Fanny Mikey

Argentina

Actores (Teatro)

Personaje

 


Fanny Mikey

Fanny Elisa Mikey Orlanzky

actriz, productora
alma del teatro en Colombia

 
 

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Argentina, 1930-2008 

Colombia entera lloró su muerte en agosto de 2008

Actriz - filmografía (Parcial)
(2000s) (1990s)

  1. Perfume de arrabal y Tango (2006)
  2. Un tranvia llamado deseo, 2004
  3. Bolívar soy yo (2002) .... TV Productora
    ... aka Bolivar Is Me (2002)
  4. Enseñame a vivir (Harold and Maude) (2000)
  5. La Celestina (1999)
  6. Ilona llega con la lluvia (1996) .... Mujeruca
    ... aka Ilona Arrives with the Rain (1996)
    ... aka Ilona arriva con la pioggia (1996) (Italy)
  7. Maria Callas (1996)
  8. Escenas para aprender a amar (1995)
  9. Los motivos de Lola  (1993) - Coprotagonista *
  10. Mama Colombia (1993)
  11. Yo amo a Shirley (1990)
  12. El viejo de las sillas (1980s)
  13. La mujer del domingo (1988)
  14. Los japoneses no esperan (1985)
  15. Quien le teme a Virginia Wolf (1982)
  16. Tacones (1981)
  17. La loca de Chaillot(1987)
  18. Tacones (1982) **
  19. La tregua (1980) - actuación especial *
  20. Especiales del TPB a mediados de los años 1970s *
  21. El quinto miembro (1977)
  22. I took Panama, 1974
  23. La gaviota, 1973
  24. Delito, condena y ejecucion de una gallina
  25. Un enemigo del pueblo (1973)
  26. La sal y el oro (1972)
  27. La muerte de un viajante (1972)
  28. Los fusiles de la Señora Carrar - España 1937 (1971)
  29. El inspector, 1970
  30. La niña y el viento (1970)
  31. Casa de muñecas (1970)
  32. Tartufo (1969)
  33. El espantapájaros que quería ser rey (1969)
  34. Julio Cesar (1969)
  35. La posadera, 1968

Productora - filmografía
(2000s) (1990s)

  1. Bolívar soy yo (2002) (productora asociada)
    ... aka Bolivar Is Me (2002) (International: English title)
  2. Edipo alcalde (1996) (productora asociada)
    ... aka Oedipus Mayor (1996)
  3. La muerte y la doncella (1992)

 

 
 
Información cortesía The Internet Movie Database. Con permiso 
*  Información suministrada por el periodista Fernando Sarmiento, de Barranquilla, 2005
** Tomado del libro Largometrajes colombianos en Cine y Video, 2005
 
 
 


Hablar de la vida de Fanny Mikey es referirse a un momento  cultural del país. A ella se debe la realización, éxito y montaje de  Festivales Iberoamericanos de Teatro y la organización de  Festivales de Arte. Además, la apertura de dos nuevas salas: el Teatro Nacional y La Castellana.  Al hablar de teatro en Colombia se habla necesariamente de Fanny Mikey.

Hace 40 años Ilegó para hacer teatro en la Televisora Nacional, con la única intención de permanecer seis meses, pero el ambiente de Cali la sedujo y se quedó. Con su dinamismo empresarial, pronto se ganó un espacio en Colombia.


 
 

Fanny Mikey: Eterna

por Juan Carlos Insignares

LA ACTRIZ COLOMBIANA CUMPLE 60 AÑOS DE VIDA ARTÍSTICA;
SU HIJO, EL TEATRO NACIONAL, LLEGA A LOS 25 AÑOS DE EXISTENCIA,
Y ELLA SE ACABA DE REINVENTAR: CANTARÁ TANGOS

Increíble: Fanny Elisa Mikey Orlanzky a veces se despierta y se siente vacía, como si no hubiera hecho nada en la vida.

Ella, la colombiana nacida en argentina, de cabellos anaranjados, o rojos, o amarillos, la misma cofundadora del mundial mente conocido Teatro Experimental de Cali (TEC) y del histórico Teatro Popular de Bogotá (TPB), la gestora de otros tres teatros: el Nacional, La Castellana y la Casa del Teatro, la señora que se inventó, montó y ha sostenido el Festival Iberoamericano de Teatro, uno de los eventos culturales más grandes del mundo, esa señora a veces se despierta con angustia existencial...

Así le pasó cuando cayó la última función del Festival Iberoamericano y sintió que un vacío inexplicable se había apoderado de ella: "Sentía como si me hubieran arrancado las vísceras de un solo jalón. No sabía qué hacer, a qué dedicarme. Pero, como siempre, se reinventó. Dejó que la nostalgia terminara de apoderarse de ella y dio rienda suelta a una idea descabellada (como todas sus ideas) hasta convertirse en una nueva razón para su existencia: decidió ser cantante. "No, cantante no: intérprete;" aclara Fanny.

Se refiere a su nuevo espectáculo de tangos que estrenará el 23 de agosto.

"La idea empezó como un juego, por esa necesidad que tengo de cambiar. El espectáculo es como un café bohemio, en donde interpreto tangos y cuento historias de arrabales, mientras el público se toma unos tragos y se queda hasta después del show."

"Está insoportable; dice una de sus asistentes. "Tiene profesor de canto casi desde la madrugada y no deja de cantar todo el día. Parece una niña chiquita; sostiene otra de sus colaboradoras en el Teatro Nacional.

Esta idea traviesa, con la que quiere celebrar sus 60 años de vida artística y los 25 de existencia del Teatro Nacional, tuvo su génesis en un teatro de Buenos Aires y gracias a sus muy, muy traviesas piernas. 

iY QUÉ PIERNAS! 

El primer asomo de la nostalgia se presentó hace seis meses, cuando Fanny estaba de gira por Argentina con su obra A Fanny lo que es de Fanny. El aire porteño le alborotó sus recuerdos, pero fue uno principalmente el que le despertó la necesidad de regresar a sus raíces.

