Elsa Zambrano

Bogota

Pintores

Figura Humana

Elsa Zambrano 

pintora

 

 

CRITICA

La pintura de Elsa Zambrano entreabre las puertas a los espacios de la memoria. Cuando la miro, siento que los pisos decorados son casi de naturaleza líquida, y que en ellos las formas emergen y se transforman al ritmo de los juegos infantiles. Cada piso es un universo lleno de llamadas y de fondos, el teatro de muchas transposiciones: Pisos que también son jardines ordenados y simétricos, pisos matissianos, pisos de plantas de ciudades, pisos metaf6ricos. Podemos ver algo y, a veces, en el mismo instante, este algo está moviéndose en otra dirección inesperada.

Estos cuadros no nos cuentan historias sino que nos revelan una voluntad inteligente y sensible de configurar y ordenar el mundo a través de la luz y del color, y de dotar un pequeńo espacio de una vitalidad a un tiempo sencilla y poderosa. El espacio visual de la cotidianidad y el espacio de la memoria familiar se cruzan tejiendo finas alusiones poéticas atadas a pequeńos y enigmáticos objetos cargados de un fuerte simbolismo.

Aunque a primera vista aparezca como realista", cada obra es una cuidadosa construcción ideal. No hay ningún detalle dejado al azar, y la composición es equilibrada y firme.

Elsa Zambrano se ha mantenido siempre fiel a su particular manera de asumir la figuración. Por una parte el suyo es un arte mental que nace de un encuadre y de un cálculo, de una medida que la acerca a la síntesis y a la abstracción: En sus últimas tres obras de fondos grises, la concordancia con el modelo natural es lo que menos importa; las pinturas se basan sobre la relación puramente formal de armonía, ajuste y contraste entre sus elementos constitutivos. Por otra parte es también un arte sensual, por completo alejado de la frialdad, que se complace en la luminosidad y la modulación del color.

Algunas personas podrían pensar que estas pinturas se limitan a funcionar dentro del territorio de lo decorativo. Yo creo que van más allá, y que logran establecerse con verdadera fuerza en la memoria. Son como cajas de música. Quien puede verlas y descubrir sus claves secretas encontrará el eco de ciertas fugas de la música barroca en que las voces se persiguen huyendo en el entramado sutil de las líneas.

Aquí son las formas las que van y vienen en la construcción diaria y paciente de un sentido para la vida cotidiana. El juego de los hábitos y otras rutinas deja entonces de ser un juego, para convertirse significativamente en algo que quiere ser leve, pero que también es serio, verdadero y profundo.

Gustavo Zalamea

Tomado del Folleto : Elsa Zambrano
El juego de los hábitos y otras rutinas
Galería Diners, Bogotá 1998

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En el umbral de la memoria

por María Margarita García

Cuando se encierran en sus estudios, ubicados a miles de kilómetros de distancia el uno del otro

-Diego Arango en Espańa y Elsa Zambrano en Colombia-, se detienen en las huellas del pasado, en sus recuerdos, en la memoria y, a veces, en los juegos de infancia. Ambos toman el pincel para expresar ese sentimiento surgido desde el fondo de sus seres. Sin saberlo, quizás, han pasado por etapas similares, recorrido sutilmente el lenguaje abstracto e interesado por el grabado.

Estos dos artistas, de generaciones diferentes, se han preocupado por la cotidianidad y tocado la historia desde sus perspectivas personales y de la vida diaria. Han tomado su pincel para hacer sus trazos característicos y sumergirse en el mundo del color.....

A vuelo de Elsa

Entre tanto, en el taller de Elsa Zambrano se mezcla el olor a humedad, a químicos, a flores, mientras el silencio se apodera del recinto. Sus obras llenan una buena parte del estudio ubicado en su casa de Chía donde el verde, el campo y el trinar de los pájaros complementan su mundo.

