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Historia del Modelaje en Colombia

 

 

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La información que se ofrece sobre el modelaje en Colombia se divide en varias partes:
 
  1. En este marco se encuentran textos de información general sobre el modelaje y sus centros de formación. 
  2. En el marco de la izquierda se encuentra un recuento iconográfico y cronológico de concursos y modelos de diferentes épocas.  Los íconos de esta sección pueden ampliarse.
  3. En los motores de búsqueda por artista de ColArte se puede identificar cientos de secciones dedicadas a cada modelo profesional, con su correspondientes textos, colección de fotos personales y enlaces a otras páginas WEB


    Nombre : Apellido: Ciudad Natal:

  4. En los motores de búsqueda iconográfica se puede identificar el nombre de un modelo en particular para obtener un barrido de imágenes en todo el archivo de ColArte
     

    Tema :

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1974: En Bogotá hay fábricas de modelos

por Héctor Rincón

En Bogotá hay fábricas de modelos. Así como suena. 

Se ubican en el Directorio Telefónico - páginas blancas o amarillas-, por referencias personales o por tal cual aviso publicitario que esporádicamente aparece en los periódicos. 

La fabricación de una modelo puede durar tres meses o seis semanas o treinta días, según la calidad del aprendizaje o la cualidad de la mujercita aspirante a exhibir las nuevas medias pantalón inencogibles o el modernísimo maquillaje para las cejas que alcanza hasta iluminar las manos.
Hay diferentes tipos de fábricas. Unas con eficacia comprobada, que aseguran enseñanza moderna, profesional y garantizan la filmación de comerciales. Y otras especializadas en descrestar ingenuas muchachitas con el cuento de que "después de la publicidad viene el cine", Hollywood, Cannes, Liza Minnelli.
También -por supuesto- hay diferentes tipos de modelos. Rubias, altas, morenas, bajitas, gorditas, de todos los estilos y para todos los gustos. Y en edades, el surtido también es variadísimo, arrancando desde un año y terminando por allá por los setenta.

El trabajo reporteril se inició en la oficina 506 del edificio número 21-55 en la carrera octava. Tras esa puerta está la primera fábrica de modelos visitada por CROMOS. 

Un pasito adelante, mucha plasticidad

Es la Agencia-Escuela de Modelos Eco. Su propietario es Hernán Escobar. Es una oficina con tres lugares donde estar, un pasillo que conduce a esos lugares y un blanco escenario de fotografías. 

Desde por la mañana el ajetreo comienza, pero es al final de la tarde cuando se recrudece. A esa hora -tipo seis- llegan hasta la Agencia Escuela de Modelos Eco, un grupo de jovencitas ansiosas de aprender a caminar, a posar, a hacer gestos ante una cámara Nikon y unas fuertes luces de reflectores. 

Gloria Castro, ex-candidata a la candidatura de Bogotá para el Reinado Nacional de Belleza, es una de las clientes del lugar. Aquí entrena su cuerpo, aprende a sacar un pie adelante y a ponerle a toda su humanidad mucha plasticidad.  "La gente debe ver a las modelos alegres, transmitiendo mensajes", dice ella mientras Sonia Gómez, la principal instructora de la escuela, le ordena caminar tres metros sacando el pecho y estirando las manos.  

Aquí la cuota de admisión no es muy cara y el aprendizaje dura tres meses, con clases de una hora diaria sin incluir ni días festivos ni fines de semana. Hay cátedra de caminado, de drama, de maquillaje, de pose, de Psicología. Todo para que al final del curso se ingrese a una lista de modelos que de cuando en vez son escogidas para filmar algo o para algunas fotografías. 

La ilusión se respira en todos los lugares de esta escuela de modelos. Se advierte en el rostro de Betty Betancur, que trata de imitar rostros infantiles ante un espejo para después, con un vestido enterizo negro, caminar rítmicamente en el espacio de tres metros. 

