Rodrigo Callejas

Medellin, Antioquia

Pintores

Bodegón, Figura, Paisaje

RODRIGO CALLEJAS

 

CRITICA

Rodrigo Callejas es uno de los pocos pintores colombianos que ha sido fiel a su condición de paisajista. En la década del 70, el artista antioqueño inicia su serie de "Paisajes divididos", donde líneas horizontales y verticales parten las obras en diferentes planos, creando una visión múltiple y simultánea de la geografía andina. Su obra de esa época se caracteriza por un velado matiz político materializado en un sutil alambre de púas que atraviesa algunas de sus pinturas. Con este signo, el pintor alude por primera vez al concepto de agresión a la naturaleza, una de las principales constantes de su obra. El alambrado además enfatiza la crítica muy en boga en ese entonces la escisión que ha generado la civilización occidental entre el hombre y la naturaleza. Factores económicos y políticos llevan al hombre a segmentar su entorno con el fin de apropiárselo. El artista enfatiza esta noción dividiendo el paisaje y fragmentando aún más, lo y fragmentado por la civilización.

Tal vez por nutrirse de la exuberancia y misterio del trópico, la obra de Callejas choca con la concepción idealista que ha caracterizado, tradicionalmente a la pintura de paisajes. El encuadre, concentrado en una vegetación devoradora y mutante, se contrapone a la imagen unívoca y generalmente panorámica del paisaje tradicional.

A mediados de los años 80, Callejas se traslada a vivir a Bogotá, donde la topografía y la vegetación resultan más ordenadas que en las montañas de Antioquia. En ese período elige como sujeto de su obra a la región del Neusa. De su contacto con este entorno surge una óptica diferente y nuevos recursos para enfrentar su trabajo. La línea del horizonte, casi ausente de su producción anterior, asciende hasta el borde superior de los bastidores o simplemente, desaparece. El encuadre se cierra cada vez más y la mirada del transeúnte se concentra en el piso, en las hebras rojizas y los frutos de los pinos que tapizan el suelo de esta región altiplánica. En ese momento, el artista se centra en una reflexión fundamentalmente pictórica: se acerca a la abstracción y al dibujo otorgando un resultado de sensualidad y misterio a las obras. Finas hojas de pino, realizadas con rápidas pinceladas, ocupan la casi totalidad del formato, El frío clima de la sabana apaga su paleta, llevando a una misteriosa entonación rojiza. El acrílico es aplicado por medio de líquidas voladuras que no ocultar para nada la textura de la tela.

Unos años más tarde, en los mismos parajes del Neusa, que pierden su entonación rojiza y regresan a la enceguecedora luz tropical, aparecer violentos juguetes que agreden el paisaje. Transformers, en la figura de muñecos, tanques de guerra y aviones militares, crean la parodia de la toma de la naturaleza y por parte del hombre, mediante la guerra y la tecnología. El hombre, además de dividir el territorio a través de la creación de linderos , lucha por su posesión mediante la guerra. Tanques que incendian bosques, robots armados como soldados de plomo de la era cibernética y helicópteros camuflados aluden no solo a las innumerables luchas que se suceden al interior de nuestro país sino a los conflictos bíblicos a nivel mundial, como la pasada guerra del Golfo Pérsico

Con esta exposición en la Sala de Suramericana, Callejas continúa expresando su estupor frente a la agresión al paisaje. Esta vez se le acerca desde una óptica ecológica. La violencia contra los árboles urbanos mediante la tala y la contaminación, y la destrucción de cultivos y laboratorios de droga en la selva amazónica, con el consecuente daño para el economista, son los ejes centrales de su reciente producción. Una de las características de la pintura de este artista, ha sido la incorporación de elementos de su trabajo anterior a cada nueva obra. Para esta muestra ha despojado gran parte de los lienzos de sus bastidores, tal como ocurrió con el telón presentado en la IV Bienal de Medellín, a comienzos de los años 80.

En "Regreso al Neusa, óleo de gran formato, el artista cambia su enfoque centrado en el piso, alza la mirada, traspasa la línea del horizonte y encuentra solamente los troncos de los árboles, quemados y sin follaje. Lo que había sido el único paraíso dentro de su pintura fue arrasado por la mano del horrible. El paisaje ahora también se divide, ya no mediante el trazo de líneas dentro del formato de la tela, sino dividiendo, físicamente, las telas mismas. El bosque se desgarra en árboles agonizantes.

El pintor presenta también a los pocos árboles que conforman el paisaje urbano al borde de su destrucción. La contaminación ambiental y la tala, secan y atrofian los árboles como si pertenecieran a una estremecedora película de ciencia ficción.

El color de las pinturas ya no es el de este trópico brillante, enceguecedor, de sus primeros trabajos. Se ha ensombrecido, como la mirada del pintor frente a su hábitat. Colores plomizos entonan su paleta, sobre todo en esta serie de telones verticales.

En esta muestra encontramos también obras ejecutadas en un formato completamente cuadrado, que recuerdan los suelos tapizados de la serie del Neusa. La yerba que cubre ahora el piso es salpicada en algunas ocasiones por la sombra de aviones de combate y en otras, es estremecida por los helicópteros que aterrizan en recónditos lugares de nuestra geografía, en el desarrollo de acciones militares. En gran parte de estos trabajos, las formas y los efectos utilizados son tan sutiles, que casi podrían asimilarse a composiciones abstractas. En esta serie de trabajos, el artista efectúa un nuevo tipo de división dentro del paisaje, pero con soluciones formales y conceptuales diferentes: crea una delgada franja de reborde que genera un cuadrado al interior mismo de la obra. Así se produce en primer término, una figura preponderante que ocupa la mayoría del formato y a su alrededor observamos un motivo diferente que parece antepuesto a la figura central y que crea un contraste conceptual a nivel de tiempo y espacio. Cielo y tierra, antes y después, se funden para. mostrar, con una gran sutileza el dramático y diario acaecer en gran parte de nuestro territorio.

No obstante la mirada del pintor no es derrotista; sus árboles retoñan y sus prados reverdecen como una manera de anteponer la esperanza ante cualquier posible visión apocalíptica del hombre, quien es finalmente, el último responsable del destino de la naturaleza.

Tomado del folleto: Rodrigo Callejas