Judy Henriquez

Barranquilla, Atlantico

Actores

Personaje

 


Judy Henríquez

actriz

   
 

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Actriz - filmografía
(1990s) (1960s)
 
Década 1990:
  1. "Chepe Fortuna" (2010) ... Josefina
  2. "El fantasma del Gran Hotel" (2009) ... Susana
  3. "Las trampas del amor" (2009) ... Eugenia
  4. "La saga, negocio de familia" (2005)
  5. "La Vida en el espejo" (México) (1999) TV Series .... Cayetana Román
  6. "Tentaciones" (México) (1998) TV Series .... Mercedes Villegas de Segovia
  7. "Juanas, Las" (1997) TV Series .... Doña Doña
  8. "Eternamente Manuela" (1995) TV Series
  9. "Momposina" (1995) TV Series .... Rosa Lenoit Momposina (Adult)
  10. "Sueños y espejos" (1995) *
  11. "Señora Isabel" (1993) TV Series
  12. "Escalona" (1992) TV Series .... Vieja Sara
  13. "Inseparables" (1992) *
  14. Que no le pase a usted *
Década 1980:
  1. "Calamar" *  (1990)
  2. "San Tropel" (1987).... Lola Ortiz *
  3. Con su música a otra parte (1983)
  4. "La casa de piedra" *
  5. "La abuela" (1981) **
  6. "El viejo" *
  7. "El Virrey Solís" (1981).... La Marichuela *
  8. "Julián" * (1980)
  9. "La bruja de las minas" *
  10. "Flor de fango" *
  11. "La estrella de las Baum" *
  12. "Electra" *
  13. "Camelias al desayuno" *
  14. "Siempre viva" *
  15. "El infierno" *
  16. "La cautiva" *
  17. "La intrusa" *
  18. "El ángel de piedra" *
  19. "Zarabanda"  *
  20. Teatro de Bernardo Romero Pereiro
Década 1970:
  1. "Antón García" (1975) .... una beata buena hija de Anton García
  2. "Candó" * (1970)
  3. "Estafa de amor" *
  4. "La envidia" * (1974)
  5. "Vendaval" * (1974)
  6. "La vorágine" * (1975)
  7. "La feria de las vanidades" * (1975) (Premio Antena de la Consagración)
  8. "recordarás mi nombre" * (1977)
  9. "La mala hora" *
  10. "Un largo camino" * (1978)
  11. "El caballero de Rauzán" .... Arabela * (1978)
  12. "La abuela" ..... Teresa, La Villana * (1979)
  13. "Cachaco, Palomo y Gato" *
  14. "La Ralea" *
  15. Teatro popular Caracol *
  16. Presentadora del musical Exitos 1978-79 *
  17. Dialogando *
Década 1960 y anterior
  1. Cada voz lleva su angustia (1965) .... Teresa
  2. "Destino, La Ciudad" * (1967)
  3. "Dos rostros y una vida" * (1969)
  4. Viaje al pasado *
  5. Buenas noches domingo *
  6. Pequeño teatro *
  7. "0597 está ocupado" (1959) 


Vamos al grano 
"La mala hora"

 

 
 
Información parcial cortesía The Internet Movie Database. Con permiso
*  Información gentilmente suministrada por el periodista Fernando Sarmiento, 2005, de Barranquilla
** Dato tomado del libro Largometrajes colombianos en Cine y Video, 2005
 
 
 


LA SEÑORA JUDY

por Juan Carlos Insignares

A pesar de que jamás se le cruzó por la cabeza ser actriz y de que todavía conserva como recuerdo inoficioso el diploma de periodista de la Universidad Javeriana, Judy Henríquez ha interpretado una docena de papeles memorables que hoy forman parte del patrimonio de la televisión nacional.

"Soy actriz por lambona; dice, y recuerda la  historia de cuando acompañó a su hermana mayor para que modelara en un comercial de televisión. Fue la única vez que Meggy, su hermana, desfiló y, en cambio, fue el primer peldaño en la escalera triunfal de ella. "Tenía 17 años, me gustaba modelar y no tenía ninguna aspiración como actriz" Sin embargo, ya en la universidad había tenido su primer contacto con la actuación en obras de teatro estudiantiles. Incluso, un profesor alguna vez le dijo: "Judy, dedícate a la actuación" Ella no le creyó

Pero sí le interesó modelar porque le pagaban 25 pesos, una fortuna para la época.

Sin embargo, el director Eduardo Gutiérrez la llamó como extra de la novela 0597 está ocupado. Y se interesó más por la paga que por actuar: 30 pesos de 1962.

Pero el gusano de la actuación no solo la picó, sino que le envenenó la sangre, al extremo de concluir que su vida estaba frente al público.

De extra pasó a ser la coprotagonista mala que les hacía la vida imposible a las protagonistas buenas como María Eugenia Dávila, Raquel Ércole y Rebeca López.

Hasta que llegó Destino: la ciudad, la novela que la lanzó al estrellato, al lado del ya fallecido Álvaro Ruiz (un campesino cantante) y con Dora Cadavid (la novia de Ruiz) como antagonista.

