Museo De Arte Moderno de Bogota, MAMBO

Bogota

Museos

Varios, Visual

EXPOSICION AUTONOMO

Del 14/03/2019 al 04/04/2019

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EXPOSICION ESTORBO

Del 21/03/2019 al 26/05/2019

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Museo de Arte Moderno de Bogotá, MAMBO

http://www.mambogota.com/web/

Museo

 
Lea Gloria Zea
 
Bogotá

El Museo existe desde 1955, y ha tenido varias sedes. 

La Actual, que ocupa desde 1985, tiene 5000 metros cuadrados de amplitud.  El MAMBO en sus cuatro pisos presenta constantemente exposiciones de arte moderno y contemporáneo. 

Durante todo el año y de forma rotativa se exponen obras de artistas nacionales y extranjeros.   La colección privada del museo comprende obras de artistas como Botero, Manzur, Grau, Villamizar, Negret, Alvaro Barrios, Ana Mercedes Hoyos y María de la Paz Jaramillo.  

Servicios complementarios:  biblioteca, teatro, librería-almacén, talleres, cursos para guías, visitas guiadasen otros idiomas, ciclos de cine y cursos de apreciación y análisis de cine, conferencias


UNA EXPERIENCIA SINGULAR
DE GLORIA ZEA

Durante la década de los cuarenta se producen en el país hechos de la mayor significación en el tema de las artes visuales, los cuales coinciden, por relación de causalidad, con los periodos de guerra y post-guerra y, adicionalmente, con los sucesos políticos y sociales, de años anteriores y posteriores, que en Colombia se aglomeran ominosamente alrededor del nueve de abril de 1948. 

Primero, tales artes experimentan una decisiva corriente innovadora que se venía incubando en nuestro medio desde el regreso de Europa del pintor Andrés de Santa María a finales del siglo pasado y que en América recibe influencias tan estimulantes como la irrupción de los muralistas mexicanos y la erección de Nueva York como una de las metrópolis del arte, tanto por la fuerza de los nuevos valores estadinenses como por la atracción que sobre las artes plásticas ejerce la ciudad. 

Segundo, en la misma década comienza a surgir un grupo de pintores y escultores tan entrañablemente colombianos como Alejandro Obregón, Guillermo Wiedemann, Edgar Negret, Enrique Grau y Eduardo Ramírez Villamizar, quienes prácticamente inauguran el gran arte nacional de la modernidad, marcan el destino a las generaciones siguientes de creadores como verdaderos maestros que son, y abren el camino a un artista tan destacado como Fernando Botero, que aparece en la década siguiente. Y por último, se empieza a percibir un cambio en todos los estratos de nuestra sociedad, dirigido a la aceptación del arte moderno. 

Aquella generación de artistas de tan alta calidad que había llegado para permanecer, la apertura del arte colombiano a las grandes corrientes universales de la época, la urgencia de los intelectuales de abrir un espacio a la fundación cultura¡ de tanta entidad y de avanzar en el terreno de la crítica especializada, la pasión por recobrar el tiempo perdido que se percibe en las escuelas de arte y el regusto manifiesto de los entendidos y aún de los snobs, hacen patente la necesidad de disponer de un refugio, de una casa mejor o quizá de una institución que acoja el fenómeno de la nueva creación artística y le revele a la nación el mundo maravilloso, aunque un tanto desconocido, del arte moderno. 

Marta Traba, venida de Argentina en esa misma década, metida ya dentro del medio artístico colombiano, después de haber servido de exégeta, crítica y, en cierto modo, definidora del grupo pionero, acepta la responsabilidad y funda el Museo de Arte Moderno en 1955. Sin embargo, en un gesto típico de su carácter y sus convicciones políticas, anula dicha fundación y la rehace en 1957, a la caída del gobierno de facto. En 1969 entrega el Museo a Gloria Zea, bajo cuya dirección renace admirablemente la institución, gracias a una tenaz labor se produce a continuación la etapa más fecunda de su existencia. 

