Andres Cabas

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Andres Cabas

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Jugando a Cabas

por Jorge Hernan Gómez
Revista Diners, septiembre 2002

Mientras los moralistas no se ponen de acuerdo sobre si Andrés Cabas es un pervertido o un degenerado, el artista triunfa al lado de Lenny Kravitz y Miguel Bosé, llena el Madison Square Garden y lleva el rostro positivo de Colombia por todo el mundo. Irreverente, audaz y provocador, Andrés Cabas se revela ante la cámara atrevida de Carlos Duque. Un encuentro lleno de música, sensualidad e imaginación con la polémica estrella del porno-pop.   

Todo empezó por mi abuela y su grupo de bridge, un honorable concilio de señoras que viven muy preocupadas por lo que dijo Uribe y porque la guerrilla se está tomando a Bogotá y porque qué inmoralidad y qué falta de valores en este país. 

La encontré un día muy pálida, muy indignada, porque Marujita -la integrante más antigua del grupo de bridge, valga la aclaración, porque un grupo de bridge sin una Marujita no puede ser un grupo de bridge- le acababa de contar que había visto un video escandalosísimo en el que dos muchachitas se besaban e incitaban a la juventud de Colombia al homosexualismo y al lesbianismo, un video horrible de un tipo de pelo parado que ni camisa llevaba. Mi abuela estaba horroriza da. Incluso desconectó su televisor por temor a que apareciera la imagen digna de Sodoma y Gomorra que le había narrado Marujita. "Mijito", me dijo verdaderamente preocupada, "usted que es periodista por qué no hace algo para atajar a esos inmorales?. 

Entonces me dispuse a defender el honor y la santidad de mi abuela y me fui a buscar a Andrés Cabas. Quería encontrar al demonio que había escandalizado a mi abuela y a sus amigas, y hacerme romper la crisma si fuese necesario para meter en cintura al perturbador que se deleitaba ofendiendo a un grupo de viejecitas que se entretenía con programas inofensivos de televisión, con ingenuos talk-shows de mediodía donde un travesti descubre que se enamora de su hermano gemelo o donde dos sacerdotes se acusan mutuamen te de una violación.  La inocencia de esas damas había sido alterada y reclamaban justicia. 

Primer round  

Andrés Cabas es todo lo que dicen. Es verdad, sí tiene el pelo parado y yo creo que ni siquiera se lo peina. Y sí, la ropa me pareció muy descuidada. Era claro que sólo un hombre que se peinara así podría haber escandalizado a mi abuela. La intención era hacerle el reclamo directo y prepararme para la pelea, los puños, las patadas... Pero entonces Cabas me recibe con un gancho de derecha que me desarma: `Yo siempre parto de una cosa: la base de todo es el amor. Es la base de mi música, de mi vida, de cada paso que doy. El día que respire sin amor voy a estar muerto". 

Lo miro atónito, con los puños listos para responder le, mientras él recuerda una de las experiencias que más se ha gozado en estos últimos dos años de conciertos y fama, de reconocimiento y gloria abrumadora. Me habla de un concierto que dio para unos soldados que la guerra dejó por fuera de la guerra y de una canción que compuso para los desplazados. De eso se trata, de compartir. Si hoy estoy aquí arriba, pues me voy a aprovechar para compartir lo que tengo, mi música y mis canciones, con los que no tienen nada. No vale la pena triunfar y pararse en un escenario para dedicarles triunfos a los colombianos. Lo que vale la pena es mezclarse con ellos, hacer la música para ellos, por ellos y con ellos. Hay gente de muy buenas intenciones, como el Papa, que se deshace en oraciones y palabras y bendiciones, pero no descienden de las alturas para darle un pedazo de pan a alguien. Yo no quiero ser así. 

Me suena lógico, pero arremetió contra el Santo Padre, amado con fervor místico por mi abuela y su grupo de bridge. Quiero tantear el terreno para desenmascarar su inmoralidad. Pero no me deja, me vuelve a golpear: "Cuando miro la dirección en la que va el mundo no me gusta. Todo parece oscuro, como predestinado al fracaso y al caos. Pero entonces se me atraviesa una niña de seis años cantando Tu boca o veo a una ancianita que se acordó de la canción Ana María que le dedicó hace muchos años su esposo porque oyó a Cabas cantando en una emisora y entonces me emociono. Veo que tengo la posibilidad de alegrar a la gente, de mover sentimientos, de ser una suerte de luz feliz que se escapa de las tinieblas. Me siento orgulloso de eso y eso es lo que persigo como artista". 

