Ana Patricia Palacios Atehortua

Medellin, Antioquia

Pintores

Abstracto

Ana Patricia Palacios

http://www.anapalacios.com/

pintora

 


CRITICA 2

Trazos y Espejos
por Zandra Quintero Ovalle
Revista Buen Vivir, No. 63, marzo de 2000

Su pintura es imán y enigma. AI callar dice, pero lo hace en un lenguaje cifrado, susurrante y suave que termina por atrapar, o mejor dicho, por seducir la mirada errante sobre la superficie del cuadro.

Tablero de ajedrez, espacio para la memoria, la interrogación, el juego inteligente, la duda y la investigación rigurosa, la obra de Ana Patricia Palacios constituye hoy por hoy una de las más interesantes y valiosas propuestas de la plástica colombiana contemporánea. Nacida en Medellín y radicada en París desde hace quince años, Ana Patricia no cree tanto en las musas como en el trabajo serio, en la constante investigación formal e intelectual que se construye con la lectura y el estudio, cuestionando a la historia del arte, miran do lo que se pintó y lo que pintan los contemporáneos, devorando museos y galerías. Por eso, para ella la pintura es un oficio que se sustenta en pequeñas conquistas y largas reflexiones.

AI mes de terminar la carrera de artes plásticas en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, Ana Patricia ya estaba estudiando en París historia del arte y museología en la Escuela del Museo del Louvre. Fue entonces cuando entendió que lo suyo era pintar e ingresó a la Escuela Superior de Bellas Artes de París. La estancia en esa ciudad se extendió naturalmente y vive allí desde hace tres lustros, donde al principio experimentó una sed insaciable, convirtiéndose en "una devoradora de museos, bibliotecas y galerías, mientras al mismo tiempo pintaba en el taller. Fui atrapada por un remolino extenuante, afortunadamente ahora estoy más sosegada". A pesar de la distancia, nunca ha dejado de exponer en Colombia, consolidándose en el medio con paso firme, además de dar cursos en la Universidad de los Andes.

En el transcurso de quince años de trabajo ha ido descubriendo su lenguaje estético, que hoy por hoy muestra madurez y autenticidad. Trabaja series en las cuales juega con temas que no alcanzan a agotarse, por el contrario, se entrelazan sin cambios bruscos. Las últimas series son "Naturaleza muerta" e "Identidad". En la primera introdujo un concepto diferente dentro de ese género tradicional; en realidad se trataba de transgredirlo. Por eso utiliza temas recurrentes como la maceta invertida y las flores secas, fuertes, llenas de carácter. Objetos que inserta solitarios en el espacio del cuadro, de pronto sobre una cuadrícula o un mapa donde el color puro puede explotar o contenerse en una paleta muy sobria.

En este sentido, Maceta, mapa y autorretrato (1997) es una obra síntesis que reagrupa elementos de series anteriores -la maceta, la cuadrícula, la cartografía- e introduce el tema de la identidad que actualmente trabaja la artista: en lugar de flores, de la maceta surgen tallos con efigies. "Identidad" surge del deseo de abordar la figura humana y del cuestionamiento sobre uno mismo que llevó a Ana Patricia a encontrar en ella y su vida un como modelo de reflexión filosófica y estética. Además, al ser gemela idéntica, la cuestión imponía mayor profundidad: "Estos cuadros son muy míos porque soy yo quien está en ellos. Es pensar el ser que es fenómeno, la identidad doble o hasta triple, la problemática de ese que ves siempre reflejado y que también eres tú". De aquí surge una serie de dibujos que resultaron ser una especie de diario -trascendiendo la memoria anecdótica- que terminó por plasmar en el lienzo. Las figuras, parcas. sin estudio anatómico, escuetas, son más bien presencias.

En su obra la expresión del dibujo es muy marcada, lo mezcla con la pintura y experimenta con técnicas mixtas, incorpora veladuras de cera caliente que aplica sobre la superficie del cuadro. El resultado tiene una carga nostálgica, algo misteriosa. donde uno parece observar a través de un velo que no alcanza a silenciar lo que grita. Es como si Ana Patricia pusiera en juego las fuerzas del yo, de la memoria, de los espejos y el revés para invitarnos a emprender con ella la reflexión por lo esencial.

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A puño limpio
Por María Margarita García

Ana Patricia Palacios luchó a puño limpio para encontrarse a sí misma, hallar la identidad a partir de la diferencia, sumergirse en el mundo de la dualidad y ahondar en la esencia de la condición humana. Todos estos interrogantes la inquietaban desde niña cuando miraba a su hermana gemela y veía su propia apariencia. Sabía que era un ser único e irrepetible, tenía su propia personalidad y luchaba a puño limpio para que la sociedad la observara en su individualidad y no la mimetizara en otro ser distinto.

Fue a partir de su autobiografía como logró quitar capa a capa su propia piel hasta llegar a la esencia. "Hace un par de años, a través de dibujos de pequeñas boxeadoras y de guantecitos simbólicos, me preocupo por el problema de la identidad al cual me refería en la serie Dualídad, donde hacía énfasis en la lucha constante no sólo de los seres dobles, sino de la mujer y su problemática de identidad". 

En su serie A puño limpio, Ana Patricia Palacios crea obras figurativas representadas por dos mujeres que expresan sus inquietudes y sus juegos desde la niñez hasta la edad adulta. Allí los rojos se transforman en símbolo de consanguinidad, que es el que une a los seres dobles. Ana Patricia Palacios alude a un tema vital en el siglo consagrado a la globalización: la identidad. Porque la diferencia es hoy la base de la identidad. Cada país, región y localidad expresa diariamente su propia manera de sentir, de actuar y de pensar. La memoria es la diferencia con la que es posible establecer líneas de lectura que podrían expresar lo heterogéneo y la diversidad cultural. 