En esa novela, Judy conoció a un joven flaco y desgarbado que hacía el papel de bobo, pero que tenía dos pergaminos interesantes: acababa de terminar sus estudios de cine en Italia y era hijo de Bernardo Romero Lozano, revolucionario de la radio y pionero de la televisión.

EL NOVIAZGO

Cuando conoció a Bernardo, no la tramó. "Tenía aire inteligente, no más", recuerda. Además, en esa época ella era la novia enamorada del también actor y director Carlos Duplat. Pero éste ganó una beca en el exterior y Judy fue a despedirlo acompañada de Bernardo. Ella, Ilorona empedernida, se desahogó en el hombro de Bernardo, el amigo de Duplat. Y el amigo de Duplat, a punta de coqueteos descarados a invitaciones a almorzar, terminó ganándose el amor de la actriz, aprovechándose de la lejanía del novio oficial.  Iniciaron el romance. Sin embargo, las ambiciones escénicas de Judy la llevaron a embarcarse en un viaje por Centroamérica, pero en México recibió una carta de Bernardo con una media verdad: le decía que regresara para protagonizar una novela que él había escrito para ella. La otra media verdad era una propuesta de matrimonio frente a los padres y 12 hermanas de Judy. Ese día, Bernardo jugó en terreno enemigo. "En mi casa adoraban a Duplat y no veían con buenos ojos a Bernardo. Terminaron adorándolo. Nos casamos en 1968".

Fue un matrimonio ejemplar, con dos hijas que, como tenía que ser, están ligadas a la televisión: la actriz Adriana y la libretista Jimena.

Juntos, Judy y Bernardo, escribieron muchas de las páginas históricas de la televisión colombiana; él desde la máquina de escribir (y el computador) y ella delante de las cámaras (El caballero de Rauzán, La cautiva, Señora Isabel, La saga, negocio de familia...) Fuera de los sets, jamás se escucharon escándalos ni rumores sobre su vida privada. "Fue un matrimonio extraordinario", dice Julio César Luna. "Ejemplar en todo el sentido de la palabra".

AQUELLOS TIEMPOS

Las últimas cuatro generaciones de colombianos han crecido con la presencia de Judy Henríquez en sus hogares. La historia de las telenovelas ha estado ligada a su propia vida, desde sus inicios. "La época de la televisión en vivo fue maravillosa. Los actores éramos una familia. Recuerdo una escena al aire en que a mi compañero de escena se le olvidó su libreto. Dije mi parlamento y el de él, pero nada que se acordaba de sus líneas. AI final, él debía echarme un balde de agua en la cabeza, y tampoco lo hizo. No tuve más remedio: tomé yo misma el balde y me eché el agua encima".

LA CONSERVADORA

Sin saberlo, fue novia de un militante del grupo guerrillero M-19 y hasta alcanzó a conocer a su líder, Jaime Bateman; fue amiga cercana de varios exponentes del nadaísmo (otro movimiento revolucionario, pero de la poesía); vivió los albores del hippismo y la sicodelia, y convivió con las drogas setenteras. Pero ella siempre fue ajena a todo eso. Conservadora de actitud y partido, nunca simpatizó con la izquierda (aunque admiró al Che Guevara). Asegura que jamás probó las drogas y muy ocasionalmente se tomaba un vino en alguna reunión social. "El olor de la marihuana me fastidiaba; soy incapaz de inhalar algo por la nariz, y el olor del whisky me parece delicioso pero su sabor, espantoso; no sé a qué saben los hongos, pero sí usé minifaldas, bailé twist y rock & roll a iba a La Bomba, la discoteca de moda en la época, y fui una de las primeras mujeres colombianas en usar pantalones". Y asegura que la única bebida que le gusta es la champaña.

Sus amigos sostienen que ella era la zanahoria del grupo, y están en lo cierto: fue criada por una madre ultra conservadora, en su juventud nunca escuchó música en la Semana Mayor y vestía de riguroso luto el Viernes Santo. Ya como mujer casada, sus noches bohemias se limitaban a extensas jornadas de cartas, de póker y generala, sentada a la mesa con Rebeca López, Alí Humar, Pacheco, Eduardo Gutiérrez, su compadre Julio César Luna y, por supuesto, Bernardo.

En esas veladas, todos bebían, excepto ella.

Sin embargo, vivió 37 años al lado de un hombre que, tranquilamente, se tomaba un aguardiente a las 9 de la mañana.

"Cuando me casé con Bernardo, él no se tomaba un trago, pero su timidez y la vida social lo llevaron a que tomara bastante. En todos mis años de casada con él, jamás lo vi borracho. ¡Nunca! Y, sí, tomaba, y mucho. Tal vez era que él manejaba todo con el cerebro, porque ni siquiera comía".