Esta sencilla historia para ilustrar que el Museo de Arte Moderno de Bogotá es la obra de dos mujeres admirables, Marta Traba y Gloria Zea; dejar testimonio que su aporte ha sido uno de los más valiosos para la cultura nacional, revelar que no sólo es el mejor museo del país, sino que se ha convertido en el más extenso y fértil centro de relaciones, difusión, comunicación, enseñanza, publicaciones, competitividad, impulso a la creación y acervo de los valores nacionales y extranjeros en las artes visuales. 

Marta Traba tenía una pasión desbordada por las ideas: las políticas, las sociales, las humanas y las relativas al arte y la literatura. Su verdadera vocación, dentro de la cual oficiaba como crítica, fue la de la enseñanza de esas ideas. Marta vivió en función de maestra; su cátedra la difundió desde el Museo de Arte Moderno, la Universidad, el libro, los medios masivos de comunicación y la llevó hasta la amistad, la vida en sociedad. Lo hacía, además, con extrema gracia femenina. 

Gloria Zea viene de una ilustre estirpe de servidores públicos. Su padre, Germán Zea Hernández, ocupó las más altas posiciones del Estado y dejó huella perdurable. Gloria también la ha dejado en todos los nobles oficios de la cultura en los que se ha empeñado. Cuando ambos servíamos en la administración del Presidente Turbay Ayala, yo solía decirle que ella era el mejor funcionario del gobierno nacional. Gracias a la eficacia en la gestión, a la magia de su inclinación estética, a su sólida cultura, a su profunda convicción en un mejor destino para Colombia y a su información, conocimiento, experiencia y relaciones en el campo de las artes, Gloria ha contribuido en estos últimos 25 años, con cuánta inteligencia y acierto, a conformar la cultura de los colombianos. La suya ha sido una tarea eminentemente social. 

Resulta emocionante pensar en los millones de compatriotas a los que Gloria ha llegado con una ópera de Mozart, un concierto de Bach, un ballet de Debussy, un libro de poemas de José Asunción Silva o de León de Greiff, un grabado de Picasso, una escultura de Rodin, un rescatado cuadro de Santa María y con tantas y tantas otras obras de arte para dignificar la vida y el destino de nuestra gente.

ENRIQUE VARGAS RAMÍREZ 
Santafé de Bogotá, octubre de 1994


 

EL SER QUERIDO

..Al igual que un ser querido, el MAM no ha dejado de gratificarme y enorgullecerme..."
Gloria Zea

Obstinaciones y pertinacias están en el origen de no pocos museos, como si, por tratarse de recoger las obras que los creadores extraen del sortilegio de su ángel y su duende, también duendes y ángeles hubieran de participar como combatientes en el nacimiento de las fundaciones museísticas. Es cierto que existe la colectividad de la hermosura a la cual pertenecen los próximos del deleite estético, aquellos que entran en éxtasis con una cadencia musical o con una instancia plástica o con un treno lírico. 0 bien con la frescura gótica de la tierra húmeda y la estancia bajo la lluvia. Pero alguien obstinado ha de tocar a la puerta que soslaya el afecto innumerable para la cita de la creación, aún en los casos en que aquel mecenazgo se produzca en el escenario del Estado siempre que se respete la autonomía del artista, o se presente en el ámbito de las admiraciones papales o principescas, las cuales tampoco per se merecen la suspicacia, por más que en principio se mire con displiscencia la tiranía tolerante de Julio II sobre Miguel Angel y susciten recelos las solicitudes de cuartetos de los señores feudales al necesitado Beethoven.

El poder catalizador de aquellas obstinaciones y pertinacias es el elemento triunfante sobre las diferencias y las incredulidades. Y ejerce un influjo contagioso sobre la sociedad, hasta convertir el propósito en afán y las presentaciones en matricula para la colectividad de la belleza. Pocos fenómenos de tanta fuerza subversiva como la de aquellas obstinaciones que sacuden el duermevela del conformismo.

