Victor Hugo Morant Camacho

Arcabuco, Boyaca

Actores

Personaje

 


Víctor Hugo Morant

actor

   
 

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Arcabuco, Boyacá

Actor - filmografía

  1. Crónica del fin del mundo (2013 - Pelicula) 
  2. Sanandresito (2012)
  3. Corazones blindados (2012)
  4. Dónde esta Elisa (2011)
  5. Chicago (musical) ... Amos Hart 
  6. Correo de inocentes (2011) 
  7. Cabaret (2004)
  8. Juliana, amante a la colombiana
  9. La fuerza del poder (1993) **
  10. La María (1991) **
  11. No juegues con mi vida (1989) **
  12. El niño y el Papa (1987) ***
  13. El círculo" (1987) **
  14. Pisingaña (1986) ***
  15. Aroma de Muerte (1985)
  16. Bonaparte Investigador Privado (1985) ***
  17. Cóndores no entierran todos los días (1984) .... Padre Amaya
    ... aka Man of Principle, A (1984) (International: English title)
  18. Flor de fango (1983) **
  19. La tía Julia y el escribidor (1981) **
  20. El candidato (1978) ***
  21. Perfume de agonía
  22. Revivamos nuestra historia, episodios
  23. Don Chinche ......     el doctor Pardito, Andres Patricio Pardo de Brigard
  24. Dejémonos de vainas
  25. La casa de las dos palmas  .... Mariano Herreros
  26. La muerte de un agente viajero
  27. Rasputin .... el zar Nicolás II
  28. El enemigo del pueblo
  29. Morten Colt
  30. Juan Tenorio (teatro)
  31. Tio Vania
  32. Tartufo
  33. Superlupe

Director - filmografía

  1. Shampoo
  2. Juliana, amante a la colombiana ( en Miami)
 
 
Información parcial cortesía The Internet Movie Database. Con permiso
** Datos suministrados por el periodista Fernando Sarmiento, Barranquilla, 2005
*** Dato tomado del libro Largometrajes Colombianos en Cine y Video, 2005
 
 


Mi cuento

En mi niñez fui un solitario. A mi mamá no le gustaba que yo me ensuciara ni que jugara en la calle. Esta situación hizo que pasara mucho tiempo en casa, y como fui hijo único, mi alternativa fue jugar solo. Como compensación, tuve la oportunidad de que mi imaginación se desarrollara, porque creaba mis propios juegos, mis juguetes, y me la pasaba bien".

Hijo de paisa y santandereana, Víctor Hugo nació, por casualidad, en Arcabuco, ya que en un viaje los dolores del parto sorprendieron a su madre en esta localidad boyacense. Sin embargo, a los pocos días de nacido se trasladaron a Bogotá, donde se educó y enrumbó su vida hacia el arte.

Posiblemente la soledad fue la que llevó a Víctor Hugo hacia la actuación. Entre sus juegos preferidos estaba el de disfrazarse de diferentes personajes que él mismo creaba. También construía diferentes tipos de sombreros, de varios colores y materiales.

Víctor Hugo recuerda, con algo de picardía: "A falta de hermanos tuve primos, o mejor, primas, con quienes compartimos ratos inolvidables de juegos y la camaradería propia de los siete años. Aún continuaba disfrazándome, especialmente de cura. Esta costumbre me duró hasta que ingresé al colegio.

"Mi vida de colegial estuvo en marcada en la timidez, aunque debo reconocer que fui muy enamorado.

Había una niña que me quitaba el sueño, la que siempre recitaba las poesías en el colegio, la más bonita. Pero no me paraba bolas y yo nunca me le declaraba; por el contrario, siempre buscaba la oportunidad para atacarla. En una ocasión iba a hacer una de sus acostumbradas presentaciones, para celebrar el día del idioma. Al enterarme, me aprendí de memoria una poesía y mi padre, que siempre tuvo sensibilidad por el arte, me guió: No debes repetir la letra de memoria, sino que debes recitar, debes darle el sentido a cada frase. Desde entonces fui el mejor declamador del colegio, y ella no volvió a hacer sus acostumbradas presentaciones".

