Javier Murillo

Fotografos (Reinados, social, farandula)

Figura Humana

 
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Javier Murillo

fotografo, estilista

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Fabricante de reinas

Javier Murillo es un 
poder detrás del trono.  
Las reinas le confían su preparación.  
Nueve señoritas Colombia 
son prueba contundente de su efectividad

 

JAVIER MURILLO Es maestro, tiene uno de los salones de belleza más concurridos de Bogotá, es fotógrafo, ha trabajado en diseño de modas y es uno de los mejores estilistas y maquilladores del país. Pero su pasión es la enseñanza. Suya es la escuela para reinas de belleza más solicitada de Colombia y, además, el monopolio de la educación real.

A él se dirigen todos los años gebernadores, diseñadores y madres de las candidatas en busca de una educación para las niñas. Ese es Murillo, un antioqueño que, a diferencia de sus nueve hermanos, eligió la belleza como profesión cuando ya el destino lo ponía en las puertas de un seminario. El hombre que después de treinta años de trabajar en el Concurso Nacional de Belleza -la mitad de ellos dedicados al entrenamiento de candidatas- tiene suficiente autoridad para considerarse maestro.

Como todas las escuelas, la de Murillo tiene reglas estrictas: hay que inscribirse en compañía de los papás, pagar la matrícula, aprobar los módulos del curso, demostrar buena conducta y asistir sin falta a clases. "Antes de empezar con todo el agite del reinado, las niñas creen que esto es fácil. Pero no. Esta es una profesión, hay que prepararse y aprender a manejar la fama. Muchas personas talentosas se han derrumbado por no saber manejarla y por eso nosotros nos preocupamos por formar mujeres capaces de asumirla.".

Este año se han inscríto en el programa las candidatas de Amazonas, Atlántico, Bogotá, Bolívar, Caldas, Cartagena, Cauca, Huila, Magdalena, Meta, Putumayo y Santander (Valle en clases particulares). Ellas atraen la atención de los treinta profesores -itreinta!- y del paternal rector del único colegio para reinas del país.

LA MATRICULA

"El primer paso es enseñarles a que se conozcan por dentro".  La Señorita Atlántico se siente aventajada, pero su conocimiento en medicina no es suficiente para superar el primer módulo. "Se trata de descubrir quién eres y de aprender a creer en ti. El siguiente paso es explorar el cuerpo y su manejo frente a cámaras. Viene una clase de pasarela, seguida de una preparación en modales y gIamour y, finalmente, dos clases de fogueo de prensa y cultura general".

En los intermedíos, las alumnas aprenden a maquillarse, arreglar el pelo, escoger sus mejores ángulos y los colores adecuados, comportarse en público, comer, cuidar la figura y manejar con astucia a los temidos periodístas. "Las etapas más difíciles son el encuentro con la prensa y el jurado. Ellas se preparan, pero no es fácíl. Siempre he creído que ser reina. no significa que debe saberse todo. No es más inteligente la niña que tiene buena memoría sino la capaz de manejar su ínteligencia emocional, artística, económica y matemática. Por eso me parecen inútíles las preguntas que tienen que ver con fechas precisas o con Ia intimídad de las reínas. Para lo demás, mis candídatas siempre están preparadas".

Todas ellas fortalecen su "cultura general" viendo noticieros y leyendo prensa nacional y regional, arma infalible contra los ataques de los periodistas. Sin embargo, frente a la complejidad de las preguntas y de Ia preparación en general, no todas aprueban el curso. "Nosotros no hacemos exámenes pero nos damos cuenta quién trabaja y quién no. Este año hay dos rajadas. Ellas mismas lo saben, pero se hacen las tontas".

De cualquier manera, todas llegarán a Cartagena y allí presentarán el verdadero examen final. Entre tanto, dice el maestro, "sigo perfeccionando mi programa y procuro olvidarme de todas las niñas que pasan por acá. Sólo recuerdo que nueve de mis alumnas han sido Señorita Colombia y que, a pesar de ser antioqueño, nunca. he preparado a una candidata de mi departamento".

LA GRADUACION

Cartagena es la prueba de fuego. Unas candidatas tienen buena suerte y otras se quejan de la injusticia del jurado. Eso, y la corona de Miss Universo, están fuera del poder de Murillo.

"Los colombianos somos segundones. Ninguna colombiana, por más , hermosa y preparada que sea, va a ganar en Miss Universo porque a nadie  le interesa que a la. reina le pregunten I por la guerrilla, el narcotráfico o los derechos humanos. El asunto del idioma no importa para la elección... las reinas venezolanas no hablan inglés y  siempre son finalistas. Si no hay corona universal no es por falta de candidatas: la culpa es de este país".

