Maria Fernanda Cardoso

Bogota

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Abstracto

 
     
Maria Fernanda Cardoso

María Fernanda Cardoso

escultora, artista visual

Recuento

Circo


CRITICA

Para presentar la "Obra Reciente" de María Fernanda Cardoso, hemos seleccionado algunos comentarios críticos escritos a raíz de su participación en diversas exposiciones, a partir de 1987.

XXXIII Salón Nacional de Artistas María Fernanda Cardoso produce la referencia visual más importante que se ha hecho en el campo de las artes plásticas en Colombia, con relación a la violencia indiscriminada y sistemática que ha azotado al país, con particular furor en la década de los ańos ochenta. Estamos frente a una artista que marcará pautas fundamentales de los ańos noventa y cuyo desarrollo no defraudará las fuertes expectativas que ha suscitado.

Luis Fernando Valencia XXXIII Salón Nacional de Artistas".
Revista Arte. 1990
II Bienal de Arte de Bogotá

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La obra de María Fernanda Cardoso es una escultura cuya fuerza y vitalidad ha quedado demostrada en todas sus salidas a escena. Con un poder especial su obra se va movilizando entre lo mítico, lo ruinoso, los materiales de la naturaleza y los buscados y encontrados en diversos paisajes urbanos para convertir cada una de sus presentaciones (dos últimos Salones Nacionales, la pasada Bienal, "Nuevos Nombres" y el actual "Seguimiento" de la Luis Angel Arango) en algo verdaderamente inquietante y conmovedor.

Miguel González "Panorama Certero". Revista Arte. 1990

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La investigación de varios ańos de María Fernanda Cardoso ha llegado a una sorprendente nitidez formal y conceptual que plantea una lectura panteísta de la naturaleza que ilustra correctamente cómo el buen arte colombiano puede tener raíces propias y proyección universal a un mismo tiempo.

Alvaro Barrios "Las obras más Inteligentes de la Bienal". Revista Arte. 1990
Nuevos Nombres, Seguimiento

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En sus obras más recientes María Fernanda Cardoso continúa utilizando la polaridad, con contrastes de significados y de materiales, para producir la dinámica de la ambivalencia: lo orgánico versus lo constructivo. Lo vivo versus lo inerte. La dualidad masculino-femenino.

Carolina Ponce de León "Nuevos Nombres, Seguimiento". 1990.

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El trabajo de María Fernanda Cardoso es tan sombrío como espectacular. La naturaleza cautiva, el maíz germinado sobre papel, no sólo producen imágenes de un acentuado valor visual sino de circunstancias premonitorias de una sociedad posnatural, los últimos vestigios de vida de un planeta árido, las ruinas de la nave que alguna vez nos brindó su hospitalidad. La trayectoria de María Fernanda continúa su precisa ruta, es impecable.

Luis Fernando Valencia "Seguimiento en la Luis Angel, Exploración de Fuentes Nacionales".
Revista Arte. 1990.
XXXI Salón Nacional de Artistas

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La mención otorgada a María Fernanda Cardoso es muy significativa, su obra se destaca en el conjunto. Es un ensamblaje donde une materiales originales con habilidad y rigor. Esta joven artista logra integrar elementos disímiles en una forma contundente, lo rústico se convierte en fenómeno de texturas, lo orgánico en un vehículo de fuerzas y tensiones, lo insólito es verdaderamente alegórico. Su obra mantiene un equilibrio constante y es completamente funcional de principio a fin.

Ana María Escallón "Nuevas Miradas". El Espectador. 1987.
Nuevos Nombres

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Con una figuración alegórica que hace recapacitar sobre elementos ruinosos y expresivos, María Fernanda Cardoso arma sus objetos y ambientes en donde rudos gestos articulan los ingredientes conmovedores de su obra. Hay una manipulación inteligente y recursiva de cada uno de los componentes que usa y además un distanciamiento oportuno entre los ingredientes animales y vegetales que evoca. Su lenguaje es fuerte y potente y sus respuestas tan dramáticas como poéticas.

Miguel González "Nuevos Nombres, Revista Arte en Colombia". 1987.

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No es corriente encontrarse con un talento natural tan atrevido y "gestual" como el de María Fernanda Cardoso Aún más, es innegable su habilidad como creadora de esculturas las cuales sorprenden y despiertan cierto malestar emocional, cierta propensidad simbólica no del todo discernible.

José Hernán Aguilar "María Fernanda Cardoso, Casa de Moneda". Revista Arte, 1987

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El regreso de Maria Fernanda Cardoso

por María Margarita García

María Fernanda Cardoso es una de las más importantes artistas colombianas contemporáneas, aunque es más reconocida en el exterior que en el país. Desde el Museo de Arte Moderno de Nueva York, y por toda Europa, su prestigio crece con la misma audacia de su obra. Y ahora retorna a Colombia, con una gran exposición en la Galería Diners, que será todo un acontecimiento cultural.

Insertó la última lentejuela en la `cintura de la pulga número 15. Ya todos estaban preparados para su presentación.  Los pequeńos insectos empezarían a bailar ballet enfundados en sus singulares tutús, los diminutos trapecistas saldrían a escena en el momento justo. María Fernanda Cardoso conocía a cabalidad su función en el circo de las pulgas. Los espectadores, unos veinte, se agolpaban alrededor de un gran círculo para observar un espectáculo poco común. La mayoría asistía por primera vez a un acto desconocido en el mundo moderno, pero surgido en el siglo XIX en Europa.

El frío invierno canadiense no impidió el éxito del espectáculo de esta joven colombiana dedicada a investigar, a leer y a no tragar entero. De una artista en el extenso sentido de la palabra, que pasa del pincel al modelado, de la escultura al dibujo, del paisaje a la naturaleza muerta, del diseńo de una maqueta a amaestrar insectos.

Dentro del público, igual de fascinado, se encontraba Ross, un artista australiano dedicado al vídeo, al computador y a los medios electrónicos, quien quedó impactado no sólo con el espectáculo, sino con la personalidad de la artista.

Arte a ciencia cierta

Desde ese momento, en Canadá, María Fernanda Cardoso empezó a trabajar con Ross. El creaba la música que debían bailar las pulgas y las notas expectantes para cada uno de los espectáculos, hacía el vídeo de la función que se proyectaba en pantallas gigantes y que aún recorre los diferentes auditorios de los museos de América y Europa.

A mediados de la década pasada se le veía cansada a causa de la intensidad del éxito del circo de las pulgas. Además, había sabido de la muerte de su padre y pasaba por una crisis interna. "Para mí era como un descanso alejarme de todo. Fui a Australia, Ross propuso que regresáramos juntos a San Francisco, pero yo resolví quedarme en ese país". Se instaló en Sidney, se casó con aquel artista colaborador y vive feliz con sus dos pequeńos hijos en un apartamento frente a la playa, rodeado de acantilados, arrecifes, de sonidos de pájaros y de un paisaje envidiable para cualquier ser humano.

Ahora la vida de María Fernanda Cardoso no es tan estresada ni se desarrolla tan rápidamente como cuando vivía en Estados Unidos o en Canadá. Aunque viaja permanentemente de Australia a América y a diario recorre varios kilómetros para ir a su estudio ubicado en el sótano de una iglesia antigua, donde no sólo comparte su experiencia con artistas de distintas nacionalidades, sino que realiza exposiciones no tradicionales en su taller.

Su vida pasa lentamente; su motor no es el trabajo por el trabajo, sino disfrutar en familia, leer, investigar e inventar una obra que aparentemente surge de una locura, pero que se basa en un sentido encadenado a la ciencia que aprendió a descubrir desde que era nińa y escuchaba pacientemente las historias de su abuela que le indicaba si el mosco que volaba a su alrededor era macho o hembra, que le contaba las increíbles aventuras protagonizadas por su abuelo cuando se desempeńaba como médico en un pueblo de Santander.

De nińa oía, entonces, con atención, las historias del padre de su padre, un hombre que sin saber que ya en otros países se había descubierto la causa de la malaria, había realizado varios experimentos hasta encontrarla. También María Fernanda Cardoso se enteraba cómo su abuelo había sido el primer médico en operar las cataratas en Colombia. "Encargó a Alemania los instrumentos necesarios para realizar la cirugía. Su paciente fue el lechero que día tras día lo visitaba y quien se ofreció para que el médico del pueblo realizara en su consultorio aquella extrańa cirugía que le devolvería la vista. Pero también clasificaba las gallinas para investigar y convertirse en el primer experto en dietética y nutrición". Estas y otras historias entusiasmaron a María Fernanda para mezclar ciencia y creatividad, para observar con atención los insectos, para arriesgarse a ensayar y a no detenerse ante lo desconocido.

Maestra por votación

Mientras estudiaba bellas artes seguía interesada en los insectos, investigaba y comprobaba sus teorías. Había resuelto dedicarse al arte y no a la ciencia, "por que la manera como se estudia la ciencia es unidimensional. El proceso creativo en los científicos es muy puntual, surge en principio, pero pasan el resto de su vida comprobando esa verdad descubierta. Mientras que en las artes la creatividad es permanente, se puede ser pluralista y usar aspectos de la ciencia y estudiarla".