Durante la secundaria Víctor Hugo se inclinó por la actividades culturales y después de graduarse ingresó a la Universidad Nacional para estudiar filosofía y letras. Allí se encontró con el teatro griego, la antropología y la epistemología. Esto lo hizo pensar en el teatro como algo serio y decidió tomarlo como profesión. Esta decisión creó polémica en su hogar, pues mientras su madre se opuso de inmediato, su padre se mantuvo neutral.

Para entonces los años sesenta se avecinaban. En el ambiente se escuchaban la música de los Beatles, las plegarias de las madres que perdieron a sus hijos en Vietnam, la música go-go y el delirio de la sicodelia.  Era la génesis de una época revolucionaria. En medio de esa atmósfera Víctor Hugo, Carlos José Reyes y Santiago García crearon la casa de la cultura y fueron los precursores del grupo de teatro de la universidad.

Iniciaron giras a nivel nacional e internacional, todas cargadas de experiencias y fracasos, enriquecedores pero bastante traumáticos. La compañía estaba integrada por Steban Pols, María Eugenia Dávila, Juddy Henríquez, Mario Sastre, Mario Bennet, Carlos Barbosa y Víctor Hugo, entre otros. Estuvieron en Costa Rica, Guatemala y México, pero antes de cumplir el año la mayoría se había regresado a Colombia. Otros, como María Eugenia, se quedaron en México. Al finalizar esta aventura, se incorporaron al TPB, donde se cimentó la formación y la práctica del teatro.

Allí Víctor Hugo conoció a Antonio Corrales, Gustavo Angarita y Waldo Urrego y se encontró con antiguos compañeros como Carlos Barbosa. Esta, quizá la etapa más importan te y definitiva en la carrera de Víctor Hugo, duró diez años. Participaron en festivales internacionales y giras nacionales con obras como Tartufo, donde interpretó dos personajes; tambien trabajo en el Tío Vania, Morten Colt y El enemigo del pueblo.

Comenzó a alternar el teatro con la televisión, cuando aún era en vivo y en directo, participando en 25 especiales como La muerte de un agente viajero. En 1979 se retiró del TPB, después de regresar de Cuba. Entonces quiso hacer televisión y explorar los diferentes campos de la actuación. Por eso a partir de 1980 empezó a aparecer en Revivamos nuestra historia. En su trayectoria desde entonces se destacan sus personajes en El Chinche, Dejémonos de vainas y La casa de las dos palmas, principalmente. Ahora Víctor Hugo Morant se decidió por la dirección de televisión y está debutando detrás de cámaras en la comedia Shampoo. Además, quiere escribir.

Tomado de la Revista TV y Novelas No.063, 15 de marzo de 1993


 


La condición inevitable de ser actor

Mientras se recuperaba en una cama de la clínica Shaio de Bogotá, a los 21 años, Víctor Hugo Morant tomó la decisión de dedicarse a la actuación.

Hasta ese momento era un estudiante avanzado de filosofía de la Universidad Nacional. Sólo le restaba un año académico para graduarse, y la actuación apenas era un pasatiempo efímero que practicaba desde que estaba en el colegio. Pero un cálculo renal que implicó una delicada operación lo llevó a replantearse su propia vida. En otras palabras, una piedrecita en el riñón lo convirtió en actor. "Me dije: Si me salvo de ésta, me dedico al teatro": Dicho y hecho. Una vez abandonó la clínica, empezó a trabajar con la Casa de la Cultura de la Universidad Nacional y aplazó para siempre su grado de doctor en filosofía y letras.

AI poco tiempo, inició una gira internacional por Centroamérica (con Judy Henríquez, María Eugenia Dávila y su compinche, Carlos Barbosa), y su decisión de ser actor ya no tendría retroceso, sino que se convertiría en su única opción de vida.

"En esa época, 1971, entré a otra universidad en la que permanecí 10 años: el Teatro Popular de Bogotá.

Precisamente, su permanencia en esta compañía le abrió las puertas de la televisión porque el TPB realizaba producciones para la pantalla chica. Y desde que entró a este medio se ha caracterizado por dos cosas: sus personajes memorables, como el Doctor Pardito de Don Chinche o Juan Ramón de Dejémonos de vainas, y su obsesión cuando asume un papel o inicia un nuevo proyecto.