De esa incapacidad real para soñar con una Miss Universo colombiana, de la falta de apoyo para los preparadores de reinas y de la ausencia de profesionalismo en el medio se queja este hombre que a pesar de todo se considera "muy  exitoso". Su próxima meta es publicar un libro para revelar "cómo  se hace una reina" y abrir sus aulas a nuevas candidatas y aprendices suyos que no dejen morir la  tradición. Sí. También quiere ser recordado, aunque diga que la memoria no lo es todo.

Tomado de la Revista Cromos No.4317, octubre 30 de 2000

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El Gran Gurú

Callado, analítico, serio, muy concentrado en su trabajo, Javier Murillo se mueve por su peluquería acechando como un jaguar en su selva. No habla mucho. Cuando alguien lo consulta, él simplemente le toma el pelo, mira dos o tres cositas y le echa tijera. Las mujeres confían en él dos de sus más preciados tesoros -su pelo y su cara- y Javier, sin inmutarse, las transforma sin preguntarles nada. 

Es el mayor experto en reinas del país. Tal vez, el único que ha hecho una verdadera carrera real, gracias a los 35 años que lleva acudiendo al Reinado Nacional de la Belleza y a todo lo que ha estudiado y escrito sobre la belleza femenina. "Yo no veo con ojos de sexo a las niñas y eso hace que las vea de una forma diferente; dice y con esta simple frase se entiende por qué ha sido el artífice de los éxitos de candidatas como Paola Turbay, Carolina Gómez, Tatiana Castro, entre muchas otras, que han pasado por su salón. En total, Javier ha sacado diez Señoritas Colombia y 120 candidatas en lo que va corrido del concurso. 

Sin dejar ver ni una pizca de nostalgia porque es un convencido de que hay que vivir el presente, asegura que el reinado ya no es lo que solía ser. "Ha dejado de ser un evento cultural, como era antes, para convertirse en algo comercial". Sin embargo, y pese a esta realidad, Javier sigue al frente del cañón, o mejor de la batuta con que enseña a "su niñas", porque lo apasiona el tema de encontrarle la belleza a una mujer. 

Sabe que los años han cambiado y que la belleza también. "Nos hemos quedado en las Paulas Andreas, las Paolas y las Carolinas. Ahora, las mujeres son distintas. Hasta el Miss Universo ha cambiado. Tenemos que evolucionar porque, por lo general, en Colombia vamos un paso atrás. Nos quedamos con el busto grande y eso ya pasó. Por otro lado, hay que buscar mujeres que quieran ser reinas. 

Para Javier la mitad de las participantes en los últimos años no han querido ser reinas porque las reglas del concurso son muy estrictas y las que verdaderamente quieren estar no pueden. "La juventud de ahora es de imágenes y no lee nada. No está preparada. Ahora se cree que las reinas no tienen que ser inteligentes sino bellas y por eso es que los concursos están mal. 

Como será que la Miss Universo actual, que es una de las mujeres más  lindas que yo he visto últimamente, renunció. Es una mujer preparada, sencilla, es bombera, tiene una carrera. Y decidió renunciar. Eso es muy diciente". 

Según él, las mujeres ya no quieren trabajar para alcanzar sus metas, porque les falta actitud. Antes se decía que las mujeres no eran feas, sino mal arregladas, después que no eran feas sino pobres y ahora yo creo que no son feas sino perezosas. La reina debe ser una mujer con actitud, con mucho mundo". 

AI oírlo hablar parecería como si estuviera desilusionado, y hasta algo cansado de preparar futuras reinas, pero para él el pasado es pasado y sigue en esto por la pasión que siente, porque es un verdadero artista y porque, en el fondo, ha aprendido a no esperar nada. "Antes pensaba que era amiga de ellas e inclusive unas me llaman papá, pero a través de las años entendí que esto es un trabajo y hay que asumirlo así. Soy honesto con lo que hago. 

Y su recompensa es poderle dar a una mujer esa seguridad que necesita para enfrentar la vida con actitud, no sólo a las reinas, sino a las mujeres en general. "Los cursos que doy buscan que se encuentren con ellas mismas. Que sean seguras y crean en lo que son. Trabajo con la mujer que triunfa y no necesariamente con la que tiene una corona".  

Así, este enigmático hombre, generoso y muy comprometido con los suyos, concluye esta charla para ir a cortarle el pelo a una mujer que lo solicita. Para seguir haciendo lo que sabe. Sin embargo, antes de despedirse comparte su propia filosofía de vida. "El éxito es el que se hace todos los días. Es el que se consigue cuando uno se levanta, da las gracias a Dios, sale a luchar y ve un mundo nuevo. Es el que se tiene cuando se acuesta y puede dormir tranquilo por saber que hizo algo. A mí lo que me mantiene vivo, lo que me da felicidad, es ver a muchas de estas mujeres triunfando de verdad".

