Arnulfo Luna Franco

Cartagena; Bolivar

Pintores

Figura Humana, Figura

 

Arnulfo Luna

CRITICA

ARNULFO LUNA Y SU MITOLOGIA POPULAR

por Gloria Inés Daza

La obra de Arnulfo Luna se afincó en su trayectoria dentro de la corriente denominada hiperrealista. Capturar y congelar el instante mediante la toma fotográfica, magnificar el objeto dentro de su aprehensión llevando al detalle minucioso sus condiciones visuales y sensoriales, tomar la fotografía como un punto departida hacia la aventura de auscultar el tema exhaustivamente con una técnica impecable y planteándose otras complejidades, como el fenómeno de la luz interior y exterior, la luz transformada en el camino hacia diversas superficies, hacia distintas texturas.

En Luna, el tema ha sido el resultado de un concienzudo estudio de los problemas atinentes a forma, volumen, espacio y color y en el terreno hiperrealista o ya francamente realista, como lo veremos en el momento actual, a los problemas de resolver sus expectativas en una imagen poderosa y convincente. Es así como ahora y luego de un proceso de dos años, surgen los temas local es de la costa Caribe con inusitada gracia, salvándose de lo referencial y folclórico y como entidades totales en sí, por su inapreciable riqueza plástica, por lo que connotan, geográfica, cismática y socialmente. Las chivas, esos buses innenarrables, prehistóricos, que subsisten aún en la zona rural colombiana con todo el sabor local, como seres de una mitología popular suigéneris, son parte central de un tema que también ha rescatado a los carritos de los raspaos, las carretillas del mercado, las bicicletas del pan, los muros o fachadas de las arquitecturas marginales, de las invasiones. Cartagena insólita, pero no literaria. Luna tiene la inteligencia de preservar en su propia esencia a estos personajes. Un muro construido con latas, como un ensamblaje o collage, con una puerta colonial recortada a la altura de la miseria. Texturas extrañas y de carga poética, con el óxido, ese peculiar de las tierras costeras, con su exultante limpieza, abiertas al mundo, transformadas por la luz que modifica el color hasta lo imposible, con la dignidad de la pobreza alegre que todo lo transforma.

Y esa transformación se hace palpable en las chivas. Esos extraños, sorprendentes e indescriptibles seres que se han ido magnificando con el tiempo. Producto de una franca pobreza y de una riqueza temperamental que no tiene parangón en el país. Su dueño, mejor decir, su incondicional servidor; la ha venido transformando hasta otorgarle una individualidad y un nombre propios, muy lejanos al genérico anónimo de Ford o Chevrolet. Esas chivas, originalmente chassises, que se fueron convirtiendo en lo que son gracias al amor y dedicación de sus dueños, son formas rotundas, volúmenes orgánicos en transformación constante. Al pulimentado aspecto de la máquina original made in USA, al mantenimiento y renovación y aceptado desuso de piezas desechables que prima en los países desarrollados, acá prima un mantenimiento que no sabe de lo reemplazable; n i menos de lo desechable, que crea un organismo vivo, casi humano con el humor, la ingenuidad y la carga de la cultura popular que lo hace único. Esas chivas que aún hoy insólitamente recorren nuestros caminos obras de exquisito arte pop criollo, en el realismo de Luna adquiere jerarquía de totems, de símbolos de nuestra peculiar sociología. Pocas en verdad, como toda preciada joya, quedan ya. En el sensible dibujo; en la técnica mixta realizada con pasteles y colores, de este talento costeño, cobran un nueva realidad, no revelada.

Por Gloria Inés Daza

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de Eduardo Serrano

"Haber seguido de cerca el trabajo de Arnulfo Luna significa la gran satisfacción de haber visto una obra madurar, desentenderse de arandelas, y acercarse decididamente a la esencia de necesidades expresivas. Comprobar su orientación actual y los logros recientes de su obra, por otra parte, nos debe ayudar a comprender hasta dónde se ha avanzado, no sólo en la realización, sino también en la clarificación de las ideas, en el arte de las nuevas generaciones de Colombia.