Aquellos cuadros líricos y equilibrados ahondan en los recuerdos de su creadora quien, en cada una de las pinceladas, parece exorcizar sus miedos, encontrarse a sí misma y escarbar en hechos, conflictos y preocupaciones de la vida cotidiana. La guerra, la naturaleza, la maternidad y la ecología surgen en cuadros donde expresa parte de su personalidad. Se advierte en ellos la lucha entre la figuración y la atracción, entre el equilibrio y el desorden, el pasado y el presente, el control y el descontrol. Con ellos dejó atrás los juegos infantiles. Aquellas inquietudes fueron desapareciendo del lugar protagónico mientras se apartaba del dibujo y del grabado, y empezaba a experimentar en la pintura. Guardó, entonces, el pequeńo pincel con el cual, a su regreso de Londres, trazaba las líneas que la introdujeron en el mundo de la infancia.

En quince ańos pasó de los lienzos al carboncillo y de ahí al grabado. Ahora, con el acrílico y las tierras minerales expresa múltiples lecturas y lleva de la mano al espectador a cuestionarse sobre la vida diaria y a la vez a escapar un poco de la realidad, de la crisis y de la violencia palpadas en cada uno de los rincones de Colombia. Elsa Zambrano refleja sus propios pensamientos y deja la huella de sus vivencias con colores aparentemente fríos como el azul y el verde. "Estos dos colores son tonos muy cósmicos y encierran también mi visión del paisaje y del horizonte". El azul aborda todos sus cuadros, pero es el resultado de la mezcla de múltiples tonos cargados de espiritualidad. No es raro en una artista que pasa unas horas del día en la meditación y en la introspección.

Esa espiritualidad se advierte en el equilibrio. Sin embargo, Elsa Zambrano ya empieza a permitirse el desorden: "Gozo con la mancha y con la línea que se sale. Además, estoy trabajando e investigando la técnica, tratando de experimentar entre el claro y el oscuro", afirma. Esta es la razón por la cual no pierde de vista a Matisse, a quien admira no por el color sino por su carácter intimista, por su dibujo y por la manera como aborda el tema de la familia.

Pero su investigación no se queda en la técnica. También disfruta de otras lecturas encaminadas a sus intereses sobre Colombia. Un día resolvió introducirse en el tema de los pisos de las catedrales y de los diseńos franceses. "Los estudié porque me encantan los pisos de las casas campesinas con sus flores. Pero también me he detenido en las plazas de mercado, en los campesinos y en todas aquellas cosas perdidas a partir de la aparición de nuevos valores, costumbres, objetos, y la introducción de elementos de otras culturas".

En cada una de sus pinceladas los pisos se transforman en jardines, también en mapas donde no sólo aparece parte de su historia personal sino la de su generación: en uno de ellos salta a la vista el famoso Parque de la Sesenta, lugar donde hace cerca de treinta ańos permanecían los hippies, convertidos ahora en parte de la memoria de la ciudad y de una época. Poco a poco ha ido creando, a veces con modelos en vivo y otras con retratos de sus hijos y de los nińos que habitan los alrededores de su casa, obras con diversas lecturas simultáneas bajo su estilo particular donde parece establecer cierta distancia con su producción. "Cuando pinto, a veces siento como si subiera a un avión y pudiera contemplar mis cuadros desde arriba". Así, Elsa Zambrano permite que en su obra afloren elementos más biográficos.

María Margarita Garcia

Tomado de la Revista Diners No.340, julio de 1998~

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el universo en un objeto

por María Clara Bernal


Una preocupación constante en la obra de Elsa Zambrano ha sido mostrar perspectivas inusuales de objetos cotidianos. Con esto logra devolver su valor al día a día y cargarlo de significados relacionándolo con la memoria. 

En su obra más reciente el universo parece estar contenido en un objeto. Un poco al estilo de la NUEVA OBJETIVIDAD, Elsa Zambrano explora minuciosamente -como si fuera a través de una lupa- una caja, una pelota o una manzana, no con el ánimo de reproducir con exactitud la realidad, sino más bien, buscando sugerir un más allá del objeto, lo que se puede intuir en el infinitivo de sus títulos Abriéndo, Recordando o Sintiendo. 