"El público debe sentir que la modelo está a su lado, explica al dar media vuelta a su cuerpo, cruzar los pies y quedar parada con su figura reposando en la pierna derecha. Ella -Betty- y el resto, son jovencitas que miran en el modelaje una profesión a la que se le pueden sacar algunos pesos y como una manera de desinhibirse recibiendo este tipo de clases.

En Eco, cuyo propietario es además músico, representante artístico y pereirano, hay actualmente unas veinte muchachas recibiendo cursos; unas cien están inscritas en la agencia, que funciona en base a contratos que logran los dueños y sobre los cuales se les descuenta un porcentaje a las modelos. 

El ambiente es oscuro. Oscuridad que termina cuando se encienden los reflectores para hacer algunas pruebas, de fotografía a Gloria Castro en bikini. Hernán Escobar, el propietario, le indica qué poses hacer, qué actitud asumir, qué mirada fingir para que se vaya preparando para cuando le toque someterse a la tortura de los estudios. 

De esta escuela no han salido modelos prominentes. Pero, igual, las alumnas reciben entusiasmadas las clases que no exigen más que una hora de dedicación diaria y muchos deseos de sobresalir en este campo de la belleza corporal. El maquillaje del rostro y el estado del cabello también son tenidos en cuenta aquí y los dos forman parte del grupo de materias que es necesario recibir para aprobar el curso, aunque es improbable que alguien lo repruebe.

Quedan recibiendo clases. Sacando la cadera, metiendo el pecho, ilusionándose ante un espejo con muecas infantiles, poniéndole a la cuestión plasticidad. Mucha plasticidad. 

Una fábrica más grande con profesor extranjero 

Donde la carrera séptima se encuentra con la 19, hay un edificio antiguo de cinco pisos y en el cuarto funciona la escuela de Lubi Brooks, fundada por una ex-modelo norteamericana que vendió su empresa a una sociedad limitada. 

Julieta de Daza es, actualmente, la administradora de la academia. Ahí, sentada en ese escritorio, escuchando música y rodeada de infinidad de fotografías, está poniéndole orden al desorden de la oficina. 

Hay cinco salas, adornadas todas por gráficas de modelos, muchas de ellas famosas,. cuyos conocimientos fueron adquiridos aquí mismo. El curso vale hoy dos mil quinientos pesos, dura cincuenta horas y las modelos (o los modelos, porque también hay ciases para hombres) quedan registradas en unas fichas que son enviadas a las agencias de publicidad para que en cualquier momento sean solicitados sus servicios. 

Las clases arrancan por la más elemental gimnasia rítmica y finalizan con diez horas de teatro dictadas por Leonardo Guzmán, argentino, que ahora está en esta sala dando clase a tres mujercitas. 

"Esta es una de las mejores escuelas de América -explica-. Me parece que apenas la supera una de Buenos Aires. Hay mucha seriedad y mucho profesionalismo entre las organizadoras de los cursos. Además, con lo que llevo en Colombia que son casi seis meses me he dado cuenta que la mujer bogotana es muy dúctil".

Mientras lo dice sus tres alumnas de esta tarde hacen mímica.  Representan la frustración de una mujer primero y después con una pita imaginaria en la nariz, se arrastran por el suelo. 

"Esta es parte importante del modelaje -dice Guzmán-, porque la modelo debe trasmitir muchas cosas. Aquí se les enseña a utilizar las cejas, la cara, los ojos, los pies, las manos. Se les hace notar que tienen todo eso y que deben sacarle el máximo de jugo". 

Para Julieta de Daza el modelaje es cuestión seria. Cuando habla de la profesión expresa la necesidad de borrar la imagen que se tiene en el medio y, para tratar de definir dificultades, sostiene que una de ellas es la inhibición de quienes toman los cursos. 

Se exige asistencia, seriedad, responsabilidad y deseos de aprender a modelar cualquier tipo de producto. En la academia de Lubi Brooks las clases son concurridas durante todas las horas del día y base primordial de la enseñanza corre a cargo de las alumnas que "deben ponerle toda la imaginación del caso al aprendizaje". 