En plena función en el teatro San Martín de la capital argentina, la actriz bajó del escenario y fue directo hacia el público que estaba en primera fila. Como hace cada noche cuando presenta este montaje, levantó su pierna derecha y la puso sobre las rodillas de uno de los hombres sentados en platea. Fanny se dirigió al espectador y, sin verle el rostro por el efecto de las luces, le preguntó: "¿Te gustan mis piernas?"

"Siempre me han gustado; contestó el señor a todo pulmón para que lo escuchara el teatro entero.

"¿Quieres conocerlas mejor?; volvió a atacar Fanny. "¡Las conozco bien desde hace 50 años!; contrapunteó el anónimo espectador que se hallaba en primera fila.

Fanny siguió con la obra hasta cuando empezó a narrar sus aventuras amorosas en su juventud, en Argentina.

"Hice el amor en Bariloche y en Corrientes, y en..."

"Y en Mar del Plata; interrumpió desde platea el mismo señor, con más energía esta vez.

En ese momento, las luces permitieron que Fanny Mikey pudiera ver el rostro del desconocido sentado en la silla 17A del teatro San Martín: era Gastón Djian, el primer marido de Fanny, a quien la actriz no veía desde su separación hace más de medio siglo, cuando todavía era Fanny de Djian.

Esas mismas piernas traviesas hicieron de las suyas en el teatro José Félix Rivas, de Caracas, Venezuela. La misma obra, el mismo acto, las mismas palabras y la pierna derecha instalada sobre el hombre elegante de primera fila, en medio de las carcajadas del resto del auditorio. Esta vez, el señor era Ferruco Sesto, ministro de Cultura de Venezuela.

En realidad, Fanny (o las piernas de Fanny) está acostumbrada a estas metidas de pata. Hace años, en tiempos del café concierto La Gata Caliente (del que ella era socia), una mesa de clientes bulliciosos impedía que el resto del público escuchara la obra que presentaban en ese entonces. La actriz se dirigió hasta la mesa del desorden, montó su famosa pierna sobre la mesa y les dijo a los clientes:

"¿Quieren que esta pierna sea de ustedes?; los retó.

"¡Claro!; contestaron todos al tiempo.

"Déjenme presentar el espectáculo y se las regalo," les propuso Fanny, que, sólo al final, supo quién era el líder del grupo: Pablo Escobar Gaviria.

A FANNY LO QUE ES DE FANNY

Quienes conocen de cerca a Fanny Elisa saben que es incansable. Trabaja 25 horas diarias y remata sus faenas bailando salsa en cualquier hueco bogotano, con whisky en las rocas como parejo. Nadie le sigue el paso, ni en el trabajo, ni en el baile.

Madruga a laborar, con desayunos costeños para patrocinadores de sus aventuras culturales, continúa ajustan do los detalles mínimos de cualquiera de sus montajes (por ejemplo, Cabaret, próxima a estrenarse) y sigue con su ritmo frenético hasta el almuerzo de trabajo, remata la tarde adelantando los pormenores del próximo Festival de Teatro (sí, ya está seleccionando obras y ya está escogido Inglaterra como país invitado), asiste a comidas de trabajo, y culmina la faena en cualquier coctel, antes de volarse a bailar salsa para relajarse. Exagera en el trabajo: durante los preparativos finales del pasado Festival de Teatro, sufrió un colapso que obligó a internarla en el hospital.

"Doña Fanny, tiene que guardar absoluto reposo; le dijo el médico que la atendió. "Por supuesto, doctor; le contestó Fanny, y antes de que el médico se marchara, ella ya estaba convocando a una reunión de urgencia con sus colaboradores en plena sala de emergencia del hospital. "Este es mi último Festival; les dijo a sus colaboradores, la misma frase que les repitió hace dos años, y hace cuatro, y hace seis, la frase que repite insistentemente en cada Festival.

Hace unas semanas fue operada de la rodilla. Su recuperación esa misma noche fue en una fiesta de cumpleaños de una amiga suya. Nada que hacer, ni qué decirle. Todos saben que otra de sus características es la terquedad sistemática. "Ella nunca acepta que se equivoca" dicen personas allegadas a la artista.

A Fanny no le mortifican los comentarios; al fin y al cabo, está centrada en pasar el sombrero en busca de patrocinio. "Tiene un poder de convicción increíble para los negocios; afirma una ejecutiva del Teatro Nacional. "Y una sensibilidad especial para aprovechar la vida; añade otro colaborador. "Todo lo que hace ahora es para ella misma; es como si sintiera que se está muriendo; dicen amigos. Ella no se inmuta con los comentarios. Sabe que le sobra energía, incluso para volver a afirmar "Puede que tenga cara de 70, pero sigo con culo de 30; y suelta su típica carcajada.

LAS FRASES DE FANNY

"Yo siento como si no tuviera pasado. Es como si cada vez naciera de nuevo.

"Yo no puedo ser diva y al mismo tiempo firmar cheques.

"Ser famoso es no tener que hacer colas para nada. "Soy como un monstrico que cambia cada vez que nace. Ahora voy a cantar"

Tomado de la Revista TV y Novelas No.463, 12 de agosto de 2006


 

Mujer colombiana 2004
4 Lugar en votación

A Fanny Mikey le preguntaron hace casi un año con qué animal se identificaba. La respuesta fue la siguiente: "Soy un caballo. Soy briosa, soy sensual y soy estéticamente hermosa". Enseguida afirmaba que aún hacía el amor y tenía sexo desenfrenado y que eso no era pecado. En este orden (Fanny defiende el amor por encima de todo), tampoco sería pecado ir a fiestas sin horarios establecidos o posar al lado de presidentes para promover el Festival de Teatro de Bogotá, que es como decir el Festival de Fanny; una mujer que ha dejado la sangre y el alma y el corazón sobre las tablas. Devota de María Auxiliadora, nacida en Argentina, amante del vino y la conversación, Fanny Mickey le ha dedicado más de 50 años a la actuación; tal vez sea este el único modelo de vida que tiene para seguir viviendo.