UN AÑO SIN BERNARDO

"Desde que empezó la enfermedad de Bernardo, me preparé para la soledad. Yo hablo con él todos los días, le cuento mis cosas, tomo su foto que tengo en la mesita de noche y siento que me escucha. Sé que en este momento está a mi lado diciendo: ¡Qué bruta, cómo le cuentas eso al periodista! Hay personas que me dicen que lo deje ir, pero a mí no se me da la gana".

Tomado de la Revista TV y Novelas No.461, 15 de julio de 2006


 


Entre los solteros famosos en su tiempo

La mejor actriz joven de 1966 era, además, una de las grandes cantantes de la "Nueva Ola" colombiana, aunque menos popular que Lyda Zamora v Tany.  De todos modos, ganaba la no despreciable suma de 3.000 pesos por sus exclusivos y reservados recitales en griles y en programas de televisión.

La independencia económica la hacía una joven diferente, dedicada también al teatro, el modelaje, la locución de radio y el periodismo. Leía a lonesco y estaba a favor del divorcio, que por esa época era apenas una propuesta en Colombia.

¿Cuántos novios ha tenido y quién es el de ahora?, le preguntaron por esos días y ella contestó: "Me parece una pregunta muy fuerte. Creo que los suficientes. Mi actual novio es el director Carlos Duplat". Fuera de él, admiraba a James Bond. Lo encontraba buen mozo, pero estaba convencida de que "sería insoportable vivir con un joven tan genio".

Lo que más le atraía de un hombre eran la cara y la cabeza. Su pareja ideal era un hombre inteligente. "Mle chocan los hombres brutos", dijo Judy.

No envidiaba la publicitada libertad sexual de las suecas. "Es su mundo (...). Considero que debe haber un freno no excesivo en las cosas". Tampoco estaba a favor de una versión de la revista Playboy para mujeres: "La mujer ya tiene determinada imagen sobre lo que es el hombre y es inconcebible aceptarlo en actitudes que se le han adjudicado sólo a la mujer", explicó.

A su modo de ver, la animada Nueva Ola no era nada diferente en sus conceptos morales a la de los viejos. Más bien creía que había surgido como una necesidad del siglo XX, "cuya gente joven no espera llegar a vieja para lograr hacer algo".

Su matrimonio con el director Bernardo Romero Pereiro la sacó de la lista de las solteras famosas de la farándula. En el elenco de las mejores artistas, Judy Henríquez Lux sigue ocupando el primer renglón.

Tomado de la Revista Cromos - Solteros y solteras - 2006


 

 


JUDY HENRÍQUEZ

La vieja Sara de Escalona, la Momposina y la Señora Isabel han sido algunos de los más recientes personajes de esta mujer que comenzó en la TV en 1958, como modelo de comerciales y cantante. Su debut como actriz en pantalla fue en 1959, con un extra en la primera telenovela, 0597 está ocupado. Está casada con Bernardo Romero Pereiro y es mamá de Ximena, libretista, y Adriana Romero, también actriz.

Tomado del periódico El Tiempo, 11 de junio de 2004
 


Las estaciones de Judy Henriquez

por Sonia López

Hasta el 7 de julio Judy Henríquez repetirá una y otra vez que "un año pasa volando". Tiene que hacerlo para poder soportar esa angustiosa sensación de dejarlo todo, de separarse de los suyos, familia, amigos, trabajo; de todos aquellos afectos construidos durante años, que en los días que precedieron la partida le guiñaron una y otra vez, como queriendo irse en el equipaje.

A punto de partir; debió atrapar en los sentidos el olor de las madrugadas, el color de los parques, el murmullo de las voces amigas. El último tiempo se le fue en ello, en terminar de grabar Inseparables, ir a almuerzos y comidas, responder llamadas y despedidas, en elegir la ropa para un año de estaciones, decidir el destino final de su casa, su carro, su finca, el perro...

En lo profesional, las expectativas del viaje parecían infinitas. Cuando recorrió las calles de Bogotá, camino a esta entrevista, sintió la ansiedad de conocer cosas nuevas. Llegó a la cita y habló de su intenso deseo de que en Milán se produzca el milagro, que funcione algo, que resulte una coproducción, que pueda tomar un curso de especialización... En fin, miró hacia el futuro negándose la posibilidad de dedicarse exclusivamente al descanso, esa instancia radicalmente ajena a su vida. Las preguntas en esta conversación fueron estaciones que se esfumaron en un viaje a través de emociones, recuerdos y cenizas. En hora y media Judy Henríquez sonrió a ratos, lloró dos veces y contó cosas de su vida. Habló de esos asuntos cotidianos de la vida de una profesional que es también madre y hermana, amiga y esposa; en fin, una mujer de este siglo.

Con la certeza de que para la familia era el momento más conveniente para cambiar de rumbo, viajó con su esposo Bernardo Romero y una de sus hijas. Allá se encontró con la mayor, quien ya inició sus estudios. Pero los días del adiós no fueron fáciles. Poco antes de su viaje pensó en la próxima Navidad, en sus hermanas, su carrera, su sueños, su país, sus amigos, sus colegas, su público, su pasado, su futuro y su regreso.

