Beatriz Gonzalez

Bucaramanga, Santander

Pintores

Figura Humana, Figura

A RETROSPECTIVE

Del 27/10/2019 al 20/01/2020

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AURAS ANONIMAS

Del 22/09/2009 al 31/12/2020

Expone Auras Anonimas en el Cementerio Central de Bogota

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UN DIA DESPUES

Del 17/09/2019 al 14/12/2019

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EL TIGRE NO ES COMO LO PINTAN

Del 01/08/2019 al 20/01/2020

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EL TIGRE NO ES COMO LO PINTAN

Del 01/10/2019 al 20/01/2020

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Beatriz González

Pintora, artista visual

 
A ColArte

 

 

Beatriz González: Una retrospectiva

 

Con una mirada a más de seis décadas de innovadora producción, esta es la primera exposición individual a gran escala en Estados Unidos de Beatriz González (n. 1938, Bucaramanga, Colombia), artista radicada en Bogotá. Mediante un enfoque analítico de la pintura, el dibujo y el grabado, sus obras articulan un modo particular de figuración que implica el aplanamiento de las formas y una paleta de colores intensos que evocan la publicidad comercial. Elemento esencial en el método iconoclasta de la artista es la apropiación de imágenes asociadas con la historia del arte occidental y los medios masivos de su país natal. Las composiciones resultantes, ricas en referencias a los entornos domésticos y las tradiciones vernáculas de Colombia, revelan una ironía autoconsciente y critican las nociones burguesas de gusto, clase, género y etnicidad.

Afirmando ser “una pintora provinciana”, González ha cuestionado sin cesar la relación de subordinación entre las regiones marginales, como Colombia, y los centros dominantes de producción artística y cultural representados por Europa y Estados Unidos. Su obra entraña una reacción a esta relación desigual y a la vez un nuevo punto de partida. Más allá de la crítica de la representación implícita en su apropiación de imágenes, su objetivo es una apreciación más cabal del estado de la cultura de su país y su relación con el persistente legado del colonialismo.

Desde sus comienzos, la práctica de González ha conllevado retrabajar imágenes existentes. Esta exposición incluye sus primeras obras maduras, Versión de La rendición de Breda III (1962) y Encajera Almanaque Pielroja (1964), en las cuales se apropió de dos famosas pinturasde Diego Velázquez y Johannes Vermeer, respectivamente, y aisló los detalles de cada una para reconstruirlas visualmente en formas y figuras abstractas.

Sus múltiples versiones de Los suicidas del Sisga (todas de 1965) son sus primeras pinturas basadas en imágenes de la prensa. En este caso se trata de la fotografía de una pareja joven que se suicidó lanzándose a la represa del Sisga, un acto destinado a preservar la pureza de su amor. La propia González admite que, más que aquella historia de amor trágica y siniestra, lo que le interesaba eran las implicaciones formales y culturales de la foto: el carácter escueto, plano y abstracto de la imagen según se reprodujo en el periódico y el despliegue de convenciones románticas de clase media en la vestimenta formal y la pose de la pareja, que sostiene un ramo de flores.

En la transición entre las décadas de 1960 y 1970, la artista amplió su trabajo con imágenes encontradas, partiendo de reproducciones comerciales baratas de populares temas religiosos y nacionalistas, así como de escenas de crímenes, personajes políticos, líderes religiosos y la realeza británica publicadas en la prensa. Esos recortes de periódico que recopilaba, reproducidos por medios mecánicos y deteriorados por.el tiempo (“representaciones de representaciones”), no solo hablan de la sensibilidad lugareña de la cultura colombiana en aquellas décadas, sino que señalan la distancia física y virtual que separaba entonces al país de los centros de la cultura occidental.