Así lo fue a finales del siglo XIX en el país pastoril y en siesta que era entonces Colombia, el maestro Alberto Urdaneta, creador de la Escuela Nacional de Bellas Artes en Bogotá y el primer litigante por un Museo de Arte Contemporáneo. Lo fue también a comienzos de la década de los años cincuenta, la argentino-colombiana Marta Traba, quien hizo irrupción en la crítica estética en América Latina como un meteoro, más bien como un volcán en erupción. Sacudió la geología dormida, derogó el conformismo, y como en su momento lo hicieran los impresionistas, también ella sacó el conocimiento plástico a la intemperie, lo llevó de la cátedra a la controversia; y del escrutinio riguroso pasó a la demolición o a la consagración, con la tesis de que las manifestaciones plásticas ni tienen por qué casarse con lo consuetudinario, ni tienen por qué divorciarse de la fenomenología circundante.

Ella misma participaba y discrepaba o coincidía sin sujeción a cánones ni estéticos ni políticos. Así germinó la idea del Museo de Arte Moderno de Bogotá: lo hicieron la obstinación de Marta Traba, la pertinacia de sus discípulos y discípulas, el resplandor que ejercían sobre el marchitamiento de los mecenazgos. Sembraron la semilla; y la semilla prendió.

Una de esas obstinaciones en las cuales germinó aquella idea ensoñadora, fue Gloria Zea: su formación académica; su matrimonio con el ya entonces brillante pintor Fernando Botero; su familiaridad con los grandes museos de Europa, los Estados Unidos y América Latina-, y su participación en la efervescencia desatada por Marta Traba, la señalaron como continuadora en la dirección del Museo. El cual seguía siendo apenas una metáfora: una metáfora itinerante, a la que daban albergue transeúnte, entidades y personas; pero que no alcanzaba a tener residencia en la tierra de modo propio y estable.

Un día Gloria se lanzó a la aventura con igual denuedo que Marta: este libro recoge aquellas instancias del nomadismo plástico del Museo de Arte Moderno de Bogotá en procura de una sede propia, que al fin se inauguró en 1979 por el presidente Turbay Ayala. La querella de las investiduras políticas de la que tampoco ha podido sustraerse -habitante de su tiempo y de su circunstancia-; hacer libros, muchos libros-, revivir la Opera y mantenerla y acrecentarla; llamar a muchas puertas tanto del sector público como del sector privado; apelaciones a las instancias internacionales donde habita buena parte de la colectividad de la hermosura, escoltada en ocasiones por el entusiasmo, en otras por la indiferencia, en no pocos casos por la sinrazón. Hasta este cumpleaños de unas bodas de plata que cifran en Gloria, en sus apoyos y en las convicciones y operaciones que ella suscita, el estuario de reconocimientos y gratitudes: sí, como ella lo dice en este hermoso libro, el Museo de Arte Moderno le ha dejado a Gloria Zea gratificaciones y orgullos al igual que un ser querido.

Estamos en la sede del Museo de Arte Moderno de Santafé de Bogotá, la tarde del martes 22 de noviembre de 1994, vecindario de la Biblioteca Nacional de Colombia, en mitad de una constelación de tonalidades verdes del parque que nos rodea. Han desaparecido -imaginémoslo así, con ilusión premonitoria- las viejas casonas del entorno. Las primeras en ascender por la amplia escalinata que diseñara el arquitecto Rogelio Salmona como preámbulo del Museo, son dos obstinaciones-. Marta Traba y Gloria Zea. Entran con resplandor de excelsitud. Pareciera que no llegan aún los invitados. No es así: en un incendio imaginario de Alberti, en el Museo del Prado, bajan con prisa de sus cabalgaduras los personajes de Velázquez y escapan de su nimbo angélico los personajes del Greco; atraviesan la laguna los del Bosco y se apresuran las majas de Goya; salen severos de su blancura los monjes de Zurbarán, a buscar el Paseo de Recoletos. Esta tarde de noviembre hay en el MAM una asamblea de cóndores y barracudas de Obregón; barequeras, de Pedro Nel; gentes que salen de las casas sabaneras de Páramo y de los lienzos alegóricos de Beatriz González; de transverberaciones de Manzur y gritos de la arena taurina de Botero; naves espaciales de Negret y formaciones geométricas de Ramírez Villamizar y vegetales de Roda, y tejidos de Amaral y figuras de Ana María Rueda y ojeras de Maripaz y billaristas de Saturnino, salen a recibir a Marta y a Gloria. Llegan el presidente Samper y Jacquin y llegan los ministros. Hay un rumor unánime de aplauso entre las vacaciones de los habitantes de los lienzos y el delirio de aquella colectividad de la belleza, que Gloria y Marta convocan.

