Amparo Angel

Popayan, Cauca

Compositores (Pianista, docente)

Personaje

 


Amparo Angel

Compositora

 


 

 



Amparo Angel estrena su cantata `Hijo pequeño 

por Catalina Jiménez Correa, Especial para El Tiempo    

Amparo Ángel nació en Popayán e inició sus estudios musicales a la edad de cinco años. Es pianista egresada del conservatorio de la Universidad Nacional. Realizó estudios de composición con su esposo, el compositor Luis Antonio Escobar, y con Bias Emilio Atehortúa. Sus obras han sido estrenadas en Colombia y el exterior y actualmente se desempeña como profesora de piano, composición, orquestación, análisis y apreciación musical.

En la casa de Amparo Án gel, como ella misma l dice, todo es música. Su sala está invadida por dos pianos de cola; uno blanco, destinado a los ra os en que compone, y uno negro, para las clases que dicta. Los discos y las partituras completan el panorama musical.

La compositora payanesa escribió hace tres años la cantata Parvulus filius, (Hijo pequeño) y se demoró seis meses en terminarla pero, sólo hasta ahora, la Filarmónica de Bogotá aceptó hacer realidad el montaje. La obra está inspirada en la infancia de Ángel y en las celebraciones navideñas que vivió en su natal Popayán.  Los textos en latín fueron escogidos con la ayuda del escritor Joe Broderick y son tomados de la Biblia y el antifonal.

"En esto hay muchos recuerdos de mi infancia. Es una cantata navideña y para mí la Navidad fue mágica. Tuve una niñez llena de música y religiosidad. Quise hacer la cantata con un lenguaje muy sencillo y asequible. No es una obra con melodías dificíles o con armonías rebuscadas. Es una música muy fresca, que me salió desde mis más profundos recuerdos". Cuenta Amparo mientras pasa con cuidado cada una de las partituras de la cantata.

En la obra, que se presentará hoy en el auditorio Jorge Tadeo Lozano y el sábado en el auditorio León de Greiff, cantarán 120 personas. Intervendrá el coro infantil La Es ala, conformado por 60 niños. La directora invitada por la Orquesta Filarmónica es Cecilia Espinosa, que viene desde Medellín.

Ángel ve en la pedagogía una extensión de su profesión. Así que no se conforma con hablar sobre su última obra, sino que muestra las partituras, explica la posición de los instrumentos y ve en cada persona una oportunidad para transmitir su conocimiento. Ángel ha dedicado su vida a la enseñanza musical infantil y ha mantenido una intensa labor didáctica que la ha llevado a realizar breves incursiones en el campo de la composición de obras para niños.

Desde hace algunos años, la artista decidió realizar obras en formatos más grandes, para orquesta, banda y conjuntos mixtos. En su listado se destacan piezas como la Toccata inconsútil para conjunto de vientos y percusión, que fue es trenada por la American Wind Symphony; la Suite fantástica para vientos y percusión, la Suite coréica para or uesta de clarinetes y el Preludio y fuga para pequeña orquesta sinfónica, estrenado por la Filarmónica de Bogotá.

Y aunque Ángel no es experta en computadores y con dificultad maneja el correo electrónico, ha decidido incursionar en la música digital. La artista, con ayuda de sus hijos, ha organizado en su casa un estudio con un teclado eléctrico y un computador con toda la tecnología para componer y editar piezas comerciales.

Tomado del periódico El Tiempo, 10 de marzo de 2006

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El incansable piano de Amparo Angel

Daniel Páez Bogotá

Dos pianos de cola, uno blanco y uno negro, dan la bienvenida a la sala del apartamento de Amparo Ángel.  El primero es el "más dulce, donde me suena lindo lo que estoy componiendo"; el segundo ha servido como acercamiento a la música para muchos de sus alumnos, pues "mi vocación es la enseñanza". En el resto de la decoración está clara su pasión por los niños: aunque sus hijos ya pasaron por la infancia, hay juguetes de madera, trompos, un telescopio y títeres alrededor de la casa.

En el conservatorio de su natal Popayán, que recuerda como "el único colegio mixto de la ciudad", se inició en el piano. Una disciplina que aún hoy sigue disfrutando como si fuera un juego. Cuando cumplió 10 años viajó a Bogotá y, de inmediato, ingresó a la Universidad Nacional para continuar su formación con maestros como la italiana Luisa Manighetti y los míticos Olav Roots y Eduardo de Heredia.