Por eso, cuando terminó su carrera de artes plásticas, se matriculó en la Universidad de Yale donde hizo su maestría. A su regreso resolvió participar en la II Bienal  de Arte de Bogotá con una obra en la que se advertía su interés científico, era una trabajo conceptual en el cual utilizaba animales disecados y que le valió el primer premio.

Unos días después sus obras ocupaban toda la galería Garcés Velásquez, una sala en la que tenían cabida los artistas ya consagrados, pero su visión contemporánea sobre la naturaleza muerta la había llevado a aquel lugar para realizar su primera exposición individual.

Después del éxito obtenido con su primera y última muestra individual en Colombia, resolvió aplicar como maestra en la California Institut for the Arts, una de las más prestigiosas escuelas californianas.

Empacó maletas y se fue de nuevo a Estados Unidos. Se dedicó a crear un programa novedoso. "Desarrollé los cursos basados en la manera como yo abordo el arte. Se trataba de trabajar con materiales no tradicionales y de buscar el concepto a través de la manipulación de los medios usados".

El olor de la panela

Fue en esos ańos cuando resolvió abrir una cátedra especializada en el desarrollo de las artes a través de los sentidos. "Tenía libertad para desarrollar el programa académico.  Entonces me inventé un curso en el cual se trabajaba con sensaciones y no con materiales". Mientras dictaba clases en la universidad continuaba creando obras novedosas. Viajó a San Francisco donde encontró un taller amplio, lleno de luz e ideal para trabajar. Se instaló en esa ciudad y desde allí se desplazaba a Los Angeles todas las semanas.

En ese estudio surgieron muchas obras que llamaron la atención, entre ellas, algunas que recordaban su identidad latinoamericana. Para ello vino a Colombia, visitó los pueblos de Boyacá, la Sabana de Bogotá y sus alrededores. "Tomé materiales exóticos que adquirí en la plaza de Paloquemao y en diferentes pueblos. Usé calabazas, bocadillos, panela, cola, jabón de lavar la ropa. De este modo conseguí crear un trabajo que unía lo geométrico, lo conceptual y los olores".

Después fue invitada a una residencia en la que tuvo el apoyo económico y además la ayuda de un buen número de artistas que ofrecieron su mano de obra. Así realizó una serie en la cual usaba las estrellas de mar conectadas a manera de tejidos que ella denominó "tejidos de agua".

Pero una tarde, en medio de la lectura, se cuestionó el porqué al hombre le atraen tanto los animales, y resolvió dedicarse a investigar las pulgas, como una manera de abordar las contradicciones propias de esta época.

Pagó cincuenta dólares por pocas pulgas

Paró temporalmente su trabajo y se dirigió a Canadá donde hizo una residencia para poder desarrollar su investigación. Fue allí donde no sólo concretó y desarrolló su famoso circo de las pulgas, sino donde conoció a Ross, su esposo, que también hacía una residencia sobre un proyecto relacionado con el arte electrónico.

Cuando regresó a San Francisco presentó el circo en Exploratorium, un museo de arte y ciencia. Ya había terminado el proceso de entrenar las pulgas, fabricado cada uno de los elementos requeridos para la performance, creado un aparato especial para enseńarles a caminar y a bailar, hecho los cańones, las redes para que aterrizaran, el trampolín para el salto mortal, buscado la cuerda de la que a los insectos les gustaba agarrarse. También había hecho los carritos que pudieran halar. En fin, había trabajado en miniatura".

No había sido fácil montar este proyecto. "Empezando porque en ese momento no había pulgas en el Canadá. No fue fácil conseguirlas. Me contacté con veterinarios y no fue posible encontrarlas en perros ni en gatos. Tuve que importarlas desde los Estados Unidos. Me costaron 50 dólares y me enviaron muy pocas. Conseguí los permisos de importación y debí pagar sesenta centavos de impuestos. Fue así como empecé con el circo".

Después de investigar y de ensayar para conocer las fortalezas, las debilidades y las costumbres de esos diminutos animales, de saber el grado de fuerza con que cuentan, de amaestrarlos para que lograran caminar en dos patas, bailaran, hicieran el salto mortal, halaran algunos carritos, montaran en trapecio y desarrollaran los diferentes números del espectáculo a cabalidad, logró éxito con el circo que en un principio sólo podía ser visto por veinte personas que entraban al recinto por lotería y a la suerte, pues el espacio era , muy pequeńo y los visitantes eran más de trescientos. Ahora el circo es totalmente profesional, sigue un guion, cuenta con iluminación, coreografía, música especial y es milimétrico. "Tenemos tres pantallas grandes. Ya la parte visual se solucionó, porque el problema estaba en buscar la manera adecuada de mostrar a cientos de personas una escenografía y una serie de personajes que miden un milímetro, y funcionó". Con su famoso circo de pulgas se entretuvo los últimos cinco ańos

La lengua de las mariposas

Después de viajar por la China, la India, los Estados Unidos y permanecer buena parte de su tiempo en Australia, resolvió desarrollar una idea que había rondado por su mente desde antes de trabajar con el circo de las pulgas. "Hice varias obras con mariposas de colores, ordenadas en lo que yo llamo dibujos".

Se trata de diseńos geométricos inspirados en la forma natural de las alas con las que hace círculos perfectos y crea obras formalistas que apuntan al orden de la naturaleza.

También usó las antenas y las lenguas que ha dispuesto en espiral. Son obras limpias y simétricas en las cuales expresa una vez más su interés en los animales.

"Me fascinan los insectos. Soy muy observadora. Siempre estoy mirándolos, investigándolos y utilizándolos en mi trabajo".

En ellas muestra no sólo su capacidad creativa y su pasión por el empleo de materiales no tradicionales, sino su habilidad como dibujante, su sentido de la composición, su interés en la geometría, en el orden y en la aparente monocromía, aunque usa la variedad de los tonos de las alas de las mariposas.

Para ello ha comprado cientos de mariposas sin caer en el - contrabando de animales.  "Todo eso está regulado. Si hay algún animal en vías de extinción no lo comercializan". Así, esta artista dinámica, investigativa, viajera, realiza después de doce ańos su segunda exposición en Colombia, tras haber sido reconocida en el ámbito internacional.

Llega desde Australia. Allí ha surgido buena parte de su obra de los últimos siete ańos. Allí ha logrado dividir su tiempo entre su actividad profesional y su familia. Pues pasa buena parte de su tiempo con Ross y sus dos hijos Manny y Felipe Júpiter, con quienes semanalmente viaja a su finca situada en las afueras de la ciudad y que aún no sabe si fue arrasada por las llamas en los recientes incendios.

Entre ensayo y error, entre riesgos y aciertos ha vivido María Fernanda Cardoso, una mujer curiosa, cálida, generosa y talentosa, que desde nińa supo compartir sus ratos libres con Patricia, su única hermana, quien también se ha destacado en su actividad profesional, pues su primera película obtuvo un Oscar.

Ahora anda por las calles de Bogotá cargada de juguetes, con sus hijos de la mano, con su esposo y compańero, que aprendió rápidamente el espańol, que también disfruta de los paisajes colombianos y corre detrás de Manny, su hijo mayor, a quien con cierta picardía califica de "terremoto".

Tomado de la Revista Diners No. 382, enero de 2002

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La fórmula de las Cardoso

Textos: Sergio Ramírez 

Este 2002 fue el ańo de la artista María Fernando Cardoso, y su hermana Patricia. Las obras de la primera triunfaron en museos del mundo, y la película de la segunda batió récords en Estados Unidos. 

Cuando ingresaron a la  universidad, las hermanas Cardoso comenzaron a ver que el mundo era mucho más que clases. Hasta entonces las inquietudes humanísticas de su padre, un arquitecto fascinado por la naturaleza, y las inclinaciones culturales de su madre, también arquitecta y prendada por el arte, le habían adicionado a las clases de las pequeńas en el colegio San Patricio una gran cantidad de actividades extracurriculares que las llevaban de prácticas de equitación a clases de música en el conservatorio de la Universidad Nacional, pasando por cursos de inglés, tenis, natación, pintura y cualquier cosa que sus padres consideraban beneficiosa para su preparación intelectual y física. 

Cuando el colegio, los cursos, los caballos, el violín (que María Fernanda aprendió a tocar de manera muy profesional) y la flauta (que Patricia terminó odiando) dejaban algún tiempo libre, las hermanas se dedicaban a hacer manualidades, pintar, montar obras de títeres para la familia o pasear por los cerros de Bogotá con su padre. Así que mientras sus compańeros pasaban la tarde en la calle o viendo televisión ellas tenían una agenda como la de un ejecutivo. 