Tomado de la Revista Fucsia No. 49, junio de 2004



 

Graduada en Parrandas

por Alonso Sánchez Baute

Colgada en alguna pared del apartamento de Fanny Mikey se encuentra uno de los reconocimientos más significativos -dentro de los muchos- que ha recibido la mujer más importante del teatro colombiano: un diploma firmado por Alberto y Consuelo, los dueños de Café Libro, con la inscripción que sigue: "Por su abnegada resistencia hepática, por su amor al arte, por su aporte a la amistad, por su capacidad de conquista, por su buen gusto musical y por su espíritu de libertad, este jardín le otorga el título de NonPlus Ultra en bohemia y salsa a Fanny Mikey".

No es para menos, porque Fanny no duerme. Pero lo que la trasnocha no es la organización del próximo Festival Iberoamericano de Teatro, ni el estreno de las próximas obras de sus tres teatros. En realidad, Fanny no duerme porque es una rumbera de tiempo completo, una mujer a la que fácilmente nos podemos topar cualquier día de la semana bailando en la madrugada en cualquier rumbeadero de la ciudad, especialmente en Salsa Camará, su lugar predilecto.

"Me gusta Salsa Camará primero, porque me recuerda mucho a mi viejo Cali, con las mesitas y el lugar del centro para bailar; segundo, tiene la mejor salsa de Bogotá pero, sobre todo, porque su sonido es perfecto para bailar si se quiere, o para hablar con los amigos sin necesidad de gritar, como en tantos otros lugares".

Como a los buenos rumberos -que saben que la fiesta buena no es la que acontece los sábados-, a Salsa Camará le gusta visitarla entre semana. Por ello, por lo general suele trabajar hasta antes de la medianoche y luego pasa a cenar en algún restaurante de moda antes de aventurarse a recorrer la noche bogotana.

Claro que más que rumbera, Fanny es noctámbula. "Es un hábito adquirido en la adolescencia -asegura-: siempre he trabajado más de dieciséis horas diarias, lo que significa que dormir cuatro horas diarias ya es descanso".

Pero en realidad no es dormir lo que la relaja, si no la rumba: escuchar la música, hablar con los ,amigos, ver a la gente divertirse. Es la consecuencia de trabajar de noche: luego de cada función ,queda lo suficientemente excitada como para no querer llegar a casa Es entonces cuando apela a cuanto rumbeadero encuentra abierto.

A todas las fiestas a las que llega, la acompaña siempre su gran escudera Ana Marta de Pizarro, .su Sancho Panza del alma, aclarando que este Sancho Panza criollo es una bella bailadora de risa alborotadora.   Por supuesto, el símil con los amigos .de "algún lugar de la mancha" no es gratuito: toda Colombia conoce las quijotescas empresas que acostumbra inventarse esta mujer que se hizo famosa no a partir de La gata caliente, el reconocido Café concierto que durante muchos años funcionó justo donde la carrera 15 se encuentra con la calle 100, sino porque en alguna ocasión, en un programa en la televisión nacional que por entonces ella conducía los domingos, bromeó cuando uno de sus invitados se apareció en escena con un serrucho. "Eso no debería estar acá sino en el Congreso", fue la corta frase que la sacó del aire y que originó una veintena de caricaturas que hoy cuelgan en las paredes de su apartamento.

Es este el mismo apartamento que luego de cada estreno teatral es invadido por cientos de amigos de las artes, no sólo actores: pintores, escritores, políticos, empresarios, gente del común que se mueve como Pedro por su casa por la extensa terraza con vista sobre la ciudad, gente que al día siguiente amanece dormida en un sofá o encerrada en un baño.

Y es que Fanny no hace distinciones a la hora de los amigos: con que la quieran es suficiente. Por eso, en alguna oportunidad que llegó a un famoso burdel de la ciudad con el director de teatro Manolo Orejuela -una de las grandes promesas de la generación en ascenso- los "chulos" corrieron a conseguir una cámara fotográfica para conservar el recuerdo de esta amiga

Nada la asusta. A sus 74 años conserva una salud de hierro. De hecho, mientras conversamos (comiendo la arepa de huevo más deliciosa que se cocina en Bogotá) suena el timbre de su casa anunciando al mensajero de la farmacia Debe ser para el apartamento vecino -corre a decir-, porque yo no sufro de nada". Su receta es sencilla: trabajar mucho, no comer carne "salvo humana, cuando se puede"-, y disfrutar la vida a plenitud.

Esto último es lo que más sabe hacer esta mujer conocida también por sus cabellos rojos. Desde que vivía en Buenos Aires se acostumbró a conversar con sus amigos de la bohemia hasta tempranas horas de la mañana, placer que continuó al vivir en Cali. "Cali es una ciudad que debería cambiar sus horarios -advierte-: su clima ideal inicia a las cinco de la tarde, que era la hora en que empezábamos a ensayar los montajes teatrales, para terminar rumbeando en la madrugada en Aquí es Miguel o en cualquier otro bailadero de Juanchito".

Se refiere a cuando llegó, detrás de un amor, a vivir a Cali. Allí montó varias de las obras más emblemáticas del teatro nacional, aunque, sin dudas, lo que más recuerda de la ciudad es su paso por todos los amanecederos, clandestinos o legales, de la época en que ésta era la ciudad más rumbera del país. "Rumba pesada -advierte Fanny , de baile hasta el mediodía".

Abuela de Nicolás, Fanny sigue siendo una mujer voluptuosa, una mujer dada a los placeres o deleites sensuales, a quien, en su momento, la Ley Zanahoria afectó tanto como al resto de jóvenes bogotanos. "Una noche llegó la Policía a hacer una redada a Disco Fuego, la discoteca gay que quedaba en la calle 100. Por supuesto, mis amigos corrieron a esconderme bajo la barra -cuenta en medio de su sonora carcajada convertida en ícono criollo-. En otra ocasión, rumbeando con Amparo Grisales en algún after party de la Caracas con 60, la policía no creyó las palabras de la Grisales de que ella era quien era, en cambio a mí, supongo que por respeto a la edad, no me pusieron problema".

