compras, visitar procesadores de madera, el Museo Tikuna y degustar comidas típicas del vecino país. Salidas desde el puerto de Tabatinga o Leticia.

Reservas Marasha y Zacambú. Lugares mágicos ubicados en el Perú, sitios ideales para el descanso.

Parque Santander y Orellana. Cada tarde el espectáculo es la gran cantidad de pericos y loros con llamativos colores que cuando se reúnen forman un alegre con cierto revoloteando por el cielo y los alrededores del parque. Es considerado como el punto turístico más importante de la ciudad.

Museo Etnográfico del Hombre Amazónico. Recoge en su sede un significante número de objetos representativos de las etnias indígenas del departamento. Ubicado en el Banco de la República.

Serpentario de Leticia. Expone a los visitantes diferentes especies de serpientes que habitan la selva amazónica. Se encuentra en reubicación.

Muelle. A este punto arriban la mayoría de las lanchas que se transportan por los diferentes municipios de la región y sus lugares turísticos.
 

Tomado del libro Guía de Rutas por Colombia, Puntos Suspensivos Editores, 2007


 

 
 


El discreto encanto del parque Amacayacu

A 60 kilómetros de Leticia se encuentra uno de los parques naturales más hermosos y desconocidos del país. A pesar de estar en medio de la agreste selva amazónica, el turista disfruta de grandes comodidades. Un paraíso por descubrir.

¿Quiere usted verdaderamente desconectarse del mundo? ¿Es usted de aquellos turistas insatisfechos, a los que la playa, la brisa y el mar terminó por hastiarlos en demasía? ¿Busca alternativas distintas al resabido plan vacacional a las costas colombianas? ¿Está dispuesto a sorprenderse con el abrumador sonido de la selva y con el murmullo arrullador de sus animales en las noches? Si ese es su perfil, usted tiene que visitar el Parque Nacional Natural Amacayacu, en el Amazonas.

¿Ventajas? 293 mil hectáreas de endemoniado contacto con la naturaleza; 500 especies de aves, entre guacamayas y papagayos, esperando ser fotografiadas por la lente del turista maravillado; más de dos millones de especies de insectos, 60 mil más de plantas, 152 especies de mamíferos (el más exótico es el delfín rosado) y más de seis centenares de coloridos peces. Semejante portento natural está ubicado a escasos 65 kilómetros de Leticia (1 hora y 45 minutos en lancha rápida).

En la actualidad la Unión Temporal Amacayacu, de la que hacen parte Hoteles Decamerón, Aviatur y Cielos Abiertos, es la administradora y la responsable de los servicios ecoturísticos del parque. Sin dejar por fuera a la empresa AeroRepública, la única aerolínea que tiene un vuelo diario a Leticia. Todas estas compañías son las responsables de que en el último año se duplicara el turismo en la región.

EL PARQUE

¿Que qué puede hacer uno allá? Lo primero es arribar a Leticia. Una vez allí el turista se desplaza en una lancha por el río Amazonas hasta llegar al parque. Y las posibilidades son infinitas: caminatas en la selva de cinco horas; contacto con los seis resguardos indígenas que habitan en la zona, todos ellos pertenecientes a la etnia Ticuna; si prefiere emociones más extremas, puede atravesar un puente colgante de 60 metros de largo a más de 25 metros de altura y descender a rapel (con cuerdas y arneses).

Y hay más: puede hacerse canotaje nocturno por el río, visitar la isla de los micos, caminar por senderos ecológicos, practicar la pesca deportiva y, si está de suerte, aprender de las milenarias costumbres que los Ticunas disfrutan durante cada uno de los días de sus vidas. Y hacer todo esto en medio de ese regalo de los dioses que se llama el Amazonas, de su imponente paisaje y sus alucinantes posibilidades.

En últimas, el Parque Amacayacu -que debe su nombre a la quebrada de su mismo nombre y que significa Río de las Hamacas en lengua quechua- es una experiencia excitante. Quizá sea el mejor adjetivo para describirla. Eso sí, hay que advertir que este tipo de turismo no es para todo el mundo. Si usted está pensando en licor, en parrandas y amanecidas, en bailes hasta altas horas de la noche y hasta mujeres para acompañar la rumba, pues el Amazonas no es para usted.