¡Es el momento de entonar al unísono el Aleluya de Haéndel!

BELISARIO BETANCUR
Santafé de Bogotá, noviembre de 1994


 

El Museo soñado por los Artistas

Para celebrar sus 40 años, el Museo de Arte Moderno invitó a 50 artistas colombianos para que intervinieran maquetas basadas en la edificación de la institución.

Artistas de varias generaciones, desde Álvaro Barrios y Enrique Grau hasta Elías Heim y Jaime Ávila, decidieron medírsele a un proyecto que les planteó el Museo de Arte Moderno (Mambo) a raíz de sus 40 años. Se trataba de intervenir una maqueta, en pequeña escala, basada en un prototipo de la edificación, que después sería vendida con el fin de recoger recursos para la institución.

Con materiales como hierro, resina poliéster, aglomerado Madeflex y cartón, los artistas trabajaron las maquetas de acuerdo con su propio estilo o intereses. Por ejemplo, David Manzur pintó de un solo tono el prototipo y después le dio su sello personal con sus emblemáticas moscas, elementos que, según él, aportan un toque de humor.

"Me parece muy importante haber cooperado con esta idea de Gloria Zea dice Manzur-. Ella está proyectando agrandar el Museo y este es uno de los medios para conseguir fondos. Me siento contento de haber podido ayudar y espero que la gente entienda que esto lo hacemos para el país".

Algunos artistas, como Santiago Cárdenas y Maripaz Jaramillo, se salieron del formato y crearon figuras humanas. "Me salí de la maqueta y trabajé el tema la mujer como representación de Colombia -dice Jaramillo-. Es nuestro país caminando por el Museo. También quise expresar que el Museo no es solo de Bogotá sino de todas las ciudades". Otros, como Pedro Ruiz, se ajustaron al modelo entregado por la institución, pero conservaron una línea de trabajo que ya venían desarrollando.

Tomado del periódico El Tiempo, 23 de marzo de 2004


 

 


Décima Bienal de Arte de Bogotá 

Desde 1988, el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MamBo) convoca a la Bienal de Arte de esta ciudad y ahora, para su décima versión, reunió a 16 artistas colombianos seleccionados por un comité.

El viaje fue el tema central que inspiró a los creadores en esta edición, en la que participaron invitados internacionales como los brasileños Vera Chaves y Sergio Romagnolo, la argentina Alicia Herrero y la chilena Sandra Vásquez, quienes compartieron sus trabajos y experiencias en Cali y Medellín. El resultado de ese intercambio es lo que se muestra en la exposición.

"La intención es que se establezcan redes entre los artistas extranjeros y los de las ciudades que los recibieron. También, lograr una mejor bienal cada vez", dice María Elvira Ardila, curadora del MamBo.

La bienal, denominada Confluencias, no otorga premios sino que entrega una bolsa de dos o tres millones de pesos a los invitados, según los casos, para que desarrollen sus trabajos.

El dinero es aportado por la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá y por el MamBo. En todas las obras, explica Ardua, confluyen las experiencias del viaje.

"Este tipo de experiencias permite que los artistas aborden temas distintos a la política, a la violencia y a las masacres", dice Ardua al mencionar que estos tres temas se han vuelto recurrentes en el arte colombiano.

Dentro de la muestra hay 12 fotografías de la obra La caza de Asterión, de Óscar Leone, del colectivo Espacios Alternativos, creada en Nueva Venecia, un pueblo de la Ciénaga Grande de Santa Marta.