Fanny ama la noche porque es cuando la gente se desmaquilla, se quita las caretas, las pelucas, el disfraz con el que se defiende en esta vida. "De noche la gente te habla a los ojos, con el corazón: es muy dificil que la gente de la noche te mienta. En un lugar nocturno, yo miro a la gente y sé inmediatamente con quién puedo hablar y con quién no". A cada lugar que llega la gente la quiere, le brinda su confianza, la deja sentir como en familia. "En alguna ocasión, me invitaron a un espectáculo de drag queens que me imitaban -cuenta divertida-. Y recientemente, fui jurado en un concurso de belleza para hombres en Theatrón".

AliciaAdorada es el vallenato preferido de Fanny Mikey. Tanto lo disfruta que en alguna oportunidad, estando en Cartagena, un admirador contrató durante seis horas continuas a un conjunto de acordeones para que le cantara exclusivamente esta canción. Desde entonces la recuerda en todas sus parrandas. Aunque, en realidad, Fanny adora los vallenatos "pero en la costa". En Bogotá, en cambio, lo que disfruta es la salsa, y cuando está en su casa -en especial en la madrugada-, la sangre la llama y es entonces cuando escucha con nostalgia los tangos de su niñez en la soledad de la voz del `Loco" Goyeneche o en la de Adriana Varela, el nuevo ícono argentino.

Graduada en parrandas, Fanny espera con ansias el próximo mes de marzo, cuando nuevamente se abra el telón de una nueva versión del Festival Iberoamericano de Teatro. Sin lugar a dudas, mucha adrenalina correrá mientras tanto, pero no por eso dejará de gozarse la noche esta mujer de acento argentino y alma de caribeña

Tomado del periódico El Espectador, 4 de septiembre de 2005


 

 

Fanny Mikey

Por Hernando Corral G. ,Periodista

Lo único que podría delatar a Fanny Mikey de no haber nacido en Colombia es su marcado acento argentino y su herencia lunfarda salpicada con cachacas expresiones; por lo demás, es de una colombianidad tan exquisita como el aroma del café. Cuando en 1960 pisó Buenaventura, creyó estar en África. Llegó a nuestro país por amor: su compañero de esa época, el actor argentino Pedro I. Martínez, se encontraba en Bogotá contratado para realizar programas en la recién inaugurada televisión colombiana.

Su experiencia en la entonces machista y poco acogedora Bogotá hizo que Pedro y Fanny aceptaran la propuesta de Enrique Buenaventura de trasladarse a Calí para trabajar con la Escuela de Teatro de esa ciudad, que posteriormente se llamó Teatro Experimental de Cali (TEC).  Allí empezó a demostrar no solamente sus cualidades actorales, sino su visión financiera, explorando medios que permitieran a los actores vivir del teatro dignamente.  Así lo recuerda en sus confesiones a Humberto Dorado, publicadas en el libro Fanny Mikey: por el placer de vivir: "En ese momento mi vida -como lo fueron muchos años en Bogotá-era bien dura, porque yo ensayaba, limpiaba el piso, hacia la contabilidad, viajaba a cada lugar para organizar las funciones, regresaba a ensayar-desde entonces empecé a sufrir de tensión alta-, porque sin dormir y sin nada, yo seguía trabajando".

Esa capacidad de trabajo y su tenacidad y convencimiento de que no debía botar la toalla ni en las peores circunstancias, la llevaron a convertir en realidad retos como el de realizar el Festival Iberoamericano de Teatro, que el próximo año llega a su décima versión. Desde la creación del Teatro Nacional, del Teatro de La Castellana y de la Casa del Teatro, ha traído a Colombia los espectáculos teatrales que sólo personas privilegiadas podrían ver en los principales escenarios del mundo.

¿Cuánta de la buena imagen que tenemos en algunos auditorios del mundo se la debemos a Fanny? ¿Cuánto del progreso de nuestros actores es producto de esa capacidad empresarial de esta `gocetas e irreverente mujer, que aún hoy escandaliza a unas cuantas mojigatas? Porque Fanny es Fanny. Producto de una sociedad como la argentina, con concepciones mucho más avanzadas en el campo cultural y sin apego a ciertos fetiches que todavía conservamos como herencia de la colonización española. No es extraño, por eso, que la primera impresión que Fanny tuvo de Bogotá fuera tan negativa, hasta el punto de querer regresar a Argentina, decisión que finalmente revocó gracias al amor de Pedro I Martínez y al ambiente cultural como el que se vivió en esos años, y en los posteriores, en Cali.

Recibió la nacionalidad colombiana de manos del entonces canciller Indalecio Liévano pocos días después de que un funcionario del Estado la descalificara por haber firmado una carta de solidaridad con el cineasta Carlos Álvarez, quien había sido detenido. Liévano, canciller de Alfonso López y reconocido historiador, en rechazo a ese acto chauvinista, la declaró ciudadana de nuestro país.

Esa es nuestra Fanny Mikey, que a lo único que aspira es a morir en las tablas, sin preocuparle qué dirán de ella los historiadores, pues la historia del teatro como en el arte, la transmiten los espectadores leales y conscientes de que el espectáculo, pase lo que pase, debe continuar.

Tomado de la Revista Semana Edición 1224. 17 de octubre de 2005


 

 

La mujer nocturna

Por Germán Gélvez M.

EIla es la primera dama de las tablas.  Cuando sus amigos le hacen bromas, diciendo que su nombre aparece en los periódicos con más frecuencia que el de cualquier famoso mandatario, ella lo toma como  algo apenas natural: han pasado ocho períodos presidenciales desde el día en que entró a la escena de nuestro país. Hacía café concierto en su tierra y terminó quedándose de con cierto en la tierra del café.