La artista propone una paradoja. El objeto está presente en su representación más exacta -no solo a escala real sino con todos los detalles posibles- y a la vez no está en ningún lado. En todos los cuadros como Aceite de linaza o Surtifruver los objetos proyectan sombras, no hay en realidad una mesa o un contexto, estos con su propia luz simplemente flotan en un campo de color o sobre la lámina de oro. Este aislamiento del objeto tiene un doble efecto. Por un lado, obliga al observador a hacer el mismo ejercicio que la artista ha hecho en su ejecución, es decir, a concentrarse en el objeto en sí, independiente de su uso o su valor en lo cotidiano. Por otro lado, carga al objeto de una narrativa. Elsa Zambrano revela el objeto en toda su materialidad, al tiempo que esconde o sugiere (según como se quiera ver), cada objeto tiene una historia o una evocación. En el cuadro titulado Los cuatro por ejemplo, se pueden ver cuatro sillas arregladas como para una reunión. Queda la duda de que pasó o que va a pasar en este escenario. Lo mismo sucede con Cacería. Aunque es evidente que los personajes son figuras de plomo, las sombras y el espacio que las rodean las llenan de vida, y la forma en que están ubicadas las dota de una narrativa que tiene algo de misterio. Los objetos existen en un mundo propio y palpitan. 

Sin embargo, en la serie de cajas, es en donde se lleva este doble ejercicio de revelar y esconder, a su máxima expresión. El espectador se encuentra completamente a merced de la artista. El deseo voyeurista de saber cuál es el contenido de la caja es satisfecho solo ocasionalmente. En algunos casos como en Cecilia, la caja se convierte en un cubo cerrado que sugiere pero que no revela. Por el contrario, en Damas, el énfasis se vuelca inevitablemente sobre el contenido. La caja se convierte en un tesoro, dentro de ella como en las cajas que todos tenemos en casa, podemos encontrar fragmentos que funcionan como gatillos para la memoria. Así a través de su Memorabilia la artista nos invita a ver y recordar. 

Usando la técnica tradicional del retablo religioso y valiéndose de objetos que nos rodean, Elsa Zambrano logra tanto en la representación como la técnica, hacer de los objetos cotidianos un icono que evoca lo místico y lo cotidiano al mismo tiempo. Y es en este punto en donde Memorabilia encuentra su fuerza, la obra está abierta a que el espectador evoque sus propios recuerdos e imprima sus propias memorias. 

María Clara Bernal
Tomado del folleto Memorabilia,
Galería Diners, 2003

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Vivir para pintarlo

por María Margarita García

EIsa Zambrano recorrió los pasillos de la Galería Nacional de Londres como lo hacía de estudiante. Hacía pocos días había visitado los principales museos europeos y empezaban a impactarla los dorados que le recordaban sus tiempos infantiles cuando asistía a las iglesias bogotanas. En Inglaterra se detuvo en el famoso díptico Wilton House (1400) donde están Ricardo II y sus santos patronos, y la Virgen y el Nińo rodeados de los ángeles. A su regreso a Colombia se entusiasmó con los dorados y empezó a trabajar la hojilla. Investigó la técnica y se introdujo en la historia y el tratamiento de los iconos. "Encontré que usaban la cola de pescado y el óxido de hierro en lugar del rojo como color.

Investigó en libros, buscó a su marquetero para que le enseńara a manejar la técnica tradicional de la hojilla, y después su amigo, el artista Rodrigo Facundo, le transmitió los conocimientos adquiridos en un curso en Santo Domingo. Así aprendió a usar la hojilla, los pegantes, la cola de conejo, el yeso y los distintos elementos utilizados por miles de autores anónimos.

Se encontró con una técnica distinta, usó la hojilla sobre madera y aun sobre lino, y el pegante para dibujar con la hojilla dorada, y dio a sus obras un carácter distinto sin salirse de los temas que la han inquietado a lo largo de un cuarto de siglo de actividad plástica. Con su pincel se ha introducido en la vida cotidiana para reflexionar y penetrar en las huellas del pasado. En su taller no se ven las grandes brochas sino los pinceles pequeńos, delgados y finos; y sobre la mesa, una lámpara y una lupa que le ayudan a pintar en detalle objetos de pequeńo formato en el centro de sus cuadros.