"Quise ser rebelde, pero no pude. Mi padre me apoyó, entendió lo que yo quería ser. Cuando iba a debutar, mi mamá murió y yo quedé de madre, con la responsabilidad de 14 personas detrás. Maduré muy joven, luchando contra la orfandad de madre y comenzando mi carrera profesional. Desde entonces he muerto muchas veces, me he casado otras tantas. Ese juego de interpretar hechos reales le da al actor una especial apreciación de la vida, una madurez forzada. El actor tiene que ofrecer la interpretación de un personaje; no serlo, porque te enloquecerías. Ahí es donde está la maestría. Por ese motivo, cuando termino una novela se acaba el personaje. Momentáneamente la gente me dice Vieja Sara, pero una vez termina, soy Judy Henríquez. No he permitido que ninguno de los personajes se apodere de mí, porque mi labor es interpretarlos. La Maruchuela, en El virrey, me golpeó bastante por que me gusta la historia y admiraba a esa mujer que desafió a la sociedad. La interpreté con fuerza. Es uno de los papeles que más me ha tocado. La Vieja Sara me trajo todas mis raíces costeñas, me revolcó. Cada personaje me deja algo, de vez en cuando cito sus frases.

"Es curioso, he hecho tres películas y no he tenido suerte. Me gustaría tenerla. En Escalona y con Sergio Cabrera aprendí que la paciencia, el diálogo permanente con el director, la repetición de tomas, todo eso, es fundamental en el cine. La próxima vez que haga una película voy a sentirme más tranquila, dentro de lo que es el lenguaje cinematográfico.

UNO

"Llegaré a un sitio donde no hay absolutamente nadie conocido, seguramente sentiré una tremenda soledad; estoy segura de que no ocurrirá que alguien me re conozca. Aunque aquí, cuando salgo de vacaciones o hago mercado, extraño el anonimato, el reconocimiento se vuelve una necesidad, comienza a formar parte de uno. Como allá no ocurrirá, de repente lo extrañaré.

DOS

"Ser esposa de director tiene ventajas. Bernardo es magnífico escritor y me asigna papeles importantes. El cree en mí y a veces escribe para mí. Pero tiene sus desventajas, porque la gente lo demerita a uno profesionalmente y reduce la cuestión a un asunto familiar. Jamás haré algo que Bernardo no crea que yo pueda hacer. Yo era ya una figura cuando me casé con él, pues comencé a los 17 años. El me ha dado cosas maravillosas: escribió Camelias al desayuno especialmente para mí, pero si yo no fuera buena actriz no hubiera resultado. En ocasiones le he pedido papeles y él dice: No, no es para ti. Me gusta decir esto, porque no todo lo que hace es para mí. Bernardo me pide opinión, me lee sus libretos. Tiene la costumbre de hablar duro cuando hace sus cosas, pero nunca decido yo. A veces, en cuanto a actores, soy su memoria y en ocasiones tiene en cuenta mis opiniones. 

TRES

"Sueño con tener una compañía de teatro. Nací en el teatro, me formé con Santiago García en el TPB. Después, la vida me hizo mujer de televisión, pero sigo pensando que el teatro es la verdad del actor, la prueba de fuego. En resumen, soy una mujer de televisión que sueña con el teatro y aspira a hacer cine. La televisión, definitivamente, es cada día más comercial, exige la mujer bonita, joven, en tanto que el teatro no; allí los repartos están establecidos y hay personajes para toda edad.

"No sé cuantos personajes he hecho; tal vez 200. Llevo 30 años de trabajo. He hecho de buena, de mala, de vieja, de loca, de cuerda. Uno de mis primeros papeles fuertes fue el de una mujer de 70 años; yo tenía 17.

"No he permitido que el aire frívolo que envuelve la televisión funcione para mí. Uno es una ficha dentro del juego de la farándula. Al principio fui carne de cañón, y tenía que serlo porque era un mundo muy pequeño, donde todos éramos amigos de todos. Tú decides si entras o no en el juego. Lo difícil en este medio es mantenerse, porque hoy en día se valoran otras cosas frente a las cuales uno pelea sólo con talento, con profesionalismo.

"Sueño con una casa de campo, sembrando matas, junto a mi marido y acogiendo a toda mi familia, hasta mis nietos, si los tengo. Soy llorona, anormalmente llorona. A la gente puede que le moleste, pero a mí no. En una época jugaba bolos, ahora me gustan las cartas, los casinos, el juego, la sensación de ganar o perder. Soy maniática de los crucigramas. No volví a cine porque Bernardo no soporta la papa frita. Odio estar de punta en blanco, me encantan los bluyines, los tenis... soy demasiado corriente, nunca me he considerado una estrella ni sabría cómo serlo. Vivimos bien dentro de lo que nosotros llamamos vivir bien: que cada china tenga su carro, tener finca... pero de resto, nada especial. Ni si quiera he organizado los tres cajones que tengo de fotos mías.

CUATRO

"Quise ser amiga de mis hijas porque con mi mamá nunca pudo ser así. Siempre les he dicho que para lo que sea, cuenten conmigo. Y ha funcionado.

