Galería Carlos Alberto González

 

   
 

El Mayor Coleccionista de
Art Deco en Latinoamérica

Creador de Galería Arte 19, patrocinador de figuras plásticas, reconocidas en el país y el exterior; periodista y descendiente del clan De Greiff, lleva 15 años reuniendo valiosos objetos de Art Deco.

Por Aixa Eliana del Cairo

El visitante entra al apartamento de Carlos Alberto González, un espacio de 300 metros cuadrados en un edificio Art Deco de Bogotá, y se imagina a Bette Davis en Exlady, recostada en los cojines de una imponente sala, o a Greta Garbo, en The single Standard. De puertas para adentro el tiempo ancló en 1930. Tener cada cosa en su lugar y ser puntual hasta la irritación; caracteriza a quien se permite ser agüerista, interesarse en el número 19 ("La galería se inauguró con 19 obras, un 19 de septiembre, en la calle 19"), creer en la energía positiva de la gente y ser perceptivo, tanto, que calibra el nivel energético de cada persona.

Considerado el mayor coleccionista de objetos Deco de Latinoamérica, no por pasatiempo, sino porque es su vida, habla con orgullo de Nadin Ospina, ganador del Salón Nacional de 1993; Fernando Arias, Salón Nacional 1994; Mario Opazo, mención en la Bienal de Bogotá 1993; Carlos Eduardo Serrano, premio Salón Nacional 1987, y otros artistas que han sido sus pupilos.

FAMILIA DE NOBLES

La sensibilidad le viene de familia. Su abuela paterna, Cecilia de Greiff de González, prima del poeta León y el musicólogo Otto, entre otros, le dejó la vena cultural. Justamente este año los De Greiff celebrarán 200 años del nacimiento de Carlos Segismundo von Greiff, llegado al país en compañía de Luisa Petronila Faxe, procedentes de Suecia. Por eso se reunirán cerca de ochocien tos descendientes y será creada la fundación Carlos Segismundo y Luisa Petronila.

Recientemente Eduardo de Greiff Restrepo recibió una comunicación de la Casa de la Nobleza Sueca, donde le informaban que la familia tenía derecho al título nobiliario de barones, heredado de Carlos Segismundo, su tatarabuelo. La condición es que vivan durante dos años en Suecia. El único que tiene el título es Axel, hijo de León, quien vive en la capital sueca desde hace muchos años. Entre quienes tienen esa opción está Carlos Alberto, quien confiesa que no ha decidido nada: "Tendría que vivir los dos años en Suecia y luego pensarlo".

¿Por qué escogió el Art Deco?

-Hay dos motivos. El primero está en el plano de lo afectivo, los recuerdos de la casa paterna y de los abuelos. Lo segundo, tiene que ver mucho con mi temperamento, la precisión y la simplicidad en muchas cosas que se reflejan en el estilo Deco.

¿Ha sido muy complicado encontrar tantos objetos de esa época?

-He necesitado cerca de quince años para reunirlos y siempre habrá uno nuevo que comprar. Mis mejores adquisiciones las he realiza do en el mercado San Telmo de Buenos Aires, Las Pulgas de París, El Rastro de Londres y en Las Pulgas de Bogotá.

LA SEÑORA SE DESMAYA

Algunos de estos objetos tienen una histo ria especial:

-Una vajilla Art Deco que había visto en un anticuario bogotano me impactó mucho y aun que pedían una cifra astronómica por ella, logré reunir el dinero. El día que la estrené recibí la visita de la antigua dueña del apartamento donde vivo. Cuando llegó el servicio de té a la mesa, por poco se desmaya; era la vajilla familiar, que por alguna circunstancia de la vida debió vender. Y mi más reciente conquista: tres lámparas heredadas de la casa de mi abuela materna.

¿Aún existen muchos objetos de ese estilo, hay bastantes coleccionistas en el país?

-No hay muchos objetos Deco, ni coleccionistas. Los lugares donde hay mayor movimiento de este tipo de mercado son París y Nueva York.