El comité de curadores fue conformado por Gustavo Zalamea, profesor de la Universidad Nacional; Jorge Jaramillo, de la Fundación Gilberto Alza-te Avendaño, y Juan Gaviria, de la galería del Centro Colombo Americano, en Medellín

Tomado del suplemento EsKpe del periódico El Tiempo, 27 de noviembre de 2009


 


Gloria Zea: 40 años de amor al arte

Gloria Zea transpira arte por todos los poros. Hasta averiguar un poco sobre su vida, o preguntarle a sus discípulos, u oírla hablar de su cuarto hijo que después de Fernando, Lina y Juan Carlos- termina siendo el Museo de Arte Moderno de Bogota, que cumple 45 años de vida.

En 1969, Gloria recibió el legado de Marta Traba, la crítica, historiadora y amiga personal suya, que un día la invitó a almorzar para decirle que a partir de esa fecha sería la directora del MamBo. "Eso era un quimera porque no había ni un peso. Me entregó una caja de cartón con los estatutos, la personería jurídica del Museo, algunos documentos y los catálogos de las exposiciones que se habían hecho en seis años". Gloria todavía no sabe por qué aceptó, pero desde entonces ese proyecto se volvió el más importante de su vida y tuvo que empezar de cero: desde rescatar en un taxi los cuadros que estaban prisioneros en un edificio de la Universidad Nacional, hasta conseguir una sede prestada para reabrir el Museo.

En ese largo camino, todo ha sido difícil. Pero, justamente, por amor al arte, Gloria Zea siempre ha estado ahí, al pie del cañón, dispuesta a salir a batallar y a golpear puertas, a hablar con empresarios —amigos o no-, con el  presidente de turno y hasta con colaboradores internacionales. De hecho, para mantenerse, el MamBo hoy necesita dos mil millones de pesos anuales. Y como sea, están siempre ahí, gracias a la gestión de su directora.

Pero todos los afanes económicos y los tropiezos con que se ha encontrado a lo largo de casi cuarenta años se eliminan automáticamente de la mente de Gloria Zea cuando habla de su MamBo. Y nada se compara con el entusiasmo con que recuerda la primera exposición que montó, en 1971:

"Fueron 69 esculturas de Alexander Calder, traídas del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Y para motivar un poco más a la gente, trajimos por primera vez a Colombia un cuadro de Picasso, fue una obra bellísima que se llama Tres mujeres en la fuente. En esa misma muestra tuvimos también La boda, de Chagall, que vino directamente del museo Guggenheim".

Lo cierto es que la directora del MamBo no se estrenaba ni en el mundo del arte ni en el de conseguir fondos. Cuando estudiaba Filosofía y Letras en la Universidad de Los Andes, tomó un curso con Fernando Botero, se enamoró de él y del tema y terminó dictando clases en el mismo plantel. Más tarde, en los 60, dirigió la fundación de la universidad en Nueva York, donde vivió seis años. Por eso, a la par que planeaba exposiciones que nunca se habían visto en el país, buscaba un terreno propio para construir la sede del Museo, en pleno Centro Cultural de Bogotá. Así, consiguió que el Ministerio de Obras Públicas le donara un lote y que su amigo Rogelio Salmona diseñara el edificio en el que desde 1979 funciona el MamBo.

Gloria cuenta que tuvo muchos contradictores que no creían que una mujer separada y con tres hijos pudiera echarse al hombro una responsabilidad tan grande y poco viable. Sin embargo, también se encontró con varios amigos que, con el mismo amor al arte, se convirtieron en sus aliados y benefactores. Tanto, que hoy, además de la satisfacción de liderar la institución de arte contemporáneo más importante del país, se precia de haber sido amiga personal y cómplice de los artistas más grandes de Colombia. "Soy muy afortunada porque fui colega y compañera de viaje de Negret, Grau, Roda, Obregón, Ramírez Villamizar...". Con ellos creció y aprendió. Y el MamBo los tuvo a todos, con sus obras completas y retrospectivas expuestas, en su máximo esplendor.