A pesar de todo, ambas están de acuerdo en que semejante actividad tiene mucho qué ver con que actualmente estas hermanas sean dos de las más exitosas representantes de la cultura colombiana. María Fernanda, quien se hizo famosa con su circo de pulgas, tiene abierta actualmente una exposición en El Museo de las Américas en Washington y sus obras se cotizan en cientos de dólares; y Patricia, la única colombiana que se ha ganado un premio Oscar (a la mejor película universitaria), tiene la satisfacción de ver cómo su primer largometraje (Las mujeres reales tienen curvas) se proyecta en 147 salas de unas 30 ciudades de Estados Unidos, donde ha recolectado más de dos millones y medio de dólares en taquilla.  

Sin embargo, una vez que pudieron elegir lo que querían hacer de sus vidas, el arte no parecía ser la prioridad de ninguna. María Fernanda, quien según su madre "hizo todo lo posible por no ser arquitecta", terminó como primípara en las aulas de la facultad de Arquitectura de la Universidad de los Andes. Para ella la arquitectura parecía ser el punto intermedio entre la ciencia, que le interesaba desde pequeńa, y el arte, que siempre había sentido alrededor. 

Patricia, influida indiscutiblemente por los viajes infantiles a San Agustín, decidió que arqueóloga era lo que quería ser. Ante la ausencia de programas de arqueología en el país, se inclinó por la antropología, lo cual no sólo le permitió conocer la diversidad cultural que aún hoy refleja en sus películas, sino que le dio la oportunidad de viajar por el país y dejar atrás las poco placenteras clases en el conservatorio. 

Los estudios universitarios, además de una promesa de futuro, significaron una especie de liberación. La joven Patricia comenzó a cubrir grandes distancias sin dar mayores detalles. San Agustín, la Sierra Nevada de Santa Marta, los Llanos, La Guajira... María Fernanda comenzó a disfrutar del ambiente de la universidad y del placer de hacer algo que le gustaba. 

Recuerdos de infancia que aparecen como rápidos destellos en lo que hoy las hace reconocidas. La experiencia de su abuelo -uno de los primeros oftalmólogos que realizó operaciones en Colombia - formó parte de las imágenes de la primera película de Patricia; mientras que los recuerdos de la finca de los abuelos, donde se deslizaban colina abajo sobre pieles de oveja, fue inspiración de María Fernanda. 

Sin embargo, para llegar allí tuvieron que descubrir lo que realmente querían hacer. Al final del primer ańo de su experiencia como estudiante de arquitectura María Fernanda tenía claro que lo suyo era el arte. Patricia esperó un poco más. Poco antes de graduarse como antropóloga, y mientras redactaba una impersonal tesis de grado, recordó las historias que contaba de nińa (y que le dejaron fama de "fantasiosa" entre sus compańeras) y decidió que necesitaba una libertad más allá de los cánones científicos. 

Recién graduada como antropóloga, y en medio de la depresión causada por no poder conseguir un empleo en algo que le gustara, decidió postularse para una beca Fullbríght que le permitiera cubrir los costos de su cambio de vida. Quería estudiar cine, como una forma de combinar su interés por la gente y la cultura con su deseo de contar historias. Unos meses después se vio camino a Los Ángeles con algunos dólares en el bolsillo y muchas inquietudes en la cabeza.
Graduada como maestra en artes plásticas, a María Fernanda sólo le faltaba complementar lo que había aprendido con una especialización. Pidió apoyo al Banco de la República y voló a Nueva York para hacer una maestría en escultura. Patrícia, con un inglés que no le daba muchas oportunidades, sin auto en una ciudad en que las distancias son enormes, una gran inseguridad frente a su capacidad de hacer trabajos prácticos y creativos y con cuarenta libras de más producto de la ansiedad, encontró en el centro médico su único refugio. Doce meses después de su llegada a LosÁngeles, registraba unas 100 visitas al doctor. "Era el único lugar que me era familiar porque cuando pequeńa había estado varias veces enferma", asegura. 

Hoy las cosas han cambiado para ellas. Tras un rápido regreso al país y cortas temporadas en Los Ángeles y San Francisco, María Fernanda se radicó en Australia. Casada con un escultor y madre de dos hijos, prepara la que será su primera gran exposición retrospectiva en el Museo de Arte Contemporáneo de Sidney. Patricia, con una hija en camino y casada con un maestro de escuela, aprovecha el éxito de su primer largometraje. Antes era casi una desconocida y hoy recibe llamadas diarias de escritores y productores interesados en trabajar con ella, aunque no quiere hacer se muchas ilusiones. "Ahorita soy famosa y ahorita estoy muy bien, pero nadie garantiza que esto vaya a durar. Esta profesión es de mucho o nada, y en un ańo o dos puede que nadie se acuerde de quién soy".

Tomado de La Revista de El Espectador, No.128, 29 de diciembre de 2002

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  La artista colombiana María Fernanda Cardoso, cuyo Cementerio Vertical (una pieza monumental de 1991) fue recientemente adquirida por el Museo de Arte de Miami, sigue consolidándose como una de las figuras más importantes del país. 

Cardoso, de la mano de la galería Casas Riegner, presentó en la Feria Art Miami una serie de sus Dibujos de mariposas, así cómo algunas de las coronas que han sido subastadas en las Casas Christies y Sothebys.  Una de sus obras, Corona de caballitos de mar, fue una de las piezas mejor vendidas. 

Otros artistas que participaron, además de Cardoso, fueron Pedro Ruiz y Ana Patricia Palacios: El argentino Patricio Reig, de madre colombiana, participó con una muestra titulada Fragmentos de la memoria. 

La diseńadora y artista colombiana Katherina Friderici, asistente de la Galería Casas Riegner, aseguró que el balance de su galería fue bueno. "Casi todos los artistas vendieron obras. A Reig y Palacios les fue muy bien. La gente quedó fascinada", agregó. 

Por otro lado, en la Feria de Palm Beach participó la Galería el Museo de Luis Fernando Pradilla; en representación de su sede bogotana.  Nelly Peńaranda, asistente de Pradilla y quien estuvo al frente de la galería durante la feria, afirmó: "A pesar de la economía estropeada, la feria estuvo mejor que la del ańo anterior. Los grandes maestros como Fernando Botero y la espańola Aurora Cańero siguen cosechando éxitos y vendiendo bien. También tiene un éxito increíble Ana Mercedes Hoyos". 

En su espacio se exhibieron obras de los colombianos Carlos Salas, Vicky Newman y Luz Elena Caballero. Hay una gran acogida por el arte colombiano, asegura Peńaranda, "pues ya llevamos seis ańos consecutivos presentado a nuestros artistas y la continuidad ayuda mucho". 

Tomado del periódico El Tiempo, 23 de enero de 2003

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Cardoso en Venecia

La colombiana, invitada a la 50 Bienal de Venecia
Por María Margarita García 

En Sidney, Australia, donde vive hace casi una década, María Fernanda Cardoso recibió el 21 de noviembre una nota de la 50 Bienal de Arte de Venecia, donde la invitaban a participar en uno de los más destacados eventos del arte. Comenta: "era una de las artistas que de la lista propuesta por la curadora Irma Arestizábal, crítica argentina que se desempeńa como vicesecretaria del Instituto Italoamericano". En el listado estaban los creadores que, según el director de la Bienal, se consideraban los más adecuados con relación al tema del evento: `Sueńos y Conflictos. En menos de un mes debía responder, enviar fotografías y especificar requisitos técnicos para la exhibición, desde el 12 de junio hasta el 2 de noviembre en el Convento de San Cosme y Damián en la isla de Giudecca, donde estarán los latinoamericanos y los ingleses, apoyados por la Fundación Henri Moore. 

María Fernanda averiguó sobre lugar de la muestra, planos y espacios para hacer una propuesta a adecuada. Retomó una idea que había empezado a trabajar en 1994 cuando fue invitada a una residencia donde tuvo ayuda de artistas que ofrecieron su mano para un trabajo en el cual usaba las estrellas de mar conectadas de manera que llamó Tejidos de Agua. Ahora, con una instalación en la que trata de solidificar el agua, no solo la relaciona con la isla de la muestra latinoamericana sino que apunta a su constante crítica a la hipocresía ambientalista. "Se trata de obras hechas con estrellas de mar blancas. Las agrupo y las coso, creando patrones de diseńos distintos. Son trabajos muy orgánicos y poéticos a la vez, con los cuales trato de recrear un paisaje en el fondo del mar. Así mismo pretendo solidificar el agua". 

Con esta propuesta escultórica tomó la fauna marina, la playa, los souvenirs y el turismo ecológico. Para crear esa gran instalación, debió comprar las estrellas "a un distribuidor en California quien a su vez las importa de Filipinas y las vende como recuerdos en tiendas turísticas". Su proveedor es un exmarino de ochenta ańos que comercia con corales, caballitos y estrellas que se convierten en recuerdos para visitantes a California. Con estos elementos ha unido su espíritu crítico, su interés en los animales, su pasión por la naturaleza, su concepto de espacialidad y su habilidad en el dibujo, ya que se trata de una obra con una gran carga gráfica. "Con este trabajo lo que creo es un ambiente". 