"Con el diagnóstico equivocado sobre la supuesta enfermedad fatal de Bernardo, reafirmé mi creencia en Dios. No es que la hubiera perdido, pero a ratos uno la olvida.

"Me llamo Judith, pero desde pequeña soy Judy porque es más corto, más cariñoso y más sonoro. Nunca Judith de Romero o Judy de Romero. El único que por molestar me dice Judith es Pacheco.

"El gozo de la naturaleza lo he redé de mi padre. He aprendido a estar contenta conmigo misma, a conocerme hacia adentro. Como he sido de familia tan grande, tengo muy pocos amigos, pero muy buenos; tengo más amigos hombres que mujeres, me entiendo mejor con ellos. Los amigos están en la familia.

CINCO

"Un día le pregunté a Bernardo: ¿Te casarías conmigo otra vez, a los 25 años de matrimonio? No sé, me dijo; pero luego, viendo que era en Italia, aceptó y propuso que fuera en Venecia. Será una ceremonia muy nuestra, en la catedral.

"Un año es muy poco tiempo y nunca he pensado en no volver. Serán como unas muy largas vacaciones. De pronto podríamos quedarnos, no sé, pero la idea es regresar. De todas maneras la des pedida de mis hermanas va a ser terrible, sé que eso me va a dar duro. No hay nada especial que quiera llevarme, sólo fotos. Mis hermanas me hicieron un regalo el día de la madre. Me emociona acordarme. Es un collage de fotos de cada una de ellas, pegado en un cuadro, para que me lo llevara a Europa. Eso me parte el alma... fotos de ellas en momentos conmigo; hasta el perro está en el collage.

SEIS

Me gustaría que estando allá, alguien se acordara de mí y dijera: Este papel lo haría bien Judy Henríquez, traigámosla. Si eso no ocurre, cuando llegue me gustaría encontrar que nada ha cambiado, que todo es igual, que el público colombiano no me ha olvi dado... 

Tomado de la Revista TV y Novelas No.044, 5 de julio de 1993


Señora Actriz

por Luz Adriana Velasco

Judy Henríquez llora todas las noches desde hace tres años cuando habla con la foto de su esposo, Bernardo Romero Pereiro y le cuenta cada cosa que le pasa en su vida terrenal. Aunque todavía le cuesta trabajo hablar de él y sabe que la tildan de loca, no le importa, porque simplemente "no lo quiero dejar ir", dice.

"Muy seguramente esta noche le contaré que estuve con la periodista de EL TIEMPO, que hablé de él, de mí... Hablo mucho con él", dice la actriz que, tras 45 años de oficio en el medio, sigue haciendo personajes relevantes en las historias del horario prime, como el de Susana en El fantasma del Gran Hotel o el de Eugenia en la telenovela Las trampas del amor, que se pasa actualmente.

También se ríe: 66 años de vida -nunca ha ocultado su edad- le dan a esta barranquillera con alma cachaca el recorrido necesario para contar todo tipo de anécdotas: su ingreso al medio, que comenzó a los 16 años; su paso por la música, como cantante; su vida como modelo en comerciales, su historia como la rompe corazones, su experiencia como mamá, su trayectoria como actriz, su vida de viuda e incluso la gloria de sentirse vigente en un medio en el que cada día la juventud y la belleza pesan más sobre el talento.

Vestida de negro, con la cabeza erguida y con el distinguido caminar de señora imponente, Judy Henríquez saluda amablemente. Se sienta en una poltrona y comienza a recordar sus inicios.

Fue la segunda de 15 hermanos, 13 mujeres y tres hombres -seis costeños y el resto, bogotanos-. Y se convirtió en la matrona de todos cuando su mamá falleció, muy joven. La familia nunca se desintegró . Su padre, Max Henríquez, dibujante comercial, hacía todo lo posible por conservar todo, y cada año los llevaba a la costa para que disfrutaran del mar y pasaran todos juntos las navidades.

También vivió de cerca el Bogotazo. Asomada desde una ventana en un apartamento de Chapinero veía correr a la gente, pasar policías, carros. "El alboroto era total", cuenta.

Después, llegaron las oportunidades para la televisión, aunque reconoce que terminó metida en el medio por lambona: a su padre un día le dijeron que necesitaban una modelo y le preguntó a su hija Meggy si quería ir. Judy se pegó a la caravana y se quedó.

Empezó modelando, hizo en vivo comerciales de cerveza, cigarrillos y productos para niños, pero al mismo tiempo se inscribió en la Universidad Javeriana y empezó a alternar su trabajo con el estudio. Se graduó de periodista, pero nunca lo ejerció. El destino, dice, le tenía marcado el camino y la televisión estuvo presente.

Se encontró con el director Eduardo Gutiérrez, quien la llamó como extra de la novela 0597 está ocupado y le propuso hacer dos parlamentos. Pero a Judy sólo le interesó la paga: 30 pesos, mucho para 1962. Así que se entusiasmó y terminó convertida también en cantante. "Fue muy gracioso. Hice un disco de boleros, pero para ese momento entraba la música gogó y no tuvo mucho éxito", cuenta.