Mediante el manejo del espacio, el establecimiento del contraste, el aprovechamiento del accidente técnico y haciendo énfasis en la mancha que es la que une a los dos personajes como si se tratara de uno solo, Ana Patricia Palacios ahonda en un tema determinante en el ser humano y en cualquier cultura.
Ahora ha comenzado a trabajar en una serie de bañistas africanas en las cuales expresa algo de su autobiografía. "Trato de meterme en los personajes, sobre todo en la forma física". Sin embargo, en sus polípticos (siempre múltiplos de dos) se advierte la silueta y la figura lavada que ha sido característica de sus trabajos más recientes.
Sumergida en el mundo de lo simple, la artista trasciende la cultura contemporánea y cuestiona la globalización al mismo tiempo que deja ver la tela virgen, las texturas, la cera y las tintas. A través de obras sencillas sigue el brochazo lavado y escueto en el cual la mancha identifica las siluetas en el espacio pictórico carga do de símbolos.
El Juego del poder
Atrapado en el silencio, sumergido en un mundo irreal en el que es posible gritar sin ensordecer a los que están a su alrededor, Nicolás Cárdenas pasa 17 horas diarias. Allí, en su estudio, enfatiza en su interés por la naturaleza, por la ecología, la violencia y también el juego del poder. Estos conceptos los expresa con el mismo rigor con que lija las diferentes maderas,
pega las láminas y enlaza las figuras que a veces se aso cian a partes del cuerpo de los felinos.
Sus esculturas abstractas no sólo siguen sus conceptos, sino que son el resultado de un rudo trabajo manual. Sus bocetos se transforman en pequeñas maquetas hasta convertirse en grandes obras tridimensionales con las cuales logra establecer el contraste entre lo liviano y lo pesado, entre el animal agredido y el cazador agresor, entre la batalla del cazador y del cazado, entre la vanidad de aquel que porta una piel y la reacción de los ecologistas que lo señalan.
Allí han surgido sus esculturas col gantes "que hacen alusión a los cuartos de caza donde se advierte el peso de la muerte y a la vez el ego del cazador". Se trata de una gran instalación en la cual el espectador es partícipe en la medida en que se ve reflejado a través de un espejo. "Hay muchas interpretaciones, pero para mí una de ellas es el juego del poder o también el precio de la imagen". Se trata de cabezas colgantes con las cuales el espectador se siente anonadado, a veces angustiado y aplastado. Con estas obras no sólo apunta a la ecología sino a la violencia que se vive en Colombia.
A manera de rompecabezas, arma obras que tienen diferentes alternativas de ensamble. "Me expreso de una manera, pero dejo abierta la posibilidad para que la persona pueda interactuar no sólo visual sino físicamente con la obra". De este modo entra en juego el razonamiento abstracto y además la opción de integrar varias piezas que en apariencia no tienen relación, pero encuentran el equilibrio a través de un punto central. Es precisamente en el equilibrio donde expresa su conocimiento como diseñador industrial y su visión de movimiento. Sus obras en madera surgen "de formas orgánicas y naturales. Tienen que ver con el cuerpo y con el movimiento".
Nicolás Cárdenas ahonda en el mundo de la naturaleza y también en el del ser humano. Con sus obras permite al espectador preguntarse sobre su propia realidad, pues une las láminas delgadas de madera como si se tratara de la piel de un personaje. Ahora, su obra ha superado la anécdota y la representación de la realidad.
Con un buen manejo de la técnica, Nicolás Cárdenas ha creado obras en las cuales se advierte su interés por lo orgánico y lo mecánico, su inquietud por lo individual y lo colectivo, por la globalización y la identidad basada en la diferencia.

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La Identidad de seres dobles

por Paola Villamarín
redactora de El Tiempo

Es la primera vez que la artista antioqueña Ana Patricia Palacios usa soportes como el vídeo y la fotografía para desarrollar una obra. Lo suyo siempre ha sido la pintura: qué más emblemático de su trabajo que esos enigmáticos seres dobles manchados de un rojo intenso, visceral, que aparecen en sus lienzos.

Este giro -dice- ha sido natural y corresponde a una necesidad propia de la temática que ha trabajado por más de seis años: la gemelidad, los seres dobles. En Todo lo que parece ser..., la muestra que presenta en el Premio Luis Caballero, Palacios presenta fotografías de su infancia, junto a su hermana gemela, y de los objetos idénticos que ambas tenían (cámaras de fotografía, neceseres y patos de peluche).

"Quería hablar de esa vivencia doble en lo físico, en los objetos que los seres dobles comparten", dice Palacios, que expuso a principios de año en la Galería Latín Collector de Nueva York.

Lo fisiológico

Hizo una pesquisa en las casas de su padre y de su madre y encontró objetos que, incluso, no podía recordar, pero que testimoniaban su condición de gemela. A la hora de tomarles las fotografiar, decidió que quería "banalizarlos". Por eso los ubicó en su taller en fondos blancos salteados de pintura, para evitar que quedaran cargados de un aura especial.

El vídeo que acompaña la muestra lleva imágenes de las caras de los dos seres idénticos que se entrecruzan y que producen el rostro de una misma mujer. "Me interesaba hacer énfasis en lo fisiológico, en la piel", agrega. Son dos vídeos que se proyectan a lado y lado de la galería Santa Fe y en medio, resplandecen las fotografias (en transparencias), que están iluminadas desde el interior de sus marcos.