A través del manejo de técnicas antiguas como la hojilla de oro, los pegantes, el yeso y el uso del color rojo tal como lo hacía Giotto (1300), las pinturas de Elsa Zambrano expresan una época concreta que descontextualiza y se introduce en la simbología de los objetos cuyo significado ha cambiado de acuerdo con su tiempo. Sus pinturas de cajas abiertas, entreabiertas, cerradas, llenas o vacías, despiertan el recuerdo y la sensibilidad del espectador. "Para mí la caja es un símbolo, puede ser la mujer o la maternidad. El ser humano es también una caja, es un contenedor de ideas, pensamientos, actitudes. Pienso que las cajas siempre tienen fuerzas adentro para activarse, al igual que el hombre. Uno está lleno de cosas y puede pasar la vida ignorante de su misión, o por el contrario puede ser consciente de ella y aprovechar cada instante".

Las cajas orientales, las más modernas o las antiguas, así como las piezas de yax que hacen referencia a la infancia, los soldaditos de plomo, las medallas y los múltiples objetos que aparecen en sus obras, están en su taller o en cualquier rincón de su casa-finca de la Sabana. Para ella son "parte de la biografía de uno, testigos de la vida, y pueden llegar a ser iconos personales".

Esos objetos al ser adornos o utensilios de la vida diaria hacen parte de la oferta y la demanda de una sociedad de consumo, e incluso tienen su propia simbología. "Son objetos pintados a escala natural, fotografiados por mí. Espero una hora específica del día para establecer la sombra que es la que le da peso y piso a la pintura".

Son obras con una gran carga conceptual y fruto de un estricto proceso de elaboración, puesto que han sido a veces copiadas, fotografiadas y boceteadas como tarea previa a la pintura. En ellas se perciben la situación de la mujer, la infancia, la violencia, las mitologías, la patria, la educación. "No se trata sólo de los recuerdos o de agarrarse al pasado, sino de encontrar los valores de la vida de uno". Eso es la exposición que ha llamado Memorabilia: un recuerdo, una historia, miles de historias y simbologías.

Tomado de la Revista Diners No.403, octubre de 2003

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En Barichara

por María Margarita García

Un día, Elsa Zambrano encontró en Barichara un sitio que no conocía, La Tienda Amiga, donde compró una camisa de marca, que nunca utilizó pero que se convirtió en el punto inicial de su serie De una pieza, que expone hasta enero próximo en la Galería Casas Riegner, y en la cual sus pinturas y dibujos de prendas de use diario aluden a la memoria colectiva, la globalización, las diferencias de clases y el reciclaje.

En ellas incorporó tácitamente a las mujeres de la familia. "Mi abuela era modista, mi mamá nos confeccionaba la ropa, mis hermanas cosían; yo nunca pude hacerlo, pero lo he logrado con la pintura. Es como si estuviera rematando toda esa historia de mis antepasados". La camisa del soldado, la blusa de la abuela, la prenda de la madre, se convierten en símbolos de las ausencias frecuentes en este país marcado por la violencia. Los ganchos de ropa de los que cuelgan blusas o fal das, sacos de hombre o chaquetas femeninas están pintados sobre telas de flores, de rayas, de pańos escoceses. "Busqué un soporte con lonas y algodones para complementar la idea de la prenda". Son obras trabajadas bajo la luz natural para conseguir el adecuado efecto de sombra. Trabajos con los cuales la artista demuestra un gran manejo del oficio.

Tomado de la Revista Diners No.453, diciembre de 2007

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Arqueología de un ropero

María Clara Bernal

"... as long as memory exists thats how long everything connected to life will live."

líya Kabakov, The Man Who Never Threw Anything Away, 1977

En un momento histórico como el nuestro en el que todo, inclusive el afán de hacer memoria, va a velocidades inalcanzables, el acto de buscar, coleccionar y rescatar es una iniciativa singular. La operación que propone Elsa Zambrano en su serie De una pieza (2007) es una manifestación de tiempos individuales e historias atemporales que retardan el paso acelerado de las cosas efímeras en nuestras vidas.

żQuién no ha mirado una foto y evocado vivencias a partir del pantalón bota-campana, una minifalda o el cuello de una camisa exageradamente ancho? żQuién no se ha reído de sus propias excentricidades? żQuién no tiene en el clóset una prenda que no usa pero que guarda porque le trae muchos recuerdos? Es innegable que con el paso del tiempo nuestra relación con las prendas de vestir esta íntimamente ligada a la memoria.