Pero el éxito que le faltó en la música lo tuvo con los hombres. "Tocaba andar con tapamoscas", recuerda su amiga Dora Cadavid. "Ella era y sigue siendo una mujer realmente hermosa y tuvo bastantes pretendientes, pero además de considerarla una señora actriz con mayúscula, creo que era la única que podía haber sido la esposa de Bernardo. Fue una esposa excepcional", añade.

Antes de enamorarse de Romero Pereiro, Henríquez tuvo tres novios oficiales. Uno de ellos, el también director Carlos Duplat, con el que se iba a casar, pero él se fue a Europa y Romero, que ya venía en fila, se lanzó como águila sobre su presa. A él lo había conocido en Destino la ciudad, novela en la que también actuó junto con Alvaro Ruiz y Dora Cadavid.

Era una de las más conservadoras, siempre estudió en colegios de monjas con rigurosos principios y sus diversiones se limitaban a noches de cartas -poker y generala- con sus amigos de entonces, Julio César Luna, Alí Humar, Eduardo Gutiérrez y, por supuesto, Bernardo.

Luna lo corrobora: "Fue una época muy hermosa. No sólo nos reuníamos a jugar damas, parqués, ping-pong, sino que realmente hacíamos viernes culturales. De Judy sólo tengo la mejor impresión del mundo, como dama, como actriz. Hoy, la veo trabajar y no ha perdido sus dones y capacidad artística. Es más: creo que con el tiempo se ha mejorado".

Al año de estar saliendo con el director, la actriz le escribió una carta a Duplat y le contó que se iba a casar con su amigo Romero Pereiro. "No sé cómo lo tomaría. Sólo un año después, mi empleada me avisó que había un señor que me necesitaba. Era Duplat. No puedo negar que el corazón se me arrugó, pero el amor se convirtió en una amistad muy linda y todavía somos muy amigos".

El año pasado habría cumplido 40 años de casada con Romero, pero el cigarrillo, el mismo vicio que ella todavía tiene y que no piensa dejar, se lo arrebató. "Se fumaba cuatro paquetes diarios. Era algo como condicional escribir con cigarrillo y, pese a que el doctor le decía que no lo hiciera, nunca pudo dejarlo".

"Mis grandes éxitos se los debo a él": Señora Isabel, Escalona, Las Juanas, que, sumados a sus otros proyectos dan más de 50: El caballero de Rauzán; Arabela; La abuela; Teresa, la villana; Cada voz lleva su angustia; Dos rostros y una vida; Calamar; San Tropel; El virrey Solís; La cautiva; El ángel de piedra; La vorágine; Eternamente Manuela; Momposina; Sueños y espejos; La saga, negocio de familia, entre otros muchas.

Con Bernardo tuvo dos hijas, Ximena y Adriana, las dos siguieron el mismo camino de sus padres. La primera vive en Estados Unidos y está dedicada a la escritura de libretos, y la segunda es actriz, casada también con un actor, Rodrigo Candamil.

Su esposo fue su gran crítico. "Era mi todo: mi amigo, mi compañero. Él decidía todo lo que hacíamos. Para mí no se ha ido. No puedo evitar llorar por él".

Sin embargo, con el duelo vivo, sacó a relucir su carácter fuerte, propio de su signo Leo y con su particular forma directa de decir las cosas se enfrentó a sus amigos directores y les espetó: "No me tengan lástima ni empiecen a decir Pobre Judy. Denme trabajo. Y así lo han hecho. Por eso sigo vigente".

Se volcó entonces en el trabajo para aliviar su pena. Y claro, en el juego. Ya no sólo con cartas; ahora, en el bingo, en el que puede pasar varias horas con un grupo nuevo de amigas.

Todavía no sabe qué otras propuestas laborales lleguen, pero tiene claro que sus últimos días quiere estar pisando un escenario y quiere que se la recuerde como una gran actriz. "Sé que, de alguna manera, mi nombre pesa y tiene relevancia en los elencos".

"He sabido llevar mi carrera y eso me hace sentir una mujer tranquila y feliz", afirma.

Tomado del periódico El Tiempo, 26 de julio de 2009


   

Judy HenriquezEn 1982 protagonizó la telenovela La bruja de las minas y era frecuente verla en las miniseries de El cuento del domingo. También era asidua en las tablas, donde protagonizaba las obras de teatro escritas por su marido, el director y libretista Bernardo Romero Pereiro. "Fue una década muy importante. El gremio de actores estaba muy unido y así era delicioso trabajar. Estábamos felices con Bernardo e hicimos de todo un poco". recuerda.

Judy ha interpretado muchos papeles memorables en más de treinta años de carrera. Participó en Flor de fango, San Tropel y Escalona y protagonizó Señora Isabel. En agosto de 2005 murió su esposo y compañero inseparable. Judy continuó actuando porque no le teme a interpretar a mujeres mayores como Josefina, su personaje en la telenovela Chepe Fortuna.

