Augusto Rendon Sierra

Medellin, Antioquia

Pintores

Abstracto, Figura Humana, Figura

Augusto Rendón

pintor

 


Pariente lejano de Clara Sierra, la terrateniente y ganadera más recordada del país, hijo de un exitoso contador que cayó en desgracia cuando negoció con café, egresado de la Academia de Bellas Artes de San Marcos en Florencia, Italia, casado en primeras nupcias con la condesa toscana Gioietta Gioia, todo parecía indicar que Rendón sería un antioqueño burgués, pero no fue así; sólo llegó a ser uno de los mejores grabadores en la historia del arte al lado de Durero, Rembrandt, Goya, Kóllwitz y Picasso.

En el año 1963, Augusto Rendón ganó el primer premio de grabado en el XV Salón Nacional de Artistas con la obra titulada Santa Bárbara, una protesta contra la masacre realizada en el pueblo antioqueño de ese nombre y donde murieron muchos sindicalistas que ejercían el derecho al paro. Fue la primera vez que premiaron un aguafuerte en la historia del arte colombiano. El grabado y el dibujo eran artes menores comparados con la pintura que siempre había sido considerada como La prinma donna en los salones nacionales. Es más, en una multimedia patrocinada por el Ministerio de Cultura en 1998, no se registraron los dos premios de grabado obtenidos por Rendón en los Salones Nacionales de 1963 y 1966, ni su participación por fuera de concurso, en el año de 1965.

Tomado del libro El Espíritu Creador, de Fernando Guinard, 2003

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CRITICA

Para grabarlos en la memoria

Augusto Rendón lleva una vida dedicada al arte más allá de las figuraciones -en un tiempo era un hecho reiterado el que obtuviera premios en los salones nacionales-, y durante algún tiempo pasó a la trasescena voluntaria. De esa obra se revela ahora una retrospectiva de grabados que incluyen un par de trabajos de su época de estudiante en Italia.

Ningún grabador colombiano ha realizado más grabados sobre el imaginario del país desde una mitología personal, sobre las diferentes capas de sus violencias, desde la masacre de Santa Bárbara, valga de ejemplo, hasta nuestros días. Eso, se podría decir, no es un valor estético en sí mismo, no pasaría de ser un aporte a la historia de nuestro arte pero no al arte, un enclave importante para la sociología, de no estar realizado de manera magistral con el virtuosismo propio de un gran dibujante y grabador que no se queda en la reproducción de un destino social, de un mimetismo con la realidad inmediata.

Augusto Rendón tiene la capacidad de asomarse a esos dos mundos excluyentes para mirar desde el arte nuestra tragedia colectiva.

Rendón es quien de manera más feroz y permanente introduce la realidad colombiana en sus estampas, más allá de asuntos episódicos o anecdóticos. Augusto Rendón es al grabado lo que Alejandro Obregón es a la pintura, según las palabras de Samuel Vásquez, un explorador de símbolos de raigambre colombiana universalizados por una visión para nada aldeana, muy distante de la vieja pintura de los cuadros de costumbres.

Podría señalarse para la obra de Rendón algo que expresara Luis Vidales en torno a la percepción del mundo y del arte: "no siempre nos detenemos a pensar en la diferencia que existe entre el reflejo del mundo en la mente y la forma como transcriben este mundo en la plástica las ficciones visuales". Y es lo que hace Rendón. Fija o graba en su mente lo que el mundo exterior le entrega y por una suerte de alquimia personal lo convierte en una ficción visual.

Texto de Juan Manuel Roca
Tomado del periódico El Tiempo, 14 de agosto de 2005