Una vez más usa elementos no convencionales y crea un concepto de paisaje que se sale de límites tradicionales. Así da una visión particular de la naturaleza mientras seńala problemas ecológicos y apunta al tema de la vida y de la muerte que ha tratado desde sus primeras obras cuando estudiaba escultura en el Instituto Prat de Nueva York. Hace referencia a lo orgánico como lo reflejaba cuando era alumna en la Universidad de Los Andes y sorprendía a su maestro Miguel Angel Rojas con una instalación en la que utilizaba algas color plateado colgándolas del techo. 0 cuando tomó tusas del maíz como elemento indispensable en su obra que relacionó con culturas precolombinas al llegar a la universidad de Yale para hacer su maestría. 0 cuando participó en la II Bienal de Arte de Bogotá con un trabajo en el cual utilizaba animales disecados y que le valió el primer premio. 0 en el momento de su primera muestra en Colombia, cuando se advertía una visión poco convencional sobre la naturaleza muerta y ocupaba toda la galería Garcés Velásquez en una sala en la que tenían cabida artistas ya consagrados. 

Esa manera de abordar su trabajo la convirtió en profesora de la California Institut for the Arts, una de las más prestigiosas escuelas californianas donde diseńó su programa basándose en materiales no tradicionales y buscando el concepto a través de la manipulación de los medios usados. Su interés por los insectos la encaminó a expresar de una manera contemporánea una tradición de siglos como lo es el Circo de las Pulgas, logrando un montaje desde la óptica del perfomance. Ahora, ha trabajado de sol a sol en el montaje de su instalación en la que sus blancas estrellas de mar le dan el toque poético a conflictos del mundo actual, al lado de los más destacados artistas de hoy y de latinoamericanos como Eugenia Vargas (Chile), Joaquín Rodríguez y María Isabel Jiménez (Costa Rica), Pablo Cardoso (Ecuador), Muriel Hasbon (El Salvador), Moisés Barrios (Guatemala), Brooke Alfaro (Panamá) y Marcos Lora (República Dominicana). 

La artista vendrá en julio a Bogotá para una exposición de dibujo en la galería Diners.

Tomado del Suplemento Dominical de El Tiempo, 8 de junio de 2003

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Tejido con estrellas de mar

por María Cristina Pignalosa,
Redactora de EL TIEMPO 

Una enorme pulga en plástico rosado, con sus articulaciones marcadas, da la bién venida a los visitantes de la exposición de la artista colombiana María Fernanda Cardoso, en la galería Diners. 

En el interior, Cardoso presenta una escultura con el título Tejidos de agua, una especie de corona trabajada con estrellas de mar blanqueadas. Esta obra forma parte de la serie que llevó a la Bienal de Venecia (Italia). Cardoso expuso sus trabajos en el salón Arsenal, un espacio donde los artistas cuyos países no tienen sede propia exhiben sus propuestas. La muestra se hizo por invitación y junto con Carolina Caicedo son las únicas colombianas. 

"Las estrellas -explica Cardoso- son de Filipinas y originalmente de color azul". Provienen de cultivos especiales sostenibles que las exportan a California (Estados Unidos), donde un distribuidor se las hace llegar a Australia, donde vive Cardoso.  

También expone una serie de coronas de caballitos de mar. Son nueve pares de animalitos por cada pieza. Uno de color natural y los otros dos de colores café y rojo. 

Cardoso dice que su interés. por los animales viene desde la infancia, de lo que su padre le enseńó en el campo colombiano.  Su trabajo ha sido criticado por sociedades protectoras de animales de muchos países y por ecologistas, pero ella dice que no lo siente como un ataque. "Es más una preocupación y es una buena oportunidad para analizar el diálogo que existe entre el ser humano y la naturaleza", asegura. 

Aclara que los animales que utiliza para sus creaciones artísticas no son capturados vivos y menos torturados o ajusticiados por ella. "Son animales de criaderos como las ranas, los grillos o las mariposas, que son recursos naturales renovables. Crecen en sitios especialmente diseńados para tal fin, en criaderos que generan empleo y en
granjas reproductoras sostenibles

Para Cardoso su obra relaciona todo. Es la combinación de elementos que generalmente la gente compra como souvenirs o recordatorios sin importarle de dónde o cómo caen en sus manos y son objetos coleccionables. 

El Tiempo, 17 de julio de 2003

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Estrella en Venecia

por María Margarita García

Cuando María Fernanda Cardoso llegó a Italia para participar en la Bienal de Arte de Venecia, la esperaban tres estudiantes de bellas artes asignados por la embajada de Colombia en ese país. Los jóvenes habían aguardado pacientemente para ayudar a materializar un trabajo planeado desde fines del ańo pasado, y su sueńo era intervenir en el certamen más importante en el campo de la plástica internacional. La misma intención tenía una artista australiana que viajó desde Sidney para apoyar a la colombiana a quien asiste desde hace varios ańos. Todos estaban tensos, debían terminar su misión en diez días. Por eso dedicaron casi doce horas diarias al montaje de la obra Tejidos de agua que apunta al problema ecológico actual.

Desde ese momento se volvió frecuente su viaje en góndola hasta la isla de Giudecca, donde está ubicado el pabellón latinoamericano en el cual María Fernanda Cardoso es la única representante de Colombia. Allí su gran instalación, Tejidos de Agua, guarda cierta armonía con el lugar, pues en ella se advierte un paisaje submarino abordado bajo los parámetros de la plástica contemporánea, mientras los grandes ventanales del convento de los Santos Cosme y Damián permiten apreciar un gran jardín propio de las edificaciones antiguas.

"Por primera vez los artistas latinoamericanos estamos en un lugar prominente. En otras ocasiones el sitio de exposición se hallaba localizado en edificaciones lejanas o no muy bonitas. Este ańo compartimos con los creadores apoyados por la Fundación Henry Moore. Además, estamos al lado de los pabellones de Portugal y Gales. Particularmente a mí me dieron un espacio precioso, lleno de luz, aire y jardines. Es amplio y contemplativo al mismo tiempo.

Ese respiro advertido en el pabellón latinoamericano es útil para el espectador que debe hacer varias visitas a la Bienal para observar el trabajo de 350 artistas de los cinco continentes que se convierten en el plato fuerte de curadores, críticos, galeristas, museólogos, y coleccionistas del mundo interesados en lo que sucede, en materia de artes plásticas, especial mente en países como Colombia o Australia: Los artistas de América Latina no sólo están en el pabellón dedicado a estas regiones del planeta, sino en exposiciones paralelas curadas por importantes críticos. Inclusive algunos de ellos son latinoamericanos, como es el caso de Carlos Basualdo, dice la artista.

Todos encuentran en la Bienal de Venecia una gran vitrina a la cual llegan curadores y coleccionistas listos para dejarse sorprender con obras nuevas y poco convencionales como las de María Fernando Cardoso, quien se ha destacado por su crítica certera a la hipocresía ambientalista, por usar elementos no convencionales, por echar una mirada a la realidad actual con algo de poesía.

En la Bienal quedarán hasta noviembre sus Tejidos de Agua, con los cuales trata de recrear un paisaje del fondo del mar a la vez que pretende solidificar el agua con sus sutiles costuras. Sin embargo, ha pasado parte de su tiempo dibujando la instalación en tinta sobre papel, y creando una memoria. Trazos que mostrará en Bogotá desde el 10 de julio en la Galería Diners al lado de obras espaciales creadas con caballitos de mar rojos, blancos y cafés, estrellas blancas de figuras geométricas y líricas con las cuales da su voz de alerta a la situación ambiental actual.

Ese interés por el paisaje y los animales de mar empezó a rondar en la mente de María Fernanda Cardoso desde que vivía en San Francisco y encontraba con frecuencia "los souvenirs de la playa que me hicieron recordar los caracoles que vendían en Cartagena". Fue en realidad un hallazgo en medio de una actividad tan cotidiana como la de su proveedor, un ex marino octogenario dedicado a comerciar con corales, caballitos y estrellas de mar importados de Filipinas para vender los en tiendas turísticas. Exploró así una experiencia de lugar que combinó con su interés de "conocer más sobre la relación de los animales con los humanos y de cómo los hombres coleccionamos los animales por razones estéticas".

María Fernanda Cardoso ha vuelto a hacer propuestas escultóricas a partir de la fauna marina, la playa, los souvenirs y el turismo. Sin embargo, esta no es la única forma de expresión de esta artista que además de exponer en Venecia (Italia) y en Bogotá, también muestra actualmente sus trabajos en el Museo de Sidney (Australia) donde se aprecia en retrospectiva su obra de los últimos trece ańos.

No sólo en tierras lejanas, sino en Colombia, se advierte la visión espacial de María Fernanda Cardoso quien se considera una escultora no tradicional: "Trabajo con materiales no convencionales porque soy experimental. Para mí, la exploración es parte del proceso de creación de una obra. En realidad lo que me interesa es descubrir cosas nuevas".