R EV ISTA PLUMA, MAYO 1976.

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de Mario Rivero

"Elige su parcela plástica como en una especie de instantánea, desprovista de pasado y de futuro; la recorta espacialmente para despojarla a la vez de todos los restantes datos que pueden darnos el objeto completo, y sólo con algunos elementos que él considera importantes, los pliegues por ejemplo intenta dar las características de pesa, densidad, textura, que conforman la belleza plástica de un ropaje o de un cortinado. Belleza un poco insólita para el espectador raso de la obra artística contemporánea pero que sin embargo ha admirado muchas veces en las obras maestras del pasado".

REVISTA DINERS, FEBRERO 1978.

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de Max Wykes - Joyce

"Luna es un joven colombiano con un inmenso talento para el dibujo a lápiz y pastel. Trabajando en gran escala, sus mujeres en interiores tienen la atracción instantánea de un encuadre de un film".

INTERNATIONAL HERALD TRIBUNE, PARIS 1978.

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 de Caroline Bugier

"Este joven basa su trabajo sobre un principio de dibujo disciplinado. Técnicamente sus obras son muy buenas. Colombiano de nacimiento. Luna pasa gran parte del año en París y las preocupaciones domésticas de los franceses se reflejan en su obra. Vemos el desorden de la vida diaria: piyamas y sábanas arrugadas, lavados y bidets; toda la parafernalia de un hotel parisino venido a menos".

ARTS REVIEW, LONDRES. MAYO 1978.

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de Ramiro Ramírez

"Todo ese mundo de apariencia, presencia y existencia nos es presentado con un énfasis en los colores fuertes (rojo, verdes y azules) con su consecuente palidecer, en ese esfumarse de los tonos pasteles, llevándonos en el interior de una alcoba a pasar revista a todo el espacio y los objetos que aparentemente lo delimitan".

PARIS, MAYO DE 1978.

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de GLORIA INES DAZA

ARNULFO LUNA

Nace en Cartagena en 1946, estudia Pintura y Grabado en la escuela de Bellas Artes de Cartagena con Enrique Grau y Cecilia Porras. En 1975 obtiene la Beca Nacional de Bellas Artes para Europa. Asiste en el verano de 1976 a un curso de dibujo en el Museo Dalí de Figueras, España. Estudios de Grabado Atelier 17 S.W. Hayter, París-Francia.

Es así como ahora y luego de un proceso de dos años, surgen los temas locales de la costa caribe con inusitada gracia, salvándose de lo referencial y folclórico y como entidades totales en si, por su inapreciable riqueza plástica, por lo que connotan, geográfica, cismática y socialmente. Las chivas, esos buses innenarrables, prehistóricos, que subsisten aún en la zona rural colombiana con todo el sabor local, como seres de una mitología popular suigéneris, son parte central de un tema que también ha rescatado a los carritos de los "raspaos", las carretillas del mercado, las bicicletas del pan, los muros o fachadas de las arquitecturas marginales, de las invasiones. Cartagena insólita, pero no literaria. Luna tiene la inteligencia de preservar en su propia esencia a estos personales.

Panorama Artístico Colombiano,1981

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de GLORIA VALENCIA DIAGO

A los vehículos viejos de Arnulfo se suman las puertas y ventanas medio carcomidas que el artista encuentra en sus peregrinajes por los pueblos aledaños Arjona, Soledad, La Boquilla, Turbaco y que lleva a la superficie del papel en lápices y pasteles.

Esta vez se trata de una temática muy colombiana y específicamente muy costeña, de elementos culturales que Luna quiere recuperar de la destrucción a que estén llamados y guardar como testimonios en la superficie de sus cuadros.

