Rodrigo Callejas

Medellin, Antioquia

Pintores

Bodegón, Figura, Paisaje

RODRIGO CALLEJAS

CRITICA

por Jesús Gaviria

El paisaje ha sido una preocupación permanente en el trabajo de Rodrigo Callejas, asumiendo desde una perspectiva por las realidades visuales de¡ momento actual, una tradición que en Colombia ya había dado muestras de madurez e inclusive de franca decadencia. A esto último contribuyó de manera decisiva la progresiva e irreversible urbanización del país que transformó todos los aspectos de la vida nacional, incluyendo el ámbito de la cultura y particularmente el de la creación plástica.

El acelerado crecimiento de nuestras ciudades, el proceso de industrialización, la conformación de nuevas realidades socio-económicas, sustrajeron al artista de la plácida y pasiva contemplación de "la naturaleza" para sumergirlo en problemas más urgentes e inmediatos. Esto no quiere decir que el artista haya dedicado todo su trabajo a la captación y transformación plástica de problemas de orden político o social. Implica si, que los elementos que crean y conforman una manera de mirar habían variado esencialmente. Los centros urbanos proponen al ojo realidades muy distintas a las que puede proporcionar el mundo rural que aunque sin ser el único, si era el más importante motivo del pintor de paisajes.

La ciudad moderna con sus altos edificios, las múltiples perspectivas que se presentan simultáneamente al ojo, sus avenidas de alta velocidad que impiden todo tipo de contemplación estática, parecían negar la esencia misma del paisaje, al menos en su concepción tradicional. Una realidad pasiva era sustituida por una realidad activa; la visión panorámica y continua por los fragmentario y discontinuo, todo lo cual venía a dificultar la tarea de un pintor que se empeña en hacer del paisaje el motivo central de su obra.

Rodrigo Callejas sortea con éxito este difícil escollo amalgamando, de manera sorprendentemente eficaz los elementos "naturales" del paisaje con las exigencia más urgentes de la realidad visual contemporánea. De esta suerte el paisaje deja de ser la captación sumisa de un mundo completo y acabado para pasar a ser la creación dinámica y activa de lo real. En otras palabras, el ojo percibe para crear antes que para constatar.

A lo largo de su carrera Callejas ha recurrido a distintos procedimientos con el fin de dotar al paisaje de esa contemporaneidad que tanta falta le hacía. Por ejemplo, apelando a ciertas formas geómetricas como el cono y a materiales como el plexiglás y el tubo de neón lograba una aproximación a la geografía andina sin necesidad de tomar elementos y materiales naturalistas. Luego iba a acudir a algunas sugerencias del surrealismo, particularmente de Magritte, para crear una alianza perturbadora, entre el paisaje y el mundo interior del sujeto que Id observa.

Posteriormente en sus pinturas sobre Machu-Pichu Callejas comienza a investigar en torno a las posibilidades de la yuxtaposición de diferentes enfoques y perspectivas sobre una vista panorámica. As¡ la continuidad del paisaje es interrumpida bruscamente por un pequeño "recuadro" que recibe otro punto de vista, otro acercamiento. Aquí Callejas introduce en forma indirecta la técnica del montaje; es decir, logra "crear" el paisaje partiendo de un procedimiento que este género no parecía admitir.

Con el título de " Propuestas para mirar una paisaje" Rodrigo Callejas mostró en la Cámara de Comercio de Medellín una serie de acrílicos donde el lenguaje iniciado en Machu-Pichu adquirió su más alta depuración. Fieles al carácter discontinuo de la percepción visual contemporánea estas telas se fragmentan para acoger perspectivas diferentes de una misma realidad. El ojo del pintor se detiene en un mínimo fragmento de paisaje (un trozo de roca, un chorro de agua, una rama) y ese brusco acercamiento dota a esas pequeñas realidades de una significación que, sin negar ¡a referencia a lo real, toman una existencia esencialmente plástica, por no decir abstracta. Pero esta realidad es invitada a convivir con otra sujeta a leyes diferentes.