Ximena y Adriana, mis hijas, heredaron lo mejor de cada uno de sus padres. La primera es libretista, y escribió a cuatro manos con Romero Pereiro su último libreto. Adriana es actriz. y Judy no descarta volver pronto a las tablas al lado de su hija.

Tomado de la Revista Semana, Edición No. 1500, 31 de enero de 2011


   

 
Judith Emilia Henríquez, más conocida como Judy Henríquez, periodista de la Universidad Javeriana, es llamada la señora actriz de la televisión colombiana, luego de 50 años de trayectoria artística. En la universidad actuó en un par de obras de teatro pero nunca se imaginó en el camino de la actuación. Empezó como modelo en comerciales y en los 60´s  grabó dos discos, convirtiéndose en cantante de la “Nueva Ola”.
 
Sus primeras apariciones las realizó en diferentes comerciales. El director Eduardo Gutiérrez, la llamó a participar como extra de la novela 0597 está ocupado (1959). Desde ese momento, Judy pasó de extra a ser coprotagonista y compartir escena con grandes actrices como Raquel Ércole, Rebeca López y María Eugenia Dávila. Posteriormente llegó a actuar en Pequeño teatro, Buenas noches domingo, Viaje al pasado y en la novela que la lanzaría al estrellato Destino: la ciudad (1967).
 
Judy Henriquez . actrizColombia empezó a ver a Judy Henríquez desempeñando importantes papeles, quizá el más recordado, fue su rol principal en la telenovela Señora Isabel (1993), y se destacó interpretando a Doña Cuadrado en la telenovela Las Juanas (1997). La actriz, estuvo radicada varios años en México con su esposo, el director y libretista  Bernardo Romero Pereiro con el que se casó en el año de 1968, en México. Judy tuvo la oportunidad de actuar en varias novelas que eran adaptaciones colombianas.
 
Nació en Barranquilla y fue la segunda de 15 hermanos, 13 mujeres y tres hombres. Es recordada por sus papeles memorables en producciones como Escalona (1992), Eternamente Manuela (1995), Tentaciones (México, 1998), La vida en el espejo (México, 1999), La saga, negocio de familia (2005), Las trampas del amor (2009), El fantasma del Gran Hotel (2009), Chepe Fortuna (2010) y Escobar el patrón del mal (2012).
 
 “Le tengo que dar gracias a Dios por escoger una profesión en donde la edad no importa en comparación a otras profesiones como la de un deportista por ejemplo, donde su carrera termina muy pronto, y eso me encanta de esta profesión… yo soy una persona que sigo respetando al libreto, al director, que llegó puntual, que no tienen por qué repetirme la letra, creo que eso es lo que me ha mantenido vigente”, asegura.

Tomado de http://www.proimagenescolombia.com/secciones/pantalla_colombia/breves_plantilla.php?id_noticia=5556 , 2014 

 
 

La actriz recibe el Premio Víctor Nieto a Toda una Vida, en los India Catalina.

por OLGA LUCÍA MARTÍNEZ ANTE

 

"Déselo ya, déselo ya", le gritaban las mujeres en la calle a Judy Henríquez cuando protagonizó la serie Señora Isabel.

Eran gritos de mujeres maduras como ella, que la veían en las noches contando la historia de Isabel, a quien su marido deja por una jovencita. Pero a ella no le fue mal: se le apareció un hombre más joven, interpretado por Luis Mesa.

La historia, de 1993, tuvo un final sorpresa. Los libretos fueron de los fallecidos Bernardo Romero (esposo de Henríquez) y Mónica Agudelo, que hicieron un hit televisivo en el que, además, se trató el tema del sida.

Ese ha sido, sin duda, uno de los grandes personajes de esta barranquillera que ya no tiene el dejo de su tierra, porque desde muy niña se trasladó con su familia a Bogotá, donde su papá se desempeñó como publicista.

Ha participado en 53 producciones –seguramente muy mal contadas, pues también ha hecho parte de una gran cantidad de unitarios–, así como el cine y teatro.

Y este año es la gran homenajeada en el Premio India Catalina de Televisión, con el premio Víctor Nieto a Toda una Vida, cuando cumple 50 años en un medio al que llegó "por lambona y por metida, y por pura casualidad. Necesitaban una modelo y me fui con mi hermana Marlene, la más bonita de la familia, y empecé haciendo comerciales en vivo", cuenta.

Eran las épocas en las que las propagandas se hacían en vivo, agrega Henríquez, "y recuerdo especialmente una de productos para el pelo que se pasaba en un programa llamado Tele Hipódromo. Me tocaba nombrar todos los productos de esa marca, que eran muchos, y me los tuve que aprender de memoria".

Su imagen se fue conociendo, además, por publicidades de cigarrillos, polvos para el cuerpo y cervezas, hasta que Eduardo Gutiérrez le propuso un papel casi de extra en la telenovela El 0597 está ocupado, "y yo, otra vez de lambona, dije que sí, que claro" . Eso sin contar que también cantó en la naciente televisión colombiana.