Así, entre dibujo, ensayo y error María Fernando Cardoso construye conceptualmente su trabajo y sólo cuando tiene las ideas claras "se lanza a ordenar más de veinte mil animales que configuran su obra". Esta es su profesional manera de trabajar, lo hacía desde que estaba en la Universidad de los Andes y sorprendía a sus maestros usando algas marinas como elemento fundamental en su trabajo. También cuando hacía su maestría en Yale e incluso cuando ganó la II Bienal de Arte de Bogotá con una obra conceptual en la que utilizaba animales disecados. Y por qué no afirmarlo, cuando vivía exitosamente su legendario Circo de las Pulas.

Tomado de la Revista Diners No.400, julio de 2003

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Inventario 20 ańos
Exposición Banco de la República, 2004

por Francisco González

Bichos, lombrices, pulgas, sapos, pirańas, entre otras faunas y muchas flores componen esta gran muestra que se acerca a una retrospectiva. Marta Fernanda Cardoso no es un bicho raro, es una contundente artista colombiana que reside en Australia. Lo raro de este inventario radica, tal vez en que por primera vez se muestran en su conjunto obras que no se habían visto en Colombia o que hace muchos ańos no se veían, particularmente parte de su primera individual realizada dentro del programa Nuevos Nombres del Banco de la República en 1987.

La obra está compuesta por varios tubos de cemento atravesados por varillas y en diversos materiales que penden del techo, generan crisis y hablan no sólo un lenguaje fálico aun que tengan nombres de mujeres como Dolores, Remedios, Gloria, Esperanza o Consuelo sino que sugieren abandono, dolor y ritos funerarios, en fin, una especie de metáfora de país que se aprecia en muchas de sus obras.

La exposición, curada por Carolina Ponce de León, directora del Centro Cultural de La Raza en San Francisco, se puede apreciar en el segundo piso de las nuevas salas del Museo, no tiene restricciones de ningún tipo. Sin ser cronológica, está montada sobre los 500 metros cuadrados de esta sala, sin paneles, sin divisiones, ni módulos, donde sus 20 ańos de trabajo se sienten como la mordida de una pirańa o el vuelo tenue de una mariposa. Por supuesto, allí también está la obra de las pirańas que hablan de la ironía del turista que va al Amazonas y las mariposas disecadas con sus vivos colores.

María Fernanda Cardoso no da vuelta de mariposa por la sala, camina pausado y dice que estos 20 ańos, "me hacen sentir viejísima". Pero también demuestran "que no he parado nunca de trabajar. He vivido mucho y he aprendido mucho de las experiencias que he tenido. No he parado nunca, siempre tengo otro proyecto, pero siento sobre todo que hay una ética de trabajo muy fuerte", concluye al tiempo que da sus últimas instrucciones de montaje.

Afuera de la gran sala, se podrá ver su obra, "Cementerio, jardín vertical". Criptas inspiradas en el Cementerio Central, donde la violencia y la muerte no tienen resurrección. Estas flores plásticas tienen la idea de preservar, de no olvidar, de conservar momentos. Obra que deja de recuerdo al Banco de la República

No podía faltar su publicitado Circo de las pulgas, que por primera vez viene a Colombia Sin embargo, no hará la función, sólo se podrá ver en video. Sus dotes de domadora se apreciarán en esta nueva sala que al contrarío de Cardoso está novísima

Museo de Arte Banco de la República
Tomado del periódico El Espectador, 8 de agosto de 2004

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La naturaleza hecha arte

por Rodrigo Campos López
redactor de El Tiempo

Estrellas azules y moscas muertas; pirańas amazónicas de colección y baldes de pintura; ranas disecadas y lirios de plastico.

Este aparentemente. inconexo compilado de materiales es, sin embargo, parte de lo que conecta 20 ańos de trabajo de María Fernanda Cardoso, una de las más importantes artistas plásticas colombianas, quien desde esta noche exhibe en el Museo de Arte del Banco de la República.

La muestra, denominada Inventario: 20 ańos, es lo que se conoce como una retrospectiva de mitad de carrera, y sirvió a Cardoso para hacer un -muy corto- alto en una vida en la que, como ella dice, "nunca paro".

Desde las instalaciones en materiales de construcción y cargadas de contenido sexual como Tengo celos o No somos perfectos hasta el video Cara de gallina, cara de murciélago, cara de pescado, una de sus más recientes obras, la muestra está llena de contradicciones: la vida y la muerte, el camuflaje y lo vistoso, lo natural y lo artificial.

Y esas dualidades también pasan al espectador. El ambiente relajado, casi de playa, de Agua tejida, paisaje submarino y Cementerio, jardín vertical, se pasa al fuerte espectáculo de las Ranas bailando, o la Corona de espinas chibcha.

Eso sin mencionar que la muestra tiene un circo de pulgas vivas que está al lado de un banco de pirańas que les venden a los turistas en el Amazonas.

Pero a pesar de las contradicciones, para el visitante la obra adquiere un sentido y una lógica que solo pueden atribuirse al talento de la artista.

Orgánico: no tocar

"Mi arte tiene mucho que ver con la muerte, con el morbo del arte religioso y con la violencia colombiana", asegura Cardoso. Las moscas, que utiliza como referencia a los cadáveres que se encuentran en los potreros, son una clara evidencia. 

También están las ranas secas, unos animales realmente feos que al ser dispuestos como lo hace ella adquieren una simetría y un encanto que hace pensar en la metáfora del reptil que se vuelve príncipe azul.

Esa dualidad,, el manejo de cadáveres para representar la belleza, caracteriza y destaca el trabajo de Cardoso.

Sin dejar de lado las mariposas, que además de su belleza y la geometría de sus formas, hablan acerca de la invisibilidad de la que Cardoso, una consumada viajera, es victima y saca provecho al mismo tiempo.

Cardoso ha vivido, además de en Colombia, en Nueva York, donde estudió, San Fran cisco, donde estrenó (y entrenó) el Circo de pulgas Cardo so, una pieza que casi se le vuelve una opción de vida, y Sydney, donde reside desde hace siete ańos.

La capacidad de traducir en materiales originales y buenas obras esa pertenencia a tantas partes le ha permitido ser una de las artistas colombianas con más presencia y proyección internacional.

Entre otras, su obra ha estado exhibida en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), se ha presentado en la Opera House de Sydney, participó en la Bienal de Venecia del ańo pasado y a comienzos de este expuso en el Museo de Arte Contemporáneo de Cleveland (E.U.) Material Witness (Testigo presencial) junto a artistas como el espańol Santiago Sierra, la mayor estrella de la bienal que empieza el mes entrante en Sao Paulo.

La muestra, para los conocedores de la obra de Cardoso, es una selección ideal de sus etapas.

Y para los que no lo son, es un delicioso viaje visual y el perfecto abrebocas para empezar a disfrutar del talento de esta colombiana que viene de todas partes.

Museo del Banco de La República
Tomado del periódico El Tiempo, 4 de agosto de 2004

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La naturaleza muerta de Cardoso

Por Diego Garzón

Una retrospectiva en el Museo del Banco de La República recoge gran parte de los 20 ańos de trabajo de María Fernanda Cardoso, una artista que siempre ha estado acompańada por la polémica.

Buena parte del trabajo de María Fernanda Cardoso ha estado ligado a la muerte y a muchas de las facetas de la violencia. Esto se percibe desde sus primeras obras. En Con pies y manos (1989), por ejemplo, empleó medias veladas de mujer y guantes de látex y los rellenó con tierra y pegante sintético, moldeando de manera muy precaria unos dedos de pies y manos. Los materiales cedieron, se rompieron, y esas partes del cuerpo humano cubiertas de tierra por todos lados terminaron por producir una imagen chocante como la de los cadáveres de víctimas de la violencia que han sido encontrados bajo tierra mucho tiempo después de su desaparición. En Sol negro (1990) una bola de polipropileno está totalmente cubierta por moscas, aferradas a lo que parece una cabeza humana que también alude a tantos cuerpos encontrados gracias a esos insectos que van persiguiendo los rastros de la muerte. Jugaban futbol con las cabezas (1991) son dos cráneos humanos unidos que conforman una especie de balón de fútbol y se refieren a un hecho repetido varias veces: los asesinos después de degollar a sus víctimas terminan pateando sus cabezas como si se tratara de un juego.

Estas obras que hacen parte de Inventario. 20 ańos, nombre de la retrospectiva que por estos días se exhibe en la nueva sala de exposiciones de la Biblioteca Luis-Ángel Arango y que fue curada por Carolina Ponce de León, son algunas de las aproximaciones de Cardoso al tema de la muerte. También lo ha hecho a través de animales disecados que compra en catálogos como lagartijas, moscas, pulgas, culebras, lombrices, pirańas, estrellas de mar, ovejas, sapos, caballitos de mar o mariposas.