DESDE LOS EGIPCIOS

Habla con pasión sobre su tema favorito y explica cómo, entre las. dos guerras mundiales,  y como reacción contra la escuela modernista, surgió el Art Deco, que alcanza su madurez en 1925 con la Exposición Universal de las Artes Decorativas de París, alimentado del arte egipcio, asirio, cretense, maya, azteca, y del cubismo, hasta perfeccionarse con líneas estilizadas y geométricas: en la medida que la geometría se fue posesionando de las formas, los ángulos y perfiles adquirieron mayor simplicidad.

Con el descubrimiento de la tumba de Tutankamón en 1922, se imponen los motivos egipcios, mientras los vidrios del francés René Lalique enloquecen a los compradores, y aparecen ejemplares de vidrio jaspeado o moteado, al estilo de Maurice Marinot. Vasos, botellas, copas y joyas de vidrio transparente, decorados con esmalte, son algunas de las producciones más típicas y populares del Art Deco, con pimpollos de rosas, flores de diferentes tipos, figuras o animales, motivos geométricos en blanco, azul cielo, rojo, negro, amarillo, gris y marrón, los colores más usados.

Los objetos más cotizados son creados por grandes casas como Steuben en Estados Unidos, Orrefors en Suecia, Murano en Italia, así como las piezas en orfebrería de Jean Puiforcat, los broches de ónice, coral y brillantes de pavé de Boucheron, las polveras de Van Cleef & Arpels, las tradicionales joyas de Cartier, los cuales no sólo son exigentes trabajos artísticos, sino que tienen elevados precios. También los jarrones esmaltados de Sarlandie, en Limoges, entre 1925 y 1930, las obras del escultor rumano Demetre Chiparus, con sus estilizadas bailarinas inspiradas en el ballet ruso.

Dice que en Colombia, además de variados relojes de baquelita (resina sintética), en metal dorado, en vidrio metal, radios Westinghouse, cerámicas del colombiano Sergio Trujillo Magnenat, óleos de José Rodríguez Acevedo, algunos floreros de René Lalique, cristales de Val St. Lambert, muebles de Zárate Hermanos, existen pocas piezas originales, salvo las que él conserva.

Mientras, no vacila en apoyar incondicionalmente a varios jóvenes en quienes ve talento y la semilla de la generación artística colombiana de final de siglo, en un trabajo que comenzó en 1986, cuando montó la galería en un bello edificio de la avenida 19 con calle 4a: "Creo en el arte joven, en las nuevas propuestas, en las diferentes formas de ver el mundo, y lo seguiré apoyando hasta el final".

Tomado de la Revista Alo No. 174, 13 de marzo de 1995

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Art-Deco ? Es una extensión de mi espíritu

Atravesar el umbral de su mundo es romper con el otro mundo del ruido, de la contaminación visual en su desorden de colores y formas, de la insípida línea recta y hallarse en la dimensión del gusto, del apacible gusto estético que dejan las piezas Art-Deco.

Líneas curvas, pero sin profundidades angustiantes; colores felices, sin un gramo de violencia cromática; sobriedad de volúmenes y de uniformidad. Cada pieza en su lugar y cada lugar dispuesto para cada una de ellas en una armonía que parece lograr que todo flote dentro de una quietud que al instante parece monacal pero que es vida vida.

Carlos Alberto González ha sido un «cazador» de este arte desde muy joven. Desde su niñez, para ser más precisos. Las primeras impresiones y referencias sobre Art-Deco las tuvo en su casa paterna y en la de sus abuelos, donde se le rendía culto especial a las piezas pertenecientes a este estilo. Y desde hace 20 años se dedicó a coleccionarlas con un sentimiento estético que crece en sentido geométrico.

Estudioso del arte en general, este coleccionista cree a pies juntillas, o mejor, está absolutamente seguro, que el Deco es el estilo clásico de este siglo y que en los años de su apogeo tuvo además cualidades de alta funcionalidad. «Y por si fuera poco -dice- abrió nuevos derroteros al diseño de finales de este siglo y comienzos del otro».