Ella es también alumna permanente de la universidad de la vida en jornada nocturna. "Yo siempre fui de la noche. Siempre, siempre. El pasado 31 de diciembre, en una tomata genial que me pegué con Amparo Grisales y Ricardo Dávila en las Islas del Rosario, bebiendo champaña sin emborracharnos, les decía: Cuando escriba el libro de mi vida, la gente puede pensar que encontrará comentarios como por ejemplo: ¡uuuyyy qué linda fue tal obra de teatro! ¡Qué lindo, me encontré con la gente más divina! No señor. Voy a decir que todo lo que soy es porque desde los 13 años viví de noche. Todo lo que aprendí en la vida, lo aprendí de noche.

»Me decían loca trasnochadora porque salía de función a las 2 de la mañana y buscaba algún sitio donde tomarme un trago y charlar por lo menos hasta las 5. Como a esa hora todos los lugares, digamos conservadores para mí, están cerrados, pues entonces uno se dirige a los bajos fondos. Yo respeto la gente de los bajos fondos y ellos también me respetan. Ahí es donde uno aprende mucho de la vida. Yo miro a alguien y en seguida puedo saber si es una persona de la noche o no. Eso se siente, porque además tenemos un lenguaje especial.

»Antonio Morales escribió el reportaje más bello que me han hecho. Fue una noche. Nos tomamos una botella de vodka; mejor dicho, él se la tomó y yo le robé dos tragos, terminamos la entrevista a las 8 de la mañana y describió mis andanzas de tal forma, que al leer sentí que no era yo. Es de noche cuando me relajo y puedo estar tranquila, cuando no tengo que pasar al teléfono, ni siento el peso de las responsabilidades, porque vivo enferma de responsabilidad. Nunca me importó tener 50 mil arrugas, nunca le niego un minuto a la noche si encuentro a una persona con quien hablar. Si no, me dedico a la lectura en mi casa. Duermo muy poco, tres o cuatro horas."

Fanny Mikey habla derrochando inusitadas coherencias, en parábolas de su propia cosecha ceñidas a la fogosidad de su espíritu y sus pasiones eternas, entregando desprevenidamente toda la vitalidad de su existir. Nunca ha contado su historia de día y esta es la primera vez que lo hace, mientras almuerza, porque no hay más tiempo, porque mañana estará de turista, con su nostalgia porteña, en Buenos Aires.

NO ME ASUSTA LA EDAD QUE TENGO

"Mi cuento, mi verdadero cuento es que tengo muchas ganas de vivir, que tengo proyectos, que todavía me sorprendo con la vida y me deslumbro. Estoy muy bien conmigo. Todo lo que sé es producto del tiempo que he gastado para aprenderlo. No me asusta la edad que tengo. Quisiera tener días de 48 horas por que siento que estoy en mi plenitud. Mi mente está clara, mi corazón funciona perfectamente... y lo de abajo ni se diga, querido. Aprovecho cada minuto y cada día estoy más feliz con lo que hago. Ese es mi cuento diario, lo demás es lo de menos. Póngale los adornos que quiera."

Fanny nació en Buenos Aires, de padres lituanos. Creció en ese ambiente gaucho-europeo, entre costumbres italianas y españolas, entre judíos y cristianos. Era una niña de clase media burguesa, aplicada y estudiosa de los existencialistas: Sartre, Camus... la literatura francesa,  Emile Zolá, Anatole France. Leer y mirar el tren, ver 10 veces la misma película en blanco y negro y mirar el tren, imponer su rebeldía, vestir de negro, con la cara blanca, dos líneas negras debajo de los ojos y mirar el tren, La piquiña del teatro le entró un día, asistiendo a un ensayo en el club del cual eran socios sus padres. La probaron por casualidad y ¡pum!

"En ese momento les pareció muy lindo, me aplaudieron, resultó . gracioso. Pero cuando esa obra tuvo éxito y la sacaron para el Teatro Nacional en la calle Corrientes, se armó la podrida. Me cortaron los víveres y me encerraron. Incomunicada, busqué la forma y me escapé de la casa a los 16 años. Más o menos así comienza la historia de mi vida.

»Por supuesto nunca había trabajado. Fui recepcionista en una empresa que tenía ocho obreros y salí de gerente cuando tenía una planta de 400 empleados. Fue de los 19 a los 21 años. Al mismo tiempo estudiaba de noche. Ahorré dinero para comprar un apartamento y tuve la suficiente voluntad para dejar un sueldo muy bueno y dedicarme a la actuación. ,

»Había un programa de televisión que se llamaba Tarde de vosotras: Yo hacía gimnasia y tenía muy buen cuerpo. Dos veces por semana hacía un programa de 5 minutos de ejercicios. Con lo que ganaba compraba emparedados y me daba el lujo de hacer teatro independiente.

» Había tenido un novio, Pedro I. Martínez... no, esto es muy largo para contarlo de día. Fuimos novios cuando yo tenía 18 años. Nos separamos, él se casó, yo me casé, él se fue para Colombia. Un día, a mis 24 años, .llegó de vacaciones a Buenos Aires y duramos seis meses despidiéndonos, salíamos apenas a comprar pizza... no quería irse porque el amor también se iba, aquellas cosas locas.

»Al fin se fue. Desde Bogotá me mandaba cartas de 20 hojas, me decía que estaba en la Atenas suramericana, que tenía que ir, ir, ir, ir. El encoñamiento mío fue tenaz, que aunque quería estar con otro tipo, siempre pensaba en él. Entonces puse en alquiler el apartamento y me vine en barco, con Esteban Cabezas y Boris Roth, un viaje para echar todo un cuento. Imagínate, , venir del asfalto, del mundo urbano de Buenos Aires, llegar a Buenaventura, coger un autoferro y -llegar a Bogotá, que de Atenas surarriericana no tenía un culo, .querido, lo único que tenía era Telebolito. La televisión colombiana era tan idealista que hacía El proceso, de Kafka, en directo. Una época loca, tremenda. Me quería ir, entonces apareció Enrique Buenaventura y me propuso ir a Cali y me enamoré de esa ciudad. Ese sí era el trópico. Mi casa era el Aristi,  el Teatro Municipal, Bellas Artes y Juanchito..."