Segundo round 

Entro desconcertado al segundo asalto. Cambio la estrategia. Quiero saber de dónde salió Cabas para así descubrir en qué momento se corrompió. Entonces Cabas empieza a recordar su infancia. Sus días largos metido en una cuna en una casa grande de Barranquilla. Y recuerda enormes figuras deformes que le hablan y él no entiende nada y se asusta. Pero hay una música de fondo, rondas infantiles quizá, que lo tranquilizan. O un hombre muy grande cantándole jingles de comerciales. Y a Cabas le gusta. 

Va más adelante, a su infancia y adolescencia en Bogotá, en el colegio San Carlos. Creo haber encontrado la mala influencia, pues se trata del colegio de los hijos de los ministros, presidentes y senadores, y al que anda entre la miel algo se le pega. Pero no, qué va. Cabas confiesa que era un alumno atípico, alejado de la excelencia y la fatiga de competir. Y al lema del colegio, the best for the best, anteponía el suyo propio: Cabas is not here. Porque estaba dándole a la música, esculcando sonidos nuevos con rock o buscando cumbias en la memoria. 

Entonces el joven de la idea del beso sacrílego se deja llevar por recuerdos. Por las reuniones en su casa con Lucho Bermúdez y por unas clases fallidas de álgebra en las que terminó oyendo a The Cure con su profesor y abandonando los números a su suerte. Y se acuerda de la primera vez que oyó a U2 y se emocionó. Y cuando escuchó a Héctor Lavoe y también se emocionó. Y cuando le pasó lo mismo con Bach, y con Miles Davis, y con Charly García, y con Joe Arroyo. Y se volvió a emocionar ya no con música, sino cuando leyó El barón rampante, de Italo Calvino, y El Aleph, de Jorge Luis Borges. Yo me iba a encontrar con un corruptor de menores, con una amenaza pública! Y él me sale con eso... 

Y me cuenta una historia que me avergüenza un poco: "Un día sentado en un parque llega una niña de unos 15 años y me mira directo a los ojos y me dice: `Ojalá algún día se arrepienta de lo que está haciendo. Usted es un pervertido. Pero ya va a ver. Va a venir un juicio sobre usted, un juicio divino del que no podrá escaparse. Cinco minutos después una niña, tal vez menor que la anterior, también se acerca, me mira directo a los ojos, me pide un autógrafo con timidez y me dice: `Andrés, muchas gracias por su música, sólo le quiero decir que sus canciones me reconcilian con la vida, que Dios lo bendiga. Dos dioses. Uno me maldice y el otro me bendice. ¿A quién creerle? Muchos me aman, otros me odian. Pero yo creo que los que me odian jamás han oído mis canciones, son canciones con las que sólo busco transmitir paz y armonía. 

Reconciliar a la gente con sus raíces y consigo mismos. Si por eso me merezco el infierno pues voy a arder con gusto".

Tercer round 

No sé qué voy a decirle a mi abuela. Estoy dichoso oyendo a Cabas y ya se me olvidó que venía a reclamarle por lo del asunto de las lesbianas. Me cuenta cómo decidió irse de la casa porque ya no quería sentirse como un vago viviendo de la bondadosa caridad paterna. Y que empezó a tocar y cantar en matrimonios y en bautizos para reunir lo del arriendo y la comida. Y empezó a deambular con algunas canciones debajo del brazo y a golpear en las disqueras y a buscar una oportunidad que llegó rápido, muy rápido comparado con el tiempo promedio, que es más o menos toda la vida para la mayoría de los artistas en Colombia. Y así, sin darse cuenta, ya estaba cantando para 200, para 500, para mil personas. Y después para cinco mil y ya tenía un disco. Y ya muchos se creían amigos de Cabas y querían rumbear con Cabas y que los vieran con Cabas: "De repente la gente empezó a saludarme de abrazo y sentí que los que se me acercaban iban a saludar a un trofeo y no a Cabas. De pronto me puse de moda y todos me querían. Pero siempre hago a esa gente a un lado. Sé que el día que Cabas no esté de moda van a cambiar el abrazo por un empujón y la sonrisa por un insulto". 

Pero no ahora. Porque Cabas es el candidato a un premio Grammy. Y el músico de sólo 24 años que le abrió un concierto a Lenny Kravitz y a Miguel Bosé. Y el colombiano que puso a saltar a 15.000 personas en el Madison Square Garden. Y el inventor del pomo-pop al que quieren abrazar todas las niñas y las no tan niñas. Y el audaz jugador que entró en la ruleta rusa de la fama v la celebridad. 