Hoy, la directora del Museo sigue tan vigorosa como hace 40 años, cuando empezó. Gloría le recuerda constantemente a su equipo de trabajo su lema de toda la vida: "Nada es imposible". Sólo hay que tener, dice, persistencia y una gran dosis de obstinación, dos características a las que atribuye haber acercado el arte a todos, sin importar su clase social. Rodin, Miró, Goya, Dalí y Picasso son sólo algunos de los nombres que aparecen en su lista de grandes logros.

Después de todo, la hija de don Germán Zea Hernández, bachiller del Gimnasio Femenino, madre de tres hijos y loca por las artes plásticas, terminó haciendo su santa voluntad. Pese a todos los pronósticos, se convirtió en la primera dama del arte en el país y en la gestora de otros proyectos culturales como la Opera de Colombia y la Fundación Camarín del Carmen. Hoy, 40 años después, quiere liderar la ampliación del museo -que Rogelio Salmona dejó diseñada-, y desde ya planea la próxima exposición con la que, seguramente y como siempre, dejará boquiabiertos a los bogotanos.

Gloria se precia de no haber vendido ninguna de las 2.850 obras de la colección privada del MamBo, a pesar de las duras crisis económicas.

Tomado de la Revista Jet-Set No. 147, 18 de junio de 2008


   

Aniversario del Museo de Arte Moderno de Bogotá

Un museo a los 50

Dos curadores cuentan las experiencias de sus años de trabajo con el Mambo.

por Adriana Marín Urrego

Eduardo Serrano había acabado de llegar de Estados Unidos cuando entró como curador del Museo de Arte Moderno de Bogotá. Entró a desempeñar esta función por escogencia propia, porque lo invitaron a trabajar y le preguntaron cómo quería participar: ‘Yo quiero ser curador", dijo cuando nadie en Colombia sabía lo que era eso. "Pensaban que era curandero’’, cuenta, me preguntaban, incluso, que yo qué curaba". Tenía los estudios y conocía de museología internacional, fue por eso que Gloria Zea, ya directora en ese entonces, pensó en él. Cuando empezó con sus labores, las obras que se tenían en la colección no eran muchas, pero eran. Fue el primer curador que tuvo el Mambo y que tuvo el país.

Gloria Zea, alma del Museo de Arte Moderno de Bogotá, MAMBOGloria Zea estaba concentrada en potenciar lo que Marta Traba había dejado iniciado. Traba, de Argentina, había llegado años atrás a la dirección con la idea de convertir el museo en un lugar que difundiera las obras de los artistas más representativos en el terreno nacional y el internacional. Era1962 y Colombia ya tenía una historia de arte qué contar, sólo que no había una institución que la contara. Antes de Traba se había intentado, a través del movimiento de numerosos papeles legales, tener una sede propia, pero no se había conseguido nada Traba tomó entonces la decisión de iniciar un museo sui géneris, sin obras y sin sede, sin nada. No muchos se hubieran atrevido a seguir esa iniciativa.

En la historia de los museos más importantes del mundo no se dejan cabos sueltos y no existe evidencia de que se hayan tomado riesgos semejantes. El Louvre, en París, se fue creando lentamente con las colecciones de la monarquía francesa y el esfuerzo, más adelante, de los hombres de la Ilustración. El recinto ya existía y las obras fueron llegando sin esfuerzo. En el Museo Británico la cosa fue relativamente distinta: la colección estaba primero. Fue una donación de la colección privada de Hans Sloanal al Estado británico, expuesta en una casa, para empezar.

Si hay alguna entidad cuya historia se parece a la del Mambo es la del MOMA de Nueva York, que inició con pocos cuadros y sin sede propia. Los dos son museos de arte moderno; la diferencia es que los creadores del segundo eran multimillonarios neoyorquinos en un país, si se puede decir, benévolo. con la cultura. En Colombia no existe y no ha existido tal interés, ni multimillonarios en tal medida, lo que hace que las apuestas en su dirección sean más exigentes.