A principios de la década de 1970, González comenzó a pintar esas imágenes, y las de algunos maestros renacentistas y modernos, sobre muebles baratos en metal y madera, creando algunas de sus obras más celebradas e ¡cónicas. Entre ellas se encuentran La última mesa (1970), donde pintó La última cena de Leonardo da Vinci sobre una mesa de metal, y Gratia Plena (tocador) (1971), en la que reemplazó el espejo redondo de un tocador art déco con su propia reproducción de La Virgen de la silla (1513-14) de Rafael, perteneciente a la colección del Palazzo Pitti en Florencia. En un gesto similar, reemplazó el espejo de un elaborado perchero con la Mona Lisa de Da Vinci y la tituló Nací en Florencia y tenía veintiséis años cuando fue pintado mi retrato (esta frase pronunciada en voz dulce y baja) (1974).

Estas obras reflejan el interés de González por la investigación del gusto burgués y el deseo y consumo popular de obras muy conocidas del arte europeo. Con ello su trabajo se vincula a las nociones occidentales de lo cursi, como señaló para ese tiempo la crítica Marta Traba. A González le interesaba que la mayoría de las imágenes europeas que utilizaba habían llegado a conocerse y apreciarse únicamente a través de copias que solían ser de mala calidad: una dinámica sociopolítica de economía, valor e-imperialismo cultural que ella reconocía como muy ligada a América Latina y a su “subdesarrollo”.

Más allá de sus penetrantes indagaciones en el kitsch y la cultura popular, el arte de González está muy arraigado en el turbulento devenir político de Colombia, inmersa en una violenta guerra civil desde la década de 1940. Durante los años sesenta y setenta, la artista utilizó el humor y la ironía para tratar el tema de la inestabilidad y la imprevisibilidad en la cultura colombiana. No obstante, a partir de los ochenta su estrategia fue cambiando a medida que el clima político y cultural colombiano empeoraba para dar paso a décadas de flagrante corrupción, fragmentación política y violencia. Para esa época su obra fue adquiriendo un tono de protesta política a partir de una serie dedicada a Julio César Turbay Ayala, presidente de Colombia entre 1978 y 1982. Turbay era famoso por su estilo de vida lujoso, su política represiva contra los grupos de izquierda y su amor por los medios noticiosos. Autodesignada “pintora de la co’rte” de Turbay y testigo de sus actos, González produjo gran cantidad de dibujos de las actividades del mandatario según se reseñaban en los periódicos. Su enorme instalación Decoración de interiores (1981) está compuesta de dos cortinajes de salón, uno pintado en colores y otro en marrón y blanco, donde se repite una imagen trabajada a partir de una foto tomada durante una ostentosa cena de estado que ofreció Turbay a finales de su gobierno.

Mientras empeoraba la situación política en los ochenta con la lucha encarnizada entre narcotraficantes, paramilitares y grupos guerrilleros de izquierda, González criticó con sus pinturas la manera en que el gobierno se autorrepresentaba en los medios noticiosos. Durante el término del presidente Belisario Betancur (1982-86), el grupo guerrillero M-19 tomó por asalto el Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985, provocando una respuesta militar en que murieron más de 98 personas, incluidos 11 magistrados del tribunal supremo. La artista creó dos pinturas complementarias acerca de este acto de violencia en 1986 y 1987, ambas tituladas Señor Presidente, qué honor estar con usted en este momento histórico. La primera, en tonos oscuros, muestra a Betancur sentado a la mesa y rodeado por su gabinete. Sobre la mesa yace un cuerpo calcinado. La segunda ostenta colores brillantes y una composición similar, pero en lugar del cuerpo hay flores en la mesa, plasmando una versión hipócrita y risueña de los sucesos. Los papagayos (1987), una obra relacionada que forma parte de la colección permanente del PAMM, muestra la imagen repetida de Betancur rodeado por sus líderes militares en rojos y verdes brillantes que evocan las plumas de los pájaros aludidos en el título. La pieza original se produjo en un solo rollo grande de papel, pero luego se dividió en tres pinturas individuales, dos de las cuales se incluyen en la exposición.

