Jorge Julian Aristizabal

Medellin, Antioquia

Pintores

Objetos

Jorge Julián Aristizábal

pintor

Recuento
 

 

Medellín, 1962

Estrategia y perplejidad 
Cacerías y Siameses

La obra de Jorge Julián Aristizábal ha presentado, desde sus primeras exposiciones individuales en Colombia, un carácter enigmático. Un primer aspecto que explica esta situación es el hecho que el trabajo de Aristizábal nunca ha utilizado el sistema tradicional de representación en perspectiva que vía Grecia y renacimiento ha Ilegado hasta nosotros Y esto es muy explicable pues los montajes pictóricos no son directamente referenciados con espacios reales sino con situaciones mentales que hacen alusión a mundos Interiores, que necesitan para su expresión, la invención de un nuevo sistema de visión. 

Tampoco Aristizábal se ha dejado seducir por problemas de estilo, buscando con afán la fidelidad a una "manera".  Su obra se ha caracterizado por la independencia de sus búsquedas, aún a riesgo de no producir resultados inmediatos. Ha preferido las mezclas ambiguas que violentan el pensamiento por encima de los caminos trillados que no suscitan ninguna reflexión. Además su obra está realizada en "voz baja",  lejos de la estridencia de los medios, y más cerca del secreto y lo íntimo. 

"Cacerías y siameses" que ahora podemos observar en la Galería Valenzuela y Klenner, sigue esa línea de intriga que lo ha caracterizado, pero involucrando elementos reales como un plano de formica, por ejemplo, o un nido real, que al confrontarse con la pintura, producen una espacialidad que se abre sin reticencia al asombro y la perplejidad. No podemos encontrar un sentido obvio que nos tranquilice racionalmente, más bien se levanta un mundo que interroga nuestros procesos organizados de pensamiento. 

Ciertas formas humanoides, a pesar de su figuración inestable, flotan en un espacio Ileno de Intrincados complejos lineales, produciendo un espacio singular, pues está lejos de literalidades surrealistas y más bien cerca de un lenguaje realista sin concesiones al virtuosismo. El resultado es una imagen que se acredita a sí misma, sin recurrir a figuras retóricas ni retorcimientos metafóricos. 

Mas bien, sutiles reflejos que reiteran las figuras, enriquecen su sistema personal de representación, creando un mundo que a pesar de su realismo, no hace referencia directa a un acontecimiento del mundo de la vida. Un escenario construido en detalle para una obra teatral inimaginable, impresentable. Un mundo, sólo posible, en la fe que el artista deposita en sus fantasmas, en una cotidianidad que transita oronda por un espacio inédito.
Los animales, nuestro yo irracional como los ha nombrado Baudrillard, tienen relevancla, pues serían ellos, mas bien, nuestros modelos de conducta, en una sociedad que hace tiempo perdió la inocencia. La domesticación que para Aristizábal se plantea como bárbara, es mostrada sin narración ni anécdota, pues la presencia que los animales
tienen en su actual trabajo, está complejizada por las operaciones plásticas que la obra convoca. 

El espacio que crean los trabajos actuales de Aristizábal está más cerca de lo inconmesurable, pues no es posible establecer allí procesos de comunicación. Más bien encontramos unos interrogantes acerca de la incapacidad interactiva entre lo humano, lo animal y la naturaleza. Pero todo esto concebido sin afirmaciones apocalípticas y lejos de cualquier literalidad obvia. Los procesos pictóricos y las estratagemas plásticas presiden todo el trabajo. 

Con cierta refinada crudeza que su trabajo presenta, al hombre parece estar escapándosele el arte como soporte fundamental para reconocerse a sí mismo, para autopresentarse.  AI debatirse entre un mundo artificial, entre la irracionalidad del mundo animal y la perfección de la naturaleza, la obra de Aristizábal rescata y aboga por el verdadero sitio de lo humano que el hombre puede expresar a través del arte, su arma principal. 

Luis Fernando Valencia
Profesor Universidad Nacional de Colombia Agosto de 1998

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TESTIMONIOS

En su exposición anterior, una serie de retratos de personajes anónimos y duros acaparaban por completo la atención del espectador. En la relación fondo-figura, el artista negaba de
manera drástica el fondo con el fin de resaltar las caractéristicas expresivas de la figura que era el motivo del retrato. 

Aristizábal, sinembargo, ha ido invirtiendo esa relación, hasta hacer desaparecer casi por completo el personaje (figura), haciendo brotar el fondo, el campo escénico protagonizado ya por signos y vestigios que comunican una relación íntima del artista con su vida y con sus
obsesiones particulares. Esto es lo que Aristizábal quiere comunicar y contagiar al espectador. La obviedad de la presencia del sujeto, en las pinturas anteriores, se cambia por signos o símbolos que hablan de la pasión, de la vida y en especial de la fragilidad de las
relaciones con los demás seres. 

Pero con el fin de concretar plásticamente este nuevo vocabulario, se necesita la creación de un sistema visual cuya estructura dé la justa jerarquía a los datos significantes. De esta manera: corazones, cuchillos, camas, animales muertos, flores, lámparas, mesas, etc. son los
elementos con los que construye sus nuevas realidades: Amor del puro, Los testigos, La partida, En octubre te amaré, A Carlos, Estudio para una entrega, Amor, amor, desamor, etc La riqueza y las limitaciones del artista se vuelven el instrumento para ordenar ese espacio
que se busca sea de carácter apasionado y fuerte pero también efímero y esto es lo que el artista nos participa. 

Su pintura es ahora más generosa porque ha adquirido rnayores matices y una gran libertad en su relación con el soporte. A veces es gruesa o a veces por lo delgada deja ver el lienzo. La pintura esta dirigida de principio a fin por un dibujo ordenador que aparece otra vez al final en forma agresiva combinándose sutilmente con las zonas de color. 