Por el uso de estos animales en su obra, Cardoso es reconocida tanto en Colombia como en el mundo; aunque no siempre para bien pues ha tenido que enfrentar múltiples protestas de sus detractores, que no han dudado incluso en llamarla "asesina". Ella nunca se ha interesado en participar en la polémica ni en dar juicios morales sobre el tema. Pero este tipo de obras sí invitan a pensar, entre muchas cosas, por qué el hombre acepta de buena gana museos de ciencias naturales con miles y miles de animales disecados en sus colecciones, y se divierte en zoológicos, circos, sea worlds, acuarios, entre otros, y por qué llega incluso a sacudirse más al ver unas lagartijas o unas culebras muertas que con los asesinatos que ocurren a diario. En su obra Amazonas (1992), por ejemplo, Cardoso dispone de varias pirańas disecadas, una detrás de otra, como si es tuvieran desplazándose en el agua del río.

Son pirańas que en el Amazonas se venden como souvenirs y cientos de turistas compran como prueba de que estuvieron en ese lugar agreste, peligroso. Cardoso hizo lo mismo, les puso una base de madera y las exhibió. żDebe el espectador detenerse en esta polémica cuando ve la obra de Cardoso? No vale la pena para nada. żPor qué reclamarle que haga un circo de pulgas, como en efecto ha pasado? Cardoso dedicó cinco ańos a adiestrar pulgas y consiguió que caminaran por la cuerda floja, que una se convirtiera en `pulga bala, que arrastraran un pequeńo objeto de metal, y hasta hacerlas pasar por Batman y Robin con diminutos disfraces.

La naturaleza, los elementos precolombinos, la religión, su interés porque los materiales con los que trabaja tengan un orden geométrico y, por supuesto, el morbo que produce la violencia en la gente son elementos fundamentales en su obra. En Corona para una princesa chibcha (1990) se ven claramente estas características: una corona de lagartijas disecadas al igual que la corona de espinas que soportó Jesucristo, unidas en un círculo de metal de manera simétrica mientras que sus extremidades conforman ángulos rectos, como muchas figuras del arte precolombino. Lo mismo ocurre con Ranas bailando (1990); allí, las ranas disecadas también remiten a las representaciones estilizadas de los muiscas. Pero la obra de Cardoso también re presenta belleza: caballitos de mar dispuestos en círculos, las mariposas que por sí solas son hermosas y que dentro de sus mismas alas tienen estructuras geométricas conforman coloridas figuras que llaman la atención del espectador. Lo mismo ocurre con Cementerio. Jardín vertical (1992), ubicado a la entrada de la exposición: flores blancas de plástico incrustadas en la pared en medio de una serie de arcos como si se tratara de fosas de cementerios aluden a la práctica de llevar flores a ese último momento, pero esta vez aparece ahí, imponente, con ese dolor y al mismo tiempo esa belleza en la que, para mí, se constituye en la mejor obra de la muestra.

La exposición es una re visión a un largo trabajo que va desde la propia tesis de grado de la artista en la que exploró con el agua como material hasta los videos de rostros de gallinas y murciélagos de Sydney. "No sabemos ver", dice ella. Y allí, lejos del estereotipo de lo que puede ser una gallina, en primeros planos cada una aparece con gestos y rostros cada vez más humanos. Faltan pocas de sus obras más importantes en esta muestra: a finales de los 80 y comienzos de los 90 su trabajo con maíz y pasto fue la transición, el paso que la llevó a trabajar con animales. Inventario es un importante recorrido por el trabajo de una artista que desde hace siete ańos vive en Australia y que ha llegado a los principales museos del mundo.

Tomado de la Revista Semana No.1162, 9 de agosto de 2004

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  vv María Fernanda Cardoso es una artista peligrosa. Sus obras siempre tienen un elemento -por lo general vivo, peludo, cartilaginoso- que hace que los ecologistas -o por lo menos las mentes bienpensantes sientan cierto ardor en el estómago. Su obra -que reta la constante relación entre hombre y naturaleza-tiene lagartijas disecadas que forman una misteriosa ronda, un camino fabricado con huesos de cordero, unas preciosas composiciones geométricas hechas con alas de mariposa, una esfera de moscas o, en una de sus obras más famosas (hoy en la Tate Gallery de Londres), un grupo de pulgas amaestradas. En su última exposición en la Galería Casas Riegner
sus "víctimas" fueron los emúes, unas aves típicas de Australia -país donde reside desde hace 10 ańos- tan grandes como una modelo colombiana, 1,74 metros, y parte de una industria poderosísima que explota todo: huevos, plumas, carne... Las piezas de la muestra ofrecen tapices de emú, huevos de emú o, en este caso, una alfombra de emú que no oculta su calidad de "trofeo de caza".
 

Arte con plumas de emu

Las plumas de un emú pueden ser tan suaves al tacto que su roce resulta casi imperceptible en unos casos, pero en otros casos pueden ser tan ásperas como la paja. Eso depende de si son de la parte delantera o posterior de este animal, que es tan alto como una persona y que hace parte del escudo de Australia, junto al canguro.

La artista María Fernanda Cardoso lo sabe bien y por eso las utiliza en su nueva exposición denominada E, en la galería Casas Riegner, de Bogotá. Para ella es una forma de conectarse con ese país, en donde vive con su familia. Así también continúa su gusto de trabajar con la naturaleza. De hecho, son conocidos sus trabajos con insectos.

En esta muestra aprovecha las características del pluma de de los emúes. Estos animales, que en algo se parecen a un avestruz, toman el color de la vegetación para camuflarse. "Por eso, esta exposición es también un poco de paisaje", dice Cardoso.

La artista forma figuras con las plumas, que pueden caer como cortinas o enrollarse sobre sí mismas. En ese sentido sigue su tendencia a trabajar descubriendo las cualidades de esos elementos.

Así el plumaje toma diferentes direcciones y conforma obras delicadas en formatos pequeńos.

En contraste, la artista utiliza un material lejano a la naturaleza, el nailon (del inglés nylon), con los que teje en las paredes. Son varillas blancas y largas que se encorvan por su peso desde el muro y hacen un ruido como de lluvia cuando alguien las hace chocar. También hay un tejido de teflón en otra de las paredes, una obra que replica una hecha por una comisión en Miami (Estados Unidos).

Tomado del periódico El Tiempo, 5 de junio de 2007

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Y los machos de Australia

La artista María Fernanda Cardoso se radicó en Sidney, Australia, hace 10 ańos. En este tiempo ha intentado conectarse con este país por medio de sus animales. Aunque en sus obras siempre ha trabajado con especies naturales-ranas, lagartijas,
pulgas, pirańas, mariposas, murciélagos, moscas y culebras, entre otros- su primer acercamiento artístico a este territorio de Oceanía fue a través de las ovejas. María Fernanda tińó pieles de estos animales domésticos, que son la base de una de las industrias más importantes de Australia, para la exposición Sheep, que presentó en el Museo de Arte de las Américas, en Washington, en 2002.

Luego la artista colombiana, de 43 ańos, quiso hacer algo con animales australianos emblemáticos. Sus opciones eran los canguros o los emús, los dos que están retratados en el escudo de armas de esa nación. Como sobre los primeros existen muchas restricciones, se decidió por los segundos, que son "seres como prehistóricos", dice, criados en granjas especiales porque su carne es comestible, al igual que sus huevos, y producen un aceite que es muy apreciado por sus propiedades cosméticas. Son tan preciados que su exportación a otros países está prohibida.

Tal y como ha hecho a lo largo de sus más de 20 ańos de carrera artística, María Fernanda hizo una investigación profunda sobre el objeto de su trabajo. En los últimos dos ańos descubrió que los emús, a los que ha visto en estado salvaje sólo unas tres veces, pertenecen a un grupo de aves corredoras llamadas rátidas.

Son familiares del avestruz africano, el ńandú suramericano, el kiwi de Nueva Zelanda y los casuarios de Nueva Guinea. Los machos pesan 50 kilos y las hembras 55, y ambos pueden medir 1.75 metros de altura.

Estas aves pueden recorrer hasta 550 kilómetros de territorio, dependiendo de las condiciones climáticas, en busca de alimento. Su dieta está conformada por semillas, frutas, vegetales y flores. Viven entre 20 y 30 ańos. Cuestión de camuflaje

Las plumas de color café fue lo primero que utilizó la colombiana de los emús. Con honestidad le dijo a CARAS desde Sidney que al principio le parecieron "como feas y aburridas".

Luego descubrió que el tono que tenían era para poder camuflarse y pasar inadvertidas en las praderas donde viven, en lo que se conoce como el australian bush. Incluso cuando están quietos se mueven sólo de un lado para otro, como una rama mecida por el viento.

Esto la hizo pensar en la idea de camuflaje, en dar la apariencia de otra cosa, que ha estado presente en obras suyas como El arte de la desaparición y jardín de insectos que parecen plantas. "Este concepto me fascina, es una perfección excesiva. Es como pintar y eso los animales lo hacen mejor que nadie. Ellos son artistas de la mímica", dice. El camuflaje lo relaciona, además, con la vida de los seres humanos porque "a veces uno trata de ser otra cosa".