Piezas italianas, alemanas, francesas, norteamericanas, lo muestran como es: un auténtico «cazador» de estas joyas, de esos que se lanzan en unos safaris que siempre terminan en sorpresa. La adquisición de una de sus piezas preferidas -un radio de infarto para cualquier coleccionista- fue todo un viacrucis: lo vio en el Mercado de las pulgas y ahí mismo decidió comprarlo, pero volteó la mirada por cualquier cosa, y ¡zaz!, se le adelantaron. Regresó a su casa, y quedó aun más desconsolado cuando lo vio en un catálogo especializado. Algunos meses después lo halló en una feria de antigüedades en el Centro 93, donde se lo vendieron a un precio cinco veces por encima de la primera oferta.

Esta incesante cacería que lo ha llevado, y lleva, por viejas calles y mercados de antigüedades de Europa y América, ha permitido que este coleccionista, dueño de la Galería que lleva su nombre, antigua Arte 19, conozca «al vuelo» una auténtica pieza Art-Deco, aun nacional. Y, desde luego, su calidad. Por cierto, gente que se mueve en este elusivo mercado lo conoce y le pasa datos» sobre tal o cual pieza . Así adquirió un tapete en verde degradé, de diseño geométrico, firmado por Plata W., y que es casi imposible de conseguir por sus características muy particulares.

Insospechadamente, González maneja artistas que son la nueva generación en Colombia, como Nadin Ospina, Fernando Arias, Omar Valbuena, Wilson Díaz, Mario Opazo, Ximena de Valdenebro, Alberto Murciego y otros más, algunas de cuyas obras son lo único que puede aparecer en su «Museo Art-Deco».

-¿Y las flores?

-Son vida, y como ve, son cartuchos y azucenas, flores por excelencia de Art-Deco.

-Entre estas piezas, ¿qué siente?

-Me sien to en un templo y es como una extensión de mi espíritu.

-¿Su gran proyecto?

-Fundar el
MuseoArt-Deco en Colombia. El único de Latinoamérica. Ya tengo muchas piezas. Así cerraré con broche de oro mi ciclo por esta vida. Es mi gran fantasía. ¡Y lo haré!

Tomado de la Revista FAMA, No.17, 1 de abril de 1996

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La nostalgia de "los 50"

Hace 25 años, Carlos Alberto González comenzó a comprar piezas de art déco en anticuarios y ventas privadas de garaje en Bogotá.  Empezó a estudiar todos estos objetos y se dio cuenta de que algunos de ellos, sobre todo los que había adquirido durante los dos primeros años de su afición, eran de los años 50 y nada tenían que ver con el déco. 

Decidió guardarlas para venderlas y, finalmente, se olvidó de ellas. Hace solo dos años, cuando González emprendió la tarea de organizar su colección de piezas para su proyecto de museo art déco, aparecieron esos radios, sillas, jarrones, maletas, mesas, aspiradoras, secadores de pelo y hornos propios de los años 50 realizados, en un 80 por ciento, en Colombia. "Estos objetos se reconocen porque tienen un lenguaje concreto. Poseen forma de ameba, de riñón, y grandes puntas", dice González.

"Vi que tenían un lenguaje común y que eran objetos cotidianos. Por eso quise exhibirlos", asegura Gonzá lez, que presenta la exposición Los 50 en la galería que lleva su nombre. La muestra, además de tener espacios destinados a electrodomésticos, cerámica y muebles, cuenta con una sala de estar de la época.

Uno de los aspectos que más se destaca de la muestra son las cerámicas, que fueron pintadas a mano.

"Los ceramistas de los talleres nacionales, que eran de familias españolas radicadas en Colombia, tomaron el estilo del arte internacional de la época: Calder, Miró y hasta el action painting. Son piezas únicas", concluye Gon zález. 

Tomado del periódico El Tiempo, 4 de marzo de 2004