Partiendo de la fotografía como medio, Arnulfo Luna complementa o transforma la composición a su manera y la baña con todo el colorido del trópico. Siempre dentro de la figuración, el artista se sale en esta oportunidad del hiperrealismo dentro del cual había incursionado por varios años, para dar más libre curso a la fantasía.

El Tiempo, 1981

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de GERMAN VARGAS CANTILLO

Un aire nuevo, un valioso aporte de luz y de color es el que trae Arnulfo Luna a la pintura colombiana. Pero no es sólo eso, que ya sería bastante. Aporta además un mundo pictórico diferente, unos temas y unas figuras que no son habituales en él muchas veces plano panorama de nuestra pintura.

Es la de Arnulfo Luna una pintura sobria, directa que no pretende ser literatura. Ni nada distinto de lo que es: pintura. Cuando hay tantas que se desvían, por concepciones erradas, hacia otros rumbos supuestamente efectivos pero que no pasan de ser efectistas, Arnulfo Luna sigue siendo un pintor. Nada más, pero también nada menos.

Barranquilla, 1983

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LA OBRA DE ARNULFO LUNA

Por Eduardo Serrano.

Entre los valores jóvenes de la plástica costeña, Arnulfo Luna. es un artista de irrevocable vocación y gran talento, cuyo trabajo se ha desarrollado de manera coherente hasta alcanzar la pulcritud y la agudeza que actualmente son proyecciones inexplicables de su obra. Luna ha sido siempre un dibujante. Pero su dibujo se ha enriquecido paulatinamente con definiciones, al tiempo que se ha profundizado directamente sobre problemas formales, especialmente de composición y textura.

La obra de Luna se inició, hace ya varios años, con un trabajo de lápices y tintas de acento ocre, que representaba personajes de monstruosidad más humorística que aterradora más tierna que amenazante Niñas desproporcionadas de cachumbos cuidadosos, miradas optimistas e insinuación Inesperadamente erótica,. Resumieron los primeros intentos suyos de encontrar en las imágenes visuales su vehículo apropiado de expresión.

Posteriormente Luna avanza con un raciocinio de tipo nacionalista hacia la elaboración de sus conocidas fotonovelas. "Corin Tellado" le inspira a investigar sobre la cursilería propia del tema, con una orientación, eminentemente latinoamericana (Aunque hubiera sido el arte Pop el que hubiera abierto el camino visual de tal tipo de representaciones. Y aunque se pueda, con grandes salvedades, relacionar su obra con el realismo fotográfico, ya que la elaboración de estos dibujos parte invariablemente de ese lenguaje establecido universalmente por la fotografía).

La fuerte temática de este lapso en el trabajo de Luna, sinembargo, no significa el abandono de la, consideración formal. Los encuadros arbitrarios, la meticulosidad en el dibujo, y sobre todo, la textura, siempre enfatizada por el carboncillo del papel, son sus recursos para subrayar lo que realmente considera significativo en su lenguaje: el dibujo, como concepto y como técnica.

Progresivamente el tema va perdiendo importancia a medida que la adquieren las cualidades representativas y formales de su obra. Y Arnulfo Luna produce ahora dibujos de esmerada factura en los cuales ha desaparecido casi completamente En pliegos de 100x70cms cuya granulación es ya la es ya totalmente evidente a través ante todo de los grises y los negros; Luna ha desembocado en la representación de escenas comunes, cotidianas. Escenas en la que lo que menos cuenta es el posible significado de la escena; de las cuales ha desaparecido en gran parte el sabor "Kistch" de las fotonovelas aunque guarden relaciones de diseño con aquellos (formato gráfico de las conversaciones); y escenas en las cuales se evidencian principalmente las posibilidades de un dibujo cada vez más cuidadoso y más exacto.

El blanco del papel se ha convertido en el elemento significativo que divide los espacios. Las figuras aparecen recortadas sin miramientos literarios, de acuerdo con las necesidades de la composición, por planos precisos que contradicen la sugerencia de volumen.

