San Agustin Precolombino

Huila, Tolima

Precolombino

Figura

 
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Arte Precolombino

San Agustín

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Conexion a Orfebreria de San Agustin, del Museo del Oro

Marques de
San Jorge

 

Museo de
Antropologia

 

Museo del Oro

 

  http://www.travelsanagustin.com/ 


CULTURA DE SAN AGUSTIN

Esta zona comprende un conjunto de yacimientos arqueológicos situados en la parte sur del departamento del Huila.

Grandes asentamientos humanos, caracterizados por un profundo sentimiento religioso, debieron habitar la región, a juzgar por la extensión e imponencia de sus vestigios.

Adecuaron los terrenos con fines agrícolas para cultivarlos en forma intensa y para construir especies de cementerios donde podían honrar y reverenciar a sus difuntos, a quienes ponían bajo vigilancia de sus deidades.

Tomado del Folleto: Cerámica Precolombina 
Colección Fondo Cultural Cafetero - 1979

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Destino San Agustín

Fundado el 20 de noviembre de 1935 y declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1995. Alberga muestras de la cultura agustiniana, la cual habitó la región durante 7 siglos. En el centro ad ministrativo encontrará el museo, y luego de un corto trayecto llegará a la entrada de la zona arqueológica, adornada por puestos de artesanías, donde venden réplicas de las figuras. El recorrido tarda cerca de 4 horas, en el que se aprecian esculturas que encarnan aspectos de la condición humana como el culto a la vida y la muerte, la fertilidad, la maternidad y las figuras como el Doble Yo y el Templo de la Luna. También se hallan figuras chamánicas y tumbas en roca, además de la fuente ceremonial del Lavapatas, el Alto del Lavapatas y el bosque de las Estatuas.

La fuente ceremonial del Lavapatas. Es un lecho rocoso tallado magistralmente, en el que las figuras de micos, lagartijas y serpientes forman relieves evocadores del agua, como ser dador de vida. Pequeños canales permiten que el agua corra de sur a norte y caiga en tres piletas adornadas por caras humanas, mamíferos y todo tipo de seres mitológicos.

El Alto del Lavapatas. compuesto por 7 esculturas que exaltan deidades de la agricultura, así como varias tumbas. Se encuentra a 1.750 m.s.n.m. y para llegar debe ascender, desde la fuente ceremonial del Lavapatas caminando 650 mt, hasta la colina desde la cual se divisa un inspirador paisaje de la región.

El Bosque de las Estatuas. Están apostadas 39 figuras a los lados del sendero de 600 mt y muestran diferentes representaciones y cultos en medio de la vegetación que rodeo el recorrido.

San José de Isnos, Piedra Sagrada. Isnos es un municipio que reúne lugares que puede conocer en 1 o 2 días. Se destacan el templo de San José y el parque principal, rodeado de árboles y jardines, donde un mural alegórico refleja el origen indígena de la región. A 24 km de San Agustín.

Atractivos turísticos cercanos

* Salto del Mortiño. A 10 km de Isnos tiene lugar esta caída de agua de 170 mt de altura, formada por la quebrada del mismo nombre, que puede ser observada desde un hermoso mirador.

* Salto de los Bordones. El río Bordones forma esta caída de agua de casi 300 metros , la segunda más alta de Suramérica y que se precipita hacia el cañón homónimo formando una preciosa pintura natural.

* Cerro de La Horqueta. Según las historias del pasado, este sitio fue un importante centro de confluencia de los astros gracias a su posición geográfica, donde se cruzaban líneas imaginarias que unían importantes centros ceremoniales. Espectacular panorámica.

* Alto del Tigre. Ubicado hacia la parte baja del Magdalena. Los petroglifos que allí se encuentran, revelan el conocimiento antiguo en cuanto al manejo de estos materiales. Adelante, el Alto de las Guacas expone estatuas y sarcófagos de destacado trabajo.

* Parque Alto de las Piedras. Posee una de las más admirables estatuas precolombinas de esta zona: el Doble Yo, además, existen otras tres esculturas y varias tumbas. Abierto todos los días, de 8:00 a.m. a 5:00 p.m.