Tomado de la Revista Fucsia No.32, diciembre de 2002

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Entre pulgas y Grecia

Todo en su apartamento es ciento por ciento Javier Murillo, pues en cada rincón ha plasmado su estilo y cada objeto ha sido comprado por él mismo. Nada hay en la decoración que le hayan regalado; y no porque rechace algún presente, sino porque, como él mismo afirma, "la gente que me quiere nunca me regala nada. Me gustan las cosas sencillas, que me regalen vasos, sábanas, cobijas, toallas. Esas son cosas que sirven mucho".

Llegó a este apartamento hace cinco años, cuando andaba buscando un espacio que se ajustara a su personalidad. Algo tenía claro: el lugar de su vivienda debía estar ubicado en un piso alto, con buena iluminación y en donde sala y comedor tuvieran gran protagonismo, porque le gustan los espacios grandes y limpios.

Este antioqueño que vive hace 40 años en Bogotá reside en un piso doce, donde se divisa buena parte de la zona Country de la capital. "Siempre me han gustado los lugares altos, primero porque me siento seguro y también tiene que ver con una regresión que hice alguna vez, en donde llegué a ser una águila. Pero en realidad me gusta ver todo desde arriba, desde las barreras, no me gusta inmiscuirme demasiado y prefiero estar al margen".

Llegó a este espacio para inventar, tal cual como lo hace en su oficio de estilista, preparador de reinas, fotógrafo y pintor. Claro está que el orden real de sus tareas es el siguiente: nació pintor, luego se hizo fotógrafo, productor y estilista, una vena artística que heredó de su mamá. "Lo primero que yo vi como arte fue a ella. Mi madre era pintora, hacía sombreros, obras de teatro, las carrozas de los ángeles y vírgenes de las procesiones en Sonsón, y a mí me tocó vivir todo eso".

Hoy el nombre de Javier Murillo se ha trasformado en casi una marca de belleza. Cada año prepara más de la mitad del número de candidatas que concursan al reinado nacional de la belleza y les cambia la imagen a muchas mujeres deseosas de triunfar.

En su reino monolítico

A primera vista la casa de Javier parece lujosa. Pero en realidad gran parte de los objetos que la componen son conseguidos en mercados de pulgas nacionales e internacionales, todos a muy buen precio. Algunos han sido remodelados por él mismo. El blanco y el crema sobresalen en el 70 por ciento del espacio.

Aunque no acostumbra pedir asesoría a la hora de decorar, sí tiene en cuenta algunos consejos  del Feng Shui. Por ejemplo, uno de los mandamientos de esta tradición oriental dicta que en la casa deben simbolizarse todos los elementos del planeta. Así, el agua en su apartamento reposa sobre una vasija transparente, en la que sobresale una palma en miniatura; el fuego aparece periódicamente en su chimenea; el aire es el mismo viento que circula por el apartamento y la tierra está presente en la piedra que adquiere formas y dimensiones de arte. "La piedra es la fuerza de la montaña", afirma.

Tal vez sea por este elemento que podría juzgar se la influencia grecorromana en la decoración. No en vano él siempre ha sentido fascinación por estas civilizaciones. "Desde pequeño tuve ganas de conocer Roma, ir a Pompeya, y cuando cumplí ese sueño, copié algunas cosas que me gustaron".

Por ejemplo, en la pared de la sala hay un friso de siete bloques con las figuras de tres ángeles, que adquirió en un anticuario. Es allí donde más legusta estar, no sólo porque es el lugar favorito para sus horas de lectura, sino que allí puede darse el lujo de escuchar, en ciertas horas de la noche, los pájaros y garzas que pueblan parte del bosque de El Country.

En ese mismo espacio se divisan dos columnas en cemento que adquirió en Bucaramanga, mientras demolían una casa. Se las trajo hasta Bogotá en pedazos y luego las mandó reconstruir y pintar.

Una silla en mármol también recuerda Roma. Su función es decorativa, pues por lo fría ni él ni los visitantes se sientan por mucho tiempo allí.

Dice que su casa es lo que hubiera gustado ser: quizás un poco más fuerte, como las rocas, un poco más ordenado y más pulcro. Pero a fin de cuentas cada quien inventa la casa que desea, tal cual como con la vida Javier Murillo lo ha hecho.

Tomado de la Revista Alo, No.372, 24 de enero de 2003

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Las imágenes que aquí se presentan, en general han sido tomadas de revistas e impresos, de acuerdo con los créditos que se consignan.

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