Con las plumas hizo capas, lo cual la conectó con una tradición aborigen, y una cortina. "Es una obra muy textil", dice la artista. En una siguiente fase trabajó con un emú disecado, el cual está dispuesto como un tapete y encima tiene unos huevos de un vistoso azul petróleo. Esta obra tiene para ella mucho significado. Por una parte representa un comportamiento de estos animales, que le llamó mucho la atención. Las hembras de esta especie copulan con todos los machos que pueden y son éstos quienes se encargan del proceso de nidada, durante 56 días. En este lapso sólo se levantan para darle la vuelta a los huevos y calentarlos en forma uniforme. A ella esto le gustó porque rińe y desafía las conductas machistas de la sociedad humana.

Por otra parte, el emú disecado, del cual aclara que ya estaba muerto cuando lo consiguió, está dispuesto como un tapete en una alusión a los trofeos de los cazadores que ponían pieles de los animales que habían matado a cumplir esta función decorativa, que al mismo tiempo era un símbolo de su valor muy apreciado entre los hombres. "Es una obra que tiene humor, historia natural y cultural, y etología animal", concluye la creadora. Las obras relacionadas con el emú son lo más novedoso que va a presentar María Fernanda en la exposición que realizará en la Galería Casas Riegner con el apoyo de CARAS. Sin embargo, no son lo único que va a mostrar. También presentará unas instalaciones de video de tres minutos tituladas Cara de gallina y Cara de pez, a intervendrá el espacio con otras como Pared de lluvia. Esta artista colombiana es hija de arquitectos, y eso explica su gusto por trabajar con el espacio.

Esta obra, en particular, está inspirada en una que vio cuando pequeńa en el Planetario Distrital, en una retrospectiva del venezolano Jesús Soto, en la que éste utilizaba los elementos suspendidos que lo hicieron famoso. "Uno podía estar dentro de ellas", recuerda. Su Pared de lluvia está hecha con palitos de nailon flexibles, que los espectadores pueden tocar y mover. Este es uno de sus trabajos permanentes con materiales inertes. El otro son unas pequeńas figuras en teflón, similares a unas que están en un muro de piedra en Riverside Walk, en Miami.

María Fernanda vendrá a la inauguración de su exposición en la Galería Casas Riegner invitada por CARAS. La artista no visitaba Colombia desde hacía tres ańos, cuando vino a la exhibición Inventario 20 Ańos que se realizó en la Biblioteca Luis Ángel Arango. En esta ocasión se le rendirá, además, un homenaje por la adquisición de Circo de pulgas, un proyecto que inició en 1993 y al que le dedicó seis ańos de su vida, por parte de la Tate Gallery de Londres.

Tomado de la Revista Caras,  mayo 19 de 2007

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Al natural

Los animales, en especial los insectos, son su obsesión. Tanto que gracias a las pulgas se convirtió en una de las artistas colombianas más prestigiosas en el exterior. Fue en San Francisco, en el Museo Exploratorium de Arte y Ciencia, donde presentó por primera vez el Circo de las pulgas. Ocurrió en 1996 y no resultó nada fácil: Cardoso tardó cerca de cinco ańos en adiestrar estos diminutos insectos antes de lograr, entre otras proezas, que caminaran por una cuerda floja y arrastraran un minúsculo objeto de metal. Un espectáculo insólito que la llenó de fama.

"En realidad no sé por qué me gustan tanto los insectos -dice desde Australia, donde está radicada hace más de una década con su esposo y dos hijos-. Son pequeńos y el mundo de lo pequeńo es extraordinariamente complejo; me gustan mucho sus transformaciones, es como si tuvieran varias vidas. Una bella metáfora".

Pero además de las pulgas, Cardoso ha trabajado con estrellas y caballitos de mar, moscas muertas, lagartijas, ranas disecadas, mariposas de colores y pirańas del Amazonas. Su reciente trabajo sigue la misma línea: desde el pasado 27 de abril y hasta finales de octubre, Cardoso participa en la muestra "Dead or Alive", del Museo de Arte y Diseńo de Nueva York. Allí, junto a prestigiosos artistas como el británico Damien Hirst y el australiano Nick Cave, María Fernanda exhibe una capa, unas medias y un sombrero hechos con plumas de emú, un ave originaria de Australia que se parece al avestruz.

"Es curioso, pero en Australia no usan las plumas de este animal para hacer capas, así que las mías son las primeras. Mi idea era camuflarme en el paisaje australiano emulando lo que hace este pájaro, que se esconde con los colores y texturas del paisaje nativo. Claro que cuando te pones algo tan extravagante sucede lo contrario: ĄEn vez de pasar desapercibido sólo logras llamar la atención!", dice la artista.

"Dead or Alive" presenta el trabajo de treinta artistas que "transformaron material orgánico y partes de animales -como plumas, huesos y pelos- en distintas esculturas", según explica la página web del museo. "Para mí es un descreste total estar en la misma exposición con algunos de los artistas más reconocidos de nuestro tiempo -afirma Cardoso-. Además, estoy muy orgullosa de exponer en uno de los mejores museos del mundo".

Más de veinte ańos de carrera artística le permiten a María Fernanda consolidarse como una de las figuras más representativas del arte nacional. Graduada de Artes plásticas en la Universidad de Yale, en New Haven,  complementó sus estudios en Nueva York y en la Universidad de los Andes, en Bogotá. Sus obras han sido expuestas en prestigiosos museos, entre los que se encuentran el de Arte Moderno de San Francisco; el de Arte Contemporáneo de Sídney, en Australia, y el Museo de San Diego, en California.

Pero eso no es todo: en el ańo 2000 instaló cerca de 36.000 lirios de plástico en una pared del Museo de Arte Moderno de Nueva York; en 2003 representó a Colombia en la Bienal de Venecia, y varios de sus trabajos han sido exhibidos en ciudades como Londres, Madrid, París y Barcelona. "En la actualidad estoy haciendo un posdoctorado en arte y ciencia en la Universidad de Sídney, pues ahora las universidades reconocen la contribución de la investigación artística en la creación de nuevos conocimientos", cuenta.

Su acercamiento a la ciencia no es casual. A diferencia de su hermana Patricia (cineasta que ganó un premio Óscar con su primera película), María Fernanda mostró interés por el ámbito científico desde que era nińa, influenciada por su abuelo, médico oftalmólogo que practicó las primeras operaciones de ojos en el país. Pero al final el arte le ganó la batalla: "Como artista puedo hacer ciencia y arte, pero como científica sólo podría hacer ciencia. Ser artista me da la oportunidad de realizar cualquier investigación y hacerlo de manera rigurosa pero creativa al mismo tiempo".

Mientras la muestra con sus obras a base de plumas de emú se expone en Nueva York, María Fernanda continúa trabajando en nuevos proyectos. "Lo que más me gusta del arte es la libertad de hacer lo que uno quiera -concluye-. En la mayoría de las profesiones siempre hay alguien diciéndote qué hacer, pero como artista nadie te dice nada; al contrario: debes ser original y eso es muy difícil".

Tomado de la Revista Cromos No. 4782, 21 de mayo de 2010

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Un jardín de insectos

por Camilo Beltrán Jacdedt

La muestra Jardín de insectos, que se expone en la galería Casas Riegner, de Bogotá, es otra magnífica invención de María Fernanda Cardoso, uno de los referentes más importantes del arte colombiano en los últimos 20 ańos.

Sus obras han sido aplaudidas en el Centro Pompidou, de París, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y en el Museo de Arte Contemporáneo de Sydney, entre cientos de galerías y museos.

Algunas de las piezas de esta artista, alumna consentida de Miguel Ángel Rojas, han sido objeto de emocionantes pujas en las casas de subastas Christies y Sothebys.

En esta oportunidad, María Fernanda Cardoso reaparece en el país -vive en Australia-con Jardín de insectos, una serie de delicados paisajes construidos por el movimiento espontáneo y discreto de diversos insectos como palitos (Phasmatodea), hojas (Phyllium bioculatum), mariposas hoja seca (Kallima paralekta) y grillos. Todos estos, obtenidos en el Museo de Historia Natural de Australia.

A todos los estudió y crió durante cuatro ańos, en el balcón de su apartamento en Sidney. Allí descubrió que "se camuflan en las ramas de los árboles para sobrevivir al acecho de los depredadores".

En efecto, al mirar estos refinados jardines, que se confunden con fotografía y dibujo, no se hace evidente la presencia de estos animalitos. Pero al aguzar la vista, empiezan a saltar uno a uno, con sus colores y siluetas estilizadas tan parecidas al bambú.

Esto se refuerza al observar los videos que también hace la artista, en los que, en ese paciente ritmo que tiene la naturaleza, vemos cómo despliegan sus miembros y exponen que simplemente están vivos.

La exposición insinúa una similitud con los seres humanos, "las personas nos disfrazamos para ingresar en grupos sociales y pasar inadvertidos", dice Cardoso.

Este trabajo se suma en su carrera a una larga lista de obras relevantes como el Sol negro -una bola de polipropileno cubierta por moscas-, Corona de lagartijas, el Circo de pulgas- Cardoso Flea Circus, así como otras en las que ha usado estrellas de mar, pirańas, lana de oveja y plumas de emús, ave originaria de Australia.