Tomado del libroGuía de Rutas por Colombia, Puntos suspensivos editores, 2007

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RIO MAGDALENA 

Las urnas funerarias, constituyen indiscutiblemente el elemento arqueológico distintivo de la hoya del río Magdalena, desde la parte alta de la cuenca, en la región de San Agustin y Tierradentro, hasta su desembocadura en el delta de Salamanca. Sin embargo, esta práctica mortuoria, parece pertenecer por lo menos a dos "horizontes arqueológicos" cuya relación espacio-temporal aún es incierta, particularmente con respecto al más temprano de ellos. El primer horizonte estaría ubicado alrededor del siglo 1 a. de J.C. El segundo horizonte tiene una localización más clara y el análisis de sus vestigios permite registrar en contexto no solo posibles rutas para su dispersión geográfica, sino también los procesos históricos de numerosos grupos étnicos a lo largo de la principal cuenca hidrográfica del país; se inicia en el siglo VIII y IX d. de J.C. y muestra un marcado decaimiento en los siglos XIV yXV. Las urnas funerarias persisten en algunas comunidades hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI (Castaño:1992-21-22) 

Funerary urns, undoubtedly constitute the most characteristic element of the Magdalena River basin, from San Agustín and Tierradentro, to the south, to the Salamanca Delta, in the north. However, this archaeological trait seems to correspond to two "archaeological horizons" with uncertain chronological and spatial distributions. The first horizon would date to about the lst century B.C.. The second horizon has a more clear chronological position and archaeological remains have allowed archaeologists to reconstruct not only its geographical distribution but also the historical processes of the numerous ethnic groups that inhabited along the most important fluvial area in the country; it dates back to the 8th-9th centuries A.D. and shows a marked decadente about the 14th-15th centuries; the tradition of funerary urna persist, however, well to the time of the Spanish conquest in the 16th century (Castaño 1992: 21 22).

Tomado del folleto Arte de la Tierra - Colombia
Fondo de Promoción de la Cultura, 1994

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Viaje al centro de San Agustín

por William Pino

San Agustín (Huila) es una de las riquezas sagradas más sorprendentes en América. La cultura que habitó esta región cultivó una visión de mundo en la que la fuerza secreta de la naturaleza era la fuente de conocimiento para su diario vivir. Por algo fue de clarada en 1995 patrimonio histórico de la humanidad por la Unesco.

Ubicada a 507 kilómetros al suroccidente de Bogotá, la región ofrece al viajero un clima equilibrado, no hace mucho calor y las noches son frías, gracias a sus 1.600 metros sobre el nivel del mar.

Se llega al pueblo por vía terrestre desde cualquier ciudad o en avión hasta Neiva y desde allí se viaja en autobús. Al arribar, buscar hospedaje no es complicado, en el área urbana, existen varios hoteles con baño compartido o privado. Lo más interesante es que el viajero puede hospedarse en fincas y usar la cocina al aire libre aprendiendo lo dificil que es hacer fuego, como lo realizaron los antepasados.

La zoña urbana del municipio es pequeña. Las calles son anchas y pavimentadas, y los lugareños son excelentes anfitriones. De súbito aparecen los guías turísticos ofreciendo un paquete completo de sitios para visitar: desde ir al nacimientó del río  Magdalena, a cinco días en caballo, hasta una excursión para ver la constelación de la Osa Mayor en la madrugada.

Desde el pueblo ya se presiente la mirada milenaria y penetrante de los monumentos labrados a mano sobre piedra, por estos enigmáticos indígenas de quienes se dice poseían un lenguaje único de comünicación con agentes espirituales de una alta dosis de fuerza cósmica.

Las piezas, talladas sobre piedra durante cientos de años (descubiertas apenas en el S. XX) hacen referencia a la fisonomía de aves; felinos, mujeres, hombres, niños, serpientes y demonios, y están ubicadas en tumbas con una arquitectura relacionada con el poder místico de la muerte.

También se ven partes de animales en piedra como la Cabeza de Oso, que mira imperturbable lo profundo del cañón, en el sitio arqueológico conocida como La Chaquira. Allí, las montañas dormidas son como gigantes verdes de tierra fértil.

La Chaquira está en una semipendiente. En el sitio se ven figuras de monos, la Diosa de la lluvia y la figura de una mujer que mira en dirección recta hacia donde se hallan otras estatuas.

La pieza principal de La Chaquira es una piedra de varias caras ubicada al borde de la montaña, que representa la fuerza secreta de la vida.