Cuenta Eduardo Serrano que, durante los 20 años en los que trabajó allí como curador veía cómo Gloria Zea lograba reunir todos los recursos necesarios para sacar la institución adelante. Cuenta cómo se hacían rifas y comidas para buscar el apoyo de la empresa privada. Cuenta que alguna vez hicieron un afiche con un ladrillo, pintado por Santiago Cárdenas, en el que se leía: Done un ladrillo al Museo de Arte Moderno". La gente compraba el afiche y ellos compraban ladrillos. Mientras tanto, Rogelio Salmona trabajaba en el diseño de la estructura: "El museo fue construido por la comunidad", dice Serrano.

De esa comunidad también hacía parte la empresa privada, que fue la que ayudó, en gran medida, a que el MAM abriera su primera sede en la carrera Séptima con calle 23. Luego de estrenar la sala con una exposición de Juan Antonio Roda, funcionó por año y medio, recibiendo muestras de distinguidos artistas, fotógrafos y escultores. Ni el espacio ni los fondos privados alcanzaron, sin embargo, y el museo dejó de ser sostenible en ese lugar. Fue entonces cuando la Universidad Nacional le abrió sus puertas.

A pesar de la nueva ubicación, continuó con su filosofía inicial: dar a conocer a los artistas colombianos más importantes y presentar a los internacionales sin dejar, por supuesto, de dar apoyo a artistas jóvenes con exposiciones que permitieran mostrar su evolución. En ese momento la relación era recíproca: el museo aportaba una programación adecuada de aprendizaje artístico y la universidad ofrecía una audiencia joven, sin prejuicios.

Lo que vino después parece sacado de una película policíaca: problemas políticos y estudiantiles en la universidad y en el país, Marta Traba expulsada de Colombia por criticar el hecho de que el ejército estuviera dentro de predios universitarios y Gloria Zea —desde su nueva posición como directora— rescatando las obras de arte por el techo de un edificio destruido, mientras que en la parte baja se libraba una guerra entre los estudiantes y la policía.

Las obras se salvaron y el museo comenzó de nuevo en el primer piso del edificio Bavaria. Luego se pasó a un salón en el Planetario. Cuando estuvo lista la sede construida con ladrillos donados, la sede actual, pasaron las piezas una por una a su nueva casa que las ha acogido hasta hoy, cuando celebra el aniversario número 50. Yo creo que las obras ya pasaban de 1.000 y había que trasladarlas a esta nueva sede, cosa que se hizo en su mayor parte a pie, atravesando el Parque de la Independencia’’, afirma Serrano.

Los retos fueron cambiando con el tiempo. Para Eduardo Serrano el desafío fue iniciar la curaduría en un museo que apenas se estaba formando; para María Elvira Ardila, curadora actual, ha sido actualizar el registro y el inventario de obras que ya asciende a 4.500. El uno y la otra lograron su cometido. Gracias a su contribución y a la dirección de Gloria Zea, ahora existe un museo sólido y un libro de su colección en el que, de manera ordenada, se presentan todas las obras que posee la institución.

El problema, sin embargo, vuelve a ser el mismo: el espacio. Ya no hay lugar para guardar tantas piezas y, mucho menos, para mostrarlas todas al mismo tiempo, como se quisiera. En la exposición que comenzó ayer, dentro de la celebración de sus 50 años, y que abarca todo el edificio, sólo se alcanzan a exponer 400 obras, un 10% del total. Por eso se planea construir una nueva sede, justo al lado, cuyo diseño dejó Rogelio Salmona antes de fallecer. ¿Habrá que pedir, nuevamente, donación de ladrillos?

Eduardo Serrano y María Elvira Ardila, él al comienzo y ella al final de una línea que se sigue extendiendo, se sienten orgullosos de haber sido partícipes del crecimiento de un museo tan importante para el arte en Colombia y de haber sido parte de su historia. Ellos contaron lo que no aparece en los libros de arte, el subtexto de las fechas y de los eventos: la parte humana.