Durante las décadas siguientes, González encauzó su temática hacia las víctimas de años y años de conflicto nacional: civiles asesinados, soldados heridos, comunidades indígenas, mujeres sufrientes. En esta exposición se incluyen varios ejemplos de la serie Las Delicias, producida entre 1996 y 1997, que refleja el dolor de las madres de 60 soldados secuestrados durante 288 días por el grupo guerrillero FARC en una base militar en el pueblo de Las Delicias. La serie también incluye un autorretrato azul de la artista desnuda cubriéndose los ojos con las manos. González ha comentado que su intención en esa época era “inventar una imagen que hiciera patente el dolor”. Estos intereses implicaron un cambio gradual en las estrategias pictóricas de sus primeras dos décadas de producción artística: su empleo de imágenes de referencia se hizo más complejo y enigmático, y su paleta de llamativos colores de talante comercial adquirió tonos más oscuros y sombríos, más en armonía con los trágicos acontecimientos que abordaba.

Entre las obras más recientes incluidas en la exposición hay una serie de figuras que transportan cuerpos exhumados en una especie de hamacas. Estos cargueros, presentados en siluetas negras, formaron parte de Auras anónimas (2007-09), un proyecto público a gran escala en el que se colocaron las figuras sobre las lápidas de miles de nichos vacíos en los columbarios del Cementerio Central de Bogotá. Otra serie reciente alude a la migración de venezolanos indocumentados por la frontera colombiana. La pieza Zulia Zulia Zulia, cenefa (2015), que semeja un pergamino desplegado, muestra a estas figuras errantes cargando sus pesadas pertenencias sobre la espalda.

Beatriz González: Una retrospectiva incluye obras realizadas por la artista hasta el presente, dando fe de su continuo diálogo con el contexto sociopolítico contemporáneo de Colombia. Para González está claro que la pintura es tanto una decisión moral como una herramienta de experimentación artística radical. Aunque siempre innovadora e impredecible en sus temas y estrategias técnicas, cabría afirmar que su aportación más importante al arte contemporáneo es la profundidad e intensidad de su acercamiento particular al dolor individual y colectivo.


Biografía
González estudió arquitectura en la Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, y en 1962 completó una maestría en artes en la Universidad de los Andes, Bogotá. Ha presentado exposiciones individuales en la Galería Casas Riegner, Bogotá; Peter Kilchmann Galerie, Zúrich; Museo de Arte Moderno, Medellín, Colombia; Museo de Historia, Antropología y Arte, Universidad de Puerto Rico; Museo del Barrio, Nueva York; Museo de Bellas Artes, Caracas; Fondo Cultural Cafetero, Bogotá; Museo de Arte Moderno, Bogotá; CAPC Musée dArt Contemporain de Bordeaux, Francia; Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia, Madrid; y KW Institute for Contemporary Art, Berlín. Ha sido incluida en exposiciones colectivas en el Museum of Modern Art, Nueva York; Drawing Room, Londres; documenta 14, Kassel, Alemania; Museum für Moderne Kunst, Frankfurt; Pérez Art Museum Miami; Tate Modern, Londres; Museum of Fine Arts, Houston; Museo de Arte del Banco de la República, Bogotá; Hammer Museum, Los Ángeles; Los Angeles County Museum of Art; Museo de Bellas Artes de Buenos Aires; Jerusalem International Convention Center, Israel; Phoenix Art Museum; y Denver Art Museum. Sus obras se encuentran en las colecciones del Museum of Modern Art, Nueva York; Tate Modern, Londres; Museum of Fine Arts, Houston; Museo del Barrio, Nueva York; Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid; Deutsche Bank, Frankfurt; y Museo de Arte Moderno, Bogotá.

 

Tomado del folletoBeatriz Gonzalez, Una Retrospectiva, Perez Art Museum, Miami, 2019