De repente, Fanny Mikey queda en silencio, con la evocadora mientras termina un plató de espaguetis en un restaurante italiano. Puede hablar y comer a la vez. Ahora mismo siente una especie de llenura; no tanto por el almuerzo como por la cantidad de historias que le hacen un nudo en la garganta y que no pueden salir de día.

"Hablemos de noche, no te imaginas lo que lo voy a contar."

Tomado de la Revista TV y Novelas No. 008, 4 de febrero de 1991


 


Ser actriz era peor que ser puta

Los actores de teatro gesticulan más y usan un maquillaje más fuerte que los de televisión. Son notorios. Fanny Mikey, sin duda, lleva la notoriedad del teatro incluso fuera de las tablas. El primer escándalo de Fanny en Colombia ocurrió apenas se bajó, en Buenaventura, del barco que la traía desde Valparaíso, Chile.  Pedro Martínez, su amor de Argentina, la esperaba en el muelle, pero otro hombre se le acercó y le cogió las nalgas. Fanny le soltó un "madrazo" implacable y el barullo que se armó fue memorable.

En 1959, recién llegada al país, Fanny se hizo notar dentro de una sociedad pacata que veía como un atrevimiento el hecho de que una mujer usara un vestido de baño de dos piezas, o que, peor aún, "entrara a los cafés para hombres en Cali sin ser copera", como ella lo recuerda.

A pesar de ser argentina, como  lo sigue delatando su marcado acento porteño, después de 47 años en este extremo del continente, Fanny es profundamente colombiana. El episodio mediante el cual obtuvo su nacionalidad fue digno de un sainete. A mediados de los setenta, durante un festival de teatro de Manizales, el director de cine Carlos Álvarez fue arrestado por sus ideas izquierdistas. Fanny encabezó una lista de firmas en una carta abierta en protesta por el hecho. Un funcionario estatal salió a descalificar su posición por su condición de extranjera, pero le salió el tiro por la culata cuando el propio canciller Indalecio Liévano le otorgó a la actriz la nacionalidad colombiana. Alvarez fue liberado, el nombre del funcionario quedó en el olvidó pero el de Fanny sigue en boca de todos.

Los escándalos de Fanny no han sido por episodios turbios sino, simplemente, notorios. Cosas de artistas. Como en 1960, cuando se convirtió en la primera mujer que posó desnuda en Colombia. Lo hizo para el fotógrafo Hernán Díaz, cuyas imágenes aparecieron en el libro La vida publica. "Después de esas fotos recibí toda clase de propuestas indecentes", dice Fanny al recordar la reacción del público masculino, especialmente en una época en la que "ser actriz era peor que ser puta".

A finales de los 70 Fanny estuvo encarcelada en Santa Marta por su propia voluntad. El jefe técnico del TPB fue detenido por la policía tras encontrarle un poco de marihuana. Esa tarde había función y Fanny se las arregló para convencer a los policías de dejarlo salir a trabajar, diciéndoles que mientras tanto, ella ocuparía su lugar. Esa es Fanny, la que no dudó en romper tabúes, y la que no tiene reparos en hacer un sacrificio con tal de que la función -como aquella tarde en Santa Marta- pueda continuar.

Tomado de la Revista Jet-Set, Edición No. 100, 10 de junio de 2006


 


Un brindis

Por el público: el Festival. Por el Festival: Mi razón de vivir. Salud

Han sido veinte años de creer en nuestra capacidad para crear, mantener y hacer crecer una fiesta que los bogotanos sientan como propia y con la que Colombia le ofrece al mundo un evento cultural del mejor nivel.

Desde 1988, cuando un grupo de quijotes decidimos embarcamos en una empresa que para muchos era una utopía imposible de realizar, hemos contado con el apoyo de un público fiel a incondicional, al que le debemos que el Iberoamericano de Teatro de Bogotá sea el festival teatral más importante del mundo, y que este sueño continúe floreciendo para ser cada vez más diverso, más democrático y más completo.

El Iberoamericano se ha consolidado como "un acto de fe en Colombia" y, con la convicción de que el enriquecimiento de la vida cultural genera transformaciones en todos los ámbitos de una sociedad, ha sido artífice y testigo de cambios profundos en el país. Conquistar otros públicos, tener una muestra de las diferentes tendencias, propuestas y lenguajes de las artes escénicas de los cinco continentes, llegarles a todos los sectores y darle a la cultura un lugar primordial en el país ya no son ideales lejanos. 

Este año tenemos nuevos escenarios, más presentaciones gratuitas, un intercambio cultural con 43 países y Reino Unido como invitado de honor. Habrá espectáculos con la más avanzada tecnología, artes de calle, circos, una muestra de teatro contemporáneo, de vanguardia, reinterpretaciones de los clásicos y toda una Ciudad Teatro que en sí misma es un festival diseñado especialmente para disfrutar en familia. Y como siempre, tenemos la ilusión de que el mejor festival será es te. Estamos a la expectativa de la fiesta que se vive en Bogotá cada dos años, de ver cómo la ciudad se une en una celebración colectiva al rededor de la cultura y del civismo, de asumir el reto de ofrecer to mejor a los 3000.000 de espectadores y de contagiar al país entero con la magia del teatro. Con el corazón lleno de alegría, podemos afirmar que en el 2008, mientras celebramos nuestra edición número once, cumplimos dos décadas de sueños realizados y satisfacciones. Los invitamos a que nos acompañen a esta nueva fiesta que es de ustedes, por la vida, por Colombia y por el teatro. ¡Déjense abrazar por el Festival!