Cuando alguien se pierde, además de la altura, el color de piel, ojos y pelo, lo primero que se menciona es la ropa que llevaba puesta, como si esto fuera parte indispensable del sujeto que ya no está, como si fuera tan cercana al sujeto como la piel. De la misma manera, cuando alguien muere, una de las decisiones más difíciles de tomar es qué hacer con la ropa, fue tan parte de esa persona que parece un sacrilegio deshacerse de ella. El abrigo de la abuela, la boina del abuelo, los zapatos de la mamá, todos tienen un poder evocador y por esto pasan a formar parte del cajón de los recuerdos.

Las prendas representadas por Zambrano en De una pieza se convierten en cápsulas del tiempo que pueden transportarnos a un lugar en nuestra memoria, en donde está la persona que usó esa blusa o la fiesta en la cual se usó ese vestido. La pieza de ropa, al ser aislada del resto y representada con sumo cuidado al detalle, se convierte casi en una reliquia. Guardada con cuidado, reproducida con suma dedicación casi como si se tratara de una disección.

Cosas que hablan

En Los viajes de Gulliver Jonathan Swift cuenta, entre muchas otras cosas, sobre la visita de Lemuel Gulliver a una escuela de lenguas donde los profesores estaban discutiendo formas de mejorar la utilización del lenguaje en su país. Una de las estrategias propuestas era la de abolir por completo el uso de palabras en un sistema nuevo y muy sofisticado de comunicación. Según los expertos, si las palabras eran sólo nombres para las cosas, era más conveniente para los hombres cargar los objetos que se necesitaran para expresarse en la transacción particular del día. Los más sabios y cultos habitantes de este país adoptaron este sistema, con el único inconveniente de tener que cargar muchos objetos si su conversación iba a ser complicada e involucraba varios aspectos, a menos, claro está, que tuvieran los medios para contratar un carguero que les ayudara con el peso de su discusión. Gulliver cuenta cómo con frecuencia vio a los sabios agobiados bajo el peso de sus mochilas durante sus encuentros con otros sabios, y fue testigo de cómo cada uno exhibía el contenido de sus mochilas mientras todos sostenían interminables conversaciones.

Al igual que los personajes de Swift, Elsa Zambrano carga una serie de elementos. No hay representación de acciones ni contextos. El objeto -como es característico en su trabajo- es abandonado a su suerte. Para un observador atento, estas prendas que en un principio permanecen mudas o al menos lo parecen, empiezan a transformarse y adquieren elocuencia. La descripción detallada de las piezas de ropa que hace Elsa Zambrano a través de la imagen nos trae historias narradas desde la lejanía de vidas pasadas y distantes.

La colección

Si se mira de cerca la narrativa de una colección ésta presupone al menos dos historias: una es la del coleccionista y sus intereses, y otra la que está escuchando el visitante de la colección a partir de su experiencia, es decir, que existen por lo menos dos versiones de la historia narrada por cada objeto que conforma la colección. Así, la sumatoria de los objetos presentados y exhibidos cuenta una historia colectiva. Dentro del sistema de colección que utiliza Elsa Zambrano, las prendas construyen una especie de mitología. Puede que se trate de objetos comunes y cotidianos. Pero nunca son insignificantes, porque la gente que los ve puede imaginar que algún día sirvieron a alguien en una circunstancia específica, y elaborar a partir de ahí una serie de recuentos.

En este sentido, la memoria no se entiende como un instrumento para explorar el pasado, sino más bien como una manera de construirlo. Aquel que busca encontrar su propio pasado debe comportarse como un arqueólogo que excava, alguien que vuelve una y otra vez al mismo objeto; la cosa misma no es más que eso, una cosa que sólo revela sus secretos al investigador más meticuloso. Aquel que meramente hace un inventario y no lo relaciona con el contexto donde fue encontrado se priva de la capacidad de leer esos objetos con justicia. La memoria debe grabar de hecho una imagen del excavador y su mirada más que del objeto mismo.