De otro lado, a 2 kilómetros del pueblo se encuentra el Parque Arqueológico, lugar en donde se aprecian figuras, tumbas y sitios en los que los indios hicieron honores a la Tierra. Por ejemplo, el Alto de Lavapatas, de vital trascendencia porque las ceremonias sagradas eran en honor a la vida, los buenos espíritus, la familia y el amor al cielo.

Otro espacio arqueológico que se puede visitar es el Alto de los Ídolos, a 6 kilómetros de la parte urbana. Allí se encuentran tumbas, sarcófagos, figuras de chamanes y mujeres en el instante del parto.

Las primeras piezas arqueológicas descubiertas en San Agustín se hallaron en El Purutal, otra zona importante. Finalmente está Isnos (pueblo cercano a San Agustín), donde existe una de las piezas más sobresalientes: el Doble Yo. Estatua de 1,80 metros, con dos caras felinas y un lagarto cayendo por la espalda de las dos caras, que da a en tender la unión entre el hombre y su interior salvaje.

Estos sitios sagrados (Purutal, Parque. Arqueológico, Alto de los Idolos, Isnos y la Chaquira) forman una cuadrícula matemática perfecta, es decir, muchas de las figuras se miran de un lugar a otro.

Tomado del periódico El Tiempo, 1 de febrero de 2007

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La Reina de piedra

por Conrado Zuluaga

Es frecuente que en una reunión la conversación converja a los sitios de mayor interés turístico de Colombia, e ineludiblemente se toque el tema del parque arqueológico de San Agustín. Más de una vez oí decir que, aunque el paisaje es muy bello, las estatuas no lo son. Hace poco un señor y dueño de varios títulos académicos me hizo la observación de que los monolitos no sólo carecían de belleza, sino que además eran monótonos. Sostenía que ninguno de ellos mostraba ni la más remota semejanza con, por ejemplo, la Venus de Milo, o con el Hermes de Praxíteles, y que, por lo tanto, no poseían ninguna categoría artística respetable.

Si deseamos aproximarnos al arte precolombino, creo que es menester despojarnos del prejuicio de que una talla de piedra solamente es bella cuando se asemeja a una estatua griega. Muchas de las obras agustinianas nos parecen poco naturales y fantásticas. Pero la razón de ello posiblemente no resida en que los artistas no hayan sido capaces de modelar una cabeza humana con aspecto natural, sino más bien en el mensaje que querían transmitir.

Las obras de arte plásticas, junto con las artesanías, son las más antiguas en la historia del arte. Siempre han existido en formas abstractas, como los obeliscos egipcios, los menhires de Carnac, las stambhas de la India, y siempre se impulsaron hacia lo monumental cuando se trataba de arte lítico. Todas tienden a la forma compacta, pues el material mismo impone sus limitaciones.

Pero no por eso son monótonas. En San Agustín encontramos diferencias tan notables entre unas y otras, que podemos afirmar que no se conocen dos estatuas iguales. Enumerar todas las diferencias rompería el marco de este trabajo, pero sí cabe mencionar algunos distintivos. La expresión plástica siempre encuentra su mayor riqueza cuando toma como motivo la figura humana. Así también en San Agustín, donde predomina la representación antropomorfa, aunque también existe cierta variedad de figuras del reino animal: cocodrilos, monos, aves, culebras, el famoso ratón, etc. Las figuras humanas representan sacerdotes, artífices, madres, pescadores, guardianes, guerreros, sin contar las muchas deidades y algunas que, como el "doble yo", no ponen límite a la fantasía del visitante.

Unas como la "Reina", parecen sonreír; otras muestran sus colmillos con alguna ferocidad, y aun otras tantas permanecen con los labios cerrados. Muchas tienen ojos redondos o en forma de almendra o cuadrados. Hay igualmente gran variedad de atuendos...

Es verdaderamente asombroso que los artistas agustinianos hayan logrado un conjunto tan multiforme, sobre todo si tenemos en cuenta que el material lítico disponible dicta las posibilidades de ejecución en todas las culturas antiguas.

La cultura egipcia desarrolló su destreza en el empleo de la piedra desde tres mil años antes de Cristo. Abundaban las piedras calizas en el delta del Nilo; cerca de Salseh se hallaban las areniscas de Nubia; más al sur, en Asuán, se extraía el granito, la diorita, el gneis. Las pirámides y la Esfinge se crearon de calizas numulíticas, en tanto que las estatuas de los reyes se tallaron en granito, diorita o basaltos.