"Mi trabajo se ha ido personalizando. Antes hacía paisajes, pero surgió la necesidad de trabajar la figura humana y con ella algo que fuera más mío", dice Palacios. Al principio, la temática doble apareció tímidamente en sus pinturas. Incluso, antes de esta muestra, la artista evitaba hablar de lo autobiográfico de su obra. "Me di cuenta de que ya podía revelarlo", agrega.

A Palacios le preocupa la anécdota, que la exhibición de esas imágenes se vea solo como la revelación del universo íntimo de una artista y no como un espacio para reflexionar sobre la identidad de los dobles, que siempre está en tela de juicio; sobre lo aparente y lo real; sobre un fenómeno que es, a la vez, "bello y monstruoso".

Tomado del periódico El Tiempo, 5 de agosto de 2003

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Cuestión de identidad

por María Margarita García

En un mundo globalizado como el actual, la diferencia marca la pauta. Ana Patricia Palacios, a partir de su propia experiencia, ha ahondado en el tema de la dualidad y de la identidad. Desde que era niña miraba a su hermana gemela como si estuviera ante un espejo. Ahora permite al espectador descubrir el universo de Lewis Carroll, que crea una nueva realidad y devuelve la mirada transformada para dar espacio al análisis. Para ello se apropió de medios como el vídeo y la fotografia: "Es una obra en la que estoy presente. Aunque en mis trabajos anteriores había sido protagonista, nunca lo había hecho de una forma tan evidente".

A partir de su autobiografía llega a la esencia. Dos grandes pantallas de vídeo se refieren a la edad adulta de la gemelidad, que aborda mediante la sobreposición de imágenes en movimiento hasta conseguir la similitud. "Sigo cuestionando el problema de identidad donde saltan a la vista la exactitud y el parecido". Allí se advierten primeros planos en los que los ojos, el pelo y la piel encajan simétrica mente como si se tratara de un prototipo. Se aprecia la transparencia de la piel hasta percibir el correr de la sangre como hilo conductor de los seres idénticos. Entre tanto, las fotografiar captan objetos dobles que apuntan a la niñez de los seres idénticos y se convierten en símbolo de dualidad. Así, un par de muñecos, de máquinas de coser, de cámaras de fotografía, trascienden lo cotidiano. "Los objetos son la repetición de los dobles de los dobles. Por lo tanto, no son objetos hechos en serie, sino signos de pertenencia", afirma la artista. 

Estos interrogantes la inquietaron desde niña cuando miraba a su hermana gemela y veía su propia apariencia. Sabía que era un ser, único e irrepetible, tenía su propia personalidad y luchaba para ser observada en su individualidad. Gradualmente logró quitar capa a capa su propia piel hasta llegar a lo fundamental y a partir de ahí, en la última década, ha creado obras con las cuales enfatiza en la lucha constante no sólo de los` seres dobles, sino de la mujer y su; problemática de identidad. Así` retoma el concepto de memoria como herramienta del presente. Ana Patricia Palacios aborda este concepto en las pinturas de los últimos cinco años, que mostrará desde el 15 de septiembre en el Museo Sofía Imber de Caracas (Venezuela), donde se apreciarán series como Macetas, en las que expresa su visión sobre la naturaleza muerta; y A puño limpie, donde ahonda en la identidad y en la condición humana, temática desarrollada en obras que llevará en octubre a la Galería Bodin Lebon de París.

Tomado de la Revista Diners No. 401, agosto de 2003

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Vida Doble

La dualidad, la búsqueda de identidad y la feminidad son temas recurrentes en la obra de Ana Patricia Palacios, quien plasma sus sentimientos e inquietudes sobre sus lienzos.

Para mí la pintura es un medio de expresión, a través del cual puedo comunicar diferentes problemáticas al espectador". En su más reciente exhibición, en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía ímber, titulada Dualidades, Ana Patricia explora el fenómeno de los seres dobles en diferentes series de pintura. Esta temática comenzó a desarrollarla hace aproximadamente seis años cuando, después de trabajar series de objetos, naturalezas muertas y paisajes, decidió concentrarse en la figura humana. El concepto de los seres dobles, o la dualidad, surgió a raíz de su propia condición de gemela y cómo el hecho de que exista otro ser idéntico a uno puede cambiar la manera de relacionarse con el mundo y con los demás.

Inicialmente Ana Patricia consideró que este tema era demasiado personal así que empezó con dibujos muy tímidos, que se convirtieron en punto de partida para una extensa obra llena de simbología con un mensaje profundo y contundente. Ella encontró un elemento catártico en el arte y a través de sus pinturas halló la manera de expresar esta problemática existencial que hasta ese momento no había podido exteriorizar. En su imaginario fueron apareciendo las niñas idénticas, los vestidos rojos que se repiten, muñecos iguales y diversas memorias de la infancia directamente relacionadas con el tema de los mellizos.

La técnica y la estética se convirtieron en un medio importante para expresar y hacer entender a la gente ese mundo tan particular de los seres dobles y las dificultades que con lleva. La soledad y el conflicto constante por mantener una identidad propia ante el mundo. "Represento lo que significa la presencia de dos personas iguales en este mundo. He tratado de crear un impacto fuerte y transmitirlo a través de una estética austera".

Marcela Ramírez, quien ha estudiado y seguido la trayectoria de Ana Patricia, dice: "En este proceso creativo, cuerpo, tiempo, espacio y pintura se hacen mínimos y elementales. La maestría en su oficio permite a la artista lograr un máximo de expresividad con una concentración y depuración de recursos. Su pintura puede volverse piel, ese límite abierto, esa última capa que recubre el amasijo de venas, carne y huesos que somos. Piel y pintura son materilidades que en su obra coinciden: huellas pastosas del material húmedo sobre la tela, texturas, empastes y color lo sugieren con vigor".