Su primer protagónico fue en Destino: la ciudad, en 1967. "Se presentaba en vivo, tres veces por semana, a las 7 p.m. Nosotros llegábamos, ensayábamos y luego íbamos al aire".

Su compañero en este protagónico fue Álvaro Ruiz. "Contaba la historia de una joven a la que se le vara su carro, un campesino la ayuda y ella, mientras él le arregla el vehículo, lo oye cantar, y le dice que en la ciudad puede encontrar su futuro. Fue el primer tema campesino que se hizo en la televisión y el capítulo final se realizó en el Teatro Metro, con un concierto del campesino, que triunfa".

En esa producción trabajó el que fue su esposo, Bernardo Romero Pereiro, con quien estuvo casada 40 años.

"Lo conocí por casualidad. Yo trabajaba con Carlos Pinzón en un programa musical y él me comentó que Bernardo volvía de Italia, donde había estado estudiando, y que seguramente llegaría a hacer muchos aportes. Mi novio en ese momento se fue para Francia con una beca y Bernardo se dedicó a conquistarme. Aunque me parecía muy creído y siempre lo fue, admiraba esa capacidad para escribir todo y dirigir todo".

Y empezó un matrimonio en lo personal y en lo laboral. "Bernardo era un hombre tan inteligente que siempre me dijo que en el set yo era una actriz más y muchas veces me regañó. Los grandes personajes que he hecho me los creó él y siempre creyó en mí, por eso, cada vez fui mejor", agrega.

Uno de esos personajes fue la Vieja Sara, de Escalona, que Romero escribió con Daniel Samper Pizano; el de Señora Isabel, el de Galiana Barrancas, de Calamar, "y muchos del Cuento del domingo. Todos maravillosos", sigue Henríquez.

Y a la Vieja Sara, Henríquez le tiene, también, un gran cariño. "Fue difícil, porque fue alguien que existió y tuvo que aprender a hablar como las señoras de Valledupar tienen un dejo muy característico, así que me iba de visita a las casas de las matronas, para oírlas", agrega. De paso, se tomaba unos tragos, "porque ellas toman duro".

Otra de las caracterizaciones que recuerda con cariño es la Doña Doña, de Las Juanas, "a la que todo le salía mal. Esa producción tuvo mucho de comedia y yo siempre he sido dramática. Fue personaje que me gustó mucho".

De sus recuerdos también salta la Maruchuela, una telenovela de época que hablaba de los amores del virrey Solís, y el de Rosa Lenoit, en Momposina.

Recientemente, Henríquez estuvo en Chepe Fortuna y en Escobar, el patrón del mal, donde representó a Marina Montoya. "Lloré de verdad en la escena en la que matan al personaje. Qué historia tan triste la de esa señora, su único pecado fue ser hermana de un enemigo de Escobar".

Y como actriz grande también ha vivido todas las épocas de la televisión. "Hoy no se dirige al estilo de Bernardo, David Stivel, Julio César Luna y Alí Humar. Antes, el director se encargaba de todo, se llegaba con el libreto aprendido, se ensayaba. Me sorprende ver a actores preguntando qué tienen qué decir o que se pare una grabación porque suena un celular. Yo sigo en la vieja escuela, llego con mi letra en mi cabeza y estoy lista cuando tengo que estarlo", comenta.

En México, donde hizo la telenovela La vida en el espejo, se ganó el respeto de los actores manitos porque no usaba apuntador, como ellos. "Pese a que en ese momento eran muy celosos de que llegara alguien del extranjero, fue buena esa experiencia. Incluso trabajé con Diego Luna, hoy famosísimo".

Eso sí, no está en contra del casting. "Me gusta presentar audiciones, porque eso permite empaparse más del personaje".

Y muy pronto regresará en la telenovela Doctor Mata, de RCN, una producción de época en la que se encontrará con un director que admira, Sergio Cabrera, "donde represento a una mujer rica que este hombre, que no sabía que existió, roba".

Hoy, trabaja porque le gusta, porque es una pasión. El resto del tiempo juega cartas y bingo, con sus amigas y sus hermanas, "hago crucigramas, que encantan, veo programas de golf pues soy fanática de Camilo Villegas y Tiger Woods, y no hago mucho ejercicio, aunque a veces camino".

Además, disfruta de su hija Adriana, actriz y dramaturga; su yerno Rodrigo Candamil (actor y director teatral) y de sus nietas de año y dos meses. Ximena, su otra hija, vive en Estados Unidos y tiene dos hijos, de 15 y 18 años.

Dice que espera vivir un tiempo más para ver crecer a sus nietas más pequeñas. Y sí, que viva mucho más para seguir viendo su capacidad actoral en televisión, sus ojos brillantes y su sonrisa muy sincera.

OLGA LUCÍA MARTÍNEZ ANTE
Cultura y entretenimiento

Publicación elltiempo.com, Sección Cultura y entretenimiento, 10 de marzo de 2014