Manuel Humberto, Manuel H Rodriguez

Bogota

Fotografos (Reporteria, social)

Figura Humana

 

Manuel Hermelindo Rodríguez,
Manuelhache

 

http://www.asofoto.com/ExpoManuelH/manuel_h.htm 

fotógrado, reportero gráfico

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Bogotá, 1920-2009

El farnoso reportero gráfico, que trabajó en EL TIEMPO, expone 150 fotos, 15 murales y 40 cámaras antiguas en el Callejón de Exposiciones del Teatro Jorge, Eliécer Gaitán.

por Hollman Morales
Especial para EL TIEMPO

Camina con su apenas perceptible sonrisa volteriana, mirada guazona, pasos cortos, con su melena de trotacalles viejo, llevando su humanidad ligera en medio de recuerdos de una ciudad que ha visto transformar con resignación.

"Las sucesivas avalanchas de gentes de todas partes que venían a refugiarse de la violencia, les cambiaron las costumbres a la ciudad, cambiaron el clima, trajeron bullicio,  pero pese a las dificultades, ha habido progreso", dice.

Con cierto adarme de vanidad, se niega a confesar su edad y revelar qué  esconde tras la H, en evidente solidaridad con la mudez de esa letra que mantiene en el anonimato su segundo nombre de pila. lleva 56 años trasegando con el mundo de las imágenes sobre papel, entre químicos, luz roja; fijadores, marcas y técnicas, y conserva un archivo de más de 550 mil negativos, que espera alguna institución pública o privada le compre para tener al menos tranquilidad económica en los años que le queden y para que se rescate esa memoria visual de una ciudad singular y múltiple simultáneamente.

" De familia humilde y pobre,. su papá Antonino era trabajador del tranvía y su madre, María se dedicaba a atizar el calor del hogar. Se crió por los lados de la antigua Plaza de Toros  de San Diego, por la calle 26 con carrera 13B, y cada vez que había corrida se las arreglaba para verla a través de un socavón que él mismo hacía en la puerta de arrastre, ayudado por otros pequeños "delincuentes", cuando no podía colarse usando recursos de cachaco zumbón y pragmático.

De tanto andar en esas, el conserje se cansó y aburrió de perseguirlos y buscando paz interior optó por dejarlos entrar gratis "con tal dé que no jodiéramos más". A los 12 de edad su papá le dijo "mijo, la situación está pésima, tiene que trabajar" y lo llevó a la tipografía de su padrino de bautizo, quien lo colocó de barrendero y mensajero, y después se fue a otra, donde se desempeñó como cajista impresor y cortador de papel.  No tenía aspiración alguna, "sólo quería crecer", dice con su apariencia de gnomo bondadoso.

A las corridas llevaba una camarita de cajón que había comprado y tomaba fotos de la gente, los toreros, el espectáculo en la arena, a la vez que consumía despaciosamente manzanilla en calabazo. Le dieron permiso de tomar imágenes desde la barrera y terminó invadiendo el callejón.

De tanto verlo la gente, lo contrataron como corresponsal gráfico de El Liberal, que dirigía Alberto Lleras Camargo, luego en la revista Estampa, El Espectador, EL TIEMPO y muchos medios más, algunos del exterior.  El contacto con altas personalidades lo obligó a hacerse retratista.  De Rojas Pinilla para acá, todos los presidentes han buscado su lente  y  como siempre ha amado su ciudad, se hizo cronista y reportero.

Así narra los hechos del 9 de  abril "subía hacia la 1:30 para mi casa en él barrio La Concordia, cuando supe que mataron a Gaitán, me bajé corriendo y tomé fotos de la Ferretería Berrío, que estaban saqueando y de los enfrentamientos en la Plaza de Bolívar entre Ejército y muchedumbre, y hacia las 5 p.m. fotografié los edificios y los tranvías incendiados".