En las series de dualidades casi siempre encontramos a dos figuras idénticas enfrentándonos, enfrentándose o dándonos la espalda, por lo general sobre un fondo blanco, muy limpio y escueto. Las figuras (cuerpos femeninos) están en el centro y en su entorno no hay referentes geográficos o de espacio, sólo vacío, lo que transmite esa dificultad de relacionarse, esa soledad que acompaña a los gemelos, dos seres idénticos que deben luchar por ser únicos ante el mundo.

Esta falta de referentes también hace una clara alusión a la universalidad de este fenómeno y al hecho de que son una minoría por más que haya millones de gemelos en el mundo. Y así como con sus boxeadoras Ana Patricia explora el tema de la lucha por la individualidad, el tema de las minorías lo desarrolla con las series de las Geishas, "que son una minoría que también sufre del problema de identidad", y de los Personajes, "inspirados en la tipología africana pero cuyo origen real son las desplazadas por la violencia".

En sus cuadros el color, o la falta de él, se convierte en símbolo. "Utilizo mucho el rojo, que es representativo de la sangre. En este caso cambio los códigos y la sangre se refiere a la hermandad, a la consanguinidad, es el ente transmisor que une. No es un símbolo de violencia". El dibujo es muy importante en la obra de Ana Patricia y éste, según ella, no requiere mucho color, por eso la paleta cromática es limitada y los tonos que utiliza son un medio para transmitir un concepto específico.

Con miras a profundizar su investigación el año pasado comenzó a incursionar en otros medios, como el video y la fotografía, en los que los sujetos de la obra son ella y su hermana. En este caso Ana Patricia es la protagonista y pierde el anonimato inherente en el dibujo y la pintura. El desarrollo del mismo tema con diferentes medios le ha permitido ampliar el espectro de su discurso y permear nuevas esferas dentro del mundo del arte. "Yo puedo seguir trabajando esta temática de manera indefinida porque es una obra que me llega profundamente".

Tomado de la revista Caras, febrero de 2004

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Arte de mujer - Identidad

por María Margarita García

Como si se estuviera ante un diario, Ana Patricia Palacios tomó el lápiz para dibujar dejando en el papel la espontaneidad y la emoción propias de los trazos rápidos. Expresó los problemas de identidad en medio de un mundo globalizado y la individualidad del ser humano a través de la fineza de la línea calibrada para intuir la fuerza o el gesto. "Me parecía importante mostrar los dibujos que son obras terminadas y que me han servido para desarrollar una idea. Aunque los he expuesto en otro países, es la primera vez que los exhibo en Colombia".

Sus trazos definidos permiten percibir la energía en cada una de sus obras figurativas en las cuales funde los sentimientos desarrollados en la vida del ser humano. `Si me refería al ser como individuo quería que se manifestara por medio de la acción y de los gestos en los cuales se reflejan sentimientos como la tristeza, el dolor, la alegría, las dudas, la calma. También he ahondado en la soledad que pertenece al individuo y no al sufrimiento. Se trata de mostrar el ser humano como es", dice. Así se sumerge de nuevo en un tema que trata de responder a sus interrogantes, los que la inquietaron desde niña cuando miraba a su hermana gemela y veía su misma apariencia. Sabía que era un ser único e irrepetible, tenía su propia personalidad y luchaba para ser observada en su individualidad. Logró quitar, capa a capa, su propia piel hasta llegar a lo fundamental, y a partir de ahí ha enfatizado en la lucha constante de los dobles y de las minorías.

En sus dibujos se advierte como fondo una base con masilla acrílica que permite ligar el dibujo y la pintura, técnicas que han surgido de fotografías y recuerdos y con las cuales se ha adentrado en la identidad. "Mi obra se basa en fotografías, ya sean tomadas por mí, o de álbumes o de periódicos". Sin embargo no se habían constituido en el resultado final de su trabajo hasta el año pasado, cuando forma ron parte de la instalación realizada para el Premio Luis Caballero. Ahora vuelve a mostrarlas como un medio para detenerse en la dualidad; así un par de muñecos, de máquinas de coser, de cámaras de fotografía, penetran en lo cotidiano. "Los objetos son la repetición de los dobles y signos de pertenencia, y dentro de este contexto son únicos".

Entre la dualidad, la identidad y la individualidad se debaten las obras de Ana Patricia Palacios, que con su trazo definido y la ausencia de color ahonda en un tema que trasciende lo autobiográfico para situarse en las inquietudes del ser humano.

Tomado de la Revista No.417, diciembre de 2004

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La levedad del ser

por María Margarita García

Cuando los colombianos se iban del país en  busca de una "mejor vida" en el exterior, Ana Patricia Palacios dejaba su apartamento, situado en una calle céntrica de París donde había vivido por más de una década, para instalarse en Bogotá, desde donde ha enviado sus trabajos a diferentes lugares del mundo y han surgido obras relacionadas con la identidad y la dualidad. Pero hace dos años resolvió mirar en su entorno, y en especial la vida cotidiana del hombre de hoy, con sus satisfacciones e insatisfacciones, anhelos y pasiones. Como si se tratara de un diario, ha logrado expresar los problemas en los cuales el ser humano se enfrasca todos los días para seguir adelante.