En el trabajo de Zambrano es claro que no se trata de pintar sistemáticamente prendas de vestir; antes de pintar hay una intención juiciosa de conformar una colección. Elsa reconoce la afinidad de su práctica con la del coleccionista. El objeto o prenda y el acto de escogencia en la tienda de segunda es tan importante como lo son la pintura o el dibujo que hace posteriormente. La artista se propone explorar la forma en la que la prenda actúa como un dispositivo nemotécnico, un gatillo que dispara los recuerdos. Así, las pinturas y dibujos se convierten en la representación de piezas de ropa que al ser reunidas se articulan en un archivo personal.

La colección de Elsa muestra una historia particular, la historia de las mujeres de su familia. Su abuela fue modista y de ahí en adelante las generaciones que siguieron -mamá, tías, hermanas- todas cosieron. Con meticulosidad Elsa cose de otra manera; a través de sus pinturas cose historias sobre la ropa. El hecho de que toda la ropa que usaron ella y sus hermanas fuera hecha en casa por la madre o la abuela tiene también un aporte significativo a la serie que acá se presenta. Se trata de un ejercicio de traspaso de afectos, el afecto de la madre a través de la ropa que hacía para la hija y el afecto de la hija manifiesto en la meticulosidad de representación en la ropa. Se triunfa en la representación no cuando se logra una similitud genérica de la prenda y su representación, sino cuando se logra evocar a ese alguien que antes usaba esa prenda.

Documento y Monumento

En su libro El orden de la memoria, J. Le Goff habla de dos mecanismos a través de los cuales la humanidad ha intentado conservar la memoria. El monumento, cuya raíz indoeuropea monere quiere decir "hacer recordar", está íntimamente ligado a la actividad de la mente y se dedica a perpetuar el recuerdo. Éste ha tenido dos desarrollos en la historia: por un lado, su función conmemorativa y, por el otro, su rol dentro de las prácticas funerarias, destinado a transmitir el recuerdo del campo de la muerte en el que la memoria tiene un valor particular. En la medida en que remite a testimonios que no están escritos, esta segunda figura encaja en la obra de Zambrano en cuanto se trata de narrar la memoria de alguien que está ausente a través de un monumento. Pero si en esta figura de preservar la memoria el cuadro o dibujo elaborado con gran cuidado es el monumento, el modelo o pieza de ropa recuperada de los cajones de alguien o de la "Tienda amiga" resulta ser el documento. Este como figura histórica es la evidencia de que de lo que se habla existió verdaderamente.

En nuestro contexto es imposible desligar la imagen de ropa desechada y la idea de la muerte. Desde las imágenes de las montańas de ropa provenientes de los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial hasta las de los zapatos abandonados después de un atentado, la imagen de ropa sin dueńo evoca inmediatamente en nosotros la ausencia. Esta preocupación estaba ya latente en la obra de Elsa Zambrano desde mucho antes de empezar la serie De una pieza. En su obra żQué se hizo? (1999) un par de botas usadas y abandonadas en medio de la nada hacían alusión a la desaparición forzada. En la serie Ausencias (2002), en la que aparecen personajes de espaldas, también se habla de una presencia frágil de testigos de historias que han quedado en el pasado. Sin embargo, esta vez Zambrano vuelve al tema desde su propia vivencia y desde historias personales tan comunes a todos que presuponen la identificación del que mira.

Se trata de una invitación a construir memorias colectivas desde la particularidad. Al preguntarle al artista francés Christian Boltanski sobre sus obras con prendas de ropa y retratos anónimos, contestaba que éstas nacían de su preocupación porque nunca nos damos cuenta de las dimensiones de la muerte, y en realidad hemos tratado de combatirla. Según él, los científicos se conforman con establecer un pacto con ella, luchan sólo en los detalles, alargan la vida unos meses o ańos pero todo termina igual. Lo que necesitamos hacer, según Boltanski, es atacar el problema de raíz haciendo un gran esfuerzo colectivo en el cual todos trabajaremos buscando nuestra propia supervivencia. El artista francés no está hablando de unir todos nuestros esfuerzos para encontrar la fuente de la eterna juventud, sino de hacer un pacto para perpetuar la vida de cada uno de nosotros a través de los mecanismos que nos ofrece la memoria. En este sentido, poder recordar a alguien que ya no está es ganarle la batalla a la muerte.