Fanny Mikey
Tomado del suplemento Guía del Festival de Teatro, de El Tiempo, marzo de 2008


 

¡Adiós, Fanny!

por Andrés Hoyos

Sus años de oro fueron sin duda los 80 cuando, en medio de una gran crisis nacional, creó el Festival de Teatro y transformó a Colombia.

Mientras que a los colombianos de a pie Fanny Mikey les iluminó la vida, a sus amigos y familiares no sólo nos la iluminó, sino que nos la alegró, nos la lloró, nos la puso patas arriba y se nos sentó en medio como una presencia indispensable. No me nace, sin embargo, despedirla en clave de tristeza ahora que tuvo el mal gusto de morir de forma intempestiva, dejando en muchos de nosotros un gran hueco. A ella, que no consentía sino con gran reticencia en que se hablara de la muerte, de todos modos le alcanzaron los alientos para pedir fiestas en su funeral, y su voluntad se ha estado cumpliendo: nada más el sábado en la noche en el teatro de La Castellana se cantó hasta la madrugada y se sintieron ovaciones tan sentidas que uno pensaba que era apenas cuestión de tiempo antes de que Fanny se levantara del ataúd a participar en el foforro.

Qué la hacía diferente? Sí, era talentosa, inteligente, incansable y a veces drástica en sus decisiones, tenía visión y era una líder nata, pero esas cualidades, aun que escasas, se encuentran por ahí. Lo esencial, lo que la hizo única a imprescindible, fue esa obstinación casi suicida con la que perseguía hasta el final sus intuiciones más locas. Dicho de otro modo, Fanny nunca padeció del complejo de inferioridad que es endémico en un país averiado como Colombia y que nos lleva a recortarlo todo al tamaño de nuestro miedo. Ella, a cambio de miedo, tenía un instinto épico que le permitía desconocer las escalas en las que siempre se inscribe la pequeñez. Así, su vida fue un formidable crescendo.

Recordémosla en su momento de oro. Corría la segunda mitad de los años 80 y Colombia estaba en caída libre, debido a una infortunada complicación de males. Pablo Escobar y sus secuaces se habían adueñado de grandes trozos del país y emprendieron la senda sin retorno del asesinato en masa. Por su parte, el Cartel de Call empezó a comprar políticos al por mayor sin que los comprados le hicieran mucho asco al asunto. En noviembre de 1985 un comando deschavetado del M-19 se tomó el Palacio de Justicia con la idea de enjuiciar al presidente Betancur por traición a la patria y vino una hecatombe de la cual no nos reponemos: fue descabezado el sistema judicial cuando la justicia era más necesaria que nunca. En lo profundo de la selva el Secretariado de las Farc acogió la idea macabra de que para hacer por fin la revolución tomaría el atajo del narcotráfico y multiplicaría los secuestros. Esto los llenó de plata y alimentó en sus obtusos dirigentes la ilusión de que podían llegar al poder por las armas. La escalada narcótica de la guerrilla terminó por despertar del todo a la semidormida bestia del paramilitarismo, que había despuntado esa misma década con el MAS (Muerte a Secuestradores). íbamos, pues, abismo abajo, y el país no parecía reaccionar.

Se dio entonces una ocasión casi convencional. Bogotá cumplía 450 años de fundada en 1988, y sin saberse del todo por qué pues la ciudad pasaba por una época de indolencia colectiva, un grupo de amantes del teatro, encabezados por Fanny, decidieron que merecía un gran regalo de cumpleaños. Aferrada a eso y a la existencia de un pujante festival en Caracas (hoy desaparecido) que minimizaría costos a la hora de traer grupos de primer orden, Fanny se libró a la titánica tarea de organizar el primer Festival Iberoamericano, cuyo lema se recuerda: "Un acto de fe en Colombia".

Yo creo, con todo, que fue más que eso. A la luz del contexto en el que vivíamos, es imposible minimizar el significado de este evento seminal. A mi juicio, el festival logró que el vapuleado país diera un viraje espiritual. El mensaje implícito, casi de estirpe shakespeariana, nos decía: hay más cosas en cielo y tierra que las que alcanza a temer tu pánico. Fanny demostró que la cultura es más que una aconductada Cenicienta intrascendente que se va adormir a medianoche. Enviando las zapatillas de cristal al demonio y retando a las madrastras y hermanastras del país, Fanny y sus muchachos se adueñaron cada dos años de la Semana Santa con un evento de alegría multitudinaria.

De hecho, el país violento se encargó de recordarle a Fanny, por si hacía falta, que estaba ahí. Durante la primera edición del festival estalló una bomba en los baños del teatro de la calle 71, y si no hubo muertos ese día fue porque los dioses del teatro estaban custodiando las puertas de los baños. Recuerdo bien el episodio pues iba para el Ye peto de Roberto Cossa, pero no alcancé a llegar. Luego me enteré de la bomba. El crimen nunca se esclareció del todo y me consta que a Fanny, 20 años después, el tema seguía sin agradarle ni poquito.

Los años 80 fueron la década prodigiosa de Fanny En 1981 fundó el Teatro Nacional y de ahí los montajes no se han detenido. Primero vino la sede de la calle 71; luego, se agregaron la sede La Castellana y la de La Casa del Teatro en la antigua sinagoga de Teusaquillo. Los malquerientes de Fanny, que los tenía como cualquiera que rompa y rasgue en este mundo, la acusaron de hacer demasiadas concesiones al público. Pues bien, su gusto por hacer con cesiones al público le llegó temprano, en parte como cura de un sarampión mamerto que aquejaba a las tendencias mayoritarias del teatro de posguerra en el mundo y en Colombia.

En los años 60 Fanny fue el alma de los Festivales de Arte de Cali, probando la pulsión épica que da ría tan espléndidos frutos veintitantos años después. Ya en Bogotá, para divertirse a independizarse económicamente fundó "La Gata Caliente", una sede de café-con cierto de gran éxito en el norte. Aún recuerdo los circulitos con céntricos de neones de colores en el rabo de la gata llamándonos a todos los felinos de la ciudad a que acudiéramos acortejarla.