Unos años después de graduarse con honores, Angel se casó con el compositor Luis Antonio Escobar. Con él alimentó aún más su carrera y pudo vivir de la música a través de la investigación, la docencia y la interpretación. Junto a Escobar recorrió América buscando las raíces de la música prehispánica y colonial. De ese viaje quedan varios libros como documento. Ella, por su parte, también es autora de los libros Xochi y Pilli. Historia de la música para los niños (finalista del concurso Enka de Literatura Infantil), Cristóbal Colón para los niños (con prólogo de Germán Arciniegas, editado por Círculo de Lectores) y 70 cuentos de música para niños.

Su utopía se llama La Flauta Mágica. Es el complemento a su labor pedagógica en la Academia Cristancho (actualmente adscrita a la Universidad Sergio Arboleda). Y lo es porque lo que comenzó como un taller de formación estética para niños en los años 70, se convirtió en programa de televisión durante la década siguiente en lo que ella considera "una forma de retribuirle a la Universidad Nacional todo lo que me brindó como estudian te: yo les di gratuitamente 200 capítulos con toda mi entrega". Ella sigue trabajando en este proyecto, que ahora funciona como una especie de tertulia, "en el taller no aprenden a tocar, esta es solo una iniciación para inspirar su amor por la música". Además, "soy profesora de piano, enseño a los niños hace mucho tiempo, pero también a los grandes, que piensan que la música es inasequible. Me gusta ese reto".

Estela de Páramo, jefe de la sección de música de la Biblioteca Luis Ángel Arango, dice de la pianista que "la música es su vida, sin hacer aspavientos, sin fi uración mediática. Su personalidad inspira mucha ternura, es muy cálida".

Una nueva etapa

Después de ser la solista de las obras que el maestro Escobar escribía, grabó varios discos y realizó presentaciones en todo el continente. Y fue justamente la muerte de su esposo en 1993 la que la llevó a descubrir otra faceta musical: hasta entonces había compuesto apenas algo de música coral a infantil, pero por cierto respeto a mi esposo no había desarrollado esas capacidades, pensaba que su campo era la composición y el mío el piano". Por supuesto, aprendió mucho de él y lo complementó estudiando con Blas Emilio Atehortúa, dando paso a la creación de diferentes obras que "tuve la fortuna de estrenar con la Orquesta Filarmónica. Su apoyo fue indispensable, un compositor necesita esa empatía con el director y la orquesta para desarrollarse realmente. Desde entonces, no he parado de componer".

Al explicar su estilo, saca a relucir sus dotes de profesora y aclara que "la forma musical que se creó a mediados del siglo XVIII, en el periodo que llamamos clásico, permanece hoy (salvo con tendencias como la electroacústica). Por eso creo que mi música es neoclásica, porque no me olvido de las melodías, trabajo alrededor de ellas". Aunque ha experimentado con lo electrónico y trata de escuchar incluso pop (que le parece "demasiado corporal"), cree que "uno debe ser honesto consigo mismo y hacer lo que realmente le gusta, sin demeritar la labor de ningún artista".

Sobre su proceso creativo, dice que "por lo general compongo en las noches, entre las 7 y las 12. No creo tanto en la inspiración como en las ideas felices que pueda tener uno de vez en cuando, que se suman al conocimiento para desarrollarlas". Y da un consejo: "Los músicos deben meterse en el mundo de la cultura, que no es solamente el de la música, pues ella está rodeada de muchos elementos que la enriquecen y que, si se pierden, la dejan incompleta. El conocimiento universal da más felicidad, el mundo es bellísimo gracias a las creaciones ajenas".

A principios de 2007, el Banco de la República la seleccionó para realizar una pieza de cámara para su Sala de Conciertos. Al principio se pensó en una obra con clavecín y la voz de un contratenor, pero podía resultar difícil de interpretar en estos tiempos, "claro que hubiera sido interesante escuchar algo aparentemente barroco en un lenguaje contemporáneo", de clara Estela de Páramo. A finales del mismo año, Amparo Angel entregó su Opus No 32: un trío para piano, violín y violonchelo. "Tuve la suerte de que recordaran que hay compositoras en Colombia", afirma. Páramo coincide: "A pesar del tufillo feminista, me complace muchísimo que esta comisión haya caído en Amparito". El estreno de la obra, a cargo del Trío de Viena, estaba planeado para el 30 de julio de 2008, pero los músicos no consiguieron ensayar los tres movimientos que la conforman, y eso obligó a aplazar la fecha y, probablemente, a buscar un nuevo trío para el concierto.

Sonriendo, confiesa que "ni yo misma me acuerdo cómo su na esta obra" a interpreta un fragmento en el piano que solo invita a escuchar la sonata completa. Mientras tanto, invita a su Coloquio entre dos pianos, obra comisionada por la Universidad Nacional, sede Medellín, que será estrenada el próximo octubre.

Tomado de la Revista Arcadia no. 35, agosto de 2008

 

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