EL OBSESIVO

Meticuloso desde niño, gracias a la mano dura de su madre santandereana, Víctor Hugo fue un bachiller normal del colegio de curas San Bernardo. Su inclinación cultural le viene de su padre, un hombre al que le gustaba la lectura y la música y era descendiente de una familia guatemalteca. "Mi abuelo llegó en un globo desde Centroamérica que aterrizó sobre el pico de la montaña del municipio de Támesis (Antioquia), ante la sorpresa de todos los lugareños. Abajo estaba mi abuela, una campesina hija del fundador del pueblo, don Pedro Orozco, quien terminó enamorada y casada con el hombre que llegó en el globo; cuenta divertido este actor bogotano.

Fue criado bajo la sobreprotección típica de los hijos únicos, pero combinada con la disciplina extrema de su madre. "Ella era posesiva, dominante, pero muy consentidora.  De esa educación le quedó para siempre la manía por el orden. "Sí, es obsesivo con todo, pero especialmente cuando está preparando un personaje o inicia un nuevo proyecto, porque se mete de cabeza en él, se vuelve recurrente, monotemático y trasnocha hasta que siente que todo está perfecto; dice María Teresa Betancur, su ex pareja, con quien vivió por cerca de 15 años.

Otros amigos lo definen como quisquilloso pero afable que, sin embargo, cuando explota es una bomba atómica que pierde sus efectos minutos después de su estallido. "Es más bien tranquilo y no dura mucho tiempo de mal genio" confirma María Teresa.

`YO NO SOY ASÍ

"No soy hincha de Santa Fe, no soy católico practicante ni milito en la izquierda ; aclara Morant, para quitarse de encima esas etiquetas.

Lo de Santa Fe se debe a uno de los personajes que el público más recuerda: el de Juan Ramón, un hincha furibundo de ese equipo bogotano. Lo de católico, por haber estudiado en colegio de curas, y lo de izquierdista, por haber estudiado filosofía en la Nacional, por ser teatrero y por haber pertenecido al TPB.

"Nos criamos con la Revolución Cubana y sí tuve cierta tendencia de izquierda; creo en la justicia social, pero jamás fui mamerto. No me gustan las cosas impuestas, como las revoluciones, porque soy un demócrata, abierto a todas las ideas y sin radicalismos";.  Ni siquiera se dejó contagiar por el hippismo en su juventud, aunque simpatizó con su filosofía nihilista y con el nadaísmo, pero nunca se identificó con su música. "En esa época probé la marihuana y alguna vez la coca, pero nunca me gustaron. En cambio, sí fui muy rumbero, especialmente después de la separación de mi primera compañera. En esa época era conocido y tenía un apartamento de soltero que se convirtió en centro de las fiestas durante cuatro años. Allá Ilegaban todos los días rumberos y rumberas, y no todas eran santas y vírgenes. Pero después de esos cuatro años, sentí un vacío enorme porque de la rumba no me quedó nada. Hoy soy menos fiestero de lo que quisiera".

La separación fue de la bailarina Sara Beatriz Echeverri, su primera pareja y con quien tiene dos hijas, Valentina y Natalia (y una nieta). Luego se unió a María Teresa, de quien se separó hace pocos años. "Con ella, incluso ya separados, nos vemos y tenemos mucho de qué hablar. Es muy difícil encontrar esa afinidad con alguien" señala, al tiempo que aclara que nunca se ha casado pero que ha tenido varios romances y solo dos grandes relaciones intensas: Sara y María Teresa. 

TEATRO EN MIAMI

A to que más le temo es a la rutina. Creo que detenerse es retrasarse. Aunque tengo una historia, no vivo del pasado; no es lo que he hecho, sino lo que puedo hacer. Soy artista, creador; tengo que crear y eso nada tiene que ver con la edad; si siento que el medio en el que estoy ya no me satisface, no tengo problemas en reinventarme; dice Víctor Hugo para explicar su partida hacia EE.UU. y su posterior regreso a Colombia, hace más de un año.