Sumergida en el universo de lo simple, trasciende la cultura. " En esta serie no sólo he querido mostrar al individuo en su cotidianidad sino plantear el conflicto existencial a interno del hombre en general. Es en realidad un trabajo intuitivo, abordado a través de algunos símbolos como el del clown". De este modo se detiene en la incapacidad del ser humano para ser feliz, en el interés de abarcarlo todo, de seguir las pautas sociales, también en la con vivencia en pareja a incluso en el travesti. "No me interesa entrar en el mundo de los travestis, pero ésta es también una de las manifestaciones del individuo actual".

Para introducirse a cabalidad en el tema ha manejado cierto grado de ironía, precisamente al utilizar como símbolo la nariz del payaso, que le permite acercarse de una manera crítica a esa batalla diaria que traduce la esencia del ser contemporáneo. En cada uno de sus trazos y pinceladas crea varios planos de lectura donde saltan a la vista algunos conceptos tratados en sus series anteriores como la dualidad, la lucha diaria, y la identidad, que toma tangencialmente al usar el símbolo del clown no sólo como medio para expresar la ironía sino también como signo de las múltiples personalidades del individuo y como indicio de falsedad. "Pretendí expresar todas aquellas cosas repetitivas que nos suceden a diario y nos incapacitan para lograr la felicidad (así entre comillas) anhelada. Además, me interesa trabajar lo grotesco, que deja cierta sensación de incongruencia".

Se trata de obras en las cuales toca los límites del realismo mágico, que expresa esos estados comunes que al observarlos en el lienzo parecen extremos. "Yo no estoy inventando nada, simplemente señalo y a veces me burlo de las situaciones por las cuales pasamos. Así mismo me interesa seguir tratando el problema de la identidad, pero ya no tanto desde la gemelidad, como lo hice hace unos años. Ahora me he introducido en el día a día del ser humano, que al seguir las reglas impuestas por la sociedad, siente un poco coartada su libertad. Todo se convierte en un ciclo, aunque en algunos de los dibujos y pinturas se expresa el rompimiento de esas pautas".

Ana Patricia Palacios hace un señalamiento a la cultura con temporánea, y se interroga acerca de sus pautas en medio de una sociedad hecha para la competencia. Y lo hace con una obra figurativa, usando pigmentos, en su mayoría naturales, en las pinturas y en el dibujo, "un medio espontáneo al cual me interesa imprimirle su merecido valor".

Los dibujos, de trazos definidos, siguen el vigor de la línea y del gesto, pero en ocasiones deja en ellos el carácter de registro y de nota diaria en que se advierte la mancha de alguna gota de pigmento sobre el papel. En otras oportunidades establece un puente entre lo espontáneo y lo deliberado, como el hecho de dejar a la vista algunas cuadrículas asociadas con la gestualidad y al mismo tiempo indicadoras del punto central con el cual se obtiene una composición equilibrada. Son dibujos en los que se percibe, como fondo, una base de masilla acrílica que permite ligar el dibujo y la pintura.

En sus pinturas, limpias y minimalistas aunque son cuadros trabajados, deja ver su interés en la monocromía, mientras que sus dibujos han entrado en el detalle y en el contraste cromático. Y sus fotografías digitales siguen el ritmo urbano.

Las fotografías, usadas como signo de ese ciclo cotidiano, son oscuras, casi en blanco y negro. De este modo la tonalidad se convierte en símbolo del silencio y de la soledad de los seres citadinos. Aquí presenta "el personaje clown en el me dio urbano, pero apartado y solitario. En realidad es una obra silenciosa y un poco difusa. No me interesa la foto clara y bien acabada; responde un poco a esa nebulosa que cubre a los seres humanos para alcanzar lo ideal". Es un trabajo íntimo en el que se confunden las luces de las calles, los espacios de los grandes edificios en los cuales el personaje es identificable. Sus trabajos recientes expresan su evolución, su proceso de simplificación en las pinceladas y en la inclinación por ahondar en aquellas ideas decantadas a to largo de casi dos décadas de vida profesional. "He pasado del objeto al individuo".

Esta artista disciplinada y atenta a expresar en sus obras al hombre y la mujer, a poner sobre el tapete las contradicciones del vivir diario, a burlarse de algunos acontecimientos, no ha cesado de trabajar para cumplir con sus compromisos de este año, pues además de la muestra en la Galería Casas Riegner, enviará algunas de sus obras a la Bienal de Tijuana, México. También ha preparado un video para exhibirlo en mayo en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. En agosto el Museo de Antioquia, de Medellín, realizará una retrospectiva de sus úl timos quince años de actividad profesional. Y en noviembre volverá a exponer individualmente en el Latin Collector de Nueva York.

Así Ana Patricia Palacios con sus trazos ágiles, sin perder la espontaneidad del dibujo y con la rapidez de sus pinceladas sobre el lienzo, ha manejado el espacio, ha establecido el contraste y ha aprovechado el accidente técnico para profundizar en el ser humano insertado en la cultura contemporánea occidental.

Tomado de la Revista Diners No.432, marzo de 2006

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"Conversaciones" en trío

por María Cristina Pignalosa, redactora de El Tiempo

Las perturbadoras escenas cotidianas registradas en la video instalación de Ana Patricia Palacios, las visiones fragmentadas de Luz Helena Caballero y el Video para Pablo, de corte personal a intimista de Muriel Angulo, no tienen nada en común, ni quieren tenerlo, a pesar de que se exhiben simultáneamente en el Museo de Arte Moderno dé Bogotá (MamBo). Es más, las artistas no creen que por el hecho de ser del mismo género deben unificarse.

Absurdos paralelos

Palacios presenta Absurdos paralelos, una nueva propuesta que se proyecta simultáneamente en tres pantallas, se trata de imágenes de tres videos paralelos.