En los telones que posteriormente conformó cosiendo trozos de pintura y acercándose mucho más al detalle (hablo de sus trabajos en torno a la piedra del Peñokl) Callejas redondeó las posibilidades anunciadas.

La necesidad de conferirle al paisaje una actualidad que no dependa exclusivamente del registro halló en los bosques de la sabana de Bogotá una formulación más sutil, en el sentido de que el detalle fue reemplazado por la noción de "cercanía" que no requiere de la fragmentación de su obra anterior y que dota a estas pinturas de cierta intimidad; intimidad que nada tiene que ver con el recuerdo o la nostalgia. En otras palabras, es una intimidad actual entre la obra y quien la ve.

En sus telas más reciente Rodrigo Callejas quiso explotar una de las vetas más ricas pero también más difíciles presentes en su trabajo. Me refiero a la constante mención de datos tomados de realidades íntimas. Así los últimos "paisajes" son invadidos literalmente por la extraña presencia de unos juguetes: los transformers. Sin embargo lo más sorprendente de este trabajo radica en la voluntad plástica con la cual son afrontados. Y es que depurar a estos objetos de determinadas connotaciones, ya sean de origen estético o sentimental, es una labor necesitada de una lucidez muy difícil de mantener activa por largo tiempo. En primer término, el carácter mecánico de estos juguetes no hace la menor referencia a la exaltación de la máquina como contrapartida del paisaje como podrían hacerlo cierta adopción trasnochada del futurismo. En segundo lugar la exaltación del héroe infantil tan querida del Pop-Art no figura tampoco entre las intenciones que impulsaron a Callejas a ejecutar estos trabajos. Por último, la referencia al mundo infantil aparece despejada de toda afectación nostálgico o sentimental. ¿Qué es entonces lo que le otorga pues a estas pinturas? Creo que este interrogante o mejor la dificultad para darle una respuesta adecuada, seguirá siendo uno de los aspectos más interesantes no solo de esta última época sino de toda la carrera artística de Rodrigo Callejas.

Noviembre de 1987

JESUS GAVIRIA 

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Rodrigi Callejas:  Piel de la tierraBusca ei pintor en su obra, según palabras. "el rincón del paisaje que dé la intimidad sensual de la naturaleza...; la cañada, la vida que florece en ella, los Andes agrestes y vírgenes de Antioquia. La tala, la quema, la agresión ciega de las fuerzas del desarrollo...".

Lo característico de esa obra es precisamente su fidelidad al tema del paisaje, su dedicación casi absoluta a un género usualmente soslayado por las corrientes artísticas actuales, y que Callejas trabaja con un rigor expresivo y una síntesis de elementos formales y colorísticos absolutamente contemporáneos. Sus paisajes, lejos de ser contemplativos y mucho menos idílicos, muestran con vigor expresionista una naturaleza arrasada. El pintor insiste con vehemencia en una imagen a veces fragmentada, a veces ensombrecida por la presencia de aviones de combate, soldados, helicópteros, que de modo insólito se introducen en recónditos lugares de la composición. No obstante, algo que trasciende en el drama o la denuncia late finalmente en la fuerza de sus telas. Como subraya un crítico, "la mirada del pintor no es derrotista: sus árboles respiran y sus prados reverdecen".

Es palpable en estas obras la tendencia creciente del artista a las visiones fragmentadas, a circunscribir a detalles la tradicional perspectiva paisajista. Aquí, el suelo, con las típicas texturas que Callejas emplea, la tierra en suma, es el protagonista casi único del cuadro, apenas subrayado por el surgimiento de los troncos y el jirón del cielo.

Jesús Gaviria Catálogo El Arte en Suramerícana 1994 
Tomado del folleto Arte Colombiano, Cuatro decadas de la Coleccion de Suramericana, 2013 

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