Ana Patricia Palacios Atehortua

Medellin, Antioquia

Pintores

Abstracto

Ana Patricia Palacios

Ana Patricia Palacios

http://www.anapalacios.com/

pintora

 

CRITICA

NATURALEZAS MUERTAS

Ana Patricia Palacios se ha instalado entre el tiempo y el espacio. A través de una rica variación obsesión en torno a dos imágenes centrales (la misma maceta, las mismas flores), su pintura revela un esquema formal y conceptual repetitivo que se articula sobre la trascendencia de lo cotidiano, considerado como anodino y banal. La artista pretende fijar un arquetipo de la pintura de tradición la naturaleza muerta, que ella revisita, desmontando sus códigos y revolucionando su orden interno. Pero lo que resulta de este cuestionamiento de la pintura, y por extensión del mundo, es una interpelación de un cierto orden del yo, la puesta en juego de dudas y certidumbres, materializada en la confusión entre el anverso y el reverso de las cosas. De esa manera, la distancia aguza los tanteos y las errancias de la búsqueda de un eje, de una verdad a la vez espiritual y material.

En el mundo de Palacios, la inversión de los órdenes podría expresar la precariedad del gesto, la fragilidad de la permanencia y la pérdida de referencias. Sin embargo, de lo que se trata en el estado de cosas que ella interroga es de lo contrario. La capacidad de amenazar el equilibrio sin violencia le permite desmontar mejor las fallas y plantear las preguntas esenciales sobre el imaginario - memoria y su lugar. Desde hace ańos, Ana Patricia Palacios, entomóloga de una realidad alterada, desbroza el mundo que la rodea con la paciencia y la obstinación del investigador en búsqueda de signos y de trazas. En un texto anterior, escribí que, para la artista, la memoria es sobre todo lo que no se debe olvidar. Ana Patricia Palacios sitúa su creación en un ciclo de vida y muerte, donde la repetición entrańa banalización que, a su vez, significa ritualización del objeto. Esta triple secuencia de encadenamientos o encajonamientos sucesivos, construye las etapas necesarias para llegar a transfigurar lo real, a superarlo para apropiárselo de mejor manera y, acaso, exorcizarlo.

La anodina maceta de flores artísticamente invertida, żes una estructura puesta en abismo? La maceta y las flores (el árbol), żocultan la tierra (el bosque) y el acto de ver se articula con el de pensar? El arte de Palacios es enigmático. Más allá de la engańosa simplicidad, oculta los rincones y los pliegues de la metáfora, velando con delicadeza una realidad más compleja. Uno puede preguntarse si la artista habla de sí misma o cuál es lugar de la nostalgia en esta reflexión sobre la fugacidad del tiempo y la relatividad de las cosas. Su arte nos habla de un pasaje, una dilución y una transgresión que quizás no es sólo la del objeto representado. A través de símbolos como los mapas, los husos horarios, el tablero y las cifras, su arte habla también de alejamiento, separación, confundiendo las pistas, siendo a la vez imagen geográfica y mental.

Los artistas de hoy comunican cada vez más los efectos de su relación con el mundo a través de un prisma que les pertenece de suyo. Se trata de su mundo frente a otro, al del otro, al de los otros. Es su ritual ante los modelos, su reacción a la uniformidad, su individualidad, su identidad. Ana Patricia Palacios se inscribe en esta actitud de evacuación personal de lo cotidiano y oscila entre tradición y modernidad. transmutando lo vulgar en sagrado. Esto es lo que le permite dar cuerpo a esta nada perecedera y que convierte la ambigüedad en existencias. Con frecuencia ella ha jugado en registros diferentes, a la vez visuales y materiales, mediante técnicas dominadas con maestría. La utilización de la cera crea una distancia en la percepción de la imagen, introduciendo una transparencia y abriendo al misterio; la tela en estado de desnudez; el dibujo sobre lino crudo, el glacis, el pigmento diluido, las transparencias... Es una gama de recursos para evitar las interpretaciones demasiado directas. También procede por temáticas pero, independientemente de la forma adoptada por sus búsquedas plásticas e intelectuales, su universo plástico y mental se construye siempre en torno al misterio de lo visible, a la demistificación de lo real y a la contestación de la evidencia formal.