Esta obra es una introducción a lo que la artista ha de nominado " lo absurdo, una contradicción a lo aparente, a la banalidad de los sujetos que componen la obra y a las relaciones que se establecen entre ellos".

Los personajes se mueven en atmósferas íntimas o urbanas, dotadas de múltiples detalles absurdos que arman un aura de desconcierto, de un "algo" perturbador.

Son escenas de diversas situaciones capturadas desde perspectivas distintas, que "coexisten en relaciones conflictivas tanto en lo formal como en o temático, en un mismo espacio escénico", dice Palacios

Paralelo a esta exposición, la artista realizará conversatorios y llevará a cabo talleres con quienes asistan a la exposición.

Tomado del periódico El Tiempo, 9 de junio de 2006

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Todo está dicho por el cuerpo

por Ana María Durán Otero

Los gemelos, seres idénticos dobles, una minoría desconocida que causa cierta curiosidad y extrañeza entre la gente, despertó el interés de la artista antioqueña Ana Patricia Palacios hace muchos años, convirtiéndose en tema fundamental para su trabajo a inspiración artística.

La colección de 20 pinturas sobre lienzo, 30 dibujos y 15 fotografías que expone en la galería Casas Reigner en Bogotá, titulada Absurdos Paralelos intenta, sin embargo, ir más allá del fenómeno presente entre lo doble, centrándose específica mente en sus inquietudes por el individuo: sus miedos, sus experiencias, sus extravagancias, sus anhelos.

"Aunque desde hace mucho tiempo llevo trabajando el tema de la dualidad, esta exposición es testigo de la evolución de mi trabajo hacia las particularidades del individuo dentro de lo cotidiano", comenta la artista.

Por medio de la línea del dibujo, Ana Patricia Palacios trabaja situaciones y movimientos que crean una ambientación dentro de la misma obra, en donde el individuo, a través de sus gestos y posturas, se convierte en el personaje principal dentro de su propia cotidianidad.

"Mi interés radica entonces en la gestualidad del individuo dentro de lo cotidiano y en tratar de demostrar el dramatismo que transmite cualquiera de los personajes a través de su cuerpo. En ninguno de los dibujos o de las pinturas hay una escenografía que lo sitúe en ninguna parte en particular, ya que, para mí, eso deja de ser importante dentro de la obra", afirma Palacios, señalando uno de sus dibujos titulado La espera.

TODOS SOMOS PAYASOS

Problemas existenciales como el conformismo y el inconformismo, la felicidad o la tristeza se retratan en cada una de las pinturas y dibujos a través de la nariz roja y redonda del payaso, clown, como símbolo para representar esa situación burlesca y muchas veces absurda de ciertas situaciones del día a día: la eterna espera del enamorado, la ridiculez del romántico o la continua discusión de la pareja.

Absurdos paralelos I es la ridiculización del comportamiento humano dentro de su propia realidad y una reflexión sobre su incapacidad de ser feliz. "Yo no trato el humor en mi obra, simplemente es una burla de no atreverse a romper esas reglas absurdas impuestas porque sí", concluye la artista.

Por ello, no cabe duda de la correspondencia de muchos de los payasos protagonistas de sus trabajos con los visitantes de la galería. Según Ana Patricia Palacios, uno de los dibujos titulado La pareja, donde se muestra una mujer y un hombre sentados en la misma cama pero cada uno volteado por su lado, es uno de los más comentados por los espectadores. "Muchos se ven reflejados con algunos de mis dibujos y se dan cuenta de lo ridículo y de lo cómico de sus acciones".

Tomado del periódico El Espectador, 19 de marzo de 2006

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La lucha por sobrevivir

por María Cristina Pignalosa

Para la artista antioqueña Ana Patricia Pa lacios, el arte tiene una profunda unidad interna con su vida.

Trabaja temas sensibles, preocupaciones psicogicas y alusiones a la violencia fuertes y dolorosas, con una dosis poética cercana a la dulce crueldad de la que es posible el ser humano.

Sus obras tienen muchos focos de atención, atracción y visión diversas.

Retrata, como lo ha dibujado, pintado, fotografiado y filmado en ocasiones anteriores, el hecho de ser gemela, imágenes del hombre contemporáneo y de su soledad, así como el paisaje interno, con retratos psicológicos del comportamiento social. 

Muchos de sus trabajos están centrados en la dualidad y la individualidad, ligadas a aspectos de la realidad colombiana.

Palacios presenta una muestra de su obra más reciente en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

La exposición, titulada La dulce a irremediable locura de la fatalidad, reúne 55 obras, entre pinturas, dibujos, un video y una instalación.

Mundo fracturado

La exhibición incluye una serie de cuatro retratos secuenciales, fotoserigraas de gran formato y pintura Homenaje a JR., hermano de la artista, asesinado hace 18 años, en la que, además, incluye un paisaje simbólico alusivo al dolor de  esta tragedia.

"Esta muestra es mi cuota sobre la situación azarosa que ha marcado nuestro suelo durante las últimas décadas, reviviéndola a partir de una historia personal, que se caracteriza por la pérdida, la no justicia y su propia reparación".

En otras obras que componen la muestra, Palacios trata otras inquietudes, como el tema de la infancia, que aunque, dice ella, ya no hacen parte de esa historia personal, sí cuestionan lo que significa el infante no deseado.

Ella lo encara con la instalación de dibujos-pintura muy escuetos sobre soportes de me tal.

Otra preocupación de la artista que se refleja en sus obras es el tema de la supervivencia, la lucha por sobrevivir en un mundo dicil, tratado en el video Trilogía, que retrata la vida cotidiana de tres niñas de la vida real que luchan por convertirse en boxeadoras: Ross, Mercedes y Yurani.