Al otro día continuó su labor, fue al Cementerio Central y le llamó la atención, entre cientos de cadáveres, el de un hombre desnudo, desfigurado y con dos corbatas, lo fotografió y así se logró la ubicación de los despojos de Juan Roa Sierra, el asesino. Vio de cerca la muerte,  presenció asesinatos, sintió el olor de la borrachera colectiva, del odio, del ánimo de venganza, pero permaneció ileso, por eso afirma con alegría: "A mi nunca me pasa nada".

Su mejor amigo y mano derecha insustituible, a quien le debe tanto y con quien permanece en estado de gratitud permanente, es su hermano Jaime, su laboratorista de cabecera. Como humano tiene las virtudes de la entereza y de la perseverancia, su defecto más notorio es que no sabe negociar y si hay algo que detesta en su vida, es que le tomen fotos: "¡me pongo muy nervioso!".

Tomado de El Tiempo, miércoles  11 de octubre de 2000

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Decálogo del reportero gráfico

En nuestros ya largos años de reporteros gráficos se nos ha preguntado en varias ocasiones: ¿Qué es un reportero gráfico? ¿Qué cualidades debe tener? Tras un análisis, encontramos que deben primar entre sus cualidades: el poder de captación, ubicación e intuición innata de la noticia, así como el tacto y la agilidad física y mental; considerar la importancia de su misión, ubicarse en el mejor sitio y ángulo sin pretender ser el personaje destacándose en primer plano; debe tener orientación y agilidad mental, con reflejos especialmente sensibles para obturar en el momento preciso; personalidad que refleje la importancia de su profesión y del periódico o la revista que represente en el área de la noticia; exigir el respeto de sus derechos como periodista sin menospreciar los de los demás; no le es permitido tener discriminaciones o simpatías, aplausos o reproches de orden racial, deportivo, social o político; su neutralidad ha de reflejarse en la imparcialidad de sus gráficas; la afabilidad y el buen humor han de prevalecer sobre el orgullo por éxitos fugaces que pronto se oscurecen por fracasos escondidos; la superación personal y profesional es su meta, pero no debe echar por la borda el sentido de compañerismo y cooperación con los colegas; en el medio en que le corresponde actuar, entre personajes políticos, deportivos y de otros sectores de la sociedad, no debe desentonar ni por su actitud ni por su presentación personal, ni pretender beneficios de orden personal, tampoco causarles a aquellos perjuicios morales con sus fotografías; si la noticia gráfica es su necesidad diaria, no debe ignorar la belleza de la naturaleza que nos rodea para halago de nuestros sentidos, sino, con su cámara, compartir su mensaje de paz y alegría, y entregar a los lectores un mensaje gráfico de optimismo y satisfacción de vivir. 

El reportero gráfico debe renunciar continua mente a ciertas satisfacciones de índole familiar o social en aras de cumplir su misión periodística: cuando los ciudadanos aprovechan el día festivo o señalado para su esparcimiento físico o espiritual, el reportero gráfico ha de desempeñarse inmutable en su medio que es la noticia, con la que diariamente graba la historia del país, la cual, siendo la verdad histórica del pasar de los días, no debe intentar, por ningún halago, falsear en gráficas, ya que éstas son nuestra verdad ante los lectores.

Manuel H.
Nota editorial para el Círculo Colombiano de Reporteros Gráficos. Abril de 1978
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Tomado del plegable, exposición en la Biblioteca Nacional, 2004

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Tomándole una foto a Manuel H. Rodríguez

Con su cámara ha lidiado más toros que César Rincón y "El Cordobés" juntos; ha esperado pacientemente como el mejor de los bomberos hasta el final humeante de los incendios; su lente de cristal ha inspeccionado cadáveres a la mejor manera de un forense y su mano ha saludado a más manos famosas que cualquier presidente de nuestro país. Lo impresionante es que todas estas situaciones estén en un lugar más cercano que su memoria, que estén todas reunidas en la esquina de la carrera séptima con veintidós, en un estudio en donde aún trabaja como fotógrafo Manuel H. Rodríguez.