En Miami tomó en arriendo un teatro abandonado, donde montó la obra Juliana, amante a la colombiana (con Marisol Correa y Gloria Zapata, entre otros actores), que no solo le llegó al público colombiano residente en esa ciudad, sino que despertó el interés de la población latina y hasta recibió un premio de la alcaldía de Miami. "Yo viví en Estados Unidos haciendo teatro, no lavando platos ni parqueando carros; aunque lo habría hecho si hubiese sido necesario. Eso no es fácil porque fue la aventura de un N.N. que montó un teatro con las uñas. Luego de esa obra, realizó otro montaje que no tuvo el mismo éxito, y después, decidió incursionar en la televisión. "En la pantalla chica me quebré porque nunca conseguimos patrocinios, pero teníamos espacios alquilados y hasta unidad móvil" En ese momento, lentamente, empezó a empacar las maletas para el regreso. "Si voy a comer mierda, prefiero comerla en Colombia porque a esa ya le conozco el sabor; se dijo. El robo de su computador en el que guardaba todos sus proyectos, una infección renal y problemas de salud de su primera compañera, precipitaron su retorno. "En el fondo, sentí el llamado de mi tierra.

Hoy está nuevamente en su ciudad (Bogotá) haciendo lo que más le gusta: teatro. Es el actor de mayor experiencia en la exitosa obra musical Cabaret.

Tomado de la Revista TV y Novelas No.472, 2 de diciembre de 2006


   

Recordado por su roles protagónicos en las comedias de televisión “Dejémonos de vainas” y “Don Chinche”, Víctor Hugo se alejó de las pantallas y concentró su carrera en las tablas. Además de actor, ha sido director de 25 montajes teatrales y 4 series de televisión, así como docente y gestor cultural. García de José Luís Rugeles marca su regreso a la pantalla, con un personaje oscuro y un poco mezquino: el jefe de García (interpretado por Damián Alcázar), quien con la firma de un cheque tiene en sus manos el sueño de los protagonistas de tener una casa. “Fue muy grato, se trabajó con mucha disciplina y profesionalismo, excelente trato por parte de la producción y la relación con los demás actores, Damián y especialmente Margarita Rosa, con quien tuve la mayor parte de las escenas, fue inmejorable”. 

Se graduó de bachiller del Instituto San Bernardo de Bogotá en 1961. Entre 1962 y 1965, estudió Filosofía y Letras en la Universidad Nacional de Colombia. Durante 10 años fue miembro activo del Teatro Popular de Bogotá y ha participado en más de 40 montajes, 6 giras y festivales internacionales representando al país. Los más recientes son Cabaret (2006/7), el musical del Teatro Nacional dirigido por Jorge Alí Triana; La vida es sueño (2008) de Calderón de la Barca, producida por La Compañía Estable e Iberescena y dirigida por Pedro Salazar, la cual fue invitada por Colombia al Festival Cervantino de Guanajuato México. 

Como docente ha sido profesor de actuación y artes escénicas en colegios, universidades y academias de arte como la Universidad Nacional de Colombia, la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, el Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior –ICFES- y la Casa de la Cultura de Telecom, entre otros. También ha sido directivo del Círculo Colombiano de Artistas –CICA-; cofundador y directivo de Actores, Sociedad Colombiana de Gestión; miembro de la Junta de Calificación Artística del Ministerio de Comunicaciones de Colombia; delegado ante el Consejo Asesor para la Profesionalización del Artista del Ministerio de Educación de Colombia, en el área de Artes Escénicas y delegado por el Círculo Colombiano de Artistas –CICA- ante el Comité de Vigilancia para la Televisión. 

En televisión, como actor ha participado en numerosas telenovelas y seriados, dentro de los que cabe destacar “Revivamos nuestra historia” de Promec Televisión; “Rasputín” de Punch Televisión; “Don Chinche”, papel por el que recibió el premio India Catalina al Mejor Actor Coprotagónico en 1984, y “El cuento del domingo” de RTI Televisión; “¡Dejémonos de vainas!” de Coestrellas, serie con la que recibió el premio India Catalina a Mejor Actor Protagonista 1985; “El Cristo de espaldas” de Tevecine; y “La casa de las dos palmas” y “La María” de RCN. Ha sido director de los seriados “Amigas” de Proyectamos Televisión, “Retratos” de Cinevisión, “Shampoo” de Tevecine y “Juliana, Made in Colombia” para América Teve, Miami, FL. En el 2003, recibió una Mención de Honor de la ciudad de Miami, el Periódico Ya y el teatro José Martí por su trabajo artístico en pro de la cultura hispanoamericana.  