En esta relación con la naturaleza y con el mundo, la artista se vuelve arqueóloga, repertoriando, inventariando, recogiendo y reuniendo para recrear. Ha imaginado una naturaleza - memoria, una naturaleza - tierra de los saberes y los enigmas de su pasado. Pero cuando logra una representación extrema (las flores o las hojas remplazadas por pequeńas efigies que cumplen la función de autorretratos), se plantea verdaderamente la pregunta por los orígenes, la pertenencia, el peso del tiempo que altera y hace revivir. Naturaleza muerta contra naturaleza viviente. Flores y gotas de agua o de sangre contra retratos. Esta meditación plástica, verdadera cosa mentase, nos remite a un equilibrio entre el tiempo controlado (cifras, tableros, compartimentos, husos) y el surgimiento de la vida. Se trata en el fondo de la esencia de toda creación, consciente pero inesperada. El azar intervendrá, quizás, cuando el artista lo decidirá.

Christine Frérot
Crítica de Arte (AICA)
París , Junio 1998

Tomado del Folleto: Ana Patricia Palacios
Galería Diners

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A la naturaleza se le desprecia
Por Mauricio Becerra. Redactor de EL TIEMPO 

Saber de dónde nace -de dónde se nutre- el arte de Ana Patricia Palacios podría inducir a pensar muchas cosas, a emitir innumerables juicios, a lanzar miradas críticas desde todos los ángulos. Durante su última exposición realizada en Colombia, hace dos ańos, Palacios se pudo dar cuenta cómo la mirada del artista y la mirada del espectador a veces se contradicen, se repulsan, se excluyen. La mirada, la crítica y los juicios juegan a eso. 

De aquella muestra (basada en aproximaciones al paisaje, en. esbozos de retículas, en mapas cartográficos) se dijo que había algo demasiado intelectual y afrancesado en ella. El hecho de que su residencia habitual fuera París desde hacía más de 10 ańos les dio licencia a algunos críticos y a algunos espectadores- para que emitieran un juicio a priori sobre la obra de Palacios. Un juicio igualmente intelectual. 

Hoy, cuando Palacios vuelve a la Galería Diners con su más reciente serie de pinturas Naturalezas muertas, las cosas podrían seguir igual. Se podría decir que es afrancesada e intelectual, y sin embargo algo hay de sencillez extrema en estos cuadros en donde se presentan en el lienzo macetas caseras ubicadas bo ca abajo, flores esqueléticas que no huelen pero son rosas, fondos reticulares con números en los bordes, jarrones solitarios como único hogar de unos cuantos trazos. Una sencillez en el uso -del color y del mismo tema que contrasta, definitivamente, con su anterior muestra. 

Palacios lo sabe. Basada en tres elementos -macetas, flores y jarrones- en esta nueva serie se propone banalizar y sacralizar el tema de la naturaleza muerta en el arte: "Hoy se le desprecia y quiero, con base en repeticiones, hacer una burla seria sobre estos trabajos". A lo largo de las 17 obras existe esta intención. 

Entonces habría que mirar la serie Naturalezas muertas con, otros ojos. Encontrarse, por ejemplo, con tres cuadros que resumen en gran parte el momento que vive la artista: enterradas en macetas invertidas, Palacios retoma la retícula (en francés, damier), retoma los mapas de navegación de etapas anteriores, retoma el color -nunca la abandona- y explora series alternas (como La dualidad, en la que trabaja de manera alterna) para mostrar en cada flor, no el pétalo de una rosa, sino el perfil y el croquis de ella y su hermana gemela. 

Con Naturalezas muertas Ana Patricia Palacios regresa. Sencilla. Con una propuesta que encierra un juego entre la vida y la muerte. "Hay vida en los tres cuadros . en donde a cambio de flores hay rostros, pero también está la muerte con las macetas invertidas". Una propuesta en últimas, que hay que ver.

Tomado del periódico El Tiempo, 13 de octubre de 1998

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ENSOŃACIONES SOBRE EL PAISAJE

Gastón Bachelard en sus hermosos trabajos sobre la ensońación lírica analiza las diversas poéticas que se derivan de elementos arquetípicos como el fuego, la tierra o el agua. Estos elementos concentran múltiples posibilidades de generar imágenes para el ser que expande el mundo mediante la imaginación y la ensońación poética. Sin duda Ana Patricia Palacios mira y sueńa frente a la tierra y el paisaje.

Sus cuadros son simples, una hoja, un árbol, una barca, se articulan íntimamente con el entorno mediante sencillos esquemas horizontales y verticales. El tratamiento del espacio, de las formas y el color no aspira a reproducir lo perceptivo, apunta a elevar la naturaleza a una dimensión simbólica. Se alude a una relación más permanente que transitoria con el mundo natural gracias a la misteriosa lejanía que infunden los profundos y oscuros colores, a la quietud de un espacio fundido armónicamente con las formas y a la composición general que seńala más una convivencia que una jerarquía espacial supeditada al ojo.