Museo de Arte Moderno de Bogotá, MAMBO, Calle24 No. 6-00. Teléfono:2 86 04 66. Más información en: www.mambogota.com

Tomado del periódico El Espectador, 1 de marzo de 2013 
  2015

Resignation

Gloria Zea Resigns as Director of the MAMBO
and Claudia Hakim, New Director
Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO)
29/January/2016

Gloria ZeaAfter more than 45 years of uninterrupted work, Gloria Zea leaves her post as director of the Museo de Arte Moderno in Bogota. She officially announced her decision to the board of directors of the Museo de Arte Moderno in Bogota on January 28.

Gloria Zea took the reins of the MAMBO from its founder Marta Traba in 1969. Since then she endeavored to preserve and promote modern and contemporary art. With that objective in mind she created, with the help of architect Rogelio Salmona, the museum’s current building.

Under her directorship the museum has organized numerous and important exhibitions of national and international projection, has considerably expanded its collection—to nearly 4,500 artworks, by national and international artists—and made it not only a referent of Venezuelan art, but also an object of study for a variety of professionals. The current administration leaves a structured project for the expansion of the museum, which includes designs by Rogelio Salmona. But the expansion project has yet to be funded.

Claudia HakimGloria Zea also directed Colcultura (the institution that preceded the Ministry of Culture), founded, and continues to be the director of, the Ópera de Colombia and the Camarín del Carmen.

The new director of MAMBO will be Claudia Hakim, a prominent Colombian artist and cultural manager who five years ago founded and became director of the NC-Arte space in Bogota. The space stands out for showcasing in situ works by national and international artists that promote and encourage reflection through proposals and educational practices that are directed to new audiences.

Claudia Hakim studied design at the Universidad de los Andes, where she also taught textiles—from 1986 to 1994—and later became thesis director. As a sculptor, she has created works that fuse her artistic passions (textiles and sculpture), through the use of materials like steel, concrete and crystal. Besides exhibitions in Colombia, her work has also been exhibited at ETRA Fine Arts Gallery in Miami, and at the National Gallery of Modern Art in New Delhi, among other spaces.

Texto suministrado por ArtNexus, 2016


Por: Laura Guzmán Díaz 14 de enero 2018 ,

A meses de cumplir dos años como directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá, Claudia Hakim se muestra contenta y optimista.

¿La razón?: la gente está volviendo al museo y eso se refleja en la buena recepción que han tenido las exposiciones en el público nacional y extranjero, la forma como se mueven la Tienda MamBo y el restaurante, así como el número de asistentes, que en el 2017 fue de 47.000, mientras que en 2015 fue de 30.000 y en 2016, de 34.000.


Hakim confiesa que en cuanto al funcionamiento interno del museo todavía falta apoyo económico, que es muy poco, pero en el que ha venido trabajando desde que Gloria Zea le entregó la dirección, en el 2016, después de 46 años, a través de, por ejemplo, la consolidación de la Red MamBo.

Para el 2018, año en el que se cumplen 55 años de la fundación del museo que tuvo a Marta Traba como directora entre finales de 1962 y 1969, Hakim dice que “el MamBo se queda en casa”, pues todas las actividades tendrán como protagonistas a artistas colombianos.

La gala, que se celebrará el 25 de octubre, promete ser ambiciosa y crear expectativa, pues la idea es que esté al nivel de las más reconocidas, como la del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (MET).

“Tenemos a Raúl Ávila, bogotano que decora las galas del MET, quien va a montar la experiencia decorativa del museo como una gala del MET. Se llamará Gala MamBo”, afirma Hakim.

La ceremonia tendrá personalidades nacionales. “Tendremos alfombra roja y un evento que no será una cena formal, sino una cena donde la gente va a poder caminar por las salas del museo y oír música. También daremos por primera vez el premio a la filantropía en las artes, que esperamos continuar”, dice la directora

Tomado de http://www.eltiempo.com/cultura/arte-y-teatro/calendario-de-eventos-artisticos-para-el-2018-170926 , 2018