Los mas extraños azules, los verdes oscuros, los rojos, los tierras, zonificados por el dibujo unifican y enlazan los elementos creando una atmósfera que acumula al tiempo la relación fuerza y fragilidad, como objetivos inseparables del artista en esta etapa de su proceso
creativo.

Alberto Sierra
Tomado del folleto exposición Galería de La Oficina, 1990

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La obra pictórica de Jorge Julián Aristizábal es de una gran, riqueza expresionista. Sus retratos especialmente, están hechos de rasgos gruesos y fuertes que constituyen además de su valor artístico, una mirada profunda al comportamiento humano, las relaciones de poder, las apariencias sociales, las conductas personales y familiares.

Entre los años 1983 y 2000, Aristizábai permaneció por temporadas en los Estados Unidos, Italia, Francia e Inglaterra, en plan de estudio y de observación de los artistas de todas las épocas, desde cuyas obras lograse acomodar y justificar su propia obra joven y novedosa. En sus cuadros se percibe un cierto aire de misterio, y aunque poseen un eje central que los identifica, cada expresión es distinta de la otra, tanto si se trata de ese abrigo para paros que parece hecho de pelo de perro, o aquellos paisajes solitarios, o el ciervo muerto que acaba de caer en una cacería y cuyo cuerpo aparece tendido entre flores sobre la hierba, con algo de humano: Ofelia-ciervo, animal y persona. La muerte de la belleza: lo hermoso asesinado.

Y es este mismo artista quien nos entrega en sus pinturas, como él mismo lo afirma, más que una experiencia estética, un cierto regreso a la infancia, o digamos más bien, un redescubrí miento de la infancia, ese juego de la memoria que no es posible explicar y que más que recuerdo es un relámpago disparado por hechos o circunstancias aún aparentemente triviales, en este caso un álbum de láminas o cromos de chocolatinas Jet, imágenes que durante más de treinta años han constituido no sólo la aventura de coleccionar, sino un recuento ilustrado de las ciencias naturales desde las primitivas formas de vida sobre la tierra hasta los asombrosos descubrimientos de la astronomía. De este lado de la vida, el artista mira al niño que fue, deslumbrado por el hallazgo de la lámina del jabalí.

Y es eso lo que hace ahora con sus pinturas: recrear el sentido primario desde el cual se miran las cosas, lo que según él, le permite experimentar el placer de ver ampliadas esas imágenes, gracias a las cuales alguna vez soñamos y viajamos por el universo. Y agrega: "Jet es parte de nuestra identidad colectiva y trasciende la sola condición de objeto comercial para convertirse en símbolo de una generación, en parte de nuestra historia. Es imposible olvidar aquella sensación padecida en el momento de abrir una chocolatina Jet y encontrar la lámina del jabalí!. En uno de sus cuadros aparece el mismo jabalí de la laminita, pero revestido de una dosis de nobleza que proviene de la mirada artística convertida en homenaje, en exaltación de aquella ansia de coleccionar, que siendo una fuente mínima, lleva sin embargo una información, un saber. Jorge Julián Aristizábal no modifica el canario ni el jabalí ni ¡a amapola, sino que los entrega como obras de arte tomadas de cosas cotidianas que transformadas en iconos, entran a ocupar una dimensión posterior a su destino inicial. El origen de las láminas fue también la pintura, la ilustración; y fue la lámina la que impresionó al niño: el niño fue tocado por la lámina. Son estas láminas obra artesanal; alguien las concibió, las produjo. Lo que el pintor hace ahora es elevarlas a su condición artística, y él mismo lo explica diciendo que dentro de la historia del arte y por diferentes razones, ha sido una constante el recrear imágenes populares en un contexto más elevado. Van Gogh, por ejemplo, a finales del siglo XIX, plasmó en su pintura fuerte, rústica, una serie de imágenes populares japonesas reproducidas por millones y que lo sedujeron debido quizá a su toque exótico, lo que dio lugar a unas obras en las cuales aquellas estampas retomaban su "aura" en la manos de Van Gogh. Años después, Andy Warhol convertía lo que denominó "objetos de masas" en obras de arte, demostrando la capacidad del artista para decidir, no ya sobre el objeto mismo (enlatados, logotipos comerciales etc.), sino sobre la creación artística. La publicidad está ahí, cotidiana, pero se trata de demostrar que cualquier objeto por insignificante que parezca, posee el potencial de obra de arte, lo que sucede en el momento en que es tocado por la sensibilidad del artista, transformado en su oficio o en su finalidad, lanzado más allá de lo que nos dice y nos permite.

Todo esto nos lleva a las raíces del llamado Pop art como propuesta de transformación del objeto cotidiano, de su elevación al nivel de obra de arte. En el álbum de chocolatinas hay un ingrediente de conocimiento de las ciencias naturales y una relación entre el álbum lleno y el texto, relación que configura el objeto recreado por el artista. Podría pensarse que así planteado el asunto, cualquier cosa es arte. La respuesta está dada desde hace tiempo: "Arte es lo que hacen los artistas".

Tomado de la Guía Coleccionable No. 10, Museo de Antioquia, 2003

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Jorge Julián Aristizábal:  Al final siempre sola

 

 

Los elementos de la obra de Aristizábal son auto referenciales y aluden a una situación personal del artista, la pintura "Al final siempre sola" evoca a través de una atmósfera opresiva ideas de sumisión, apareamiento y simbolismo religioso. Los fragmentos en apariencia absurdos permiten construir una narrativa de carácter simbólico.

Julián Posada, Alberto Sierra
Tomado del folleto Arte Colombiano, Cuatro decadas de la Coleccion de Suramericana, 2013

 

 

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