Un álbum con fotos de muchas modelos reposa en el escritorio de Julieta de Daza. Ese es el mismo que se le envía a las agencias de publicidad para que ellas tengan la oportunidad de escoger a las personas que irán a promocionar sus productos. 

Leonardo Guzmán sigue dictando clase. Julieta de Daza organizando los papeles de su escritorio. Esta fábrica de modelos muestra en todo organización y seriedad.

La fábrica con 600 modelos lindísimas

En el norte de Bogotá, sobre la carrera 15 con calle 81, está la agencia de modelos de Diane de Ospina. Funciona en un tercer piso, es una pequeña oficina, entapetada, con orden de no fumar y con sofisticados cuadros en las paredes. 

Aquí se respira elegancia.  Es por la sobriedad del despacho principal, adornado con pequeños muebles blancos y cojines morados, con un espejo gigantesco incrustado en la pared y por la vestimenta de tres jóvenes que están aquí esperando la hora para ir a filmar cuñas.

Diane de Ospina tiene en su agencia seiscientos modelos, entre mujeres, hombres y niños.

Es un listado inmenso que cuelga , de la pared y que ella utiliza cada vez que la llaman de una agencia publicitaria para que les preste el servicio en algún comercial. "Una modelo es aquella persona que es capaz de exhibir todas sus virtudes y esconder o disimular todos sus defectos", dice la propietaria y administradora de la agencia, definiendo de una vez to que en su concepto es una modelo.

Opinión que parecen compartir las tres jovencitas que ahora, frente a un espejo, lucen fascinantes sonrisas y tiernas miradas. Más que como escuela esto funciona como agencia de espera, en término no muy lejano, establecer sucursales en las principales ciudades del país.

"El curso de expresión corporal es tan fundamental como la conversación personal que sostengo con cada persona que desea vincularse a la agencia. Esta parte es importantísima para mantener la altura que pretendo darle a la profesión del modelaje. Es importante su seriedad, su responsabilidad y también su estilo de vida". 

Cuando ha pasado los exámenes (como los han pasado Lee Olsen, María Victoria Botero y Ana Lucía Quevedo, las tres jovencitas que siguen sonriendo ante un espejo), la modelo tiene que suscribir un convenio con la agencia, que establece la repartición del dinero que generen sus trabajos y la lealtad con Diane de
Ospina. "Ese convenio es muy claro y es cumplido por los inscritos porque sobre ellos tengo mucho conocimiento. No tengo duda en decirlo, de esta agencia
salen las modelos más profesionales y de más renombre", agrega para recordar el paso por este lugar de toda una constelación de mujeres entregadas a las tareas publicitarias. 

Para ser modelo se necesita responsabilidad, personalidad, temperamento, cuidado, dedicación y más dedicación. Esto según las propias palabras de las modelos.  "Lo ideal de una modelo son cincuenta kilos de peso y un metro con setenta y cuatro centímetros de estatura. Teniendo esto y responsabilidad puede ser profesional respetable que es lo que estoy buscando y creo que el medio colombiano da para lograr este propósito. Tenemos que llegar al profesionalismo del modelaje cobrando por horas", vuelve a hablar Diane de Ospina, al tiempo que las tres bellas jovencitas arreglan sus maquillajes y se marchan a la grabación de cuñas para lo cual ya se les ha solicitado otra vez por teléfono.

Por todo. Por las fotos y por las conversaciones. Es que, aunque suene raro, en Bogotá hay fábricas de modelos. Es indudable.

Tomado de la Revista Cromos, No.2965, 6 de noviembre de 1974

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1983: Modelos para cambiar el panorama

Tap tap tap, la modelo camina por la pasarela. Las damas asistentes analizan atentamente las características del vestido que la muchacha lleva sobre su cuerpo, mientras los pocos caballeros prefieren dar un vistazo a las cualidades físicas de las niñas que desfilan.