EL rostro de César Rincón en su alternativa, una especie de grado en el toreo; una vaquilla que es agarrada por los cuernos para evitar que lastime al entonces Presidente Belisario Betancourt; la corneada de Paquirri; toros, toreros v plazas, habitan hoy las paredes de un estudio fotográfico donde la vida se detiene en fragmentos.

Y es que en el estudio de Manuel H. Rodríguez se paró el tiempo, no sólo porque no haya un rincón en sus paredes para poner un retrato rnás, sino porque esos mismos muros aún conservan ese tono verde menta, esas cornisas v cenefas rojas tan características de otras épocas; porque el piso chirriante de madera está recubierto por un tapete de tráfico pesado naranja que jamás se va a acabar y porque el habitante incondicional de este espacio, Manuel H, aún prefiere la elegancia del corbatín a la de la corbata.

Manuel empezó a tomar fotos como aficionado en 1946, pues su verdadero trabajo era el de tipógrafo. Sin embargo fue su afición, mezclada con su gusto por los toros, la que lo llevó al reconocimiento.

Cuando apenas comenzaba a usar su cámara, capturó un instante que según él sería el que le abriría las puertas al mundo de las fotos. "Manolete venía a Colombia como un señor muy, importante del mundo taurino, infortunadamente en la Santarnaría le fue mal con un toro, por eso se retiró a la barrera dejando descargar en su rostro su inconformismo", as gura Manuel H. Al describir la foto que encarna con exactitud lo que narra.

Esta imagen que desprevenidamente tomó el joven Manuel, se convirtió en ícono de la tragedia de Manolete cuando un año después fue corneado por un toro en España. "La gente involucró el gesto de Manolete que se veía en mi foto con lo que le había sucedido", añade.

Su gusto por los toros no es gratuito. Manuel H. nació a solo cinco cuadras de donde hoy trabaja. Cerca de su casa quedaba la vieja y pequeña plaza de San Diego. "El alguacil nos dejaba entrar a mí y, a mi hermano a ver los toros v desde entonces nos obsesionamos con ellos" afirma este fotógrafo que de pequeño acompañó a su padre a cuanta corrida se celebró en la ciudad.

Junto a la de Manoletc, Manuel considera memorable la foto que tomó cuando "El Cordobés" toreó en Bogotá y en medio de la faena el toro atropelló al torero. El mozo de espada, que se apodaba "El Pegajoso", viendo la posibilidad de que el toro volviera a lastimar a El Cordobés, se le abalanzó encima para salvarle la vida. En su rollo quedó inmortalizado este momento.

La historia de la Santamaría pasa por la vida y obra de Manuel H.  Él ha registrado las tardes de ovaciones y de gloria; ha registrado el único muerto certificado que tiene la plaza, que fue Arturo "El Charro" Bañales, integrante de un grupo mexicano, que intoxicado de tequila o manzanilla, le dio por sentarse encima de un toro. O la vez que superficie de la arena se congeló para permitirle a los bogotanos realizar la envidiada costumbre europea de patinar sobre hielo.

Manuel H. trabajó para El tiempo por veinte años y publicó fotos en casi todos los medios del país. Sus primeras capturas fueron publicadas en la revista Estampa y ay varias publicaciones que recogen lo mejor de su trabajo.

Este hombre viejo, de cabello alborotado, con cierto grado de sordera, una chispa inigualable, y un archivo fotográfico que guarda la historia reciente del país, está listo para captar con su cámara Nicom y su zoom de 500, los mejores momentos de una nueva temporada taurina. Mientras llegan estos días siempre anhelados, seguirá revelando, en blanco y negro, los estudios y las fotos de aquellos que prefieren a los fotógrafos de antaño.