"Recoge lo que hacen cada día para sobrevivir, apegadas a un sueño utópico que quizás se haga realidad por medio de un deporte que tal vez: les dé la fama y fortuna que ellas buscan".

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DOBLE ANALISIS 

El montaje fue realizado bajo la doble curaduría de la crítica a investigadora de artes visuales Ana María Escallón y del escritor y poeta Juan Gustavo Cobo Borda. Esta doble estructura compartida es, en esta oportunidad, una casi perfecta unión. 

Reúne el serio análisis que Escallón hace de la artista y su obra y se complementa con la aproximación sensual, cercana, personal y poética del trabajo de Palacios, descrita por el poeta Cobo Borda.

La exposición continúa el desarrollo de su trabajo de los últimos años, centrado en el ser humano y sus relaciones conflictivas. 

" Parto de lo íntimo para abordar temas a inquietudes que perturban al ser humano, como la cuestión de identidad, el cotidiano vivir, o la violencia vista desde otra perspectiva", dice la artista.

 

Tomado del periódico El Tiempo, 16 de septiembre de 2008

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La inocencia de la crueldad

por Ana María Escallón

Johan Huizinga, un historiador de la humanidad, encontró dos términos que definen la competencia: valor y resistencia. En la dualidad de la vida, estos dos términos se potencializan. Más aún, si se trata entre otras, de la condición de la gemelidad de Ana Patricia Palacios.

Ahora, imaginémonos la competencia que existe en la cosmogonía humana; las voces insondables se duplican y las dualidades son espejos o abismos de los dobles que llevamos dentro. Sobre esa profunda complejidad humana, Camus se preguntaba ¿Por qué se nos olvida que somos descendientes de seres humanos? Por ese olvido, Camus nos explica la consecuencia lógica de una angustia heredada que busca el significado de la existencia, la complejidad del alma que sólo respira por los poros.

Profundizar en la complejidad del alma de la condición humana es una mirada existencial. Pero la pregunta tiene la sutileza de lo simple: ¿Quién es uno? ¿Dónde comienzan y terminan los límites de lo propio? ¿Dónde se demarcan los bordes con los demás? ¿Dónde se encuentra el uno y el otro de uno? O, tal vez mejor, establecer en la desaparición total del afuera al que se refiere Witgensten, donde la apariencia es sólo una resonancia del yo interior.

Crónica Urbana

En este camino interno y complejo se mueve la obra de Ana Patricia Palacios. Comenzó a pintar mientras se preguntaba sobre el sentido del paisaje, pasó a la Naturaleza Muerta como alternativa. Se inventó la maceta invertida como una mezcla de lo popular en reemplazo del tradicional bodegón. En ese mismo año de 1996, terminó pintando una idea de lo mismo: cartografías inconclusas o deformadas de los continentes. La artista trataba de explicarse las fronteras y los límites de lo volátil. De allí paso al boxeo, bajo la apariencia de Geishas, dentro de su determinada sutileza.

En esta exposición retoma de nuevo el paisaje. La serie Paisajes emblemáticos, los pinta con el manejo violento, casi matérico, severo y rígido.

Con una inocencia salvaje, Ana Patricia Palacios nos muestra en esta exposición una mirada cruel que va de lo íntimo —el homenaje a Jr., el hermano que perdió antes de tiempo— a la investigación social, en este caso en el video trilogía como símbolo. El individuo en sociedad es el protagonista. Seres que, como planetas se cruzan mientras pierden la órbita y cambian su autonomía por la conciencia de una muñeca urbana, con la racionalidad del payaso útil, o la astucia del malabarista que incursiona en la cuerda floja sin miedo a que no haya red al final del abismo. Ahora, nos muestra un nuevo concepto en su proceso creativo: la concepción de un Atlas humano.

Crónicas de la memoria

En la serie Retratos de Jr., Ana Patricia busca la cronología de la memoria. El retrato y el paisaje se funden. Se alternan forma y fondo en el uso de la perspectiva. En unos, el retrato es el protagonista y en otros el paisaje; lo muestra la distancia del recuerdo.

Sobresale el respeto por esa libertad tenue de la materia acuosa, o la búsqueda por esa transparencia seca, que deja la nostalgia de la humedad. En la serie Dibujos, hay un universo donde el rojo es la constante. Es el referente o similitud con la sangre, es el comienzo y el final de cualquier batalla o la anatomía del cuerpo. La vida y la muerte. En sus obras prima el dibujo, que algunas veces lo convierte en contorno con el color café.

Cuando ella pinta confronta al espectador con sus imágenes. Cuando dibuja y pinta, la actitud y la expresión son más irónicas pero también, más condescendientes con la vida misma. La línea como piel hace que en su trabajo exista la fragilidad como un elemento poderoso. Ella generalmente muestra en el fondo, espacios neutros, en donde se encuentran figuras que el aire vacío aísla

Crónicas del combate

Sobre las investigaciones sociales que realiza con frecuencia, la acompañé hace seis meses a lo que queda del olvidado barrio de Chambacú en la ciudad de Cartagena, a conocer a tres jóvenes boxeadoras y a su entrenador que es el tema de su video Trilogía y de sus tres proyecciones redondas; la artista hace una narrativa simultánea de las vidas de Mercedes, Rosa y Yurani. Ellas entrenan en su gimnasio que, es también un taller de mecánica. Allí guardan sus utopías. Las encontramos llenas de orgullo e ilusión. Quieren triunfar en un deporte, donde existe la marginalidad de género. En el video, se ve cómo buscan el sueño desde la miseria de un lugar donde los huecos se tapan con cartones. Ellas entrenan siguiendo fielmente los ritos y la liturgia del boxeo.