El manejo espacial tiene cierta proximidad con el paisaje oriental, la sencillez y quietud revelan armonía, silencio y compenetración primordial. Las zonas vacías no están muertas, una potencial fuerza gestadora duerme en su interior.

De todo ello se desprende una doble y paradójica relación con la naturaleza: por un lado la sentimos distante e inexpugnable en sus secretos, por el otro la experimentamos con un profundo sentimiento de simpatía y pertenencia, un deseo de ser naturaleza.

El mundo que abre Ana Patricia Palacios es sencillo en apariencia pero revelador de algo grande para quien acepte las insinuaciones de la obra. El mismo Bachelard observa que una hoja, una flor, pueden ser nidos de inmensidad, objetos donde la imaginación proyecta la grandeza íntima del hombre. Quizá allí radica la función de la imaginación, en afirmar lo posible que se esconde en el mundo. Refiriéndose a la imaginación poética Bachelard anota: "Con ella abandonamos el curso ordinario de las cosas. Percibir e imaginar son tan antitéticos como presencia y ausencia. Imaginar es ausentarse, es lanzarse hacia una vida nueva".

JAVIER GIL

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Cuestion de Identidad
Por Maria Margarita Garcia
Noviembre de 1999


En una sociedad de modas, simulaciones, máquinas y computadores que parecen estar insertados sobre el propio cerebro, el arte también vive sus espejismos. Ana Patricia Palacios, no es ajena a estos hechos del fin de milenio cuando todo se sumerge en la globalización y la identidad parece perderse en medio de la información.

Sumergida en el mundo de lo simple, trasciende en la cultura contemporánea y cuestiona la globalización al mismo tiempo que deja ver la tela virgen, las texturas, la cera, las tintas, el collage. A través de obras sencillas regresó a la figura humana, siguiendo el brochazo lavado y escueto en el cual la mancha identifica las siluetas en el espacio pictórico, mientras hace alusión a los elementos orgánicos de la naturaleza muerta que trabaja simultáneamente en otra de sus series, y con los cuales ahonda en el tema de lo ambiguo.

Ana Patricia Palacios, ha trabajado este tema de la dualidad, a partir de una situación particular, la de haber pasado su vida como si estuviese frente a un espe o, al verse reflejada en un ser idéntico. Este hecho concreto, le permitió pintar obras íntimas pero con carácter universal. No se quedó en la anécdota, trascendió su experiencia individual para profundizar en la identidad la ambigüedad lo masculino y lo femenino. "No hay un trabajo importante de anatomía o de morfología. Me interesa trasmitir el mensaje y una imagen".

Con este criterio, se ha expresado a través del dibujo y la pintura, y ha dejado ver algo de su interés por la delimitación de las zonas mentales. En sus flashes de momentos, frases, escenas, lugares, números o fechas, guía al espectador hacia otras instancias lejanas a los hechos particulares desde donde partió.

Con obras en las que sutilmente deja ver su interés por la materia, la monocromía y la mancha, Ana Patricia Palacios, retoma el concepto de memoria como una herramienta del presente y no como una sustitución fetichista y como un medio para sumergirse en el concepto de la identidad.

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ANA PATRICIA PALACIOS  

A quince meses del fin del milenio, los artistas ahondan en su pasado y en el del mundo que les tocó vivir. Ana Patricia Palacios trabaja de una manera contemporánea las naturalezas muertas, Margarita Gutiérrez revive con su paleta el arte de los ańos cincuenta e Iván Rickerman se centra en la vida urbana.  

Del 8 de octubre al 14 de noviembre (1998) en la exposición de Diners.  

Patricia Palacios vive en un pequeńo apar­tamento en una calle céntrica de París donde sus obras de gran formato se apoderan de casi todo el espacio que habita. Allí ha pasado 13 ańos recorriendo museos y galerías, ha asistido a la Academia Superior de Bellas Artes de "la Ciudad Luz", ha hecho parte de los talleres de historia del arte del Museo del Louvre y ha trabajado día y noche hasta crear su propio lengua­je pictórico que ahora apunta hacia la figuración.  

En el aislamiento, en la búsqueda de su expresión, mira los objetos de una manera distinta. Sumergida en el mundo de lo simple, recrea las naturalezas muertas

con un estilo particular, las banaliza y las sacraliza casi simultáneamente, y las instala en el tiempo y el espacio con cierta obsesión.  