Y la ropa de los personajes (calidad del material, peso, sombras, movimiento), más que sus rostros, ademanes o expresiones, es ahora el recurso representacional y el reto plástico más sobresaliente en su trabajo.

Haber seguido de cerca el trabajo de Arnulfo significa la gran satisfacción de haber visto una obra madura desentenderse de arandelas, y, acercarse decididamente a la esencia de necesidades, expresivas. Comprobar su orientación actual y los logros recientes de su obra, por otra parte, .nos debe ayudar a comprender hasta donde se ha avanzado no sólo en la realización, sino también en la clarificación de las ideas, en el arte de las nuevas generaciones de Colombia.

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Arnulfo Luna, 50 años de arte figurativo

Barranquilla. Con 80 trabajos que colgará en la galería de la Aduana, el pintor cartagenero Arnulfo Luna, Arlun, tiene listo un repaso de las que llama "las epopeyas de mi vida", surgidas desde su primera exposición en Cartagena, hace ya 50 años.

Arnulfo Luna, pintorLa curiosidad que le despertaban los cuadros antiguos, las tiras cómicas y las fotonovelas a los 12 años, como estudiante del colegio La Salle, de la Heroica, fueron el principio: "Me puse a practicar solo hasta que se me metió que debía entrar a la Escuela de Bellas Artes". Y lo hizo en horario nocturno.

En esos años publicó tiras cómicas en El Universal, de Cartagena, y creó fotonovelas basadas en las historias rosa de Corín Tellado, pero con guiones propios que vendía en el Portal de los Dulces. Luego entró en una corriente de pintura a la que llamó "niños ojones", influido por Enrique Grau, uno de sus profesores.

Pese a la oposición de sus padres, terminó la carrera de Bellas Artes, pero como aún estaba bajo la tutela paterna, estudió arquitectura por obligación, en la Universidad del Atlántico, en Barranquilla.

"Yo hubiese podido ser un buen arquitecto, por los buenos profesores, pero cuando me gradué me cayeron dos cosas del cielo. Primero, me gané el premio del Salón Nacional, patrocinado por Colcultura, con la obra Señora Ministra y Señora vía a Miami. Y ese mismo año me dieron una beca para Europa (también Colcultura), a través del Icetex, por dos años para recorrer museos y galerías en Europa".

El viaje le permitió definir su estilo y lenguaje figurativo, enmarcado en la línea hiperrealista, inspirado en Rembrandt, Velásquez y DaVinci. Estando en esas y ya con una carpeta de promoción, se atrevió a visitar la casa de Fernando Botero en París. "Lo llamé, y él me dijo que con mucho gusto me recibía. Le llevé una carpeta con varios cuadros y apenas los vio le parecieron tan buenos que levantó el teléfono y me consiguió galería".

Esa exposición fue en 1977 en París y al año siguiente logró otra en Londres. Volvió al país y se estableció en Bogotá por 25 años, hasta que entró en conflicto con el frío. Retornó al calor caribeño a sacar adelante una nueva idea, quizás la que le da reconocimiento: pintar viejos camiones y otras facetas costumbristas dé Barranquilla y Cartagena.

Tomado del periódico El Tiempo, 19 de septiembre de 2013 

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La visualidad táctil en las pinturas de Arnulfo Luna

Por Néstor Martínez Celis
Artista visual y docente investigador de la Universidad del Atlántico.

Arnulfo Luna, pintorArnulfo Luna es uno de nuestros artistas colombianos de gran trayectoria que se dejó seducir por la atmósfera del Caribe y todo lo que ello implica.

La profundidad del contraste, la intensidad del color, la emergencia de la riqueza textural y la forma que conquista la presencia es lo que en definitiva le interesó al artista.

A diferencia del altiplano colombiano, donde la espesa bruma oculta o atenúa lo visible, en el Caribe la intensidad de la luz cincela la forma y resalta el detalle impresionantemente. Luna se decidió por esto último.