Tomado de la revista Capital Club No. 05, febrero de 2004

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El legado de Manuelhache

"Si Manuelhache no lo ha retratado entonces ¿para qué has vivido?". Este eslogan, que ha acompañado las foto grafías de Manuelhache por setenta años, ilustra lo que ha sido la labor de este importan te reportero gráfico: registrar la cotidianidad capitalina.

Y esa cotidianidad ha comprendido acontecimientos históricos como `el bogotazo en 1948, la visita del papá Pablo VI en 1968, el incendio del edificio de Avianca en 1973 y la bomba de la calle 26 en 1993, que quedaron recopilados en un libro que el Instituto de Patrimonio lanzará el próximo miércoles en el Planetario a las 4 de la tarde.

La publicación recoge 200 fotografías seleccionadas de un archivo de más de 700 mil. "El propio Manuelhache hizo la primera elección y luego nosotros buscamos imágenes que mostraran principalmente espacios públicos y personajes de la ciudad en diferentes épocas", explicó Margarita Mariño, subdirectora de Patrimonio.

El libro también incluye registros de la pasión del fotógrafo por la fiesta brava. acompañado de un texto del columnista Antonio Caballero donde explica esta historia de amor por los toros. "Manuelhache siempre está ahí con la blanca melena revuelta asomado por sobre el burladero o la quijada barbada de blanco apoyada en las tablas de la barrera, atento a la foto precisa", describe.

Así mismo, el cronista Cristián Valencia hace un recorrido por la vida de este personaje, desde que empezó a fotografiar a sus amigos con su cámara de cajón Chameta Bilbao, con la simple idea de "congelar un espacio de tiempo".

El libro se podrá conseguir, después del 9 de abril, en el Museo de Bogotá, (en el Planetario) y en el Instituto de Patrimonio (calle 13 N` 2-58) y estará en diferentes librerías de la ciudad.

Tomado del periódico El Tiempo, 6 de abril de 2008

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Murió el fotógrafo Manuel H. Rodríguez, uno de los decanos de la reportería gráfica del país

"El reportero gráfico debe renunciar, asiduamente, a ciertas satisfacciones de índole familiar o social, en aras de cumplir su misión". Este fue, quizás, el lema que dominó la vida del fotógrafo Manuel Humberto Rodríguez, mejor conocido como Manuel H., quien falleció ayer, a los 89 años, por complicaciones pulmonares.

"Su legado es muy importante y su obra constituye, tal vez, el acervo visual más rico sobre la historia de la última mitad del siglo con el que cuenta el país", comenta el crítico Eduardo Serrano.

Fue tal su pasión por la reportería gráfica que prefirió, siempre, invertir su dinero en cámaras (deja un museo que supera las 100) antes de que una casa propia. "Siempre vivimos en arriendo", dice su hija Margarita.

Nació el 14 de julio de 1920, en el tradicional barrio capitalino San Diego, y para ayudar a sus padres, Manuel H. se empleó, desde los 12 años, en la tipografía de su padrino Carlos, en donde se desempeñó como mandadero.

Por esa época, compró su primera cámara y empezó a estudiar por su propia cuenta, con libros que conseguía.  En ese trabajo meticuloso en la tipografía heredó la disciplina y organización con la que manejó su valioso archivo, que supera las 500 mil fotos en blanco y negro y las 200 mil en color, sin contar las trasparencias.

No hubo político en Colombia que él no hubiera seguido, destaca Serrano. "Recuerdo mucho las fotos de Belisario toreando y de Laureano Gómez y Jorge Eliécer Gaitán viendo en toros. Él recopiló, visualmente, la historia política del país. Pero también la vida nacional".

Manuel H. alternaba su trabajo de freelance con las colaboraciones a diferentes revistas y diarios, entre los que se destaca EL TIEMPO, al que se vinculó desde 1952.

Tomado del periódico El Tiempo, 19 de septiembre de 2009