"Se trata de un juego y estoy aprendiendo a jugarlo. Creo que la clave está en entender que la fama no existe. Existe el reconocimiento, que llega y se va gobernado por caprichos. Estoy listo para ver aparecer y desa parecer el reconocimiento las veces que toque. Pero estoy más interesado en el éxito, porque el éxito no desaparece y es personal, un premio al esfuerzo y al trabajo que no sólo llega de los gritos de 15.000 espectadores, sino del alma de uno cuando hace las cosas con honestidad y con el corazón". Otro uppercut de Cabas, esta vez definitivo. Ya no me importa. Marujita se puede ir al diablo porque yo estoy con la segunda niña, la del Dios que bendice a Cabas.  

El sigue: "Claro que a veces. quisiera ser anónimo, volver a caminar por la calle y no sen tir los ojos que se clavan sobre mí. A veces tengo nostalgia de anonimato. Pero se me olvida cuando oigo que alguien tararea desprevenido mis canciones. Ahí siento que comparto mi música y mi vida con alguien: con la niña del mejor colegio de Bogotá, con el ama de casa, con un ejecutivo, pero también con una prostituta, un drogadicto y un enfermo de sida. Les canto a todos y eso es lo que transmito con mis canciones: tolerancia, solidaridad, comprensión, amor...".  

Y Cabas me hace pensar que la mujer que ayer vi en un semáforo pidiendo limosna y cantando Mi bombón, puede haber sentido lo mismo que sintió Gabriel García Márquez, a quien Camilo Pombo, manager de Cabas, le regaló hace unas semanas el disco de su representado.
"Sólo hago lo que quiero", termina Cabas. `Y hoy, lo que quiero, es hacer música y aprender mucho para seguir haciendo música.  ¿Es eso tan malo?  ¿No me lo pueden perdonar?. Yo ni siquiera contesto a la pregunta. Me siento el fan más devoto de Cabas y lo dejo marcharse debajo de su pelo fantástico. Dejo que se aleje hasta que lo detiene un grupo de niños y niñas en uniforme de colegio. El los saluda y sonríe. 

Quizá se le acaba de ocurrir una canción.

Ultimo round 

¿Y mi abuela? Bueno, Andrés Cabas me regaló un cd autografiado para ella, con el pequeño dibujo que hace bajo su nombre y que simboliza la necesidad del hombre de encontrar sus raíces, de entender su historia y su presente. 

Hace unos días pasé por su apartamento. Era tarde de bridge. Marujita no estaba. De pronto, oí un coro estupendo que, entre risas, cantaba una canción. Era Tu boca, de Andrés Cabas.

Tomado de la Revista Diners No.390, septiembre de 2002
Producción: Luz Helena Cárdenas "la Flaca" y Cayetana Rocha. Agradecimientos: Carlos Valenzuela, Real Identifi cation Sex Shop y Artesanías de Colombia.

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Cabas: el hombre increíble

Cabas no se ha preocupado por seguir ninguna fórmula ni andar viendo en qué anda la música. Hace lo que le gusta y lleva lo suyo más allá.

Y entre sus orgullos está haber tenido, en los primeros lugares de la música y durante varios meses, un bullerenge: Ana María, en los inicios de su carrera profesional.

Ahora y sin irse de la búsqueda sonora en los ritmos colombianos, de su cosecha suena Increíble, una canción rica de oír por un hecho elemental: porque habla de amor.

Cabas, sin embargo, dice que de este nuevo disco todavía hay mucho por descubrir. "Porque para mí, hacer buena música es una cuestión de honor".

Desde el Festival Iberoamericano de Teatro no hace un concierto masivo. Y hoy se reencontrará con las multitudes en el espectáculo `Divos jóvenes sin indiferencia, del Festival de Verano, del Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD). En el concierto también cantarán Lucas Arnau, Bonka y Tinto.

Allí, este Cabas, al que bautizaron como Andrés hace 28 años, le pondrá a la noche los sonidos que más le gustan: bullerengue, porro, cumbia y fandangos, esos ritmos del Caribe que aprendió en su casa - es hijo de Eduardo Cabas, músico y productor- y que no peleaban con el rock y otros géneros foráneos, porque, en últimas, de todos se nutrió.

Y cuando cante la romántica Increíble esperará que entre los asistentes haya muchas parejas para que se la dediquen.

"Porque el día que las canciones dejen de dedicarse, los músicos como yo nos moriremos de frío", dice. Así de romántico es este Cabas. ¿Quién lo creyera?

Tomado del periódico El Tiempo, 17 de agosto de 2006

 

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Nota:  ColArte está interesado en complementar el WEB de este cantante.  Comunicarse con colarte@cable.net.co
          Tel.6370482, Telefax 6370495, Bogota