Por ello, no nos puede extrañar que los temas que ha trabajado durante más de 45 años de producción artística no se avienen con lo social o político, pero sí con aspectos filosóficos que tocan la cotidianidad, el entorno y la intimidad del ser.

Desde sus inicios como artista, a principios de los años 70, e interesado en el Arte Pop, ya se vislumbraba el sendero que habría que recorrer. El cómic, las telenovelas y la figura humana modelada al carboncillo de la obra temprana no lo desviarían de lo que a la postre se reveló como su preciado objetivo: lo objetual de la forma.

El hecho de que Luna se detenga a observar minuciosamente un antiguo y destartalado camión y –sobre todo lo que mira– le dé prioridad a las evidentes huellas del tiempo y del uso en la cabina del automotor nos confirma que el artista desea hacer reflexionar al espectador sobre el paso inexorable del tiempo y cómo las cosas –y el ser humano también se incluye– responden a la ley inexorable de lo finito. Independientemente de lo que pensemos o deseemos, tarde o temprano se consume nuestra existencia y la de las cosas del mundo.

Aquí, podría pensar que Arnulfo Luna, en gran parte de su obra, trabaja con una estética del deterioro, similar a la que planteó Marta Traba en su momento, para significar muchas de las situaciones dependientes de los países latinoamericanos.

El artista estudia ese aspecto del empeoramiento de los objetos que nos rodean y de la propia vida, y cómo nosotros nos sentimos influenciados por ese fenómeno, quizás porque en el interior de nuestras mentes nos identificamos con esas cosas del mundo y pensamos que nosotros también correremos con la misma suerte. 

El deterioro nos rodea y nos abruma, y más en nuestra sociedad llamada eufemísticamente ‘en desarrollo’, sociedad pobre y pletórica de carencias, en la que no atinamos a conservar de la mejor manera las cosas importantes de nuestro entorno. Como algunas de sus obras de la serie de fachadas arquitectónicas de inicios de los 90 son muchas las edificaciones de nuestro patrimonio arquitectónico que acusan ruina y, en su etapa final, la desaparición y con ella la memoria.

Basta recorrer las calles de Barranquilla, especialmente las del Centro, Barrio Abajo o las del viejo Prado, para darnos cuenta de fachadas de casas y edificios cuyas paredes se muestran desconchadas, agrietadas y enmohecidas, amén de los daños estructurales, lo que no se corresponde con el valor patrimonial e histórico que tienen, corriendo además el peligro de perderse, ante la mirada indolente de nuestra élite gobernante.

Pero, por otro lado, el arte crea esa paradoja de cuestionar por un lado el hecho real, pero a la vez identificarse estéticamente con la imagen que lo evidencia. Por ello, repudiamos la desidia y el abandono de las cosas y a la vez nos sentimos atraídos por la imagen artística del deterioro

¿Es a la extrapolación de la finitud de la existencia a lo que apunta el artista? ¿O es sencillamente al brote de la nostalgia de tiempos idos a lo que nos invitan sus obras? Las respuestas a estas inquietudes definitivamente las da el público.

Por mi lado, aparte de reflexionar sobre la imagen artística y su impacto en el conocimiento sensible y la elucubración sobre lo existente, quiero ver en las obras de Arnulfo Luna el triunfo de la visualidad táctil y, aprendiendo de ellas, enfocar la mirada a fragmentos del campo visual, lo que me motiva a detener la irracional velocidad del mundo actual y a mirar-tocar y degustar esas preciadas imágenes, que puedo detener en el tiempo de mi mente, pero para las que en la vida real ya, inexorablemente, no existe el retorno.

Tomado de http://www.elheraldo.co/revistas/latitud/documento/la-visualidad-tactil-en-las-pinturas-de-arnulfo-luna-123699 , 2013 

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