Ana Patricia trabaja historias universales, las crónicas sin piedad. Parafraseando el capítulo "Las contradicciones" de Michel Foucault en su libro La arqueología del saber. Al discurso que analiza la historia de las ideas, se le concede, por ordinario, un crédito de coherencia.

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PINTAR NUESTRO FANTASMA

Juan Gustavo Cobo Borda

Ana Patricia Palacios se expresa con talento en infinidad de formas creativas, del dibujo al vídeo, pero en realidad solo se refiere a un único, obsesivo, complejo tema: ella misma, como artista mujer, en la Colombia del siglo XX. En ocasiones parece venir de muy lejos, como sus personajes del 2002,2003, apenas manchas, imprecisas siluetas, que como un espectral fotograma diluido nos dan el perfil titubeante de una adolescente que no alcanza la forma de su plenitud. Pero que, sin embargo, en esos chorreantes y oscuros marrones y sepias, ya conjuga desaliño con belleza. Ya se ofrecen inermes al ojo escrutador de la realidad con la fuerza definitoria de su abandono. Y así todo el tiempo. Cuando su dibujo se ha hecho clínicamente realista, en siluetas y perfiles, sus hombres y mujeres parecen emprender aventuras incongruentes, con bolas rojas de payaso en la nariz, y unos sospechosos juegos que ponen en duda su cordura.

Son equilibristas, maduros maromeros, criminales con revólver o acuclillados animales, que nos retraen un paso atrás en la cadena evolutiva de la especie. Simios tristes que toman agua o se desvisten, ya disociados de sí mismos. Solos en su blanca celda de un espacio plástico hecho de supresiones y silencios. De camas compartidas con nadie.

Por allí surgen, entonces, algunos de los núcleos perturbadores de su creación, que enumero en algunas de sus variantes: la perenne dualidad del ser, su arcaísmo innovador que le permite revestirse como geisha o asumirse como juvenil boxeadora con guantes rojos, su mezcla de cartografía repetitiva, de rigor geométrico, con su inserción de un contenido explosivo, en su aparente neutralidad: el hombre puede manejar a la mujer como un juguete a control remoto, la niña se pasea muy tranquila llevando de mascota a un elefante.

De estos encuentros a deshora es donde brota la mirada fija de esta adolescente con hermana gemela y hermano asesinado en Medellín. Que no se hace demasiadas ilusiones sobre la comedia humana pero que la afronta con el mismo rigor de quien debe comunicar temas clásicos con formas contemporáneas, recurriendo no solo a los grabados renacentistas para estudiar las excepciones a la belleza clásica sino el ver como el rojo de la sangre y la violencia ciegan su retina y ahogan su infancia. El historiador Eduardo Posada nos ha recordado que el fracaso de Colombia como sociedad civilizada tiene una base irrefutable: los 709.000 homicidios ocurridos entre 1958 y el 2007. Esto tiene que forzar necesariamente su presencia en un arte lejano de lo testimonial pero no por ello menos perturbado en su pigmentación, en su inversión de las figuras como cuerpos susceptibles de ser sometidos a las mas absurdas manipulaciones, como naturaleza depredada en paramos yermos, en nevados evaporados, en despojos imposibles de armar de nuevo. La identidad son restos imposibles de reconocer.

Por ello la búsqueda de una razón en medio del despojo apela a la terquedad de la supervivencia, como en el vídeo revelador sobre las niñas cartageneras que se entrenan como boxeadoras, día tras día, para dejar atrás la pieza en que se hacinan y concretar el mismo sueño que alienta a reinas populares y levantadoras de pesas: una casa para la familia.

En este combate, a puño limpio, con un entorno hostil y deprimente, va surgiendo la frágil poesía de un arte donde copiar cifras y frases puede abrirnos los ojos al misterio que late detrás de la lógica aparente. Donde la soledad, en ocasiones, es una bendición asumida, como lo certifican tantas de sus figuras, felices de sacar la lengua, acentuar una mueca, o burlarse, sin pudor alguno, de cualquier engreído personaje. El juego mortal del humor hecho lenguaje y no por ello menos sensible y piadoso sobre las restricciones que cercenan su horizonte. El saber que somos clowns de nosotros mismos, parodias en los rituales maniáticos de los deberes cotidianos, desgonzados peleles ante nuestros sueños irrealizados y nuestras posturas encubridoras. Estas líneas, estos blancos y estos rojos, esta marea de sangre que nos anega, de la misma forma que cubre y ahoga el personaje y el paisaje, son nuestro impiadoso retrato. Reírnos puede ser tan necesario como llorar, pero este arte maduro y firme lo que exige es la misma comprensión rigurosa de quien lo realizó, con mirada sin excusas y capacidad de recreación original.

Tomado del folleto editado por el Museo de Artes Visuales, Universidad Jorge Tadeo Lozano, 2008

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Es una artista que residió en París a finales del siglo xx. En esa ciudad y por medio de una figuración simple y directa que alude a la naturaleza se dedicó a experimentar e investigar con materiales. pigmentos y texturas que denotan un interés particular por la materia y el hecho pictórico. Esta investigación le permitió construir un universo austero con el que hoy en su obra alude a la autorreferenciación, la autobiografía y la simbología familiar que produce la soledad de los que nacen dobles.

Julián Posada, Alberto Sierra 
Tomado del folleto Arte Colombiano, Cuatro decadas de la Coleccion de Suramericana, 2013 

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