Ah, también habría que decir que piscina no hay. Por lo me nos no en el parque. ¿Y los mosquitos? Demasiados, a veces hasta insoportables. En otras palabras, no puede olvidarse el repelente. Superado eso, el resto es una delicia en el parque Amacayacu. Buena comida, tipo bufé, capacidad para 51 personas como máximo con camas adecuadas y cómodas.

"El perfil de nuestro visitante es distinto. Promovemos un contacto pleno con la naturaleza, con la belleza de la Amazonia. Teniendo eso para qué necesitas licor", comenta Jaime Celis, director del parque. Se nota el esfuerzo de la empresa privada como Aviatur para empujar el turismo. Pedro Prado, del Ministerio de Medio Ambiente, dice que gracias a la concesión del parque se ha lo grado equilibrar el ecoturismo y el cuidado de la naturaleza.

Así que, sin remedio, una vez el turista termine su viaje al Parque Amacayacu quedará prendado por el discreto encanto del Amazonas, esa fascinación enorme que deslumbra y atrapa y que va a revolucionar el turismo en el país.

Tomado del periódico El Espectador, 20 de agosto de 2006


 
 
 


Al Amazonas

por Oscar Castaño

Leticia se asemeja a un pesebre arrinconado por el río Amazonas. Es una humilde ciudad de 30.000 habitantes que aún viven entre calles polvorientas, monumentos de héroes con el rostro escarapelado y semáforos con luces percudidas. Y sin embargo tiene el orgullo de que nadie la ha conquistado.

Desde el interior de Colombia sólo se llega a ella en avión, o por tierra si la conducción corre a cargo de expedicionarios curtidos contra las enfermedades, la soledad y el temperamento del clima. El encanto del departamento del Amazonas y su capital Leticia consiste en que transmiten la sensación de plena libertad, de no depender de nada ni de nadie.

Sus habitantes sostienen en la mirada y en el cuerpo cierta proximidad con los personajes de las leyendas selváticas. En su manera de caminar; en esos gestos ambiguos, a veces muy fuertes o también muy suaves, y en sus conversaciones con rumor de río manso. No sienten afán por el pasado ni por el futuro, y en cambio los apasiona el presente.

Se sale de Leticia rumbo a la selva, contra la corriente del río, y el visitante se topa con dimensiones descomunales. Hay parajes en que no se divisa la otra orilla del río. Las ceibas de algunas riberas alcanzan cincuenta metros de altura y cuatrocientos años de edad. Si se bucea es posible apreciar peces de dos y tres metros de longitud. En la corriente bajan pedazos gigantes de naturaleza muerta, como puntas de iceberg flotantes.

Localizado a 65 kilómetros de Leticia -a una hora y cuarenta y cinco minutos en lancha rápida- se encuentra el parque Nacional Amacayacu, que ocupa gran parte del Trapecio Amazónico. Deriva su nombre de la quebrada Amacayacu, que en lenguaje ticuna significa río de las Hamacas. Posee una extensión de 293.500 hectáreas abundantes en tarántulas, tortugas, caimanes, ranas, sapos, iguanas, tigres, pumas, micos, delfines rosados y grises, anacondas y boas, pirañas violentas o inofensivas, árboles centenarios, ciénagas y pantanos, frutos exóticos y resguardos indígenas.

Selva adentro

En la temperatura se siente la soberanía del Parque Natural Amacayacu. El promedio de humedad llega a noventa por ciento y penetra la vestimenta del visitante, se desliza por todo el cuerpo y al poco rato empieza a bajarle el semblante de turista. Comienzan la deshidratación y la desleal batalla de los mosquitos. Se debe llevar agua, y con frecuencia aplicarse repelente. Menos mal que el Hotel Decamerón y la Organización Aviatur administran los servicios ecoturísticos, de alojamiento y restaurante del Parque Natural Amacayacu. Ambos disminuyeron las ventajas de la selva sobre el hombre con el Centro de Visitantes Yewae, dispuesto a la orilla del río. Ofrece ocho malokas privadas -casas indígenas-, de las cuales seis tienen balcón y vista al río, baño privado, ventilador y guardarropa. Otra maloka llamada Victoria Amazóníca es para un máximo de cuatro personas. Una más cuenta con dos módulos de habitaciones compartidas con capacidad total para 42 personas y baños comunales formados por seis sanitarios y seis duchas independientes para hombres y mujeres.