Tomado del periódico El Tiempo, 1 de noviembre de 2010 

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La vida como obra de arte

por Melba Escobar

Reconocida por su Circo de las Pulgas, la colombiana residente en Sídney, Australia, es uno de los tres artistas con los que Seguros Bolívar inició su colección de libros de arte contemporáneo.

Se hizo mundialmente conocida por el Circo de las Pulgas. Hace diez años estuve en el Museo de Arte del Banco de la República, que aunque no trajo el espectáculo completo puso una carpa y un video. Desde entonces pensaba en ella como una artista arriesgada y con sentido del humor.

Maria Fernanda CardosoSu nombre volvió a mi cabeza con la propuesta para entrevistarla. Vi un par de videos en Internet. Entendí que su carrera había avanzado de la mano de la ciencia, en un video repetía la palabra biofilia, en otro decía “mi interés está en la vida”. Me sentí confundida. No alcanzaba a captar su trabajo, hablaba de animales y de evolución.
La llamé. Contestó una voz amable. Me dio cita en la casa de su madre y me recibió una mujer de aspecto muy joven, con una sonrisa amplia, una piel envidiable y una cascada de pelo castaño, vestida en caquis y botas. La acompañaba un French Poodle. No se quejó por mi retraso de media hora. Subimos hasta el penthouse donde una vista espléndida y un mullido sofá nos esperaban.

María Fernanda Cardoso no es una persona egocéntrica y me sentí a gusto a su lado. Me ofreció algo de beber. Pedí un café, ella no tomó nada. Maneja su cuerpo con la destreza y elegancia de una bailarina. Lo mismo su voz y sus manos, delicadas, precisas. Parece estar despierta y alerta y al mismo tiempo plácida, relajada.

Antes de encender la grabadora, contó haber venido a Colombia para el lanzamiento del libro de Seguros Bolívar, para traer a su hijo a estudiar español una temporada, para dar unos talleres con la Secretaría de Cultura de Bogotá y participar en el Coloquio Errata sobre arte. Entre una cosa y otra surgió una exposición en la Galería Casas Riegner que no había sido planeada: “Quiero que mi familia conozca Colombia y también yo que no he podido viajar, porque siempre que vivía aquí era muy peligroso”.

Salió del país en 1987 para asistir al programa de escultura de Pratt Institute y posteriormente hizo una maestría en Bellas Artes, escultura e instalación de la Universidad de Yale. Antes de eso había estudiado un par de semestres de Arquitectura en Los Andes, donde se graduó de Artes Plásticas.

“La gente aquí es mucho más cálida”, me dice abriendo su computador MacBook Air para mostrarme unas fotos de su última exposición. No lleva esmalte ni maquillaje. Se sienta en el sofá con la espalda muy recta y antes de abrir el archivo me dice que su hijo está muy contento en el Gimnasio Moderno: “Usa la palabra chévere”, añade con una sonrisa. “Le parece que los muchachos son más queridos que los australianos. Además, todos juegan al fútbol, es genial”. Vive en Sídney con su esposo y colaborador Ross Harley con quien tiene dos hijos de doce y quince años.

“Te voy a mostrar las fotos de la instalación”, me dice. Y añade: “Soy doctora, tengo un Ph. D. porque necesitaba la credibilidad de los científicos”, al decir esto su mano morena hace una escaramuza en el aire. “Entonces –continúa– para llegar a la isla tomas el ferri en el centro de la ciudad, al lado de la Casa de la Ópera, pasas debajo del puente de la bahía y llegas como a una isla industrial donde estaban todas las instalaciones regadas para que la gente fuera entrando y saliendo de los edificios”. Cardoso se refiere a MOCO, el Museo de Órganos Copulatorios (Museum of Copulatory Organs), su obra más reciente y, a mi modo de ver, la más alucinante.

NO ES EL TAMAÑO LO QUE IMPORTA


Bajo el título de It is not size that matters, it is shape, la isla industrial se pobló de penes microscópicos erigidos en monumentales esculturas.

Cuando era niña, su padre les regaló a ella y a su hermana, la cineasta Patricia Cardoso, los libros de la Expedición de Mutis. María Fernanda pasaba mucho tiempo observando la belleza del dibujo, pero también sentía una curiosidad por esa vida y por las reglas del juego de su existencia, una que tenía lugar mientras nadie estaba observando: “Me interesan esas cosas que suceden al límite de lo visible –dice–. Piensa que cuando uno pone el pie sobre el tapete, puede estar destruyendo un organismo complejo y sofisticado que ni siquiera sabíamos que estuviera ahí”.

Confieso que esta reflexión me acompaña ahora mientras camino, mientras trabajo y mientras descanso imaginándome ácaros copulando bajo el colchón, pulgas a lomo de perro buscando una pareja y garrapatas en fase de conquista. En un video, Cardoso suelta esta frase: “Hay un montón de sexo sucediendo a nuestro alrededor y ni nos damos cuenta”.
De vuelta a su MacBook Air, Cardoso abre unas fotografías de esculturas blancas, inmaculadas, de una complejidad y una belleza en sus formas que asombran. Instalados en medio de la sala de una edificación, los penes de una mantis religiosa, o de un escorpión, desconciertan por su espléndida morfología. Al verlos en tres dimensiones, se puede pensar en un paisaje marino, en las flores raras de algún recóndito desierto o en la vegetación de un planeta imaginario.

LA VIDA ES BELLA


Caracolitos con falos como medusas. Gorgojos que maltratan a la hembra durante la copulación. Flechas de cupido que se disparan como dardos de amor. Hermafroditas que definen quién es el macho y quién la hembra a la hora del sexo. Hembras que almacenan espermatozoides y luego eligen cuál de todas las muestras usar para concebir.

El sexo de los animales minúsculos es un espectáculo de belleza desconocida. Detenerse a observar, con ojo de científico, si se quiere, o con ojo de artista, que a veces se cruzan y se guiñan entre sí, es un privilegio que nos abre los ojos a una comprensión de la vida sin juicios ni preconceptos. María Fernanda alarga el saco y limpia la pantalla por tercera o cuarta vez. Cuando un rato más tarde dice que es meticulosa, me ahorro la tentación de responderle: “Ya lo había notado”. Me ha mostrado tanto trabajo que me siento como cuando se lleva horas recorriendo un museo y se quiere parar para pensar en lo que se ha visto y digerirlo. Pero no hay tiempo para esto. Ahora me enseña la imagen de dos insectos copulando, aparece el pene verde y de repente desaparece. Me habla de un falo medusa, que tiene pelos, y me explica que la microscopista al verlo pensó que era un parásito, pero yo sigo pensando en la belleza de la imagen y en lo importante que resulta observar la sexualidad por fuera de cualquier principio moral. Mirar.

En el documental que hicieron sobre ella, Cardoso dice que en algún momento sintió un deseo imperativo de tener hijos, como si fuese una necesidad. Australia parecía un bello lugar para tenerlos. Al otro lado del mundo, María Fernanda vive junto al mar, tiene una huerta, se dedica a la jardinería y pasa largas horas observando animales minúsculos. Le pregunto cómo es un día suyo: “Hablo con mi esposo después de comer; hablo con mi esposo al despertarme. Tenemos un diálogo muy intelectual, trabajamos juntos y hablamos mucho de los proyectos –Ross ha hecho todos sus videos–. A veces uno tiene una pregunta en la mañana y no para de estar ahí en todo el día. Mis niños son lindos e independientes. Hablamos español en casa”.

Como un director de orquesta, como un inventor, como los artistas de antes, especializados en prácticas tan diversas, Cardoso está pendiente desde el detalle más pequeño de cada objeto, de cada dibujo, hasta de los materiales, los textos, la iluminación, las vitrinas, la modelación y la impresión de los objetos en 3D, los microscopios más avanzados, las pruebas con vidrio, con bronce, siempre llevando la hazaña técnica al límite de lo posible sin perder de vista el centro de su investigación y de su creación artística: la estética del sistema de reproducción.
“He estado leyendo de sociobiología –dice– y creo que muchas de las decisiones que tomamos los humanos son evolutivas, no individuales”. Íbamos a hablar de todo un poco, y al final pasamos más de una hora hablando de su último proyecto. Empieza a caer la tarde.

Antes de despedirme confiesa que se conecta más con la gente como ella, gente que hace cosas con las manos, que se sabe los nombres de las plantas. “Y no hay mucha gente así”, añade. La recuerdo diciendo que su jardín atrae insectos y pájaros: “Yo por mí viviría en un terrario. Tengo insectos mascota”, agrega con una sonrisa. Es la misma persona que al comienzo de la entrevista dijo: “Lo que más me interesa es la vida”. Y ahora lo comprendo, la vida está en el centro de su obra, casi se puede decir que es la materia de la cual está hecha.

 
Tomado de la Revista Diners, No. 525, diciembre de 2013 

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