Aunque es posible ver una relación entre la obra de Elsa Zambrano y los conceptos de monumento y documento, la operación de la artista tiene poco que ver con el enaltecimiento y la grandilocuencia. No se trata de una memoria histórica que se consigna en libros, sino de una memoria "pequeńa", si se quiere humilde, basada en vivencias inscritas en el objeto cotidiano. Sin embargo, no por ésto se debe pensar en ella como inconsecuente; es esta memoria carente de grandiosidad la que hace que una persona se diferencie de la otra, y nos da la posibilidad de recordarla en su individualidad. Es posible vislumbrar cómo cada prenda representada en la serie De una pieza le ha pertenecido a alguien; alguien la escogió y la usó, y así como su escogencia caracterizó a esa persona, ese alguien le infundió vida al material inerte. En las pinturas y dibujos de esta serie, las personas no están en cuerpo, pero sí en el vacío que dejan en la ropa. Es ese vacío precisamente el que habla y cuenta una historia que viene a nosotros como visiones e invenciones de la persona que lo utilizó.

Si en su trabajo anterior de Memorabilia la artista se sumergía en los cajones buscando objetos evocativos. En esta ocasión Elsa entra en contacto con la comunidad, compra algo que antes alguien había comprado y después lo regresa en forma de cuadro o dibujo. El vestir se asume como parte importante de una sociedad, y a partir de sus muy sutiles observaciones, Zambrano hace referencia a la globalización, a las marcadas diferencias sociales en el país, y a la economía del rebusque. La ropa que se descarta no se bota, se recicla; el privarnos de este tipo de signo sería de cierta manera privarnos de un trozo de memoria, ya que cada pieza se convierte en un eslabón de una cadena que es la historia de nuestras vidas. Eso es muy evidente cuando se habla con Elsa sobre esta serie: allí aparecen sus viajes, su nińez, su familia, su vida.

Frente a estos cuadros no se puede subestimar el poder evocador de una blusa azul con cuello de encaje, que recuerda las tardes en el jardín de la abuelita, o el uniforme de colegio sobre tela de colchón, que nos transporta al olor de viruta de lápiz de la nińez y sus juegos, o la chaqueta de soldado que evoca el sentimiento de zozobra producido por la ausencia.

La ropa, que es uno de los elementos más efímeros en nuestras vidas, es un testimonio frágil de la memoria. El rescate que hace Elsa Zambrano en la serie De una pieza es fundamental. Bajo esta luz se puede pensar que se trata de un conjunto de retratos en donde todos podemos identificar a alguien que conocimos en algún momento y perpetuar así su existencia.

Tomado del folletoDe una pieza, Elsa Zambrano, 2007 

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Elsa Zambrano

MAGNIFICA OBSESION
Obras recientes de ELSA ZAMBRANO, 2015


Elsa Zambrano ha nutrido por años su inagotable inspiración de actos de casi obsesivo coleccionismo. Y tal como está declarado en el título de esta nueva muestra de su trabajo, estos actos se han convertido en una "Magnífica Obsesión".
 
Zambrano estructura cajas alusivas a obras maestras de la historia del arte, utilizando tarjetas postales y objetos encontrados en tiendas de museos y tiendas de recuerdos en diversos lugares del mundo visitados a lo largo de sus viajes. Pero su obra alude no solamente a esas obras maestras, sino también al acto mismo de coleccionar, haciendo de las obras algo popular a través de su maleabilidad. Al utilizar sencillos objetos de consumo popular para interpretar obras maestras, Zambrano las metamorfosea en una especie de paradigma accesible al público por vias únicas en su originalidad.
 
De esta manera las cajas de la artista son dotadas de vidas paralelas, eso sí  distintas de manera esencial de sus referentes individuales, que continúan su vida en reposo en el museo o la tienda sin percatarse de que han sido dotadas de otras energías, sin inmiscuirse en lo más mínimo en sus seres íntimos. Lo que las acerca es el muy evidente homenaje rendido a las obras originales, y la licencia absoluta otorgada a la percepción del espectador para apropiarse de esas imágenes famosas.  
 
Con una extensa y sólida carrera artística, Elsa Zambrano ha exhibido sus obras en muy diversos entornos nacionales e internacionales, y sus trabajos forman parte de numerosas colecciones privadas e institucionales.


Texto gentilmente suministrado por Beatriz Esguerra Art, 2015

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