Una vez instalado, para el visitante se inicia la aventura de la selva. Con la práctica del dosel, deporte extremo de origen europeo, se asciende a través de cuerdas a una plataforma situada en lo más alto de una ceiba de cuarenta y cinco metros de altura, desde la cual se tiene otra visión del paisaje. Se observan la copa de miles de árboles, pasan en vuelo rasante aves de todos los tamaños y colores, los micos se descuelgan de unas ramas a otras y a lo lejos, ondulado a infinito, se ve el río Amazonas.

Luego se cruza un puente colgante de sesenta y cinco metros de longitud, hasta una segunda plataforma situada a 26 metros de altura en la cintura de un árbol donde se desciende en cuerdas en rappel. Sigue el regreso en canoa, entre lianas y sonidos salvajes, debajo de espesas ramas que impiden la presencia de la luz del sol. Todo se convierte en una acuarela de tonos verdes y oscuros.

Los Lagos de Tarapoto de Pe son una lección alucinante de belleza y silencio. Sobre ellos se refleja la vastedad del panorama en espejuelos como de caleidoscopio. Se encuentran a tres horas de Leticia y es donde mejor se pueden observar los delfines rosados en sus alegres rutinas acrobáticas. Allá también se puede nadar. Las caminatas son el plato fuerte. En el sendero Naimekumaw -Camino de la Selva- aparecen y desaparecen a la proximidad de un brazo humano, miles de mariposas, aves a insectos. Este recorrido se puede realizar en canoa nativa si el nivel del agua lo permite, y dura aproximadamente cuarenta minutos. En la excursión por la Isla de los Micos se contemplan varias especies de este animal. Los paseos nocturnos enseñan los misterios ocultos del Amazonas, sus animales más feos y también los más tímidos. Son recomendados los trayectos por la quebrada Matamata y el Safari Nocturno.

Amazonas es una casa generosa con un exquisito comedor. La voluptuosidad de la selva se aprecia en cada plato, en los sabores exóticos y siempre nuevos para el paladar citadino. En esta cocina juegan de local la gastronomía peruana, la brasilera y la colombiana, que al mezclarse se resuelven en recetas marinadas por jugos de frutos tan extraños y sorprendentes como el de copoazú, el de arazá y el de lulo.

Es el Amazonas, el coloso verde del sur y al que ojalá nunca llegue la civilización.

Agradecimientos Aviatur, Decamerón y Satena.
Tomado de la Revista Diners No.460, julio de 2008


 
 


Jirijirimo, la cama de la boa

Un paisaje cautivador entre el Vaupés y el Amazonas.

Quizás el más bello de los raudales de la selva amazónica colombiana sea el de Jirijirimo. No por nada Jacqueline Kennedy lo escogió como el paisaje más lindo del mundo.

Primero que todo se debe tener en cuenta que en la selva llaman raudal o rápido a los sectores de los ríos que se encabritan por la presencia de grandes piedras o de huecos en el fondo del cauce.

En los raudales es imposible o muy peligrosa la navegación. Lo que estos ríos pierden en navegabilidad lo ganan en belleza y espectacularidad.

Realmente, Jirijirimo no es un raudal sino una cascada a todo lo ancho del río Apaporis. En este lugar es frecuente ver anacondas, las grandes serpientes acuáticas que alcanzan hasta 10 metros de longitud. De ahí el nombre de Jirijirimo, que significa la cama del guío.

El río Apaporis marca límites entre los departamentos del Vaupés y del Amazonas y desagua en el río Caquetá.

Aguas arriba el raudal recibe las aguas negras y brillantes del Cananarí. Una forma de corazón y de unos 500 metros de ancho se encuentra dos kilómetros arriba de la cascada.

Este es un gigantesco escalón de 60 metros de altura y 150 de longitud, distribuido en varias caídas y chorreones en los que el agua se escurre entre unas matas a modo de trenzas largas y verdes.

El río discurre luego por un cañón muy estrecho para meterse por un túnel que apenas tiene 10 metros de anchura y 60 de altura.

Este sitio es sagrado para los indígenas de la región.  Un gran sector del río Apaporis que incluye Jirijirimo fue declarado recientemente Parque Nacional Natural con el nombre de Yaigogé.

Tomado del periódico El Tiempo, 3 de junio de 2010