En contraposición con los egipcios, los habitantes de Mesopotamia dependían completamente del barro cocido, e incluso sus grandes templos en Ur, Babilonia y Nínive son construcciones de ladrillo. Pocas son las estatuas de diorita, materia prima que debía transportarse de muy lejos.

El auge de las artes plásticas en ciudades como Atenas y Tebas se debió en parte a la gran cantidad de mármoles finos que allí se encontraban. Efectivamente, no podemos concebir un dios del Olimpo tallado en andesita o toba, material característico de las deidades de San Agustín.

Ciclo evolutivo de la piedra

La toba es una roca sumamente porosa y poco coherente. Pertenece al grupo de rocas ígneas o piroclásticas, que "están constituidas por material volcánico fragmentado que por explosión ha sido lanzado a la atmósfera" La ceniza, una vez consolidada, se denomina toba. Andesitas, en cambio, son el producto de derrames volcánicos, y son un poco menos porosas y más compactas que las tobas3.

Ambas forman parte del primer eslabón del ciclo evolutivo de la piedra. Para comprender la formación de las rocas debemos tener en cuenta dos sistemas de fuerza: la dinámica exógena, que actúa mediante la energía solar causando los fenómenos de la intemperie y, por ésta, la erosión. Y la dinámica endógena, impulsada por las fuerzas Internas de la tierra. La combinación de ambas está expuesta en el diagrama siguiente:

1. Los minerales se funden en el interior de la tierra debido al calor y forman un fluido llamado magma.

2. El magma brota a la superficie terrestre, donde se fragua y da origen a las rocas ígneas, por ejemplo el basalto y, en cierto modo, a la andesita.

3. Éstas, una vez expuestas a la acción de la intemperie, se convierten en sedimentos (arenas).

4. Los sedimentos se consolidan durante la litificación, formando rocas sedimentarias, como las areniscas.

5. A medida que una capa se sobrepone a otra, aumentan la presión y la temperatura, lo cual causa la formación de rocas metamórficas como el mármol.

6. A temperaturas aún más elevadas, las rocas metamórficas se funden en forma parcial o total, transformándose nuevamente en magma. Así concluye un ciclo completo en la evolución de la piedra.

Aunque esta descripción es un poco esquemática, nos será más fácil ahora hablar de la materia prima que los escultores indígenas emplearon en la zona de San Agustín.

Analicemos, entonces, qué tan aptas son tobas y andesitas como material de talla. Las tobas generalmente son "de color gris a blanco, porosas, permeables, no muy compactadas y de baja densidad. Las andesitas son de color gris, de mayor grado de compactación que las tobas, y un poco menos porosas. Como material de talla no permiten la inclusión de espacios, y más bien obligan a la forma cerrada. La falta de coherencia y la presencia de fenocristales hacen difícil el dinamismo de los contornos. Podemos observar que los escultores de las estatuas agustinianas aprovechaban la formación natural de los bloques monolíticos, y muchas veces se limitaban a ejecutar las incisiones deseadas sin representar ningún movimiento. Esta actitud estática da a las estatuas la expresión de lo eterno, de lo imperecedero que sus artistas quisieron transmitir.

La piedra como soporte de pintura

Al contemplar una escultura de piedra nos hemos acostumbrado a ver meramente su expresión plástica, pasando por alto que su presentación cromática forma parte de su naturaleza intrínseca. Aun las estatuas de un solo color justifican su monocromía al integrarse al colorido de su ambiente. La pintura realza y completa la forma plástica, acentuando sus elementos expresivos. Aunque no disponemos de una historia de la piedra policromada, podemos reconstruir algunas de sus etapas. Ya se conocían esculturas pintadas en el antiguo Egipto. Recordamos el busto de la reina Nofretete (o Nefertiti, como es más conocida) y pensemos en los relieves y templos que en algunas áreas protegidas aún conservan sus pigmentos.

Las esculturas romanas recibían un acabado semejante al de las griegas, y en algunas ocasiones se combinaban los colores con dorados.

Igualmente han llegado hasta nosotros vestigios de policromía en las estatuas de los períodos arcaico y clásico griegos. Se utilizaba el rojo, el azul, el blanco, el negro, el amarillo y el verde.

Sin detenernos más en el desenvolvimiento del empleo de colores en Europa, del cual tenemos testimonios a través del románico, del gótico con cierto retroceso durante el Renacimiento, y nuevo auge hasta nuestros días, miremos a la América hispana.