La escena puede tener lugar en cualquier parte del mundo, pero en Colombia un desfile de modas es algo que, si bien no es extraño para el público, está muy lejos de llegar a tener los niveles de desarrollo logrados en otros países. Si una persona cualquiera se toma la molestia de asistir atentamente a cuanto desfile de modas se organiza en el país, se dará cuenta en seguida de que, indefectiblemente, las modelos siempre son las mismas, con los mismos gestos, la misma manera de caminar, el mismo maquillaje y la misma sonrisa coqueta o agresiva, según el caso. La profesión de modelo, escasamente desarrollada en nuestro medio, sólo dispone desde hace años de las caras y los cuerpos de siempre.

Basándose en esa premisa, un grupo de jóvenes modelos viene desde hace unos meses trabajando en el proyecto "Modelart", tendiente a "cambiar el panorama del modelaje en Colombia", según su coordinadora Isabel García.

"Modelan" no buscará sólo sacar a desfilar niñas lindas porque sí; estas deben darle importancia al producto y ser lo suficientemente versátiles como para poder cambiar de acuerdo con el vestido que exhiban".

Isabel explica la razón de la palabra Modelart, que sirve para identificar la ambición de cerca de quince niñas que integran esa especie de empresa juvenil: "Modelar es un arte como cualquier otro. Aparte de eso, en los desfiles donde hemos participado siempre procuramos mezclarle al show propiamente dicho un cantante, un espectáculo de danza o algo diferente que entretenga al público".

Karym es una de las muchachas que integran el grupo. Estudiante de comunicación social, profesora de "jazzercise" y maquilladora, tiene tiempo para dedicarse al modelaje. "Sin entrar a criticar a ninguna colega, considero que a las jóvenes se nos debe dar la oportunidad de mostrar lo que sabemos hacer. El mercado de la moda en Colombia está lo suficientemente desarrollado como para permitir el ingreso demás modelos. ¿Por qué siempre tienen que ser las mismas personas quienes muestren las colecciones lanzadas por los diseñadores?".

Karym opina que "... la profesión de modelo puede parecer poco atractiva para la gente joven, pues siempre nos la han mostrado con apariencia de rollo complicado, donde se supone que uno debe ser un símbolo sexual, una tigresa rumbera o algo así. Todo lo contrario. El asunto requiere mucha disciplina, no trasnochar, entrenar un mínimo de dos horas diarias para mantenerse en forma y, sobre todo, mucho, muchísimo trabajo".

Suerte pues a las muchachas de "Modelart". A ver si son tan buenas como para desbancar a las "vacas sagradas" del modelaje en Colombia.

Tomado de la Revista Cromos No.3390, 4 de enero de 1983

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Primeras top del país

por Diego León Giraldo. Especial para EL TIEMPO

Los nombres de Estrella Nieto, Dee Gee Wilkinson, Inge Vischnoff, Noemí Hoyos y Magdalena Vásquez poco les dicen a los que hoy se extasían cuando en las secciones de farándula de los noticieros se habla de los desfiles de trajes de baño con las top del momento.

Sin embargo, sus apariciones causaban tales revuelos en los 60 que la Policía tenía que cerrar los almacenes y los sitios donde hacían sus desfiles.

Ellas fueron algunas de las primeras modelos del país, cuando ese oficio era mal visto, según cuenta Lena Pinzón, y supuestamente hecho por mujeres de dudosa reputación.

Con todo y eso, bellas mujeres, niñas de familias tradicionales, sin ningún tipo de siliconas, desafiaron a la sociedad y fueron los maniquíes de los primeros diseñadores nacionales, como Marlene Hoffman, o de los almacenes que traían ropa importada de los grandes diseñadores mundiales.

Hilda Strauss, que fue la primera en recibir pago por su desempeño en pasarela y en traer el primer título internacional de modelaje, es la decana de este grupo de mujeres que no temieron al qué dirán.

En el preámbulo de Colombiamoda 2005,  recordamos a varias de estas mujeres que abrieron el camino para otras como Adriana Arboleda, Norma Nivia o Claudia Lozano y para las que buscan quién las descubra.

Tomado del periódico El Tiempo, 14 de agosto de 2005