Cada vez que toma el pincel transforma el concepto del objeto para crear la ambigüedad y el contraste entre vida y muerte, pero especialmente para "dar una visión diferente del tema de las naturalezas muertas, tan desprestigiado y tocado muchas veces a lo largo de la his­toria del arte".  

Con elementos y temas recurrentes como las macetas y las flores, Ana Patricia Palacios viola los códigos tra­dicionales y rompe con el orden interno. Con sus mate­

ras invertidas desmitifica lo real y crea un mundo metafórico en el cual sitúa los elementos dentro de cartografías que retoma de sus obras pasadas, como una manera precisa de ubicarlas en el tiempo y en el espacio. Pero a veces parecen tomar vida y se transfor­man en autorretratos.  

Así, desde su taller a donde van importantes persona­jes colombianos a observar y comprar sus trabajos, crea obras Iíricas en las que el color mesurado, la cera y las tintas expresan la magia, que se advierte en el lenguaje de esta artista que sólo desde hace dos ańos ha empezado a introducirse en la figuración.  

La obra de Ana Patricia Palacios forma parte de las colecciones de la Biblioteca Luis Angel Arango y el MAM de Bogotá, entre otros.  

En sus cuadros mezcla la pintura y el dibujo por me­dio de fuertes líneas hechas en grafito sobre pigmentos que les dan cierto lirismo a sus floreros. ?Con la cera, que siempre he utilizado en mis pinturas, logro establecer cierta distancia con el objeto". Un trabajo completo, que no finaliza con la creación de la obra, sino que implica también la participación de la artista en el proceso de enmarcarlas: en Colombia la espera­ron los bastidores para que ella adhiriera las telas.  

Tomado de la Revista Diners No.343, octubre de 1998
por María Margarita García

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Ana Patricia Palacios

Sus obras conservan el simbolismo universal de los mapas, ahora mezclados con figuras cargadas de poesía.

Por Juan Carlos Ovalle Useche

Ana Patricia Palacios, pintora; fotografía por Olga Lucía JordánEn sus trazos se resume "un mundo de inquietudes personales y de situaciones particulares". El recuerdo paisajístico de hace varios ańos ha disminuido, pero se quedó su extensión visual: la cartografía. El simbolismo de lo universal que llevan los mapas a cuestas, se mezcla ahora con los rasgos humanos de figuras mitológicas de siglos anteriores, que Ana Patricia Palacios retrabaja para armar cartas geográficas en las que se pierden los volúmenes y prevalece lo bidimensional. La poesía de las barcas solitarias, de las hojas secas, de los árboles majestuosos y del sol, se está encaminando a otro aspecto de un pasado que no deja de cautivar a esta artista radicada en París desde hace nueve ańos (1994).

La continua referencia a la tierra, con el color y con los detalles, registra en la veintena de cuadros que trae para la exposición, ese paulatino cambio. Oscuras y amarillentas telas impregnadas de pigmentos naturales o gruesos lienzos que soportan ceras, dibujos al carboncillo y otros tintes, admiten también esporádicas apariciones de azules y rojos, que ahora son un poco más fuertes. La veladura sigue vigente, sugestiva, mostrando silenciosamente muchos elementos que bien pueden ser parte de un boceto. Se integra todo en abstracciones de sentimientos, de partes de vida, de lugares, de figuras que van brotando en la mente, y que se materializan en las paredes de un taller situado en el norte, no lejos del centro, de la capital francesa. Allí, en setenta metros cuadrados de mucha luz, en el segundo piso de un hospital abandonado y asignado a varios artistas, quienes haciendo honor a sus sueńos lo bautizaron "El hospital efímero", Ana Patricia Palacios pasa tardes, y a veces largas jornadas, frente a una o dos obras que trabaja simultáneamente, adheridas a los muros recubiertos con plástico.

Así como sus cuadros, ella no es ya la misma maestra en Artes Plásticas egresada de la Universidad Jorge Tadeo Lozano que un día se fue a estudiar Historia del Arte en la Escuela del Louvre. Ahora repasa por cuenta propia la teoría, pues pudo más la necesidad de estar creando continuamente. Desde su participación en el XVII Salón de Artistas Jóvenes, de 1987 en Medellín, no ha parado de exponer. Lleva siete muestras individuales y veinte colectivas, ha ganado varios premios y algunos de sus trabajos hacen parte de las colecciones de los Museos de Arte de Bangladesh, Bogotá y Medellín.