Su carrera como actor en el sector cinematográfico la ha realizado en los largometrajes El candidato de Mario Mitrotti, Pisingaña de Leopoldo Pinzón, Bonaparte investigador privado de Carlos Benjumea, Cóndores no se entierran todos los días de Francisco Norden, El niño y el Papa de Rodrigo Castaño, La toma de la embajada de Ciro Durán, Esto huele mal de Jorge Alí Triana y García de José Luis Rugeles, quien dijo sobre su papel: “Víctor Hugo Morant fue impredecible y exacto en el personaje que formó”.

Información gentilmente suministrada por Pantalla Colombia, 2010 


   

Se reinventa en la actuación y el amor

El zar Nicolás II de la novela Rasputín y Mariano Herrera de La casa de las dos palmas se convirtieron en personajes inolvidables para Víctor Hugo Morant, el mismo que se fastidia cuando le preguntan qué le gusta comer o cuál es su pasatiempo favorito.

En cambio, se siente como pez en el agua cuando le hablan de la actuación, oficio que lo atrapó desde los 7 años de edad. "Mi padre, un paisa sensible por el arte, fue mi primer director. En el colegio tenía que decir una poesía a la bandera, y me esforcé por aprenderme la letra, pero me dijo que no era suficiente con memorizarla. ‘Tiene que mirarla y recitarle con sentimiento’", le enseñó don Abelardo. Esa lección hizo de Víctor Hugo un artista versátil que elabora todos sus papeles con el alma y desde el alma. Como ocurrió con el Doctor Pardito, el enamorado de doña Dorisita (Delfina Guido, q.e.p.d.) en Don Chinche. "Es el que más satisfacciones profesionales y humanas me brindó, solo que nunca me ha gustado quedarme en el pasado. Busco reinventarme", asegura el bogotano, a quien vimos hasta hace poco en el musical Chicago encarnando a Amos Hart, el sumiso esposo de Roxie Hart (Stephanie Cayo).

Se dejó de vainas

Admite que Juan Ramón Vargas, ‘Puchis’, en Dejémonos de vainas, comedia que relataba las vivencias del periodista Daniel Samper Pizano, también lo marcó, pero de manera distinta. "Darle vida implicaba renunciar a Don Chinche. Así me lo exigió Bernardo Romero Pereiro (q.e.p.d.), talentoso director, pero muy severo. Y no lo iba a hacer, porque allí las condiciones laborales eran inmejorables. Finalmente, hubo acuerdo y me convertí en Daniel (Samper), y lo digo así porque éramos parecidos: cachacos, calvos y vestíamos con desparpajo".

Todo iba bien hasta que un infarto llevó a Víctor Hugo al hospital San José de Bogotá, en 1986. "Estaba reventado, porque además hacía teatro en La Casa del Gordo todas las noches. Estuve ocho días en cama por recomendación médica". Sin embargo, cuando volvió al hogar de Los Vargas dispuesto a grabar, le cerraron las puertas. "Me descontaron la semana, y lo triste es que Bernardo nunca me dio la cara para explicar mi abrupta salida del elenco". De nada valió que Samper Pizano tratara de convencer a Pereiro. "Mis padres me enseñaron que lo único que uno no puede perder en la vida es la dignidad". Lo reemplazó Carlos de la Fuente.

Unas de cal y otras de arena

En 1994 viajó a Miami con su esposa de entonces, Sara Echeverry, y sus hijas, Valentina y Natalia. En esa ciudad se encontró con Marisol Correa (Margarita, una de sus hijas en Dejémonos de vainas) y Gloria Zapata. Juntos montaron la obra Juliana, amante a la colombiana, que relata de manera divertida un sinnúmero de alocadas confusiones. "Por un tiempo me dio para sobrevivir", pero añade que, cuando quiso hacer otros montajes teatrales, no encontró apoyo.

En 2005 regresó a Colombia. "Mis hijas me ayudaron con los buses. Me empleé como profesor de Historia del Arte en la CUN (Corporación Unificada Nacional). Volví a ser un desconocido en el medio y empecé desde cero", apunta el actor, nacido en Arcabuco (Boyacá) y criado en la capital colombiana desde los 3 meses de edad.

Pronto lo veremos interpretando a Bruno, político corrupto en Corazones blindados, del Canal RCN, personaje que le permitirá ‘reinventarse’, palabra que jamás quiere borrar de su libreto.

Tomado de la Revista 15 Minutos No. 39, abril de 2012