Sin ir muy lejos, existen ejemplos que datan del período clásico maya y que nos hablan del gusto de estos grandes artistas por el color. Así tenemos las numerosas estatuillas en el estilo de Jalna (México), y una cabeza de estuco encontrada en Copan (Honduras) que también fue pintada. Sin embargo, son realmente pocos los vestigios de color que han llegado a nuestras manos, dado que los pigmentos de tierra se desvanecen fácilmente en presencia de la luz y la humedad. Es natural que en este contexto los hallazgos de monolitos policromados en la zona arqueológica de San Agustín adquieran singular importancia.

En el Alto de ios ídolos, en la profundidad de las tumbas, aún existen unas pocas lajas pintadas, en las cuales los pigmentos se han mantenido relativamente brillantes. La conservación de aquellas que se encuentran un poco cubiertas es mejor, aunque la humedad ascendente las está afectando visiblemente. En el museo del parque se exhibe una estatua en la cual, se observan ocres y blancos ya empalidecidos, pero que no bastan para dar pie y sustento a la hipótesis de que todas las estatuas fueran policromadas.

Sólo a principios de este año, arqueólogos, antropólogos y el público en general vieron estupefactos una estatua encontrada en el Cerro de la Pelota, que lucía colores brillantes en toda su parte frontal.

Como tantos otros, también este descubrimiento fue obra de los guaqueros. Éstos, después de haber fracturado la parte superior derecha de la cabeza de la figura, la dejaron abandonada boca abajo. Así la encontraron trabajadores del parque, que inmediatamente avisaron a la administración y hoy se disputan entre sí el honor de haber sido el primero en hallarla. Hernán Cuéllar, administrador del parque arqueológico, no tardó en ponerla de pie y colocarla delante de la tumba a la cual pertenece. Allí se encuentra ahora, muy visitada por los habitantes del lugar y por numerosos turistas. Cuenta con muchos admiradores que pronto la nombraron "Reina", título que, sin duda alguna, le cuadra.

La "Reina" posee dientes de blanco reluciente que resaltan en su maquillaje rojo y negro. Su pecho es de color amarillo-ocre. Debajo de su brazo izquierdo lleva un niño rojo con cabello negro, y en la derecha porta un bastón (¿de mando?). El tocado remata en una franja con puntos blancos y negros; para completar su atuendo, usa un par de "topos" de gran tamaño.

Simbolismo de los colores

¿Qué nos sugieren los colores así distribuí-dos? También aquí la fantasía puede desplegarse infinitamente. El simbolismo de los colores muestra rasgos comunes en muchas culturas del mundo, y quizás no pequemos de especulativos si intentamos una interpretación.

En el color negro suele residir algo negativo, correspondiente al concepto de la oscuridad total que reinaba antes de la creación del mundo. Representa la noche, la destrucción y el reino de los muertos. Es probable que negrearse el rostro haya sido señal de luto. El rojo es el color de la sangre y por lo tanto es símbolo de la vida. El niño de la "Reina" es completamente rojo. El amarillo es el color más intenso. Significa la eternidad, ya que se asemeja al oro, que es considerado metal eterno. El blanco, por fin, como el negro, es de valor absoluto, y puede ser la negación o síntesis de todos los demás colores. La creencia de que la muerte antecede a la vida y que todo nacer es también un renacer, hace que el blanco sea el color de una muerte que implica esperanza. Esto explicaría los puntos blancos entre los negros, en el borde del tocado.

La importancia que ha adquirido la "Reina" del Cerro de la Pelota trasciende nuestras fronteras, pues modifica totalmente la antigua concepción de toda la estatuaria. Grande es la tentación de imaginarnos todo el conjunto luciendo colores que realzaran la infinidad de detalles tallados en estos monolitos. Imposible estimar cuántos secretos más oculta la tierra de San Agustín. Si cambiáramos un poco el sentido que Martin Hei-degger le da a ¡a palabra tierra, podríamos aplicar las siguientes líneas, tomadas de su Estética, a todo el Parque Arqueológico y en especial al Cerro de la Pelota:

La tierra no se abre sino allí donde se respetan sus secretos y sus misterios; no se revela sino allí donde se le garantiza, al mismo tiempo, un margen de oscuridad.

Únicamente la obra de arte tiene el privilegio de sacar a la luz ciertos misterios de la tierra, de revelar algunos de sus secretos7. □

Tomado de la Revista Lampara No.96, primera entrega 1985

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