Tomado de la Revista Diners No.294 de septiembre de 1994

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Nuevos nombres

Sin duda la pintura figurativa en Colombia ha cambiado en los últimos ańos. En la década del 80 era evidente la profusión de imágenes en las cuales la ramificación de significados introducía nuevos y múltiples niveles de expresión. Este fenómeno, caracterizado formalmente por las tendencias neoexpresionistas, vino acompańado de una exaltación del centro individual. 

Curiosamente se registra en la producción plástica de finales de la década anterior y ahora, un clima más decantado, más íntimo. Se percibe una mayor interiorización. Esto es notorio en las obras de los tres artistas que presentamos en esta edición de NUEVOS NOMBRES, Jorge Gómez, Delcy Morelos y Ana Patricia Palacios. 

Jorge Gómez retoma la difícil tradición de la pintura de paisaje. Difícil porque representa un desafío encontrar nuevas formas de abordar una temática que ha sido eje estructural de gran parte de la pintura moderna desde mediados del siglo pasado. 

Y también porque el paisaje transmite, de alguna forma, per se, una relación analógica con el sentimiento humano, bien sea en términos metafóricos, bien sea en términos metafísicos como manifiesto de su visión del cosmos. 

El grueso empaste, los fuertes ejes estructurales en las composiciones de Jorge Gómez, su sistema constructivo y su pincelada asumen una dinámica próxima a la de las fuerzas naturales. Pero, y a pesar de la contundencia de las tensiones que incita a establecer este paralelo, no hay naturalismo, ni descripción, sino un ensamblaje de fuerzas que producen un clima sicológico particular. 

Si bien las obras de Ana Patricia Palacios -igualmente paisajes sugieren también un clima de misterio, éstas son producto de una relación muy diferente con el tema. Colores terrosos forman parte de su paleta. Pero las tensiones ya no son estructurales o pictóricas como en el caso anterior, provienen de la relación entre los diferentes signos que conforman su imagen y en los cuales hay una evidente referencia a orígenes míticos traducida en términos de una poética personal. 

Las obras de Delcy Morelos participan igualmente de una atmósfera inquietante y a la vez íntima. No entran en la categoría de paisaje aunque son espacios ambiguos donde la arquitectura es una dimensión imaginaria y virtual. No hay indicación del origen de sus construcciones. Ni referencia a tamańo o sentido. Todo esto refuerza la incertidumbre que suscitan sus imágenes. 

Se percibe en las obras de estos tres artistas cierta correspondencia entre ellos por la familiaridad cromática y por un rigor constructivo, bien sea en términos plásticos como en el caso de Delcy Morelos y Jorge Gómez, bien sea simbólicos en el de Ana Patricia Palacios. Se diferencian en su mirada hacia el exterior. Gómez parte de la naturaleza para conformar un campo escénico sicológico, Palacios elude el naturalismo para buscar una iconografía simbólica, Morelos toma construcciones y objetos imaginarios para invertir en ellos una dosis de posibilidad. 

CAROLINA PONCE DE LEON
Biblioteca Luis Angel Arango, 1990

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LA TAXONOMÍA DEL REFLEJO EN EL ESPEJO Y LA OBRA DE ANA PATRICIA PALACIOS

Por Ana María Escallón

Johan Huizinga, un historiador de la humanidad, encontró dos términos entre los que define la competencia: en valor o en resistencia. Y en la dualidad de la vida, estos dos términos se potencializan. Más aún, sí se trata de una biografía de Ana Patricia Palacios y su alma gemela. Ella indaga sobre su diferencia frente a un ser idéntico. Busca su individualidad frente al espejo.

Imaginémonos la competencia que existe en la cosmogonía humana, las voces insondables que se multiplican en el infinito, las dualidades que son espejismos o, los abismos que son los dobles que llevamos dentro. Sobre esa profunda complejidad humana, Camus se preguntaba por qué nos olvidamos que somos descendientes de seres humanos. Y por ese olvido, Camus se explica la angustia heredada de buscarle significado a la existencia. La simple complejidad del alma que se respira por los poros.

Profundizar en la complejidad del alma de la condición humana es una mirada existencial y, la pregunta tiene la sutileza de lo simple: quién es uno. Dónde comienzan y terminan los límites de lo propio, dónde se demarcan los bordes con los demás, dónde se encuentran el uno y el otro de uno. O, dónde encontramos a la maravillosa unidad de la desaparición total del adentro y del afuera del ser, al que se refiere Witgelstein.