Claro que de "La Gata Caliente" al Festival Iberoamericano de Teatro media un triple salto mortal. No voy a hacer la lista exhaustiva de los grupos y las obras que han venido al evento cultural más importante del país. Me tendría que comer medio periódico y, además, supongo que cada cual habrá guardado en la memoria sus favoritos. Yo pongo cuatro que me suscitaron particular entusiasmo: Las criadas, de Genet, del Teatro Satiricón de Moscú; Arlequín, según el montaje del Piccolo Teatro de Milán, de Giorgio Strehler; El vestido, de Peter Brook, y el Boris Godunov de Declan Donnellan.

Fanny será recordada como la más importante gestora cultural de estas décadas en Colombia, si bien era mucho más que eso. Como actriz, el papel más memorable en el que la vi fue Marta en la tremenda obra de Edward Albee, Quíén le teme a Virginia Woolf También hubiera podido ser una gran directora teatral, como se vio con el impecable montaje de Monólogos de la vagina, pero su pongo que esa faceta la dejó para una futura reencarnación.

Y, como las fiestas también tienen un fin, un mal sábado 16 de agosto en la madrugada Fanny se nos fue. La gran finale, en vida, fue sin duda la clausura del XI Festival, con la puesta en escena de fuegos artificiales de la Compañía F de Francia, que ella ya había querido traer en 2006 pero que no pudo, debido a la maraña de permisos necesarios en un país acostumbrado a temer y a controlar otro tipo de explosivos. Esta clausura es el espectáculo piro técnico más extraordinario que he visto en mi vida, y he visto muchos. El festival congregó a un total 3320.000 espectadores, 480 mil de ellos sentados en salas. Fanny estaba feliz, los espectadores también lo estábamos. ¿Qué más se puede pedir como antesala de una despedida amorosa? Ahora, en cambio, somos miles y miles los huerfanitos.

Tomado del periódico El Espectador, 18 de agosto de 2008


 

 


QUERIDA FANNY

La Revista Semana evoca la vida y la obra de la mujer que transformó el teatro en Colombia

"Me pertenezco al público y de mi adentro lo único que me interesa es el amor de mi adentro lo único quo me interesa es el amor"

Las miles de personas agolpadas en el Parque Simón Bolívar para el cierre del pasado Festival Iberoamericano de Teatro le hicieron su declaración de amor a esa mujer de pelo rojo alborotado. voz ronca, sonrisa amplia y largas piernas. quo desde hace más de seis décadas se entregó de lleno al público colombiano. Los fuegos artificiales de la compañía F de Francia parecían volverse más intensos al ritmo del multitudinario grito: "¡Fanny, Fanny, Fanny, te queremos!". Eso es lo que siempre ha producido Fanny Mikey, devoción y agradecimiento quo sólo se tiene hacia aquel que lo ha dado todo.

Alguna vez el poeta nadaísta Gonzalo Arango la describió como uno de "esos seres tan vitales que con su energía, Colombia podría mandar su primer cohete  a la Luna.   Incluso uno puede imaginarse perfectamente que Dios, después después de hacer de la nada ese monumento que es Fanny, se acostó a hacer la siesta y se durmió sobre los laureles".  Y tenía razón porque esa energía ni siquiera se le agotó cuando entró a la Unidad de Cuidados Intensivos de la clínica Sebastián de Belalcázar en Cali a causa de una afección renal. "El miércoles no hizo más que  llamara Bogotá pidiendo reportes de taquilla, preocupada por el estreno de Closer",  cuenta Mónica Suárez, jefe de prensa del Teatro Nacional.

Sus mañas de dormir muy pocas horas al día. trabajar de las 6 de la mañana a las 12 de la noche y nunca comer bien, nacieron de su pasión por el trabajo, su vida. De hecho, fueron las responsables de su tensión alta. "Soy la única judía devota de María Auxiliadora ¿y cómo no serlo, si he estado ocho veces en cuidados intensivos v siempre me ha salvado?",  era la frase recurrente para disculpar esos excesos v ratificar esa terquedad quo la ha hecho invencible. En últimas, mostrar que. sin importar los obstáculos. estaba dispuesta a aferrarse a todos los medios divinos v humanos para lograr su cornetido, hacer teatro para todos. Sacar el mundo de las tablas de las minoritarias esferas de los intelectuales y llegarle al ciudadano del común para quo pudiera disfrutar de él y pasar un buen rato. Para divertirse. Porque lo mismo ha disfrutado al hacer un café concierto-fue la primera en crear uno en Colombia con La gata caliente-, un monólogo político, un musical, una comedia, que una obra de García Lorca. Shakespeare o lbsen. Una versatilidad quo le ha alcanzado no sólo para actuar sino también para dirigir, gerenciar, producir, escribir y hasta vender boletas.

De no ser por su empuje, Colombia no tendría el festival de teatro más grande del mundo. Una empresa quo ya tiene 20 años, a pesar de haber empezado con el pie izquierdo. Gustavo Vasco Muñoz. presidente de la junta directiva de la Fundación Teatro Nacional v compañero de lucha de Fanny desde hace 40 años, recuerda quo cuando iban a inaugurar el primer Festival Iberoamericano, una bomba quo explotó en el baño del Teatro Nacional de la 71 puso en vilo su realización. "Entre los grupos invitados llegó uno de Brasil que cuando estaba en el aeropuerto hizo una payasada ridiculizando a la Iglesia, lo que al parecer no le causó ninguna gracia a un grupo de derecha. Sin embargo, Fanny apareció ante las cámaras diciendo: Nos pusieron una bomba, pero el espectáculo continúa ". Con ella ha pasado lo mismo que con la famosa cábala de los teatreros: para quo las cosas salgan bien en escena, nunca se desea buena suerte, sino mucha mierda

Extraído de la Revista Semana, Edición 1372, 18 de agosto de 2008