Esos límites los entendía Newton en el siglo XVII, cuando observaba que los planetas se atraen los unos a los otros pero, cuando se aproximan y se cruzan, se desvía la órbita fundamental y se modifican las velocidades. La relación de los seres humanos no dista de tener una similitud sorprendente.

Dentro de este camino interno y complejo, la obra de Ana Patricia Palacios se mueve en ese territorio que sólo ella habita. Comenzó a pintar mientras se preguntaba sobre el sentido del paisaje, pasó a la naturaleza muerta como alternativa de lo mismo.

Se inventó la maceta invertida como una mezcla de lo popular con el concepto tradicional del bodegón. Y terminó pintando otra idea de lo mismo; el paisaje de una geografía de mapas inconclusos. Donde trataba de explicarse lo volátil que son las fronteras, cuando ellas se mueven con el ritmo de los valores y las políticas del imperio vigente.

Su trabajo es una biografía novelada en el contexto urbano donde lo extraordinario no existe. Porque a ella le interesa el relato de lo común con sus metáforas. Realiza figuras desprotegidas en el espacio que encuentran la gemelidad en una casual inocencia. Imágenes que producen emociones múltiples que dejan en el aire una planilla imaginaria de preguntas sin respuesta. En todo su mundo figurativo, es interesante cómo la artista reinterpreta a la pintura como si fuera acuarela. Sale a flote, el respeto del ancestro antioqueńo, por la libertad tenue de la materia acuosa, o esa transparencia seca que deja la nostalgia de la humedad roja.

Ana Patricia Palacios pinta un universo donde el rojo es una constante permanente. El carmelito desleído que maneja como mancha o sombra- es su complemento. El color es el referente, una similitud que se lleva en la sangre, en el comienzo y el final de cualquier batalla. Es la anatomía del cuerpo. La vida y la muerte.

Cuando Ana Patricia Palacios pinta, confronta al espectador con sus imágenes sólidas que generalmente trabaja sobre fondos o espacios neutros, así a sus figuras, el aire vacío las divide. Cuando dibuja, la actitud y las expresiones son más irónicas pero también son más condescendientes con la vida misma. La línea como piel, hace que en su trabajo exista la fragilidad como un elemento poderoso.

En su serie de Absurdos Paralelos, el individuo en sociedad es el protagonista. Seres que como planetas, se cruzan con la conciencia de muńeca urbana, de payaso útil, de malabarista que incursiona en la cuerda floja o el muńeco de piel frágil que guarda los tesoros de la imaginación. Las conductas de los universos del mundo común, han estado presentes siempre en su repertorio. Los objetos de la serie Todo lo que parece ser..., se encuentra dentro de la búsqueda arqueológica de objetos que, en su trabajo tiene como único referente el uso doble y simultáneo de los objetos que, son parte de su historia personal pero donde la artista sincroniza el tiempo de una memoria compartida. Una dualidad sin espejo.

A estas alturas, en la obra de Ana Patricia Palacios, la dualidad es una cadena infinita de temas. Los videos en la obra de Ana Patricia Palacios son la prolongación de la fotografía. Dentro del nuevo medio, registra su temática recurrente de la dualidad. Con la apropiación del sujeto simbólico del absurdo como lo es la nariz roja del payaso. O, a la presencia urbana como otra aproximación al paisaje. Esa geometría insistente de los edificios, son la misma constelación de cuadrículas que contienen a toda su obra. Una geometría de líneas insistentes, clarividentes y hasta numéricas.

La dualidad es su tema. Lo desarrolla desde la premisa que la realidad tiene en el sentido de lo doble con sentido contrario, lo parecido a lo desconocido, lo propio que se repite como un eco en esta nueva instancia de la conciencia colectiva de la que uno se defiende del muro de la privacidad con códigos electrónicos.

En el mundo de las contradicciones con energía propia, la dualidad de la lucha entre contrarios es la historia de las civilizaciones. Por eso, Ana Patricia Palacios busca una otra posible dualidad histórica de lo doble, cuando pinta la serie de Naturaleza Viva, las Negras desplazadas, Las Geishas. La duplicidad es una circunstancia en el tiempo y el espacio. Es el encuentro del desencuentro. El relato de la crueldad de una pobreza obligada al desalojo. El silencio de la soledad compartida. La incomunicación de los seres con verdades propias, una dualidad de la confrontación, que no utiliza palabras, sólo intenciones. O la dualidad de las omisiones.

Tomado de la Guía Coleccionable No. 33, Museo de Antioquia, 2006 

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